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AVISO: Esto es una historia de ficción, aunque hay hechos que si que coincidan, esta historia no es ni real ni seria (ni lo pretende) En el mundo real dominan una serie de países, esto es un mundo alternativo que no se ajusta (ni pretende ajustarse) a lo que pasa en el mundo real, es muy posible encontrase la antitesis de algún barbaridad dicha por alguna de las chicas será atribuida a una mala caída en las asimétricas
Presentación
¿Por donde debería empezar? Presentándome claro, soy Haruka Mizuyama, nací en Tokio, Japón, un 10 de agosto de 1989. No es que mi vida halla sido demasiado espectacular, quizás el hecho de ser gimnasta de élite se salga un poco de la norma, pero por lo demás siempre he sido la típica niña modelo. Nací en una familia acomodada, siempre sacaba las mejores notas de la clase, desde preescolar hasta la secundaria, toco el piano y mi aventura gimnástica empezó a los cinco años. Fui ascendiendo de categoría poco a poco, sumando títulos a mi brillante trayectoria, pero al contrario que en el resto de mi vida yo no era la mejor, estaba ella, Kasuga Otomachi, tenia mi misma edad, y siempre estaba por encima de mi, siempre, ella era la estrella del equipo junior, de la que todos hablaban, de cómo seria su futuro en categoría senior junto a la carismática Naoko Sakuma, la autentica reina de la gimnasia nacional. Yo solo era la especialista en asimétricas, porque ser la mejor en un aparato que es el peor de tu país resulta cuanto más... irónico, por aquel entonces mi suelo también era bueno, mi barra decente y el salto... mejor no hablamos.
Di mi salto a categoría senior de manera oficial en abril de 2005 (año en el que cumplí dieciséis años), junto a Otomachi en el campeonato de Asia. Salí en todos los aparatos excepto en salto, por razones obvias, a pesar de contribuir al triunfo de nuestro equipo y llevarme el oro en asimétricas (lo único que se esperaba de mi) toda la gloria fue para la pequeña Otomachi, victoria en parte gracias a la ausencia de Sakuma (lesionada de la cadera)
Todo era bonito, había debutado con el equipo nacional y había ingresado en el instituto que yo quería con la nota mas alta, pero entonces todo se fue al traste. ¿El responsable? Hiroshi Amada, nuestro seleccionador, confirmando los rumores de crisis que acechaban a la federación desde incluso antes de los Juegos Olímpicos. Se lió la de Dios. Amada dejó tirado al equipo, y por efecto rebote muchas chicas dejaron el deporte al verse solas, ante semejante mala imagen, incluidas Otomachi, las hermanas Himejima, Minami, y numerosas juniors que consideraron que seria mejor centrarse en otras cosas. Pocas nos quedamos, hablé con mi mejor amiga y también gimnasta Kyoko Suomi, ella volvía a su Kyoto natal y yo me encontré con que mi pequeño gimnasio cerraba, menuda gracia. Me vi en una encrucijada, amaba la gimnasia por encima de todo, no podía, no quería dejarlo todo y tome la decisión mas difícil de mi vida.
Me marché a Gran Bretaña. Fue de casualidad. Había conocido durante un encuentro ese mismo año a Michelle Sthal, miembro del equipo británico, conectamos enseguida y cuando le conté la situación, me propuso venir a entrenar a Gran Bretaña, la cosa no era demasiado complicada, las chicas estaban en una residencia de estudiantes y estudiaban en el mismo instituto, y yo también estaría allí. Varios días, despedidas, explicaciones, y algún que otro lloro después me vi allí sola sin saber que iba a ser de mi.