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Author: Hannah BlueBird
Fiction Rated: K - Spanish - General/Friendship - Reviews: 4 - Published: 03-04-09 - Updated: 03-04-09 - Complete - id:2642924

Afortunado Accidente

Por Hannah BlueBird

Aurea se desperezó y comenzó a vestirse. Era lunes, comenzaba una nueva semana y ella tenía sueño. Una vez vestida hizo su cama y se peinó su larguísima cabellera castaña.

-Ya va siendo hora de cortársela.-pensó mientras se miraba al espejo. Dio una vuelta sobre si misma, observando mejor su ya maduro cuerpo de chica de 14 años. Suspiró.-Si sigo creciendo así, no tardaré en llamar la atención de los viejos verdes...

Suspiró. Salió del baño y llamó a la puerta de la habitación de Koushiro antes de bajar por las escaleras de su casa.

Se puso rápidamente un delantal y comenzó a hacer el desayuno para ambos en la cocina, sonriendo. Agradecería siempre a su abuela el hecho de que les hubiera dejado aquella casa.

Hacía ya algunos años que no tenían noticias de Monique, aunque ninguno de los dos había podido olvidarla. Pensaban en ella a menudo, sí, pero siempre entre los quehaceres del día a día.

-Buenos días.- saludó Koushiro mientras bajaba las escaleras.

-Buenos días.- respondió Aurea, mientras apagaba la cafetera.- Pon la mesa, por favor.

Koushiro asintió y puso el mantel y sacó las tazas. En unos minutos ambos estaban sentados frente al otro y saboreando el desayuno.

-Hoy te toca trabajar, ¿no?- preguntó ella desde detrás de su taza.

-Sabes que sí.- Koushiro dio un bocado a su tostada.- Aunque creo que hoy llegaré tarde; acaban de llegar unas cajas nuevas al almacén y hay que distribuirlas.

Aura asintió. Observó de reojo el reloj y terminó con rapidez su café. Se hacía tarde.


La mañana pasó rápido, y pronto llegó la hora de salida, tan ansiada por todos los estudiantes.

-Intentaré no llegar muy tarde esta noche.- dijo Koushiro mientras se subía a su bici.- ¿Estás segura de que puedes volver a casa sola?

-No te preocupes, no es la primera vez que lo hago.- Aurea sonrió, y el chico correspondió con otra sonrisa.- ¡Que te vaya bien en el trabajo!

Koushiro se despidió mientras se marchaba pedaleando. Aurea sonrió para sus adentros y comenzó a caminar hacia su casa.

-¿Y qué fue lo que te dijo?- preguntó una chica que iba delante suya a su compañera. Tenía dos enormes coletas rosadas.

-¡No me presiones, Sumomo! ¡Ya te lo diré!- su compañera se había ruborizado levemente y agitaba de un lado a otro la botella de cola que llevaba en las manos. Usaba gafas y tenía el pelo morado.

-¡Ay, no me seas así!- la de las coletas se había lanzado contra su amiga, haciendo que ésta se tambalease ligeramente hacia atrás. Aurea pasó por el lado de ambas.- ¡Dime lo que te dijo Satoshi!

-¡Que no!- gritó la de las gafas mientras agitaba los brazos.

En consecuencia, la cola se salió de la botella y fue a parar a la cabeza de Aurea, dejándola empapada.

-¡Ay, lo siento muchísimo!- la pelimorada miró sorprendida a Aurea, que se palpaba el ya pegajoso pelo, y no paraba de hacer reverencias.- ¡Lo siento, lo siento!

-Bueno, primita, ya nos veremos mañana.- se despidió la de las coletas.- ¡Chao!

-¡Sumomo, mala pécora!- exclamó la pelimorada, mientras veía cómo su prima huía por una calle contigua. Se volvió de nuevo hacia Aurea.- ¡De verdad que lo siento!

-No te preocupes, de verdad.- Aurea sonrió con nerviosismo.- No es nada.

-¡Cómo que no es nada!- la chica cogió varios mechones del pelo de Aurea.- ¡My god!¡Esto hay que tratarlo muy seriamente!

-En serio, no es necesario...

-¡Déjame que te lleve a mi casa!- insistió la chica.- Por lo menos, para que no gastes champú.

No le dio tiempo ni siquiera a despegar los labios. Aquella chica la cogió del brazo y la arrastró por toda la calle.

Doblaron varias esquinas, y a Aurea el camino comenzó a resultarle cada vez más familiar.

-¡Ya estamos!- exclamó cuando llegaron a una casa bastante alta. Aurea estaba asombrada.- ¿Qué ocurre?

-Es que... verás... No sé como decírtelo...- tartamudeó Aurea.

-¿Qué ocurre? ¿Es por la casa?- preguntó la otra, llena de ansiedad.

-No... Es que resulta que yo también vivo en esta calle.

-¿Eh?- la otra la miró sin comprender.

-¿Ves esa casa de ahí?- Aurea señaló una casa que estaba a dos de la de la chica. Ella asintió.- Vivo ahí.

-¡No es posible!- exclamó la otra.- ¡Si nunca te había visto antes!

-Yo a ti tampoco.- Aurea se encogió de hombros.- Pero ya que estoy aquí, mejor me lavo el pelo en mi casa.

-¡Ni hablar!- exclamó al otra, poniendo los brazos en cruz frente a su cara. Aurea suspiró cuando vio que la chica la arrastraba hacia el interior de su casa.-¡He llegado!

-¡Bienvenida!- una mujer y una niña hablaron a la vez. Ambas estaban preparando algo en la cocina.

-¡Hermana, estamos preparando crepes para merendar!- exclamó la pequeña.- ¿Querrás?

-¡Pues claro!- exclamó la chica, mientras le revolvía el pelo azul.

-¿Quién es esta chica, Karina?- preguntó la mujer. Llevaba el pelo azulado recogido en un moño.

-Es una vecina, mamá.- respondió Karina.- Le he manchado el pelo con cola, así que le he pedido que venga a casa a modo de compensación. Por cierto, ellas son Reiko y Musume, mi hermana y mi madre.

-Encantada.- sonrió la mujer.- El baño está arriba.

-Ven.- la apremió Karina, y comenzaron a subir las escaleras. Aurea se había quedado sin habla.

Le dolía pensar en una familia feliz, con una madre que sonriera y que hiciera cada día la comida. Su madre nunca había sido así, más bien todo lo contrario. Aquello que ella tanto deseaba no se cumpliría jamás.

-Agáchate.- dijo de repente Karina; estaban en el baño, frente a una bañera. Aurea obedeció, y se acuclilló.- Voy a lavarte el pelo, ¿de acuerdo?

Karina hablaba de algo que Aurea no alcanzaba a escuchar. Estaba sumida en sus pensamientos, en su infancia. En todo el dolor. Cuando volvió ligeramente a la realidad, Karina le estaba secando el pelo con una toalla.

-Tienes el pelo muy largo y muy bonito, ¿sabes?- dijo ella.- A mí me gustaría tenerlo así de largo, pero es muy difícil de cuidar, por lo que creo que me lo cortaré dentro de poco. ¿Tú que crees?

La chica dio una vuelta sobre si misma, dejando ver su largo cabello morado, que le llegaba hasta casi la cintura.

-Tienes el pelo muy bonito.- murmuró Aurea.

-¿Tú crees?- Karina se quedó pensativa unos instantes.- Mi madre también lo dice, y eso que yo no me lo creo. ¡Siempre se empeña en lavármelo ella!

Sin previo aviso, y para la sorpresa de Karina, Aurea se inclinó sobre si misma y comenzó a llorar desconsoladamente. Karina no sabía qué hacer, así que se acercó hacia ella, lo que provocó que Aurea se agarrara a su cintura y llorara más fuerte que antes.

-¿Qué te ocurre? ¿Es por mi culpa?- Aurea negó con la cabeza.- ¿Entonces, qué es?

Aurea se separó de ella y se secó las lágrimas con la manga de su chaqueta. Karina le dio un pañuelo.

-Lo siento.- murmuró Aurea, con el resto del llanto aun en sus ojos.- Es que yo nunca he tenido una familia de verdad. Mi madre me abandonó en un orfanato cuando era pequeña y nunca cuidó de mí, por eso me he puesto tan triste al ver a tu familia. No es tu culpa.

-Lo siento mucho.- se disculpó Karina.- ¿Y vives sola ahora?

-No, vivo con un amigo del orfanato, aunque también solos. Ambos tenemos ayudas del mismo orfanato, pero aun así trabajamos. No vivimos mal.- Aurea se encogió de hombros.

-¿Y cómo es que nunca te había visto antes en el instituto?- Karina se acercó hacia ella con un peine y comenzó a cepillarle el pelo.

-Antes íbamos al del orfanato, pero cerró por falta de recursos.- contestó Aurea.- Por eso nos mudamos aquí.

-Claro.- Karina rió.- En serio, lo siento muchísimo. No debería haber insistido tanto.

-No es tu culpa, es mía. Puedo superarlo.- Aurea sonrió.- Por cierto, no me he presentado, mi nombre es Mirai Aurea.

-Yo soy Kaisawa Karina.- rió la ora.- Encantada.

-¡Chicas, las crepes están listas! ¡Bajad!- la voz de Musume resonó por toda la casa. Ambas rieron.

Presentían que iban a compartir una amistad que no se debilitaría ni con el paso de los años.


Partes de “Crónicas de un Orfanato”.

Karina Kaisawa es propiedad de Abycat. Tengo su permiso para incluirla en esta historia.

Pronto más.

ATTE: Hannah BlueBird



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