
Ese medallón en su cuello fue el mejor regalo que su amor infantil le pudo dar. Ahora regresa después de varios años para ser feliz al lado del hmbre que siempre amó...
Rated: Fiction K+ - Spanish - Romance/Tragedy - Words: 634 - Reviews: 2 - Published: 02-01-09 - Status: Complete - id: 2630105
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Sentimientos en un medallón
by AbyCat
- ¡Te...-te lo regalo!
La chica estaba un tanto sonrojada. El chico le alargaba un medallón que formaba un círculo, en medio tenía un corazón que colgaba. Era de plata.
Un viento salió y revolvió el cabello rubio de la pequeña. No superaban los diez años. El viento salado del mar se mezclaba con los ruidos del puerto inglés. El buque lanzaba un largo e insistente llamado a los tripulantes: era hora de zarpar.
- ¡Marie!
- Mi padre ha llamado, Marck - dijo la niña. Su vestido largo se movía con el viento también. El chico le observaba con ternura.
- Cuídate, ¿sí?
- Por supuesto - sonrió la niña.
Alcanzó a tomar el medallón que le alargaba el muchacho de cabellera rubia oscura y ojos azules como el mar que la llevaría a un nuevo continente...
- Espérame...
- Todos los días de mi vida.
Se abrazaron.
- ¡Marie!
- ¡Adiós! - se despidió de él mientras subía al buque. El niño llamado Marck observó desde el puerto como se alejaba su pequeña amada...
Diez años después...
Un buque regresaba desde el nuevo continente. Las cosas habían cambiado un poco. El progreso se veía en esas costas inglesas. Las revoluciones que vivían en esos años habían transformado el mundo que la pequeña Marie, ya convertida en una mujer, había abandonado hace diez años atrás...
Pero recordaba perfectamente ese muelle, en donde dejó al amor de su vida...
Bajó del barco, entre gente que subía, bajaba, hablaba con más gente, gritaba cosas, acarreaba otras tantas... Con su sombrilla verde, al igual que su vestido, comenzó a caminar por ese camino que ella conocía tan bien.
- Espero que estés esperándome como me lo prometiste, Marick... - pensó la muchacha. Sus pecas de antaño ya habían desaparecido de su cuerpo, esperaba que ese detalle no haga que no le reconozca. El medallón aún lo llevaba puesto, intacto en su cuello.
Llegó hasta la platería que pertenecía a la familia de Marick. Sabía que él también se dedicaría a lo mismo. Ahora debería tener unos veinticuatro o veinticinco años. Y ella quería ser de él, que él la hiciera suya, como debió ser siempre.
Ingresó al local. Allí estaba ese muchacho rubio oscuro, con ojos como el mar.
- ¿En qué puedo ayudarle, joven dama?
- ¿Marick? - preguntó ella, entre feliz y aliviada.
- ¿Sí...? - el joven observó ese collar que llevaba la muchacha al cuello. Se le hacía familiar. - ¿Marie...?
- ¡Sabía que me esperarías!
- Ah... Marie...
- ¡Papá! - una niña de cabello ensortijado y colorín salío detrás del mostrador. No superaba los tres años.
Le cargó en brazos, al mismo tiempo que una joven de la misma edad que ella entraba por una puerta detrás de Marick. Era colorina, de ojos castaños.
- Marie... te presento a Lidia y a mi pequeña hija Violet.
- No... no puede ser... - la rubia negó lentamente con la cabeza. - ¡Me juraste que me esperarías!
- Entiende que fueron muchos años de soledad, Marie. No sabía si regresarías algún día o no...
- ¡Mentiroso! - Marie salió apresurada del local, regresó corriendo por sus pasos.
Lloraba con amargura. Ella le había sido fiel por completo. Luchó para que su padre no le casara con el joven de allá, del Nuevo Mundo. Se talló la cara con fuerza mientras seguía caminando apresurada. Chocaba con los mercaderes, los pescadores, gente y más gente en el embarcadero. Llegó hasta el final del muelle...
Se arrancó con furia el medallón del cuello, lanzándolo al mar. Apenas este hubo desparecido de su vista, ella se lanzó, herida por un amor que no pudo entregar...
Producto de la calor, las canciones de Maná (En el muelle de San Blás - Si no te hubieras ido - Ojalá pudiera borrarte, entre otras), las melancolías y, por sobre todo, el medallón que llevo puesto en el cuello, regalo de una amiga para mi Licenciatura.
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