| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
III
El viejo y desvalijado auto andaba a marchas forzadas por la solitaria carretera que los llevaría a Londres, su acompañante, un jovencito de 15 años, miraba por la ventanilla mientras jugaba con uno de sus negros mechones.
Él joven de 16 años sólo lo vio de reojo, seguramente los pensamientos del menor se encontraban en otro sitio, muy lejos y él quedaba en un segundo plano; sabía que ese tipo de actitudes posesivas no solían traerle nada bueno, pero no podía evitar el deseo de que el otro pensara sólo en él. Aunque por otro lado él mismo también pensaba en otras cosas, en cómo se sentiría su padre al enterarse que no había ningún dichoso viaje escolar y que el dinero que le había dado había sido utilizado para pagar el coche que se llevaría lo único que le quedaba.
¡Al diablo! Ya estaba harto de tener todo lo que su padre le daba y ser el triste remplazo de su madre.
Tomó la mano ajena intentando llamar su atención, a lo que obtuvo como respuesta que el joven volteara a verlo y le sonriera un poco.
-Caroline debe estar teniendo un ataque de histeria. - Le dijo el menor mientras posaba su mirada en el desolado camino.- Debimos al menos despedirnos de ella…
-¿Te vas a arrepentir ahora? –Reprochó el pelirrojo, a lo que el chico rió divertido.
-Es que… creo que mejor regresamos y hablamos con nuestros padres sobre esto como cualquier par de niños decentes.
-No esperaba comentarios idiotas de su parte, mi estimado asesino. –Ahí estaba de nuevo, aquel extraño juego que se traían desde que se conocieran dos meses atrás.
-Pues no haga preguntas Idiotas, Detective Alexis.
*
Cuando la ambulancia llegó ya era tarde; sin material quirúrgico no había mucho que hacer y el intentar moverlo para llevarlo al hospital sólo hubiera aumentado la hemorragia.
La Doctora Liliya estaba recargada en la pared del edificio junto al Sitio, sus ojos azules estaban fijos en una de las ventanas del centro nocturno, sus brazos caían flácidos a los costados de su cuerpo, cuando Alexis se acercó a ella no hubo reacción alguna de su parte.
-No sirvo… -Susurró rompiendo el silencio.
La mujer apenas había movido los labios, el joven pelirrojo guardó silencio, las palabras de ánimo siempre le habían parecido carentes de significado.
-Soy médico… trabajo para la Militsiya… ¿Y se muere? –La mujer volteó a verlo, sus ojos estaban muy abiertos y su ceño fruncido en un gesto de impotencia y miedo- Debía salvarlo…
Sí, tenía que salvarlo, esa sería su obligación si trabajara con vivos, si sus pacientes recurrentes no fueran cadáveres en distintos estados de descomposición, sino fuera que su trabajo consistiera en cortar, saquear, destrozar aún más los cuerpos que llegaban al centro forense de la policía.
-¿Sabes por qué escogí ser forense? –Preguntó sin esperar una respuesta- Porque atraigo la muerte…
El sonido de un automóvil estacionándose, seguido por el de una portezuela que se cerraba les hizo mirar hacia la calle, del Neón gris bajaba el detective Ivanov, el hombre se acercó a ellos con pasos firmes y rápidos; su ropa estaba desordenada, demostrando que acababa de vestirse, su ceño fruncido no había más que confirmar el mal humor que llevaba y que estaba dispuesto a descargarlo contra el primero que se le cruzara. Alexis ya sabía que los blancos perfectos para su desahogo serían la doctora y él.
-¿Puedo saber cómo carajos paso esto sin que se enteraran? –Les cuestionó con un grito haciendo que la doctora agachara la cabeza y la moviera negando.
-Estábamos dentro… -Respondió con paciencia la mujer, después de todo aquella era una pregunta tonta - El ruido no dejaba escuchar… -Liliya volteó a ver al recién llegado, Alexis pudo percibir como su seguridad regresaba- Además… Es trabajo de la Militsiya evitar esto, nosotros sólo somos auxiliares de segundo plano.
-¡Que no han hecho bien su trabajo!
-Que lo hemos hecho pero que ustedes no han sabido como utilizar. –Le replicó tranquila, con burla encubierta, lo que molestó aún más al hombre.
Alexis notó como el detective apretaba el puño, seguramente guardándose las ganas de golpear a la mujer por su forma altanera de contestar, sabía que no le iba a pegar, no mientras hubiera gente cerca por lo que no se separó de la doctora.
-Menuda mierda -Susurró molesto a lo que Liliya y Alexis se miraron arqueando una ceja. –Váyanse al centro forense y pónganse a trabajar.
*
Selen miró confundido, no, asustado, al jovencito frente a él, pero ¿por qué? El hecho de que la víctima detrás del Sitio fuera un conocido no tenía porque afectarle, pero si llegaba a mostrar indiferencia también sería un error. Sabía perfectamente como funcionaban las cosas: Si se dejaba caer era una crisis, si se mantenía tranquilo no tenía sentimientos. Era estúpido, sí, pero así de sencillo era.
-No puede ser él –Declaró apartando la mirada- No me llamó.
-No sólo vendría para verte –Le reclamó- No eres el único que trabaja aquí.
-¡Al diablo, Vasya! Está muerto, así que me largo –Selen se giró para caminar antes de que el chiquillo detuviera de nueva cuenta.
-Diré que le conocías, al igual que a Sveta –El mayor se giró incrédulo.
-¿Qué tiene que ver Sveta? –Cuestionó arqueando una ceja, quizás algo interesado.
-Fue el muerto que encontraron por tu departamento –El rubio alzó el rostro- ¿No lo sabías? –Movió la cabeza en un gesto negativo- Quédate conmigo esta noche o le diré a la Militsiya.
Ya imaginaba algo así; chantajes, rabietas, sumisiones; ese tipo de gestos se habían vuelto una costumbre desde que se había cruzado, para su mala suerte, con el jovencito; se suponía que se trataba de un polvo ocasional, bueno, eso había sido para él, pero al parecer Vasya se lo había tomado en serio y eso que el menor le había pagado por que se lo tirara como respuesta a una apuesta. Pero ahora, incluso se había salido de su casa por buscarlo, incluso se había vendido, aquel niño le daba lástima, quizás por lo mucho que se parecía a él.
-Si quieres ve… -Le dijo en un susurro- Pero debes entender que no iré contigo. –Tras esto lo miró seriamente- Así que deja de estar jugando y vete a tu casa.
Selen no dijo más, salió corriendo hacia donde lo esperaban sus acompañantes, no tardó mucho para que el Mondeo negro de Andrei se detuviera junto a la acera permitiéndole subir al menor para así dirigirse al apartamento que compartía Natasha con los dos hermanos, Selen no pudo mirar al jovencito que se había quedado en la acera bajo la nieve y veía como el vehículo se perdía tras dar la vuelta dos cuadras más adelante.
*
El silencio en el Nissan 350Z rojo de Alexis no se hizo esperar. Liliya llevaba la cabeza recargada en la ventanilla y los ojos cerrados, el psicólogo debía reconocer que era bastante buena ocultando el hecho de que estaba deshecha por lo ocurrido, sin embargo sabía que no era sano que guardara ese tipo de cosas.
-De que se pone idiota se pone idiota… Pero no podíamos esperar mucho del señor…- Susurró la doctora sin dejar de ver a la calle, Alexis sonrió al ver que el humor de la mujer reaparecía.
-Cierto… pero bueno sino hubiera idiotas…
-…No se podría agradecer nuestra inteligencia superior. –Completó Liliya la frase del psicólogo.
-Aún así no la agradecen. –Replicó el joven- Traigo unas ganas de partirle la cara… -Susurró.
-Hazlo y yo te encubro más que encantada –Respondió sonriente, para regresar la mirada al exterior- Bueno ¿Qué dices? –Alexis no tuvo que preguntar para saber a que se refería la mujer.
-Es él. Ya hay un patrón… de nuevo. –La mujer volteó a verlo- Clase media-alta, lo mismo que el anterior no podía hablar, robo de alguna parte del cuerpo, cambio de escenario en el anterior homicidio que ahora permanece. ¿Qué intuyes?
-Quería que la Militsiya viniera a Tres estaciones…
*
Selen se había quedado en la puerta del edificio despidiéndose de Andrei, mientras tanto Natasha y Victoria ya se encontraban en el departamento.
La menor había comenzado a quitar los libros que estaban sobre la cama de su hermano, la mayoría eran de ella, sólo dos de pertenecían al mayor, dos libros que siempre había querido abrir y que no se atrevía, después de todo, sabía que ahí podía encontrar cosas dolorosas para su hermano. Como aquella foto que había encontrado cuando todavía estaban en España…
Aquella foto donde su hermano sonreía de una forma tan sincera y cálida, donde estaba acompañado de una chica a la que ella no había tratado y de un joven a quien sólo había visto una vez. Recordó como Selen se había puesto pálido y serio al ver que su pequeña hermana había encontrado aquella fotografía.
Victoria cerró los ojos dejando escapar un suspiro, como deseaba volver a ver a Selen actuar de aquella forma, pero no podía venirse abajo, después de todo, era su deber mostrarse animada con su hermano, el demostrarle que no todo se había caído, el aguantarse para que el otro no se preocupara.
-El agua está caliente por si quieres bañarte–La joven volteó al escuchar la voz de Natasha desde el marco de la puerta -¿Estás bien?- Su mirada demostraba preocupación, definitivamente aquella joven tenía una actitud por demás maternal hacia ellos.
-Sí –Contestó sonriente- ¿Y mi hermano?
-Creo que ya viene, escuché arrancarse el coche.
-Vale, gracias, voy a bañarme entonces.
Victoria salió corriendo del cuarto mientras Natasha se sentaba en la cama del mayor de los hermanos quien al poco rato entró en la habitación.
-Más días de estos… -Pidió el chico tirándose en la cama boca arriba mirando el techo.- I’m gonna die… and no one… will remember…me… [1]
Al escuchar aquella cantaleta que la verdad no entendía por estar en otro idioma, la mujer lo tomó de la muñeca obligándolo a sentarse y mirarla a los ojos, el joven evitó al contacto girando el rostro pero ella tomó su barbilla con fuerza para hacer que su mirada castaña se posara en la azul del otro, sus ojos mostraban una venitas rojas resaltadas en lo blanco.
-Idiota… -Susurró enojada soltándolo con violencia para así salir de la habitación, dejando al jovencito tarareando la canción mientras se hacía un ovillo en la cama y se limpiaba la sangre que le escurría de la nariz.
*
-¡Tenemos un sospechoso!
El grito que se hacía cada vez más potente al acercarse por el pasillo hizo que Alexis reaccionara, despertando del sueño en que se había sumido, de nuevo intentando ignorar aquellos sueños, quizás recuerdos, que últimamente se comenzaban a volver más repetitivos, posiblemente por lo que significaba estar en aquel país, o tal vez por haber escuchado aquel piano.
La puerta de su oficina se abrió de golpe aumentando el volumen de los gritos, estaba comenzando a considerar seriamente aquello de golpear a su jefe temporal.
-¿Alexei? –Le llamó la doctora- Ven que esto no me gusta.
Al escuchar la seriedad de aquella voz se paró de golpe, sin detenerse para sostener las hojas que cayeron de su escritorio, sentía nervios, era cierto, pero el hecho de tener finalmente un sospechoso aceleraba sus latidos, la oportunidad de encontrarse con el asesino estaba tan cerca ¿y si sólo se estaba adelantando? Seguramente, pero en el fondo tenía esperanzas, esperanzas que le causaban ansiedad.
Salió de sus pensamientos al ver que un muchachito de rubio cabello se detenía enfrente de él obligado por el Detective Nikolay, el joven no tendría más de 15 años, era un niño. Liliya arqueó una ceja elegantemente mirando al chico incrédula mientras mantenía sus brazos cruzados a la altura de su pecho.
-¿Éste es su sospechoso? –Preguntó la doctora mirando al hombre.
-Tiene información del sospechoso. –Contestó de modo altanero aventando al chico haciendo que dejara escapar un quejido y que trastabillara- Entrevístalo.
La orden no le habría agradado a Alexis en cualquier otro momento, sin embargo era tanto su deseo de estar aunque fuera un poco cerca de aquel ser que no le importaba tener que obedecer de momento, estaba a gusto, estaba, con suerte, a su alcance.
*
El sol de mediodía le molestaba, desde pequeño nunca le había gustado, incluso cuando su hermana tenía 4 años solía asustarla diciéndole que era un vampiro, Selen rió ante aquel recuerdo, si las cosas hubieran seguido como en aquel entonces quizás no hubiera terminado en Moscú.
El joven se encontraba recargado en un muro lleno de grafiti mientras esperaba que su hermana saliera de la escuela entre aquella multitud que se congregaba frente al edificio escolar, Selen se estremeció cuando un vientecillo helado rozó su hombro descubierto por el enorme suéter azul cielo que llevaba; aunque más incomodo que el frío eran las miradas de desaprobación que recibía de algunas personas, parecía que la gente podía oler cuando alguien tenía un trabajo como el suyo.
Su malestar se esfumó cuando de entre la gente vio a su hermana salir con otras dos chicas, platicaban amenamente, debía admitir que le daba cierta envidia ver como ella podía disfrutar de un vida aparentemente normal. Cuando Victoria lo vislumbro se despidió e sus amigas y salió corriendo hacia donde se encontraba su hermano esperándola.
-Hola ¿Tienes mucho esperando?
-Lo suficiente –Contesto acariciando los oscuros rizos de la muchacha- ¿Nos vamos? –Ella asintió mientras el mayor tomaba su mochila para llevarla cargando- ¿Qué carajos cargas? –Le preguntó al notar lo pesado de la bolsa.
-Sólo los libros que necesito y eso que los otros días cargo más. –Contestó con una sonrisa infantil- Tanya me dijo que ya comenzaron los trámites de inscripción para la Universidad.
-¿Y ya sabes que tomar?
-Supongo que Derecho o psicología… Aún no estoy segura, estuve hablando con Andrei pero creo que quedé en las mismas. –La joven dejó escapar un suspiro.
El sonido de un claxon cerca de ellos les hizo voltear, para notar como un Nissan 350Z color rojo se detenía donde ellos se encontraban, por lo que se pararon esperando a ver, Selen había pasado a su hermana atrás suyo en un gesto protector, sin embargo bajó la guardia al ver de quien se trataba.
-¿Heaven? –Preguntó Alexis con seriedad.
Selen lo observó incrédulo, el que ese hombre estuviera ahí sólo significaba que Vasya finalmente había optado por acudir a la policía, pero bueno no tenía de que preocuparse, eran de homicidios no de vicios así que no debían porque perseguirle por su trabajo, además aquel hombre no era un policía.
-Si ¿Qué se le ofrece? –Preguntó con una sonrisa inocente.
-Soy el Psicólogo Alexis Tisdale Winslet, soy auxiliar de la Militsiya y necesito hablar contigo.
-Como verá estoy ocupado, tengo que llevar a mi hermana a casa. –Contestó sin borrar aquella sonrisa, aunque ahora parecía de burla.
-Los llevo.
-¿Desde cuándo se aceptan aventones de extraños en este país?
-Es importante.
Al escuchar el tono de seriedad con que había respondido el psicólogo, Selen chasqueó la lengua, evidentemente molesto, buscó en su pantalón y le entregó una llave a Victoria.
-Lo siento, adelántate, la comida ya esta lista sólo la calientas y le llamas a Natasha para que también coma.
-Vale, nos vemos. –Los hermanos se despidieron con un beso en la mejilla y así la chica se alejó por la concurrida calle.
-Listo ¿Ahora qué?
-Súbete –El menor hizo un gesto de desagrado- Ahora.
Sin dar más señal de queja, el joven rodeó el auto para poder subir del lado del copiloto, Alexis pudo notar como la expresión del chico se relajaba levemente durante un segundo al escuchar la rapsodia húngara número 2 que salía del estero.
-¿La conoces? –Selen volteó a verlo indignado, mientras él encendía el auto.
-Obviamente, que no sea un profesionista no implica que sea un ignorante.- Le reprochó con una actitud orgullosa, que le provocó una sonrisa a Alexis.- Fue Vasya ¿verdad? –El mayor lo observó arqueando una ceja.- Si un rubito de quince años –No esperó una respuesta positiva- Lo sabía… estúpido escuincle.
-¿Tienes algo que ocultar como para que te preocupe que haya ido?
-No. Pero era este tipo de situación la que quería evitar, no es mi culpa haber estado ahí ¿Acaso debo quedarme en casa? –Selen hizo un gesto de sorpresa- Lo olvidaba también si me quedo en casa aparecen muertos cerca.
-Sólo son preguntas de rutina, si estabas en esos lugares debiste ver algo. –Alexis notó que el tono con el que había hablado parecía tener la intensión de culpar al otro. –Es decir, alguna persona con apariencia sospechosa.
-Por favor, el ochenta por ciento de la población tiene apariencia sospechosa en Tres Estaciones. –Aquello era sumamente cierto.
-Nos dijeron que los conocías ¿No te comentaron de nada raro? –El chico meditó unos segundos, parecía que ya comenzaba a tomarse en serio aquello.
-No… Sveta andaba bastante tranquila –Alexis sintió como aquella mirada azul se posaba en él- Aunque si mal no recuerdo, traía nuevo novio.
-¿Te lo presentó?
-No sólo me lo comentó, de hecho no estoy muy seguro de que fuera cierto. Porque supongo que se habrá preocupado al no haberla visto por tanto tiempo y por lo tanto la hubiera ido a buscar.
-¿Y el Señor Vorobiov? –El pelirrojo notó como el otro agachaba la cabeza
-Era uno de mis clientes… -Contestó casi en un susurro- Pero no hablaba mucho –El joven alzó el rostro, el psicólogo pudo notar una sonrisa triste- Después de todo sólo soy una cosa, no tienen que hablar conmigo.
Alexis sintió una punzada de culpabilidad, se preguntaba si él estaría en la misma situación que el chico a su lado, si aquel niño con el que había logrado crear algún tipo de vínculo se conformaba con ser una posesión con tal de tener dinero, si tan siquiera estaría bien, si aún seguiría siquiera vivo.
-Hace frío ¿No quieres un café? –Le preguntó notando como la cara del muchacho tomaba una expresión de sorpresa.- Venga, es un pago por quitarte el tiempo.
Selen agachó el rostro y dejó escapar un bufido, divertido por la propuesta.
-Vale…
*
Natasha se encontraba cortando el cabello de una mujer mientras observaba por el espejo como su compañera de piso caminaba nerviosa por la estética, asomándose de vez en cuando hacia la calle, la joven jugaba con sus manos y de vez en cuando tomaba asiento sin durar más de dos minutos en la misma posición.
-Vicky… ya estate quieta que me vas a hacer un hoyo en el piso. –Al escuchar la voz de la mayor la jovencita se sentó.
-Perdón, pero es que ya se tardó Selen.
-¿Pero no dices que era el pelirrojo que nos entrevistó la otra noche? –Preguntó mientras comenzaba a secar el cabello de la mujer, la jovencita sólo asintió con la cabeza.- Entonces no te preocupes querida que no le pasa nada.
La joven volteó hacia la calle cuando escuchó como se estacionaba un auto y una portezuela se cerraba, sus ojos se iluminaron al ver que su hermano había llegado, por lo que salió corriendo del local.
-Bueno, entonces si algo pasa llámame, es más fácil que de ahí yo llame a la Militsiya por si ocurre algo.
-No va a ser necesario –Contestó con una sonrisa- Usted va a venir a buscarme.
Alexis negó con la cabeza ante el comentario del chico, después de ver como entraba junto con su hermana a la peluquería que se encontraba en uno de los locales del primer piso del edificio, el joven se arrancó para regresar al trabajo.
Aquel jovencito era interesante, una persona inteligente quizás por lo mismo de la vida que había llevado, pero una vez hablando con él se podía dar cuenta de que no se parecía en absoluto en la persona con la que le había confundido la primera noche, físicamente podían ser muy parecidos pero a fin de cuentas no eran la misma persona. Fue entonces cuando recordó que no le había preguntado su nombre.
Tras dejar su automóvil en el estacionamiento se dirigió al interior del edificio con pasos rápidos, extrañamente andaba de buen ánimo, quizás le había servido el haberse tomado aquel café. Cuando el elevador se detuvo permitiéndole dirigirse a las oficinas notó el tumulto que había en el lugar.
-¡Tisdale! –El acento ruso en su apellido hizo que se escuchara como una clase de regaño aquel llamado que había hecho el jefe del departamento de Homicidios.
Alexis se abrió paso entre los policías que estaban ahí, para finalmente entrar al privado del hombre que lo había llamado, un sujeto de 50 años, no muy lato y robusto, cuyo corto cabello negro se encontraba despeinado, quizás por las tantas veces que se había estado pasando la mano entre él debido al estrés.
-¿Si señor?
Junto al hombre se encontraba una mujer de 43 años, de cabello negro y piel pálida en exceso además de poseer unos ojos cafés oscuros carentes de expresión pero que parecían ver el interior de las personas.
-Ella es la Doctora Anastasia Lébedeva es especialista en estudios de la conducta.
-Lo sé, he leído algunos de sus libros. –Admitió el joven estrechando la mano de la mujer.- Mucho gusto.
-Me alegra que haya alguien que los lea, espero que no haya sido bajo amenaza. –Comentó la mayor con un tono de voz frío y serio.
-La doctora acaba de regresar de un caso en Estados Unidos. El de… de….
-The Highroad butcher –Explicó al ver que al hombre se le había olvidado. Alexis asintió en silencio reconociendo el sobrenombre del asesino.
-La doctora se ha ofrecido para ayudar con el caso del Coleccionista, así que estará trabajando contigo.
Alexis sintió como si le hubieran dejado caer una balde de agua fría, reconocía el talento de la mujer, después de todo era toda una eminencia en el campo del estudio de la conducta así como en criminalística. Sin embargo el hecho de que le trajeran “ayuda” era un golpe directo para su ego, no importaba de quien se tratase simplemente no podía soportarlo. Mil veces le habían reprendido por no saber trabajar en equipo, pero es que simplemente no podía.
-Me gustaría que me mostrara sus archivos, licenciado. –Habló la doctora sacándole de sus pensamientos.
-Ah… si, venga conmigo.
-Tisdale. –le llamó el hombre antes de que salieran
-¿Sí?
-Sé que te han estado llamando a campo –Explicó mientras buscaba en uno de los cajones de su escritorio.
-Así es Señor.
-Vas a necesitar esto entonces –Dijo dejando sobre el escritorio una pistola 9 milímetros parabellum- Luego te entregaran con una placa. Cuídate.
-Gracias Señor.
Tras tomar su nueva arma salió de la oficina rumbo a la propia para enseñarle su trabajo a la doctora y así ayudarla a ponerse al corriente, aún cuando era lo que menos quería Alexis.
*
El cuerpo de Alexis estaba tenso, sus dedos se aferraban al volante como muestra de sus nervios y encima le dolía la cabeza. Había salido relativamente temprano a comparación de otros días, sin embargo esto se debía más que nada a la recién llegada al equipo, y es que una cosa era admirar a una persona y otra muy distinta que te la pusieran como perro guardián.
La luz roja del semáforo lo desconcentró, el pelirrojo miró a su alrededor notando que había errado de camino llegando a Tres Estaciones, aprovechó el alto para así orillarse y apagar su coche, acción que él mismo consideraba estúpida. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos un instante
Unos ligeros golpes en la ventanilla del copiloto hicieron que su mirada se encontrara con una chica de cargado maquillaje, iba a hacerle un gesto de que se fuera cuando notó que la joven giraba su rostro por la mano que se había posado en su hombro.
Los ojos de Alexis mostraron sorpresa al ver quien hablaba con la chica haciendo que se dirigiera hacia un auto que estaba delante del propio. Sin saber el porqué quitó el seguro a la portezuela para que aquella persona subiera.
-Le dije que usted iba a venir a buscarme.- Declaró Heaven mientras cerraba la portezuela.
Era patético ver aquella profecía cumplida, sin embargo era lo que su inconsciente le había llevado a cumplir, porque él sabía mejor que nadie que el inconsciente no mentía, te lleva a cometer lo que deseas, por eso los sueños, por eso las reacciones involuntarias, por eso había terminado buscando a aquel chiquillo de cabello negro y ojos azules tan parecido a su niño.
Continuará
Creo que actualicé demasiado rápido, supongo que algo bueno debía tener la cuarentena en la que me encuentro ¬¬ Bueno pasemos a la aclaración:
[1] I’m gonna die… and no one… will remember…me…: Es una canción de la Película “Fando y Lis” de Alejandro Jodorowsky [He’s the man!!! ^0^]. Supongo que durante la historia habrá más de una referencia hacia la película. También debo de aclarar que originalmente la letra está en español, pero por cuestiones de antecedentes de Selen (?) él la traduce a inglés. La letra es Yo moriré… y nadie… se acordará… de mí….
Eso es todo, creo que esta historia la haré rápido, ya tengo casi toda la trama y aprovechando que estaré encerrada por una semana y media (y quizás un poco más) pues con más razón la tengo que terminar. Bien C’est toir, au revoir.