| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
La chica del gato
Por Hannah BlueBird
Aquel día el cielo había sido el primero en darle un regalo y había amanecido despejado. Las nubes, perfectamente blancas y esponjosas, hacían un collage perfecto con el azul profundo del fondo.
Abrió un poco el marco de la ventana junto a la que estaba sentada, dejando que se colara un poco de aire fresco. Inspiró a la vez que el aire le removía suavemente su corta melena ondulada. Se sentó cerca del alfeizar, rodeando sus rodillas con los brazos. Por fin había llegado aquel día.
Un ligero maullido la sacó de su sopor. Una gata blanca manchada la miraba justo a su lado.
-Buenos días, Manchitas.- saludó ella. La gata volvió a maullar.- Gracias. Yo también espero que hoy sea un buen día.
Respiró muy hondo y se levantó de un salto. Caminó con decisión fuera de su habitación.
-¡Feliz 18 cumpleaños!
Sus ojos miel se abrieron con sorpresa al ver el pastel con 18 velas encima de la mesa donde habitualmente comían.
-Sé que no querías nada, pero ya sabes que hoy es una fecha especial.- su madre sonrió y se encogió de hombros mientras preparaba el desayuno.
La chica se sentó en una de las sillas y se quedó mirando embobada el pastel. Tenía un dibujo echo con sirope de la cara de un gato.
-Gra-gracias, mamá.- tartamudeó.- En serio es... me gusta mucho.
-Bueno, no sabía si iba a ser de tu gusto, a veces siento que apenas te conozco, hija...- la mujer andaba de un lugar a otro de la cocina.- Me alegro de que esté bien. No se cumplen 18 años todos los días.
-No, claro que no...- se interrumpió. Manchitas se había ovillado entre sus pies y ronroneaba alegremente. -¿Sabes, mamá? Creo que iré a dar una vuelta por ahí. Necesito que me de el aire.
-¿Y no vas a comer nada?- exclamó su madre, pero ella ya había salido por la puerta y no podía escucharla.
El viento había aumentado su velocidad. Ahora le alborotaba fuertemente el cabello mientras caminaba por la calle. Aun era muy temprano, así que apenas había alguien por las calles; un par de chiquillos, una señora que iba a hacer la compra, un gato que se deslizaba silenciosamente detrás suya...
-¿Manchitas?- murmuró, reconociendo el pelaje del animal.- ¿Por qué me sigues?
La gata bostezó, enseñando sus pequeños colmillos. La chica se encogió de hombros y siguió su camino, escoltada por el pequeño animal.
Le extrañó su comportamiento: Normalmente, Manchitas se hubiera quedado acostada en su cesta en lugar de levantarse y seguirla, pero tal y como había dicho su madre, no todos los días se cumplían 18 años.
Adulta. Mayor de edad. Ese pensamiento la aturdió durante unos segundos.
Era mucho lo que dejaba atrás, toda su infancia, a los que habían sido sus amigos, pues la mayoría se marchaban a estudiar a un lugar más alejado. Aunque siempre le quedaría aquellos recuerdos buenos, también los malos, pero procuraría pensar en los buenos.
Claro que era muchísimo más lo que le esperaba por delante. Había conseguido que la aceptaran en la universidad, en la carrera que quería. Su futuro empezaba a decidirse a partir de ahora, a partir del primer paso hacia su sueño.
Soltó una carcajada de felicidad, a la vez que elevaba su rostro hacia el cielo despejado. Sus ojos se enfocaron en una bandada de pájaros que piaban felices entre los árboles. Le invadió una fuerte sensación de dejà vu y sintió un cálido escalofrío en su espalda.
Un buen presentimiento.
Casi sin saber a dónde le llevaban sus pasos, se dirigió hacia el ciber que frecuentaba con regularidad. Pagó una hora y se sentó frente a uno de los ordenadores. Tamborileó nerviosa sobre la mesa mientras este se encendía.
A su lado, manchitas maullaba.
Conectó rápidamente el messenger una vez encendido, y descubrió que tenía varios correos sin abrir. Abrió el primero, y sonrió al descubrir que era de su hermana, de su amiga más lejana, que le deseaba un feliz cumpleaños.
Releyó el correo varias veces, intentando luchar para que las lágrimas se mantuvieran en sus ojos, para que no rodaran por sus mejillas. Pero no estaba triste, oh no.
Lloraba de la felicidad que le provocaba ese sentimiento, posiblemente estancado no sólo en el corazón de esa amiga, sino en el corazón de todas aquellas que le desearan un feliz cumpleaños durante el día.
Se rió sonoramente de nuevo. Aquel día tenía ganas de reírse.
Y pensaba que eso era lo que más deseaba la gente que la quería.
Salió dando saltitos del ciber, pasada su hora. Ahora, las calles estaban más llenas de gente, que charlaban ruidosamente, paseaban o hacían sus compras. Era domingo, así que no había clase.
Caminó dando vueltas, sumida en una especie de baile sin fin. Se reía, y Manchitas, a su espalda, también parecía contenta.
Varias personas llamaron a su teléfono para celebrarle un feliz cumpleaños, y otras tantas la pararon en la calle y también la felicitaron.
Con persona que la felicitaba, más grande se hacía la sonrisa que adornaba su rostro. Y aunque nadie le hubiera deseado un feliz cumpleaños, sabía que en algún lugar, en algún rincón, habría alguien que seguro que sí se alegraba por ella.
Y eso era suficiente para ella, para mantenerla sonriente durante el resto del día.
Las dudas, los pensamientos pesimistas que se habían ido acumulando a lo largo de la noche en su mente se habían evaporado como por arte de magia. Ahora quería reír, chillar de alegría. Luchar por ser feliz.
Cruzó corriendo varias calles más, parándose únicamente para saludar con la mano a una enorme bandada de pájaros que revoloteaban por las copas de los árboles.
Tarareaba una canción que no recordaba, y Manchitas maullaba al compás.
Entró en su casa con la mayor de las sonrisas pintada en el rostro.
-¿Ha ido bien tu paseo?- preguntó su madre.
-¡Bastante bien!- exclamó ella, riendo. Su madre le cortó un pedazo de pastel y se lo puso en la mesa.
-Por cierto, ha llegado una carta de la universidad.- dijo. – Dice la fecha exacta de tu entrada, así como las clases que tienes y los profesores. Que raro que llegara precisamente hoy, ¿no?
Sonrió para sus adentros y continuó comiendo. Manchitas recogía habilidosamente los pedazos que se caían del plato.
Posiblemente hoy sería un buen día. Y si no lo fuera, lo sería el siguiente. Y si el siguiente no lo fuera, sería el siguiente y así sucesivamente.
Ahora era cuando tocaba luchar. Ser fuerte y mirar hacia el futuro, intentando cumplir sus sueños. Siempre con una sonrisa.
Vive en paz con tu alma.
Con todos sus fraudes, su rutina y sus sueños rotos, es un mundo hermoso. Sé alegre.
Lucha por ser feliz.
Es muy corto. Muy extraño, pero me salió del alma. Como curiosidad, las ultimas frases son de un poema de cuyo autor no recuerdo.
Regalo de cumpleaños para Abycat. Haz caso a las indirectas que hay en la historia. Tienes 18. Lucha por ser feliz, amiga.
Yo estaré al lado del océano, controlando a Godzila para que me obligue a seguir escribiendo historias y a seguir mejorando cada día.
Creo que deberías hacer lo mismo. ¡Gracias por todo, y felicidades!
Pronto más.
ATTE: Hannah BlueBird