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Author: Isiilme
Fiction Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Reviews: 6 - Published: 02-08-09 - Updated: 07-21-09 - id:2632945

.Capítulo 4.

Si, metí la pata...otra vez.

-Está bien.-murmuró, antes de suspirar sonoramente.

-¿En serio? ¡Genial!-exclamó él antes de hacer un amago de abrazo, que quedó en una extraña situación que, de paso, también se convirtió en incómoda.

Se encontraban en una de las aulas de la universidad. Sara, tras haberse pasado media mañana dándole vueltas a la decisión que había tomado, al final había decidido que cuanto antes se lo dijera, mejor, así antes podrían quedar, antes podrían hacer el trabajo y antes podría olvidarse de cosas como los ojos miel suplicantes del chico, que habían sido uno de los grandes factores decisivos, o de las estúpidas hormonas de adolescente caprichosa que le habían nublado el juicio y habían participado también en la decisión.

-Pero ten claras un par de cosas: soy muy perfeccionista, y no te voy a pasar ni una…-Chase abrió la boca para decir algo, pero Sara no había terminado.-…y ni sueñes con que voy a hacer tu parte del trabajo, o trabajas tú también o cambio de compañero.

-Entendido.-contestó el chico antes de asentir, como si fuera un soldado ante su general.

-Bien. Quedamos esta tarde, en mi casa, a las cinco.

-Pero yo esta tarde no puedo, he quedado con…

-Me da igual.-cortó Sara, sonriendo de forma más amenazadora que otra cosa.-A las cinco, y sé puntual.

Salió de la clase con la cabeza tan alta que si realmente hubiera sido literal la frase, se habría dislocado el cuello. Sin embargo en cuanto estuvo fuera soltó un largo suspiro y fue como si toda la determinación que tenía segundos antes se hubiera pinchado como un globo.

Mientras salía de la universidad para coger el autobús que la llevaría de vuelta a casa rebuscó entre los libros de su bandolera para sacar el móvil. En cuanto lo hubo encontrado, buscó entre los números que tenía guardados en él el de Ángela y, suponiendo que ya habría salido de trabajar, la llamó.

-Acepté.-fue lo primero que dijo cuando escuchó la voz de su amiga al otro lado del teléfono.

-Me alegro, cariño, pero me coges en mal momento. ¿Qué tal si hablamos esta noche, cuando vaya a casa?

-Si, está bien.-contestó, asintiendo como si la tuviera delante en vez de estar hablando por teléfono.- ¿Eso significa que no vas a ir a comer a casa? ¿Qué ha pasado?

-Estoy esperando a Daniel, hemos quedado para comer, y te cuelgo porque creo que ya le estoy viendo venir. ¡Nos vemos en casa!

Lo siguiente que escuchó fue los pitidos del móvil que indicaban que Ángela acababa de colgar. Perfecto, si Ángela no iba a casa a comer y Raquel ya le había avisado aquella mañana de que tampoco iría ya tenía la excusa perfecta para pasar por cualquier pizzería y comer de comida basura aquel día.

Y con esa misma idea cogió el autobús de vuelta a casa.

............

Según cortó la llamada levantó la vista y vio que Daniel la saludaba, alegre. Aquello era bueno, significaba que vendría de buen humor, y que por lo tanto todo sería mucho más fácil.

La noche anterior había tomado una decisión. Aquella mañana le había llamado con la excusa de que no tenía nada que hacer —algo totalmente falso, pues se le acumulaban los papeles en la mesa— y su número había salido al comenzar a tocar teclas del móvil sin ningún orden en concreto —si, aquella era otra improvisación— y había decidido llamarle.

Después de aquellas excusas que, supuso, Daniel no se habría creído si tenía un par de dedos de frente, se alegró de que él fuera el que llevara la conversación hasta el punto en que le había dicho que tenía algo muy importante que decirle, y que sería genial decírselo en persona, por eso quería quedar con ella aquel mismo día. “Cuanto antes mejor” había dicho a través del aparato.

Al final allí estaban, saludándose tan cordialmente que no parecía que hubieran sido pareja en algún momento. No estaba segura de si lo había hecho a propósito o había sido pura casualidad, pero el restaurante era el mismo que el de la última vez. Después de darle muchas vueltas mientras supuestamente miraba la carta, se declinó por la opción de que lo había hecho a propósito. Seguramente aquel sitio se convertiría en uno de esos sitios de los que se acordarían si alguna vez volvían a estar juntos.

-¿Ángela? ¿Sigues aquí, conmigo, o te has ido de paseo a otro sitio?-preguntó Daniel.

-¿Qué?-preguntó la chica, extrañada por el comentario que había hecho él.

-Te he repetido como unas cinco o seis veces la misma pregunta.-comentó Daniel, divertido.

-Perdón, no estaba atenta. ¿Qué decías?

-Te preguntaba si sabes ya qué vas a pedir, por llamar al camarero o no.

-Si, claro, llámalo.

Mientras él se ocupaba de llamar al camarero Ángela le echó un rápido vistazo a la carta y se decantó por lo primero que le llamó la atención. Tendría que dejar de suponer cosas y estar un poco más atenta, se dijo, aunque supo en seguida que sería incapaz de cumplir aquello, pues estaba tan inexplicablemente nerviosa como si fuera su primera cita.

-¿Qué es eso tan importante que tenías que decirme?-preguntó en cuanto el camarero se marchó una vez pedidos sus platos.

-Vaya, vas directa, ¿eh?

-Parece mentira que no sepas que yo no puedo con las intrigas.-comentó Ángela, y Daniel asintió sonriendo, dándole la razón.

-Verás, ¿recuerdas aquel trabajo del que te hablé?-Ángela asintió.-No me han dado el puesto.

Se le cayó el mundo a los pies cuando escuchó aquello. Aunque no lo admitiría ante él ni ante nadie, en el fondo ya se había hecho ilusiones de que conseguiría recuperar lo que tenían, que todo saldría bien y terminarían viviendo juntos, felices. Vamos, como en esos finales de cuentos de hadas que normalmente en la realidad no solían producirse.

Pero había algo que no le encajaba. Si no le habían dado el puesto de trabajo, ¿por qué seguía sonriéndole? ¿Por qué estaba entonces de tan buen humor desde el principio? Él debió de suponer las preguntas que se estaba haciendo y continuó hablando.

-Por tu cara, parece que hayas sido tú la que ha perdido el trabajo.-comentó divertido.-Pero esa no era la noticia.

Entonces una chispita de luz iluminó ligeramente de nuevo ese final de cuento que tan guardado tenía Ángela. Pero no dijo nada, simplemente dejó que Daniel lo aclarara todo.

-Me dijeron que no allí, pero también dijeron que me recomendarían en otro sitio. De hecho, hoy mismo he tenido la entrevista, y todo ha salido tan bien que estaría dispuesto a asegurar que lo he conseguido.

-¡Eso es genial!-exclamó Ángela, sin poder contenerse.-Quiero decir…que me alegro por ti, vamos.-añadió, intentando tapar su emoción. No iba a dejarle hacerse ilusiones.

-Me alegro de que te alegres por mi.-fue lo último que dijo Daniel antes de que les sirvieran la comida y comenzaran a comer.

...........

Llamaron al timbre y miró su reloj. Las cinco, y la mesa del salón estaba ocupada en gran parte por una caja de pizza con un par de trozos dentro, y eso por no hablar de la lata de refresco vacía y las servilletas repartidas por todos lados.

-Mierda…-murmuró, levantándose corriendo y echando todo lo que encontraba dentro de la caja a toda prisa.

El timbre volvió a sonar, y esta vez le acompañó un “¿Hay alguien en casa?”. No le quedó más remedio que dejarlo todo en la cocina y salir corriendo de nuevo para abrir la puerta. El timbre sonó por tercera vez.

-¡Hola!-dijo respirando agitadamente por la carrera cuando abrió la puerta. Chase sonrió.-Eres un poquitín impaciente, ¿no?

-No, soy puntual.-corrigió él.- ¿Me dejas pasar o hacemos el trabajo en el descansillo de tu edificio?

Sara se apartó de la puerta y Chase entró. Ninguno dijo nada. Sara se metió en su habitación para coger sus apuntes y salió en el momento exacto en que Chase se sentaba en el sofá en el que minutos antes ella había estado tumbada.

-¿Empezamos?-propuso.

Él asintió y en el silencio más absoluto ella se sentó en el segundo sofá y dejó sus apuntes sobre la mesa, dando gracias a que se le había ocurrido pasarle un paño antes de abrir la puerta, porque sino en aquel momento tendría unos treinta folios manchados de aceite.

Estuvieron un rato atentos únicamente a lo que les ocupaba, hablando lo justo. Todo iba de maravilla hasta que sin saber muy bien por qué, Sara preguntó algo que Chase no se esperaba.

-¿Por qué conmigo?

-¿Qué?

-Que por qué has decidido pedirme a mi hacer el trabajo, cuando sé de sobra que tus amigos no tienen pareja. ¿Cuánto creías que iba a tardar en enterarme?

-¿Cómo lo sabes?

-Porque Ryan coge el mismo autobús que yo a diario, y hoy, por casualidad, se me ocurrió preguntarle con quién haría el trabajo. Me dijo que no tenía ni idea, que te lo pidió, pero dijiste que no.-explicó, seria.

-No le dijiste que eras mi pareja, ¿verdad?

-¿Y eso qué más da? Me mentiste y me gustaría saber por qué, si ni siquiera me conoces en realidad.

-Está bien, te diré la verdad. Pero no te enfades, ¿vale? Es una tontería mayor de lo que parece.-repuso Chase, resignado.

Sara se cruzó de brazos y se dispuso a escuchar e intentar entender la supuesta gran tontería, pero la explicación de Chase no llegó. Antes de que comenzara a hablar se escuchó abrirse la puerta de la casa, y segundos después Raquel entraba por ella.

-Sara, ¿está Ángela en casa? Necesito hablar con vosotras.-dijo, sin reparar en Chase, que se había quedado callado, como cohibido.

-No, no está. Tampoco vino a comer, me dijo que ya nos contaría.-contestó Sara, y tras una pausa miró a Chase y a Raquel.-Raquel, este es Chase, un compañero de la universidad.-Raquel asintió, suponiendo que era el chico del que les había hablado.-Y bueno, Chase, ella es Raquel, mi compañera de piso.

-Encantado.

-Igualmente. No interrumpo nada, ¿no?

-No, tranquila. Yo estaba apunto de irme.-dijo él, comenzando a recoger sus apuntes ante la mirada atónita y molesta de Sara.-Sara, hablamos mañana, ¿vale?

Cuando Sara se quiso dar cuenta, Chase se había ido y ella se había quedado sin explicación. Bufó antes de que Raquel la mirara alzando una ceja.

-Es largo de explicar.-repuso ella.-Mejor déjalo.

-Como quieras.

En ese momento incómodo en el que ninguna quería hablar fue en el que Ángela apareció, y con ella y la gran sonrisa que traía fue con lo que el ambiente general se relajó.

-¡Daniel se queda!-exclamó antes incluso de saludar.-Bueno, o al menos es casi seguro que se queda.-añadió.

-Eso es genial, por fin las cosas mejoran para ti.-dijo Raquel.

-¿Para mi?

Ángela miró a Raquel como si acabara de decir una palabra en un idioma que ella no conocía o algo parecido. No le gustaba cómo sonaba ese “para ti”.

-Sé lo que estáis pensando ambas. Si, metí la pata…otra vez.

-¿Qué quieres decir con que metiste la pata otra vez?-preguntó Sara, y Ángela asintió, dando a entender que también quería conocer la respuesta de esa pregunta.

Raquel las miró a ambas, consciente de que su respuesta iba a ser un problema para todas ellas. Consciente de que había sido una locura, pero de que también había sido algo necesario, y de que solo le quedaba remediarlo. Bueno, y contárselo, así que se armó de valor y…

-He dimitido.


Chan chaaaaaaan (?)

Era para darle más emoción, omitidlo si quereis.

Pues...gracias a Elendoy (y a la página esta que hizo que habláramos después de tanto tiempo ^^).

Isilme.



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