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Cállate
Por Hannah BlueBird
Matar a todo el mundo.
Sacudió violentamente la cabeza, luchando por que esos pensamientos se evaporasen y le dejaran tranquilo.
Acabar con todos de una vez.
Se paró en seco, a mitad de la escalera de su casa. Miró sus manos, que temblaban. Sentía un terror imposible de describir.
-A este paso...- murmuró.- Voy a volverme loco. Y cometeré una locura tan grande que nadie me perdonará jamás...
No perdonarles su existencia.
Bajó rápidamente las escaleras, entró en su habitación y cerró la puerta violentamente.
El ser humano es quien te ha provocado todo este dolor. ¿No crees que es hora de vengarte?
Sin encender la luz, se tumbó bocabajo en su cama y se tapó la cabeza con una almohada. Tenía que pararse. Y rápido.
Dame un buen motivo para no matarlos. Sabes que lo deseas. No te reprimas más.
Se mordió la mano derecha, intentando que el dolor aplacara todo pensamiento de “muerte y destrucción”.
Ya se le pasaría. Siempre pasaba.
Aunque siempre volvía.
-¿Qué me está pasando?- se preguntó.- ¿Por qué pienso todo esto? ¿Estaré enfermo...?
Respiró hondo. En el piso de abajo se oía el ruido de la televisión y a sus hermanos chillándose mutuamente.
Eso le hizo ponerse más furioso. Apretó los dientes contra su muñeca, haciéndose sangre.
Admite que deseas matarlos.
-¡Cállate!
Pero lo deseas.
-¡No lo deseo!
Algún día les matarás. Y lo sabes. ¿Por qué retrasar más el momento?
-¡No quiero matarles! ¡Déjame en paz de una vez!
Te dejaré tranquilo esta noche si quieres, pero volveré porque lo deseas. Siempre lo deseas. Y tus deseos son más fuertes cuanto más enfadado estás.
-Olvídame.
Somos lo mismo. Si yo muero, tu mueres. Y viceversa.
-Lo que prefieras, pero márchate ya.
Volveré.
Escuchó su respiración profunda durante unos instantes. Suspiró. Ya se había ido.
Su madre llamó a la puerta, avisando que iba a preparar la cena y que se fuera a duchar.
Ya era hora de que nos dedicara tiempo, ¿no? LLeva toda la tarde aislada del mundo real.
-Te dije que te fueras.
Mátales. Primero a ellos, luego al resto. Nadie tiene por qué enterarse.
-Pero...
Úsala. Sé que la guardas. Cógela y mátales.
Se levantó de la cama y sacó de debajo del colchón una pequeña pero afilada navaja.
-No sé ni por qué la guardo.
Sí lo sabes. A mí no puedes mentirme. Les odias, por todo lo que te han hecho y por todo lo que te harán. Mátales.
Bajó con tranquilidad las escaleras, escondiendo la navaja en el bolsillo de su chaqueta.
-¡Ya era hora! ¿Y aun no te has duchado?- gritó su madre al verle bajar.
Tanto ella como su padre estaban serios, sentados en la mesa del comedor. Sus dos hermanos menores se peleaban en el suelo.
-¡Ve y dúchate!- gritó su padre.
Sólo sonrió con malicia. Cerró la puerta de la cocina mientras sacaba la navaja del bolsillo.
Lo que pasó después... Fue simplemente una auténtica locura.
Fin.
La historia más paranoica que he escrito jamás. Aunque, sinceramente, preferiría no haberla escrito.
Pronto más.
ATTE: Hannah BlueBird