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¡Hola a todos! Aquí les traigo una nueva historia, un poco alejada de lo que estoy acostumbrada a escribir. Ha sido bastante caótico.
Disclaimer: Este texto está basado en el cortometraje Inside de Trevor Sands.
Ahora, ¡A leer!
No sabía si era una, eran dos o eran tres. Quizás eran más, luego de escuchar el ensordecedor murmullo supo que definitivamente eran más.
Había unas que hablaban calmadamente sentadas en un rincón, otras que gritaban desesperadas y otras que lloraban en silencio, tratando de pasar desaparecidas. Todas ellas resaltaban a su manera.
Había otras que miraban el espectáculo con ojos fríos y otras que ni siquiera prestaban atención, estaban demasiado ocupadas en sus propios asuntos que lo demás no era importante.
Y ella entre medio de usa multitud no sabía que hacer para controlarlas.
Todo empezó con una sola de ellas que simplemente la miró con superioridad y atravesó la habitación para apoyarse en el alfeizar de una ventana. No volvió a hacerle caso. Mientras el silencio reinaba entre las dos —cosa que no le molestaba, particularmente— llegó una segunda riendo a carcajadas, llenando la pieza de sus melodiosas risas y cuando lograba calmarse quedaba con aquella sonrisa grabada en el rostro de facciones morenas. De tanto en tanto, comenzaba el ciclo otra vez con sacudidas silenciosas y luego risas exuberantes.
Y así había comenzado.
De pronto, ya no eran dos personas más en la habitación, eran decenas de ellas. Todas con una expresión totalmente distinta a las de las demás y todas le habían hablado en algún momento, ordenándole que hacer. Mátala, ignórala, no la odies, sonríele, demuéstrale que eres mejor, véncela, condénala, chantajéala, amenázala, hazte su amiga. Eran tantas las alternativas y todas ellas convincentes, ella era una víctima más de las almas comerciantes de esas personas.
Dos segundos después el caos se hizo presente, todas gritaban discutiendo que la suya era indudablemente la mejor opción de todas. En algunos casos, llegó a presenciar peleas físicas que sin duda dejarían más de alguna marca y, en otros casos, presenció duelos verbales tan intensos y tan espectaculares que se maravillaba de lo que podía hacer un léxico bien preparado, podía hacerte sangrar.
Sin embargo, tan rápido como había empezado, todo acabó. Primero todo se sumió en silencio y el susto le recorrió la espina dorsal. Veía a esas otras personas moviendo sus labios, en señal de que hablaban, pero ningún sonido parecía provenir de ellas. Fue entonces que todo comenzó, lentamente, a dar vueltas, para luego ir subiendo la velocidad hasta que todo se transformó en manchas de colores y luego, el negro.
Para cuando despertó se encontró sentada, recostada sobre una mesa y frente a ella un hombre que la miraba fijo. Tratando de ubicarse miró a su alrededor y las vio a ellas, todas ellas, apoyadas en las paredes, mirándola fijo.
—¿Cómo te sientes?
Al verlas observándola, esas docenas de miradas tan iguales a la suya, esos rostros, esas facciones y esas expresiones iguales, eran un espejo de sí misma, sintió desesperación, la seguían donde fuera, ¿por qué no la dejaban en paz?
—Dígales que se vayan…—murmuró por lo bajo.
—¿Quiénes? Dime a quienes ves y señálame donde están.
—Ellas. Que son yo. O que son como yo. Están ahí, en las paredes…mírelas, nos acechan— respondió ella con miedo.
—Sí, está bien. Váyanse todas ustedes— ordenó el psiquiatra, con desgano, al aire a su alrededor, mirando nada en particular, solo eran ellos dos en la habitación. Le dirigió la mirada a la chiquilla y esta tenía los ojos fuertemente cerrados y respiraba agitadamente.
El médico suspiró largamente y anotó ciertos datos en la ficha clínica, era la quinta loca que veía personas inexistentes del día.
Espero disfrutaran la lectura ^^
Esta historia está dedicada a una gran amiga, Yanara. Ella tiene más experiencia que yo escribiendo sobre este tipo de cosas, o, en realidad, sobre locuras varias.
¡Gracias por leer!