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Los rebeldes
La primera vez que terminan de hacer el amor, él insiste con una sonrisa plácida y aire de padre dominante en su empuje, con que te desnudes, para que puedas darte un baño.
Contemplas con cierta desconfianza los frutos cítricos que ha dispuesto sobre la mesa pero le obedeces sin pensarlo mucho. Te sacas la ropa, revelando los moretones y las llagas que no has tenido tiempo de curar. Las pociones te esperan en su escondite, bajo unas tapias en el pesebre donde solías dormir. Él te mira, sorprendido y horrorizado. Hay también un dejo de lascivia en sus caricias, por muy delicadas que sean. El agua está tibia y él la deja caer sobre tus hombros. Cierras los ojos y disfrutas los húmedos escalofríos, saboreando al mismo tiempo en el fondo de tu garganta, el limón azucarado que te ha hecho beber para que no te descompenses durante el acto.
Tus recuerdos del pasado que viviste en otras encarnaciones son abstractos, por eso debes simbolizarlos. Al entrar en éxtasis, pasas el umbral del estudio de un mago, hechicero u alquimista, uno de tus tantos oficios en su momento. Cinco Bibliotecas y dos armarios: volúmenes repletos de encantamientos y recetas de tu mano, además de imágenes resguardadas en probetas, comprimidas para la ocasión en la que las necesites.
El agua te lo recuerda. Los bailes en otro continente, tu piel negra y aullidos a la luna llena. Luchas por aferrarte a esos recuerdos, que amenazan con extinguirse, abandonándote a tu miseria actual. Quieres morir en sus brazos, pero como un Alma Ancestral entregada a placeres carnales, no como un perro adoptado para usos indecentes, estrangulado en un arranque de cólera. Algún día quieres vestirle como a Príncipes y mostrarle un Reino que te pertenezca, aunque esté lleno de homúnculos que mastican cadáveres recientemente caídos. Eso te haría un buen que te desee por ser magnífico, no con lástima y ternura de pedófilo a penas iniciado.
Piensas en los Magos de la Corte que residen actualmente allí. Los ves superficiales y cobardes, escondidos entre las paredes de la fortaleza, bajo el ala de los Nobles, sin orgullo de su esencia, pidiendo dinero y comodidades a cambio del don que les fue enferman, pero les necesitas. Quieres presentarte a ellos antes de que estalle la rebelión. Podrías pedirles un soborno y que te tomen como Aprendiz. Mejor aún, que te acepten entre los suyos, como a un igual. ¡Sabes que eres diez mil veces mejor que cualquiera de ellos! Deben ceder. En especial si amenazas con barrer con la Capital. Los rebeldes confían en ti. Pero los traicionarás sin pensártelo demasiado, de tener que hacerlo. No te sientes especialmente atado a ellos.