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Sirena
Hace tiempo, en una época donde las personas se saludaban cordialmente y las aves aún cantaban bajo el sol, un joven desesperado por sus problemas y muchas situaciones tomó la pequeña embarcación de un conocido y se alejó con ella de la costa, pensando que en medio del tranquilo y profundo azul del mar podría reflexionar sobre sus problemas.
Pasó un día inusualmente tranquilo… un día de silencio interminable, en el que las lágrimas de frustración brotaban calladas de sus oscuros ojos y se confundían con las gotas del océano; paulatinamente el cielo color vainilla se fue tornando necrótico, repleto de nubes ataviadas de tormenta. Para el joven fueron momentos desesperantes: las olas arremetían contra el pequeño barco sin que él pudiera hacer nada… sintió la muerte cerca, escondida entre la espuma…
Y de repente… no supo de sí… Todo fue oscuridad y ausencia de sonido.
Abrió los ojos. Se encontraba en la playa, en un sitio donde varias rocas pequeñas osaban detener al mar; tenía la ropa mojada pero respiraba bien… Observó a su alrededor en busca de quien le había salvado. La noche aún reinaba y le fue muy difícil distinguir a una doncella hermosa de cabello largo, cuya mitad inferior se ocultaba en las ahora tranquilas aguas.
Le agradeció infinitamente, usando palabras rebuscadas y haciendo una infinidad de reverencias. La muchacha se limitaba a observarlo… “Tú lloraste todo el día” fueron sus únicas palabras. El joven no supo contestar, enmudeció por el nudo que se formó en su garganta le impedía decir algo sin romper a llorar.
La chica se acercó a él, saliendo del agua… se trataba de una sirena. Ella le pidió que hablaran… y así fue… el muchacho lloró, se quejó, gritó de dolor por sus amores perdidos y problemas cotidianos. Pero, sin darse cuenta, sus lamentos se convirtieron en carcajadas.
Ella lo animó. Al llegar la mañana, con el sol resplandeciendo sobre los cabellos cobrizos de la Sirena e inundando sus profundos ojos oscuros, el joven se dio cuenta de la belleza de la Sirena… pero no era una hermosura infundada en su aspecto, sino por la extraña luz que la rodeaba, la paz que transmitía… las risas que brindaba.
El tiempo transcurrió y joven y Sirena se veían cada cierto tiempo para hablar de cosas simples, de sus respectivos amores, de aventuras sencillas… secretos, felicidad y confesiones…
Un día, el chico volvió al lugar de siempre en busca de Sirena… le traía algo, un pequeño sobre color verde y unas cuantas canciones dedicadas para ella, su gran amiga, el ángel disfrazado de sirena que le ayudó a abrir los ojos para disfrutar la hermosa luz del día…
Sirena no acudió a su llamado… Pero él sabía que en otro momento se verían.
Dejó el sobre entre las olas y se alejó…
La hoja y las canciones se hundieron, llegando a las profundidades del mar… y una suave mano acompañada de una melena cobriza los tomaron con cuidado…
Gracias, Sirena.