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Fiction » Thriller » El beso del diablo font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Catrina Dinorah P.R.
Fiction Rated: M - Spanish - Crime/Tragedy - Reviews: 2 - Published: 04-06-09 - Updated: 04-28-09 - id:2656779

De noche, Moscú es un cuento de hadas amenazador. Una Cenicienta que no sale del Kremlin a la medianoche podría perder más que una zapatilla de cristal.

-Martin Cruz Smith.

I

La primera gota de lluvia cayó sobre su cuerpo, seguida por miles de ellas que lo limpiaban, o al menos eso aparentaban, y eso quería creer, porque toda la porquería que llevaba dentro no se iba a marchar tan fácilmente como deseaba.

La suciedad superficial iba desapareciendo poco a poco, alzó el rostro y cerro los ojos, apreciando como el agua chocaba contra su rostro, y como lamía la tinta carmesí desaparecía lentamente de sus manos. Sus ojos se abrieron de nueva cuenta, apretó el frasco que tenía entre sus manos y guardó su tesoro en uno de sus bolsillos.

Aquella escena le deleitaba, era simplemente mágica, sobre el húmedo pavimento dormía una bella mujer. Su piel tenía un bronceado artificial, su cabello estaba teñido de un azul eléctrico y vulgar, los labios eran morados, voluptuosos; y su ropa negra ajustada, ahora estaba manchada de sangre. Pero aún así era una bella imagen.

Quizá lo que más le agradaba era ver los párpados hundidos por la falta de ojos, los cuales ahora descansaban en el frasquito con formol que se encontraba en el bolsillo de su pantalón.

El ruido de La lluvia contra las ventanas y anuncios, junto con el ruido ocasional de los automóviles rompían el silencio. Guardó el arma entre sus ropas, y comenzó a caminar, acelerando cada vez más sus pasos.

*

Blanco, el techo era blanco, no entendía cómo podía perder su mirada en aquel pedazo de yeso con manchas de humedad, no entendía cómo captaba la atención del joven de ojos azules que descansaba sobre la cama con los brazos cruzados sobre su abdomen; ¿Qué tenía ese maldito techo que le robara las miradas del muchacho? Ni que fuese realmente tan interesante el jodido techo.

-Selen... -Le llamó mientras apoyaba su mano sobre el muslo del pálido joven- Selen

El joven volteó provocando que su cabello negro cubriera aquellos ojos celestes que miraban profundamente a la muchacha que se encontraba hincada al lado de la cama, sus orbes se fijaron en las de la otra, esos ojos azules iguales que los suyos, que le miraban con preocupación; enredó sus dedos en los largos y sedosos rizos negros para así besarle la frente de un modo rápido.

-Perdona Vicky...- Le susurró tras despegar sus labios de la suave piel, haciéndole un gesto con la mirada para que subiera a la cama. La menor no dudó ni un segundo para hacerlo, abrazando el cuerpo a su lado que se giró quedando frente a frente y enredando sus dedos entre los suyos, observando la suave mano de la más joven.- Coño, me duele todo.

-Sino fueras tan puto no te dolería.

-Sino fuera tan puto no tendríamos ni un duro para tragar. Pero si quieres andar a dos velas sólo dímelo y mejor me voy para que te quedes sin mis ingresos.

Se rieron ante aquel absurdo comentario mordaz, felices en su desgracia, era cierto, sino fuera por aquello estarían muertos de hambre, pero también era cierto que si Selen dejara de meterse cuanta droga se le ponía enfrente les rendiría más el dinero, pero sin ésta no podía hacer bien su trabajo, así que sin más de ese patético modo se cerraba el patético círculo vicioso en el que vivían.

-¿Quién vive? –Se escuchó el grito de una mujer seguido por la puerta que cerraba, tan sumidos estaban en sus cosas que no se habían dado cuenta de la llegada de su compañera de apartamento.

-Los muertos... –Contestó con un lúgubre tono Victoria, para después reír escandalosamente con su hermano.

La mujer entro al cuarto con las manos apoyadas en su prominente cadera, era alta, de un cuerpo bastante atrayente, poseía un cabello rubio, largo y ondulado, y ojos castaños bastante expresivos para su desgracia, pero que en ese momento le ayudaban sermonear con la mirada a los dos jóvenes en la cama.

-¿Acaso hay un maldito día en que no se metan esa porquería? –Les gritó enojada, era la mayor del departamento, así que esos 28 años le daban el permiso de regañarlos, o al menos ese parecía ser su papel.

-Pero Natasha... tú sabes que el que se cuelga es mi hermano –Contestó la jovencita señalando con la mirada al joven de ojos azules.

-Dale un regaderazo de agua fría y verás como se le baja, que no quiero junkies en la casa.

-Pero venga, que es nuestro junkie privado, es algo que podemos presumir.

-Claro, como lo que nos falta es un niño pijo y drogo... –Comentó con ironía, girando los ojos.

-¡Oye! eso nos da categoría.

-¡Coño! –Les gritó Selen quien había estado escuchando en completo silencio- Dejen de joder y lárguense, hablan como si fuera un perro o gato. –Se quejó arrojando al suelo a su hermana, para así poder acomodarse

-Pero habías dicho que ibas a ayudar con cálculo... –Le recordó la menor, haciendo un puchero.

-Pues es tú culpa que no te ayude, así que saca tus libros y ponte a estudiar en friega que yo me voy a dormir, largo y buenas noches.

Dicho esto se metió a las cobijas ocultando su rostro en la almohada, las otras dos no se movieron tan sólo intercambiaron miradas que oscilaban entre la molestia y la vergüenza.

-¿Están sordas o que? –les preguntó con molestia sin moverse- ¡Dije que largo!

Cuando hubo escuchado que abandonaban la recamara y cerraron la puerta volteó levemente la cabeza, mirando la lámpara de un gastado color azul que se encontraba en la mesa que servía como buró, estiró su mano alzando una revista para tomar entre sus dedos una pequeña pastilla, cerró los ojos y se la llevó a la boca para tragarla de un golpe, quería olvidar lo sucedido, quería olvidar lo patética que se había tornado su vida, quería... quería que todo a su alrededor estuviese tranquilo, silencioso, limpio y blanco.

*

Abrió sus ojos para notar que se había quedado dormido en el estudio, había estado leyendo los informes sin darse cuenta que ya era tarde, buscó a tientas su celular sobre el escritorio para verificar la hora, cuatro de la mañana, lo guardó en el bolsillo del pantalón y se puso de pie para dirigirse a la cama y descansar al menos otras dos horas pero de una forma decente.

Caminó hasta su habitación pasando por la sala donde descasaba aquel bello piano negro que no había podido tocar en semanas debido a la carga de trabajo que había tenido por culpa del “Coleccionista” nombre barato que le habían dado los medios al nuevo asesino serial que había aparecido hace dos meses, y él como psicólogo del departamento de homicidios, tenía que realizar perfiles que el asesino se atrevía a burlar de una forma descarada.

No quería pensar más en él, o quizá ella, no podía siquiera saber el género, de joven odiaba perder y eso no había cambiado, y el simple hecho de que de un crimen a otro cambiara lo poco que lograba saber le enfurecía, quería mandar todo al demonio, hacer una rabieta como cuando era niño y no le daban lo que deseaba.

Se suponía que se había graduado antes de tiempo y con mención honorífica, se suponía que por ser el mejor estudiante le habían ofrecido aquel empleo, se suponía que su “poca” experiencia no le era un impedimento. Entonces, cuál era la falla, por qué no llegaba a una conclusión rápida que permitiera acabar con aquella ola de violencia gratuita que el Coleccionista les brindaba a todos los habitantes de esa pútrida ciudad. Aquello se había tornado patéticamente personal, según el detective al mando había declarado, en su afán de protagonismo, que era un pleito con él; pero Alexis sabía que si con alguien estaba jugando aquel ángel de la muerte era, precisamente, con el psicólogo del equipo.

-Mierda...- Lanzó la maldición al aire sin saber si aquel insulto iba al asesino por hacerlo enfurecer, o a si mismo por no alcanzar eso que se había propuesto.

No acababa de acomodarse en la cama cuando el teléfono rompió el silencio del departamento, abrió los ojos fijándolos en la oscuridad del techo, y a tientas buscó el aparato con deseos de aventarlo en cuanto lo encontrara, pero no lo hizo, si se encabritaba le daba gusto a aquel ser que se había apoderado de su tiempo.

-¿Ahora que fue? –No hubo saludo, no tenía que preguntar quién era su interlocutor, una llamada a las cuatro de la mañana sólo podía venir de su equipo.

-Tenemos una callejera muerta en Tres Estaciones [1] -Le dijo una voz grave, y seca, proveniente del Detective Ivanov.

¿Lo llamaba para eso? Qué estaba pensando ese idiota, si en Moscú la violencia hacia las prostitutas no era nada raro, y por consiguiente no tenía nada que ver con el Coleccionista, además, lo único que se mantenía constante y podía ayudar, poco pero al fin y al cabo ayudar, era que las víctimas eran gente de clase media-alta.

-¿Y para eso me despierta? –Preguntó de mala manera, pero conteniéndose de gritarle- Llame al departamento antivicio, a sus colegas de homicidios, pero no a mi.

-Aparentemente no hubo ataque sexual, no tiene ojos y le hicieron un hoyo en la garganta...

Se quedó mudo, había cambiado de nuevo y la única constante del perfil se venía para abajo, era un retroceso, estaba en ceros de nueva cuenta, aunque podía ser que sólo se tratara de una mala broma del destino y que esto no lo hubiera hecho el asesino, que sólo fuera un imitador de poca monta.

-Voy para allá... –Colgó sin más, rogando que no fuese aquel ser quien le invocara.

*

Había un tumulto en el lugar, las patrullas nada discretas y los encargados de antivicio estaban también en el sitio acordonado, se suponía que a él no le correspondía asistir a ese tipo de lugares, pero estos meses su trabajo se había mudado de la oficina a la escena del crimen y las cosas habían dejado de ser lo que se suponía que eran.

Su cabello rojizo estaba mojado por la lluvia que pese a su fuerza no ahuyentaba a los mirones.

-Por fin llega. -Le reprendió un hombre alto de cuerpo atlético, de cabello rubio, tez pálida de duros rasgos y ojos grises.

Se trataba del detective Nikolay Ivanov, un maldito odioso, a parecer del psicólogo, que se comportaba como si fuese su jefe cuando no tenía ninguna autoridad para llamarlo a las tres de la mañana a ver un cadáver que seguramente no era más que parte de un crimen pasional.

-¿Dónde está el cuerpo? –Preguntó con frialdad- ¿Hablaste con antivicio?

-Sí, y dijeron que era nuestro occiso.

-¿No dijiste que era una muerta? –Preguntó contrariado y molesto.

-Eso parecía a primera vista, es un vestido.

Chasqueó la lengua y se acercó con una mueca, no tanto por la identidad del cadáver sino por el lugar en que se encontraban, barrios que durante la noche fungían como escaparate de cuerpos femeninos y en algunos casos masculinos; mercados callejeros que le traían sentimientos no muy agradables, no era que sintiera lástima o repulsión por aquellos seres que ocultos en la oscuridad vendían su cuerpo, no, se trataba de culpa, culpa por no haberle detenido hace siete años.

-¡Que no vi nada coño! –Se escuchó un grito provocando que el psicólogo girara levemente el rostro.

La imagen que vio lo asustó, era un fantasma de su pasado que tenía que haber desaparecido hace mucho. Frente a él se encontraba un delgado jovencito, de ojos azules y negras hebras seguramente bastante suaves al tacto, de piel pálida y unos 19 años que rompían completamente con la ilusión de aquel espectro que debería contar con 22 en aquel momento.

-Venga, sólo necesitan tu declaración –Le dijo la joven de cabello rubio que apretaba el cuello de su abrigo de peluche morado en un intento algo inútil que evitar el frío.

-Pero nosotros estábamos en el departamento.-Comentó la menor de los tres mientras apretaba el brazo del jovencito.

-Lo sentimos pero es rutina –Comentó uno de los policías que le dirigió una libidinosa mirada a la menor, lo que provocó que el único hombre la pasara atrás suyo y le dirigiera una mirada amenazadora- Es necesario saber si alguno de los vecinos vio algo.

El chico de cabello azabache dejó escapar un bufido, molesto por la situación en que se encontraban, como si el verse acosados continuamente por la policía antivicio no fuese suficiente, sino que además ahora debían soportar a homicidios. Sus ojos azules repasaban cada detalle a su alrededor, los rostros, la calle húmeda, el cuerpo cubierto con la sábana blanca que subían a la camioneta de la morgue.

Finalmente aquellos ojos fríamente curiosos se encontraron con los verdes del psicólogo quien se acercaba para ayudar en aquella entrevista que parecía no llevar a ningún punto, sobre todo, porque el policía no dejaba de desnudar con la mirada a Victoria.

-Leonid –Le llamó con un tono frío y altanero- Ve a cuidar que no toquen la evidencia, yo me hago cargo.

El policía se retiró de inmediato sin protestar, quizá su mal humor era más evidente de lo que esperaba, pero es que la imagen que tenía frente a él lo había alterado.

-Perdonen por eso. –Se disculpó ante el comportamiento de su “compañero”.

-Da igual.- Le respondió de forma cortante el joven, pero con una sonrisa un tanto sugestiva.

-Bien no les quitaré su tiempo sólo díganme si escucharon algún tipo de escándalo, ya se que eso no es anormal, pero puede ayudar.

-No, -Contestó la mayor, quien parecía ser la más tranquila- De hecho estuvo bastante tranquilo toda la noche, y si hubo algún ruido se pudo opacar por los carros, además que en cuanto llegamos al departamento nos encerramos, por otro lado, cualquier persona en su sano juicio está durmiendo hasta hora. –Alexis dejó escapar un suspiro, la mujer no mentía, sabía detectar los signos del engaño, ese era su trabajo.

-Bueno, gracias y de nuevo perdón por las molestias.

-Me va a tener que reponer mis horas de sueño, licenciado. –Le susurró en un tono sensual el jovencito, con una sonrisa fresca que rayaba entre lo dulce y atrevido.

Vio como se dirigían a uno de los edificios, la mayor arreglaba los rizos de la chiquilla de 17 años, luego el chico la abrazaba, para detenerse a media calle los tres, intentó no ponerles más atención y regresó a sus asuntos, fue entonces cuando un escalofrío recorrió su cuerpo ¿por qué el joven sabía que no era un policía?

*

Selen soltó a su hermana para tras esto acomodarse la chamarra de mezclilla que apenas y podía protegerle del frío que había traído la noche.

-Regreso luego.

-¿Piensas dejarnos solas después de lo que pasó? – Le gritó enojada Natasha.

-No pasa nada, la 9 [2] está bajo mi cama ya lo saben, venga no pongan esa cara que regreso al rato.

-¿Te regresas solo? –Preguntó Victoria mientras le dirigía una mirada de preocupación.

-Sí, él tiene que trabajar mañana y no puede traerme –Besó la frente de su hermana- Nos vemos.

-Si quieres quédate con él, yo acompaño mañana a Vicky a su escuela.- El joven sonrió ante el ofrecimiento y asintió en silencio, para sin más salir corriendo por la mojada calle en busca de un taxi.

*

Había comenzado a llover de nueva cuenta, Selen apretaba el cuello de su chaqueta de mezclilla para buscar calor mientras corría hacia la puerta de aquella enorme casa, una de las pocas que no se había visto tan afectada por la revolución, si bien ya no era una mansión como alguna vez tuvo que serlo, era más grande y mucho más vieja que el resto de las construcciones de Moscú.

Tocó el timbre, sacando del bolsillo de su pantalón una gargantilla negra con un pequeño dije circular con un diamante azul, aún se preguntaba cómo había logrado esa pieza durar tanto tiempo sin ser empeñada.

La puerta no tardó en abrirse, lo recibió un hombre de unos 35 años, de cabello rubio cenizo, piel blanca y rasgos firmes, sus ojos grises demostraban un ansia ante el menor; pese a la hora, vestía tan pulcramente que Selen simplemente no podía acabarse de hacer a la idea de que le permitiese estar con él.

Le dio pie a que entrara a lo que el joven de cabello negro no tardó en obedecer, se quitó la chaqueta quedando sólo con una playera de tirantes negra.

-Creí que ya no vendrías.

-Primero me quedé dormido y luego hubo un accidente cerca del departamento, por eso me tardé. –Se giró para besarle de un modo rápido.

-Vi algo en las noticias... dicen que es del Coleccionista

-No sé, sólo me despertaron y no me dejaron ver -Encogió los hombros restándole importancia, después de todo una vida más, una vida menos no era importante- Bien ¿Me llevas a tu cuarto o qué?

Sonrió ante su pregunta, si él estaba enfermo, ese niño de ojos azules y cabello negro lo estaba más, directo a la hora de hablar, impredecible, con una mentalidad retorcida que le permitía explotar su apariencia inocente y dejar herir su cuerpo tantas veces en una noche.

-Estaba cenando, así que si me permites quiero terminar primero.

-Vale... pero te advierto que pienso comenzar a atenderme solo Andrei.

*

La luz de la sala de espera del centro forense le molestaba, era demasiado brillante, Alexis no tenía razón alguna para estar ahí, pero al parecer el morbo se acrecentaba en los policías presentes en el departamento, y por estúpido que le pareciera era él quien lograba hacer que se quedaran fuera de esa zona, quizá era por su profesión, por su diferente nacionalidad o simplemente por no tomarse en serio eso de respetar a esos agentes de la ley que velaban por el bien de Moscú.

Tenía entre sus manos un vaso de café expreso y sus ojos verdes se hallaban fijos en el negro líquido.

-No hubo violación -Dijo una voz bastante seria, que pertenecía a una mujer de 40 años, alta, de cabello rubio cobrizo, con ojos entre azul y gris, y unas gruesas ojeras debajo de ellos. Alguna vez Alexis le había dicho que cuando se arreglaba se parecía a Catherine Deneuve.

Se trataba de la Doctora Liliya Sokolova, una mujer preparada; tan fría de mente como cualquiera de los cadáveres con los que solía tratar, inteligente, sarcástica y según rumores lesbiana, aunque quizá era todo eso lo que le permitía a Alexis llamarla de algún modo amiga.

La rubia se dirigía al detective Ivanov, le explicaba con cansancio las condiciones en que estaba el cuerpo, se trataba de un hombre de 30 años, que había sido drogado a pocos minutos de ser asesinado, la muerte había sido causada por ácido sulfúrico, que quemó su boca y faringe, por consecuente las cuerdas bucales lo que impidió que gritara.

-Una angustia silenciosa... –Musitó la mujer entregándole el informe.

-Pero entonces ¿Fue él o no? –Preguntó molesto Nikolay, fijando sus orbes en las de la mujer que realmente resultaban más amenazantes que las del detective.

-Lo fue…- Interrumpió la voz de Alexis sin apartar su mirada de la bebida entre sus manos.- Le quitó los ojos porque desea que veamos algo, cambió de víctima para saber si nos desconcentrábamos, pero continúa robando alguna parte de sus cuerpos.

-Maldito fetichista. –Escupió el mayor de los hombres. Se alejó por el pasillo de deprimentes paredes verdes, pateando un bote de basura en su camino.

-Pobre idiota... –Se quejó Liliya, caminando hacia donde estaba Alexis, se sentó a su lado quitándole el vaso de entre sus manos y dándole un trago; una mueca se dibujó en su rostro por lo amargo de la bebida.- ¿Digo que no es fetiche y tú?

-No... Algo me dice que no lo es, aunque en estas situaciones eso no es raro. ¿Cuánto llevas sin dormir?

-13 horas. ¿Si no los colecciona para qué los quiere?

-Para intentar crear un falso patrón. Deberías ir a dormir.

-Ya no tengo sueño –Estiró sus brazos, provocando un tronido en sus articulaciones- Pero tengo hambre ¿Quieres ir a desayunar conmigo Alexei? –Era la única que traducía su nombre a ruso.

-¿No es muy temprano? –La rubia rió.

-Querido, ya son las 8 de la mañana, vamos de aquí a la zona de cafeterías llegamos en media hora caminando. –Alexis asintió- Bien, voy a cambiarme, espérame en la entrada ahora te alcanzo. –Revolvió los cabellos rojos del joven detective y fue hacia los casilleros.

El pelirrojo se acomodó su abrigo negro y caminó hacia la salida, una vez fuera prendió un cigarrillo mentolado, su mirada se fijaba en los pocos peatones que comenzaban a salir rumbo a sus trabajos. Recordó su escuela y cuando le hablaban del régimen comunista ruso, pero al ver aquel sitio, simplemente le parecía inverosímil.

-Si sigues fumando como tren vas a terminar como mis camaradas. –Le susurró Liliya con una sonrisa mordaz, ocultando después su boca en su bufanda roja, tan larga como para morirse a lo Isadora Duncan.

-Lo sé, pero no importa mucho ¿vamos?

-Vamos.- La doctora lo tomó del brazo para así dirigirse a desayunar.

*

Selen estaba tumbado boca abajo entre las blancas sabanas que se enredaban en sus piernas, rozando la piel de Andrei con la propia, el mayor jaló las cobijas para que el frío no afectara aquella suave piel que de momento se encontraba caliente por las acciones realizadas durante la noche.

El rubio pasó sus dedos por la espina dorsal del jovencito que permanecía inmóvil, provocando que un ronroneo escapara de sus sensuales labios y que entreabriera los ojos que reflejaban cansancio.

-¿Qué hora es?

-¿Tienes prisa? –Respondió con otra pregunta.

-No... De hecho me dieron permiso para pasar la noche fuera.- Comentó con una dulce sonrisa, sin saber si todavía era de madrugada.

Andrei lo abrazó con cuidado como si temiese romperlo, haciendo que el menor apoyara la cabeza en su pecho mientras él acariciaba su espalda.

-Entonces... ¿Te gustó? -Preguntó con algo de temor el mayor sin abandonar sus caricias sobre la tersa piel de su amante, quien mostró una sonrisa mezcla de inocencia y malicia.

-Sí, mucho. –Selen alzó su rostro para devorar aquellos labios que hace unas horas lo habían llevado a cruzar de ida y de regreso el umbral entre la vida y la muerte- Muchas gracias. –Susurró tras separarse para lamer los labios del mayor.

El joven se quedó rápidamente dormido, disfrutando del calor que le brindaba el cuerpo del hombre a su lado, soñando con calles mojadas, con el canto de los autos, con hadas de maquillaje exagerado, con Cenicientas que vendían sus cuerpos para tener zapatillas de marca, y sobre todo, soñaba con un par de ojos de color esmeralda.

Continuará:

Bien aquí está de nueva cuenta la historia, con algunos cambios no muy perceptibles pero que me estresaron. Bueno sin más he aquí las aclaraciones obligatorias:

[1] Tres estaciones: Es una zona pobre de Moscú, recibe este nombre debido a que aquí coinciden precisamente las estaciones Yaroslavl, Leningrado y Kazán.

[2] La 9: Selen se refiere a una pistola 9 mm.

El segundo capítulo ya está listo sólo en proceso de corrección (no quiero andar luego arrepintiéndome cuando ya lo haya subido ¬¬) Bueno C’esttoit, aurevoir.


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