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Mantenían
la mirada con angustia; más por parte de Adam que de Ethan.
Este
último solo fingía para poder entender. Un gran suspiro inundo la
habitación, y aunque el castaño no se inmuto en absoluto, volvió a
asomar la cabeza por el hueco de la puerta.
“Ya llorara”
empezó Adam, señalando como si fuera obvio “a algunos les afecta
más tardíamente…”
Ethan por su parte difería, conocía muy
bien a Argentine. Él no era de esos que se dejaba afectar tan
fácilmente; y para él la muerte de Marianne no había significado
nada.
Su atención volvió al rubio, quien en la habitación
contigua jugaba con Lilith. Imitaba sus movimientos, rodaba por el
suelo junto a ella e incluso copiaba sus gestos. Era como verse en un
espejo; claro, si vieras reflejado a un gato en vez de a uno
mismo.
La bola blanca salto hacia la mesita de noche y Argentine
la siguió, quedando así frente a frente con la puerta. Esta se
abrió, y aun en su trance felino quiso espiar para ver de quien se
trataba.
La respuesta fue desagradable.
Lo vio entrar
creyéndose dueño del recinto, y seguidamente se desplomo contra el
sofá. Chasqueo los dedos y Lilita estuvo en su regazo
ronroneando.
Argentine torció el gesto en disgusto. Le habían
arruinado su juego.
Ninguno se percató que Ethan y Adam
seguían observando.
Ethan Curioso y Adam con recelo. No solo era
Argentine a quien le molestaba la presencia del nuevo inquilino.
Creía saberlo todo, ¡y peor aun! Tocaba las cosas de Marianne como
suyas.
Esto era lo que más le molestaba.
Por su parte,
Argentine sentía repulsión sin razón. Generalmente no soportaba
estar en la misma habitación que él por más de cinco minutos; Por
eso era raro que siguiera ahí, mirándolo desde el suelo, como si
estuviera apunto de atacarlo.
Y así lo hizo.
Se abalanzó
sobre él como si fuese una fiera, como si fuese un gato.
Arshes
contuvo la respiración un tanto turbado, además que Lilith en
último momento salto fuera, rasguñándolo en la mejilla.
“Me
das miedo ¿sabes?” comento sereno al tenerlo tan cerca. La mejilla
estaba levemente manchada de sangre.
“Lo se” fue la simple
respuesta que Argentine acompaño con una sonrisa; seguía
curioseando con la mirada y manoseando con la punta de los dedos. Lo
tocaba como a un trozo de comida extraña, para finalmente clavarse
en su cuello y embriagarse con su aroma.
Si esto no era extraño
sin duda era agradable.
“¿No deberías de estar por ahí
lagrimeando?”
“¿te importa?”
“La verdad no”
La
suspicaz sonrisa molesto a Argentine, deseaba fastidiarlo, pero
parecía que Arshes lo disfrutaba.
Su repulsión casi
aumento.
Escucharon el cascabel de Lilith cruzar el umbral de
la puerta. Para ese entonces ya se encontraban tendidos en el
suelo.
“¿Así que te pones autista cuando te deprimes?”
“La
desesperación y el alcohol suelen sacar lo peor de uno; la depresión
es solo un efecto secundario. Hay personas que beben por depresión;
otras golpean, follan o lloran desconsoladamente”
“¿tu?”
“No
estoy deprimido”
La noticia altero a Adam, y una gran rabia le
embargo. Como Argentine dijo, los sentimientos podían sacar lo peor
de uno. Mas Ethan lo detuvo antes de que este se atreviera a
descargarse sobre Argentine, estaba más interesado en lo que fuera a
pasar entre Arshes y Argentine que en la rabieta de Adam.
“¿tu?”
“No
la conocí, entonces no tengo porque”
Se levanto desperezándose
y tocándose levemente la mejilla manchada. El ojigris se inclino con
intenciones de acercarse y la limpio con su legua… para después
refugiarse entre sus brazos.
Arshes por fin lo entendió.
Al
igual que Ethan; todos menos Adam, que moría de rabia por los actos
del más joven del grupo.
Argentine no lloraba, no golpeaba,
ni tiraba. Tampoco bebía {esto solo lo hacia por diversión} o tenia
prospecto suicidas.
Él sustituía personas: Buscaba afecto, calor
y amor.
Y Arshes había sido para él como la última coca-cola
del desierto. Justo lo que necesitaba.
Si Bien Marianne nunca
significo mucho para él, esta era una peculiar y perfecta excusa
para bloquear lo que más dolía; la muerte de su madre. Y finalmente
acercándosele.
Aunque le haya tenido recelo desde el momento en
que llego.
Ethan entendía mejor que nadie.
Por otra
parte Arshes se limitaba a abrazarlo, a estrecharlo entre sus brazos
sin decir ni hacer nada.
Acariciando su cabello, suspirando
profundamente.