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Una Joven de Frío Metal
Author:
eisenhorn-puritus PM
Un pequeño sueño que tuve a la hora de la siesta, que me dejó bastante turbado. Una mujer, entera de metal, y del cómo cambia su mundo. Agradeceré los comentarios.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Spiritual/Sci-Fi - Words: 973 - Published: 05-11-09 - Status: Complete - id: 2671658
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Una joven de frío metal

Érase una vez una joven que no era diferente. Simplemente, no era joven. Su cuerpo de hojalata reflejaba unas facciones finas y bellas, pero no engañaba a nadie. Aquella joven no era una joven, era un robot. Su avanzado cerebro mecánico estaba capacitado para conversar agradablemente, resolver complicados acertijos y, en definitiva, resultar en una buena y didáctica compañía para los jóvenes que la rodeaban.

Porque ella no estaba sola. No tenía exactamente lo que se llamarían amigos, pero había un grupo de muchachos que solían pasar las tardes a su alrededor. Hombres y mujeres amigables, que dedicaban incontables horas a charlar de todo y nada en particular. Ella, en cuanto a sus capacidades, hablaba, debatía y enseñaba cosas, pero todo ello bajo una profunda pátina de artificialidad.

Pues ella no podía sentir nada. Sus fríos ojos azules hechos de metacrilato no engañaban a nadie, al igual que sus fríos dedos articulados, sus uñas de titanio y su vestido moldeado sobre la pieza de su cuerpo, permanente. A pesar del trato amistoso, incluso cariñoso, de aquellos muchachos a aquella fría jovencita, no dejaba de ser una máquina.

Sin embargo, con el tiempo, con la caída de las hojas, una tenue y solitaria línea de código se abrió paso, taladrando a través de su cerebro artificial. Desde hacía tiempo, sus sensores habían captado innumerables signos del sentimiento categorizado como alegría, de la emoción compasión, y un gran número de manifestaciones del amor. Era sencillo para ella leer los cuerpos de aquellos jóvenes para identificar lo que sentían. Sin embargo, se daba cuenta de que, aunque supiera lo que sentían, no lo experimentaba como experimentaba otras sensaciones, como la brisa, el sabor de una comida, o el susurrar de la música. Aquellas cosas no las detectaba por sí misma, sino que las leía en los demás. Con el tiempo, aquella pequeña línea de código aullaba en su mente de metal. Había dejado de ver el ser artificial como una ventaja. Quería sentir lo que ellos sentían.

Por aquél entonces, había uno de los jóvenes, más atento y agudo que los otros, que miraba extrañado a aquella máquina. Para él no era un electrodoméstico. Siempre se preguntaba si aquella avanzada computadora tenía dudas sobre sí misma. Hasta que lo preguntó. Y la respuesta que recibió fue sincera.

"He dejado de ver la ventaja de ser artificial, pues hay muchas cosas que sólo puedo leer, no detectar. No puedo sentir lo que sentís"

Y el joven bajó la cabeza, apenado.

Al día siguiente, el joven desapareció, y la mujer de metal no supo más de él. Pasó el tiempo, hasta que su recuerdo se almacenó en una base de datos, y la joven se ocupó de otros jóvenes y otros asuntos.

Hasta que un día, reapareció. Llevaba en sus manos una gran palangana, llena de agua, y a su lado caminaba un hombre mayor, de pelo canoso y cara estrecha.

"Estábamos buscándote" ―Dijo aquél hombre ―. "Tu amigo me ha hablado de ti"

"¿Y qué te dijo?" ―Preguntó la máquina, deseando más información para aquél suceso fortuito.

"Mira en el fondo de la palangana" ―Dijo, obviando la pregunta.

En el fondo de la palangana había varias cosas. Una pesada llave de madera oscura, muy elaborada aunque pequeña, que se había hundido, pues la madera era noble. Unos pequeños zapatos de cuero y tela, también en el fondo de la palangana. Y, junto a ellos, una piedra, oscura y pesada.

"Esas tres son cosas que deberás entender" ―Dijo el anciano ―. "Pues lo que hemos venido a hacer no se hace todos los días"

"No las entiendo" ―Dijo ella.

"No te preocupes, las entenderás" ―Contestó el joven, hablando por primera vez. En su cara había una sonrisa.

"Voy a cambiar la realidad para ti" ―Dijo el anciano, clavando sus ojos en aquella fría joven de metal y plástico ―. "Pero, como último requisito, tendrás que introducir tu memoria en esto"

En su mano había un pequeño pez de metal, un pequeño y exquisito robot segmentado, pintado de azul y negro con finura. Y, con la otra mano, puso un pequeño barco, también de metal, sobre el agua de la palangana.

"Este barco te llevará lejos, y este pez serás tú"

Ella, haciendo lo que le decían, transfirió toda su memoria a aquél pequeño pez, que el joven depositó en el agua.

Y todo quedó hecho. El mundo se combó sobre sí mismo y latió como un solo corazón. La realidad reverberó, y olas de pura nada se abrieron paso por la existencia, cambiándola a su antojo.

Cuando la joven abrió los ojos, la palangana seguía frente a ella. Sin embargo, las manos que la sujetaban, sus manos, ya no eran de frío metal, sino de piel. Sus ojos ya no eran metacrilato, sino delicados orbes pintados de azul. Su vestido no se dibujaba sobre su superficie, sino que caía grácilmente.

Sobre el agua de la palangana, varios objetos flotaban. La llave de madera ya no estaba. En su lugar, había una llave de plástico, más pequeña y burda. Y entendió la llave, pues una vez abierta la puerta, la llave había cambiado, y nadie podría volver a cerrarla. Flotaban también unos pequeñísimos zapatos de plástico, como de una muñeca, idénticos a los que llevaba puestos. Y entendió los zapatos, pues ahora era libre de ir adonde quisiera. Y, por último, flotaba una piedra, también de plástico, sobre el agua.

Pero no entendió la piedra hasta que no reparó en el pequeño pez azul y negro que nadaba en la palangana, y supo, sin lugar a dudas, que el pez era aquél joven, que había hecho aquello por ella. Entonces entendió la piedra, y se dio cuenta que nunca volvería a hundirse y a llevarse los sentimientos. Y sus lágrimas cayeron sobre el agua, creando pequeñas ondas.

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