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Author: Anthos di Fiamma
Fiction Rated: K+ - Spanish - Suspense/Romance - Reviews: 5 - Published: 09-06-09 - Updated: 11-21-09 - id:2717330

La estación estaba semivacía, me recordó aquel día en Hardinia, cuando nos encontramos con Lowell, aún pensaba en lo que probablemente hubiese pasado si Arae no hubiera aparecido, quizás… no, más que quizás, yo era la persona con la fecha de muerte en la cara, no hubiera durado nada en sus manos, me hubiera matado antes de que Allan hubiese podido impedirlo, eso estaba claro, no se hubiera retenido. Yo, también, fui la que compró los boletos, Yael me esperaba, vigilando alrededor, pero todo se veía esencialmente sereno, no podía confiar en que todo saldría bien pero estaba más tranquila, faltaban pocos minutos para que el tren llegara, me lo aseguró el hombre que me vendió los billetes.

-Tan solo unos pocos minutos- le aseguré.

-Todo va bien hasta ahora- dijo sonriendo levemente –pero no nos podemos fiar-

Miré mi muñeca, y en ella la cinta blanca, me entristeció un tanto verla, pareciera que ahora se adueñase de ella la palabra “traidora” ¿era yo realmente una alevosa? Mi mente me acusaba una y otra vez, tenía un dolor en el pecho constante, Yael parecía entenderme, por lo que me acarició la cabeza.

-No te preocupes- me susurró.

Asentí con la cabeza porque en realidad la mentira se notaría si hablaba. Desamarré la cinta de mi muñeca, quizás… quizás fuese mejor dejar aquello atrás, no podía, ni debía quedarme aquí, este regalo, más que nada simbólico, sería mi adiós a Allan y a Matt, desde que todo cambió tuve que tomar una decisión, y este, me parece, es el momento propicio, cuando llegara el tren lo soltaría, así dejaría mi pasado como la acomodada Cor de Dediticius y pasaría a ser Lilium, un fugitiva que busca ser asesinada por quien ocupa actualmente el puesto de “mano derecha” del Dux, parecía algo simple, pero la verdad es que las dudas te asaltaban por todas partes, al igual que los recuerdos, no tan solo los malos, los buenos se apegaban a uno tratando de que te desviases del objetivo.

-Allí viene, Lil, es hora de dejar esta tierra-

Le miré con gesto aliviado, sí, ya nada nos podría detener, solo el tiempo se interponía entre mí y el destino, casi kamikaze, que se me presentaba con los brazos abiertos. Me quité la cinta y la tomé con el dedo índice y el pulgar, cuando llegase el tren la soltaría.

-Me cuesta creer que todo esto esté pasando- murmuré –casi pensé que nos quedaríamos de manera permanente-

El viento nos azotó y yo solté la cinta que voló lejos en dirección a la entrada de la estación, la miré alejarse mientras el tren se detenía gradualmente, todo el cabello se me revolvía, y por un momento, ante la escena tan increíble pensé que estaba soñando, pero volví a la realidad en un instante.

-Vámonos, Lil- Yael ya estaba arriba del tren, en las escaleras, asentí y me dispuse a imitarlo pero no pude mover el cuerpo, miré atrás nuevamente, vamos, no podía acobardarme ahora, después de todo lo que ocurrió -¿Qué pasa?-

Observé la cinta nuevamente, había caído a metros de la puerta de entrada, quizás… quizás…

-Espérame dos segundos- le dije, pasándole la mochila.

-¿Dónde vas?-

-No te preocupes-

Sabía que no teníamos mucho tiempo, el tren partiría aunque yo le pidiese a gritos que no lo hiciera, salí corriendo en busca de la maldita cinta, no, no era capaz de abandonar mi pasado, a lo menos no aún, por lo que este pedacito de historia de azucenas debía ir conmigo todavía. Lo recogí del piso, lo limpié con esmero y me di la vuelta para regresar, Yael me miraba desde la distancia, pero a la vez parecía entablar una conversación con alguien en el tren, me pregunté si le conocía, sonreí ante la escena, quizás podía ser Gill o Lewis, quizás incluso Arae. De repente el mundo se vino abajo con gran estruendo. Lo primero que sentí fue un dolor terrible en el tobillo izquierdo, me vine abajo de inmediato, unas manos me tomaron los brazos y de la cintura, había a lo menos tres hombres intentando inmovilizarme, y uno era él. No podía hacer más que contemplar con terror la escena, grité lo más fuerte que pude, pero mi voz era opacada por sus manos intentando tapar mi boca, me retorcí buscando libertad pero eran demasiado fuertes para mi frágil cuerpo, me rendí fácilmente, por lo que accedí solo a ver si Yael estaba bien, aún removiéndome en el piso noté que el tren estaba ya en movimiento y que unos dos hombres intentaban entrar en vano, por las ventanas noté que Yael deseaba salir del tren con todas sus fuerzas pero algunos pasajeros lo detenían, gritaba, pero no podía leer sus labios. Al menos él estaría bien. Seguí moviéndome pero era solo por si tenía una mínima oportunidad, cosa imposible, el tren comenzó a tomar velocidad y algunos militares, que lograron tomarse del transporte, cayeron, miré las ventanas una por una, los pasajeros se agolpaban en los vidrios para observarme, y fue en ese momento que noté “algo” que no encajaba, era un hombre, su rostro pálido, atemorizado, resaltaba entre las de los curiosos, cuando fijé mis ojos en los suyos pude ver su reacción perfectamente, abrió la boca como si gritara con gran estruendo y golpeó el ventanal con los puños, el tiempo nos había dado la oportunidad de mirarnos por segundos interminables, no sé si fue un lujo o más bien un martirio.

-Lilu, Lilu- rió Lowell con su voz burlona y soberbia –nunca pensé que serías capaz de tanto-

Los hombres a mi alrededor, me colocaron de pie, aunque el tobillo me mataba de dolor, para ellos no era trabajo alguno, dos me sostenían los brazos y había uno tercero cerca, quizás para los soldados no era más que rutina, me veían aburridos, solo sonreía su capitán.

-¿Pensaste que podrías escapar de mí, Lilu?-

No puedo acabar así… yo… ¡tú me haz sepultado viva!

-No puedes evitar lo inevitable- canturreó Lowell como respuesta de arriba –supongo que sabes que es lo que se les hace a los traidores ¿no?-

Entrecerré los ojos y busqué la cinta, la hallé a pocos metros de mí, él la pisaba con descaro, como siguió mi mirada se burló de mi y la recogió.

-¿No es esto tú último y preciado error?- murmuró intentando parecer retórico -¿aún deseas conservarlo?-

Si hubiese tenido el valor suficiente le hubiera escupido en el rostro, definitivamente no había nada peor ahora, me mataría de todas formas, aunque me comportase “como se debe”, disfrutaría con cada grito agónico que diera, cuando me cortara la piel, cuando la sangre brotase de mis poros, incluso cuando le rogase que se detuviera, todo eso lo saborearía con tal deleite que lo haría con mayor lentitud y goce.

-Púdrete- gruñí.

-No me hagas enfadar, Lilu- me tomó el rostro con una mano –tú más que nadie sabe que no soy buen enemigo-

No le quise responder, solo me limité a mirarlo con la peor de mis miradas, internamente estaba devastada, mi vida se extinguiría como el fuego lo hace con el agua, había logrado su cometido, me destruiría, lenta y dolorosamente, porque veía en sus ojos la excitación que le provocaba verme tan desolada, cayéndome a pedazos, intentando mantener la dignidad y la cordura, sonrió ampliamente dejando ver sus blancos dientes, parecía saber exactamente lo que pensaba.

-Nadie podrá detener esto, Lilu, ni Allan, ni Arae, menos tus estúpidos amiguitos, ahora eres mía-

No, no me permitiría llorar, eso lo haría disfrutar aún más mi caída, me mordí con furia los labios, no me importaba romperlos de nuevo, no me vería llorar, nunca más.

-No intentes privarme de tu malestar- me dijo apretándome la mandíbula con fuerza, pero no logró que abriera la boca –de nada servirá, te haré clamar por misericordia, solo espera hasta mañana-

El albino hizo un gesto con la mano y los hombres me empujaron para que caminara, caí de bruces, pero me levanté completamente rápido y emprendí camino, me sostenían de las muñecas pero con menos brutalidad, lo que sinceramente agradecía, el dolor había sido casi insoportable. Podía imaginar la cara de Allan y Matt cuando se enterasen, no había peor castigo que verlos desolados por culpa mía, quizás… no, aunque me tragara el orgullo y se lo pidiese, él nunca me concedería ello, se regodearía diciéndole a ambos, porque deseaba verme sufrir, quizás si no le decía nada… era inútil, no tenía salida. Tropecé pero alcancé a colocar las manos antes de que me golpease de frente contra el piso, Lowell se reía a carcajadas, pero me levanté de inmediato, me vino a la mente cuando, luego de haber golpeado en la cara a Gill haciéndolo caer al piso, él pateó a su hermano, probablemente ahora no se contuviese conmigo tampoco, no tenía porqué. No, por supuesto que no llegué a Metis, fui a Manumisión directamente, quedaba bastante más lejos que la casa del Dux, pero no se me hizo tan eterno como fue el camino con Matt hacia la estación, solo una vez había estado allí, y fue cuando recién Arae comenzaba a alistarse en la milicia, aquí fue el primer trabajo que tuvo como soldado, él me prohibió que fuese a verlo, pero el segundo día él olvidó su almuerzo y no me quedó más remedio que írselo a dejar, no pasé, solo estuve en la puerta, pero se enfureció conmigo, dijo que si me veía rondar nuevamente por aquí se molestaría de verdad, era una pena que el sentimiento que presentará luego será otro, de igual magnitud. Al cruzar la puerta también un escalofrío recorrió mi espalda, todo estaba muy oscuro y, peor aún, silencioso, los pasillos eran iluminados por luces tenues, que solo dejaban ver un tramo del piso, podía observar de reojo a personas enjauladas, pero intenté concentrarme en el camino, no obstante sus miradas eran demasiado penetrantes, me temblaban las rodillas, por lo que tropecé algunas veces, pero no caí al suelo, me di cuenta de que algunos reos gritaban.

-¿Es esa la Cor?-

-Sí, ella es, Lilium Boan-

-Alguien así no sobrevivirá un día aquí-

Esas palabras me resonaban en la cabeza como si fueran ecos, las palabras me herían de una manera impresionante, era un desgaste sicológico, realmente… realmente no duraría nada encerrada aquí. El nuevo Cor me tomó un brazo y me hizo voltear, pero perdí el equilibrio y caí al piso, comencé a jadear, mientras él volvía colocarme de pie y me golpeaba nuevamente haciéndome caer, sentía el cuerpo pesado, y que apenas podía tomar aire.

-Vamos, cariño, hazle honor a tu nombre, haz algún milagro o simplemente muérete-

Los encarcelados estallaron en risas y yo en desesperación, en el piso intenté arrastrarme para salir de su alcance, pero fue completamente en vano, me tomó del tobillo que estaba herido y tiró de este, chillé tan fuerte que sentí que la garganta se me descosía, las risas continuaban, y mi sufrimiento también.

-Vamos, Lilu, no me decepciones-

Intenté asestarle un golpe pero él fue mucho más rápido, lo esquivo sin dificultad, me tomó las muñecas con una mano y me obligó a levantar los brazos, vi como lentamente su mano descendía hasta llegar a la altura de mi muslo. No, no, eso no podía hacerlo, sin embargo como si me leyera la mente me sonrió con lascivia, estaba perdida.

-¡No te atrevas a tocarla!-

El alarido venía de unas dos jaulas más adelante, y fue lo suficientemente autoritario para inmovilizar a Lowell, no, ni siquiera se atrevió a tocar mi piel, en vez de ello me dejó con cierta brusquedad y se dirigió hasta donde estaba el hombre que había gritado, luego de recuperarme un poco me coloqué de pie, el albino era capaz de torturar hasta asesinar a la persona que me había ayudado, corrí hacia el Cor, que tenía tomado del cuello de la camisa al sujeto, y tiré de uno de sus brazos, cerré los ojos, esperando un golpe hacía mí, pero no llegó, abrí un ojo y le vi.

-¿Me vas a decir lo que tengo o no que hacer?- le gritó ahora Lowell.

-Déjalo- le ordené, él se deshizo de mi con un solo movimiento, caí al piso y continuó violentándolo –si tanto quieres protegerla pasa con ella las últimas horas de su vida, idiota-

Me agarró del cabello con una mano y con la otra abrió la jaula, me arrojó dentro y caí como si fuera un saco de papas, el piso dentro estaba húmedo y sucio, el olor era completamente desagradable y nauseabundo, no obstante él me ayudó a levantarme e incorporarme, no quise mirar al albino por más tiempo, por lo que hundí la cara en el pecho del rubio.

-Allan estaría feliz de verte así- ironizó ojos rojos.

Luego pude sentir los pasos alejándose, resonando en la distancia, cada vez con menos intensidad, cuando el mutismo llegó pude recién asomar la vista. Me separé de él con una lentitud torturante, muy en el fondo odiaba tener que poner unos centímetros entre ambos.

-Ha sido muy imprudente lo que haz hecho, Jack- le regañé –no debiste entrometerte-

Él colocó una mano en mi cabeza para impulsarla hasta que volviese a su pecho, alcé los ojos para mirarle, pero no pude, suspiré y relajé el cuerpo, aunque estuviera en la peor de las situaciones de peligro tan solo ver a Rutod bastaba para que pudiera calmarme, la calidez que transmitía tan solo con su presencia, y reforzaba con su sonrisa, era suficiente para hacerme confiar. Sonreí, sintiendo sentimientos completamente contrarios, por una parte me alegraba haber podido superar lo de Iris, al menos momentáneamente, y poder volver a disfrutar la compañía del heredero de tal familia, aunque claro, el precio era caro, mi vida.

-Jack- murmuré apartándome un poco.

Deseaba mirarle a los ojos y perderme en ellos, olvidando lo demás, quería poder pensar solamente en él ahora, en que nuevamente estábamos juntos, sin embargo había algo que necesitaba decir.

-Lamento todo esto- musité.

-No es tú culpa- me respondió expedito –no pienses lo contrario, Lilium, todo esto no tiene nada que ver contigo-

Asentí, aunque sinceramente no pensaba lo mismo, pero no me pondría a discutir con él sabiendo que me quedaban pocas horas. Volví a abrazarle y él me acarició la cabeza, nos quedamos en silencio y yo cerré los ojos, al menos no me sentía tan vacía y fría en esta jaula. Él me había abandonado y coincidentemente debía pasar mis últimas horas junto a Rutod, lo que significaba que yo lo abandonaba ahora ¿no? Pero para siempre.

-Soy yo el que te debe una disculpa- musitó en mi oído, abrí los ojos, más que nada, impresionada por tal confesión.

-¿De qué hablas?- le consulté con la voz estrangulada, sinceramente no quería hablar de ello, no quería arreglar esta relación, sería así menos doloroso partir.

-No debí haberte dejado-

No pude retener más el llanto, me había mordido los labios pero cedí de todos modos, las lágrimas bajaron presurosas por mis mejillas, pero no dejé que los sollozos me vencieran, bajé un poco más la mirada, para así evitar que me viera.

-No creas que te quiero menos por eso, pero mi hermana también podía haber muerto-

Justificaciones de nuevo, apreté su brazo, para que no siguiera hablando, y él entendió de inmediato que debía cambiar el rumbo.

-Pero tu condición era mucho más arriesgada, y no lo vi, ciertamente me equivoque-

Quería mostrarme reacia a su disculpa, definitivamente él había preferido a su hermana, eso era obvio ¿no? Pero no pude, no fui capaz de continuar reprimiendo mis sollozos y terminé por dejarlos escapar de forma algo atropelladora, me puse las manos cubriendo la cara, y dejé que la tristeza escapara por mis ojos, él me acarició repitiendo palabras como “lo siento” y “eres realmente importante para mi” una y otra vez. No fui capaz de decirle algo, volví a arrojarme hacia él, abrazándolo con fuerza mientras dejaba que los gemidos escaparan estruendosamente haciendo eco en el lugar; cuando pude calmarme me quedé en silencio unos momentos, en la misma posición, mirando al piso y abrazándolo le dije.

-Te disculpo-

Fue como si algo muy pesado en mi pecho se bajara tan solo al mencionar tales palabras. Elevé la mirada y vi a Jack, con los ojos bien abiertos, eso me hizo sonreír un poco, probablemente no esperara que le dijera ello.

-Creo que…- sonrió dejando escapar un pequeño suspiro –no te conozco tanto como creía-

No, por supuesto que lo hacía, lo que ocurría era simple, la verdad era que no deseaba morir sintiendo rencor a una de las personas más importantes en mi vida, era suficiente con saber que había engañados a los tres hermanos Klett en un día.

-Ya veo, pensabas que era una rencorosa- refunfuñé mirándolo fulminante, haciéndome la ofendida.

Él rió y me acarició el rostro, alegre, yo sonreí ampliamente sin reparo alguno ¿hace cuanto tiempo que Jack no era así de mío? Probablemente desde hace ya un mes y algo.

-Gracias, Lilium- su tono fue serio, lo que me hizo, automáticamente levantar el rostro para mirarlo.

Nos miramos así unos minutos, por cierta razón no me atrevía a separar el contacto visual que teníamos, era extraño ver el rostro de Jack sin una expresión de felicidad, pero la verdad no era que no fuera con él o algo así, se veía tan solo de su edad. Fue un movimiento rápido del cual a penas me percaté pero cuando sus labios acariciaron mi frente sentí que todo pasaba con una lentitud impresionante, fue algo chocante, algunos recuerdos del mismo acto me invadieron la mente, presurosos, fue triste, pero a la vez encantador, me hubiese gustado poder quedarme así, sintiendo la calidez de sus labios por más tiempo, pero él se separó en segundos, diciendo que debía descansar, mañana sería un día largo.

-Especialmente porque sabemos que Arae vendrá a rescatarte-

Sonreí levemente, sabía que mentía, prefería no tener esperanzas.

-¿Por qué no podemos estar así un poco más?- refunfuñé.

Jack se colocó de pie y ofreció su mano para ayudarme a levantarme. Hice un puchero, pidiéndole con la mirada que regresara a estar a mi lado.

-Vamos, Lil, es hora de descansar-

Terminé por aceptar, y me levanté a regañadientes, miré el lugar, además de las, evidentes, condiciones precarias de un baño en condiciones poco agradables y un cúmulo de paja en el piso, genial, no tenía donde dormir.

-Tú dormirás, allí- me indicó, al ver donde miraba.

Me negué, de inmediato.

-Olvídalo Jack, ese es tú lugar-

-Hay suficiente espacio para ambos-

Sentí que las mejillas se me sonrojaban un poco, pero no dije absolutamente nada, tan solo le miré, sin decidirme a moverme o no. Él al notar mi gesto avergonzado también terminó por ruborizarse, pero se recostó en aquella incomoda “cama”, improvisada, extendiendo los brazos para que me acomodara a su lado. Suspiré y me tendí entre sus brazos, ciertamente mi cuerpo cayó pesadamente contra el bálago, me enterré algunos en las piernas, pero en realidad no me importó ni un poco, bostecé y sentí como el cansancio rápidamente se apoderaba de mí.

-Es hora de que descanses- me susurró Jack y me abrazó, tiernamente, mientras él mismo apoyaba la espalda en la pared, a nuestro lado, como respaldo.

-Sí…- murmuré.

Los pensamientos que me invadieron antes de que pudiese conciliar el sueño fueron realmente deprimentes. Todo giraba entorno a lo inevitable, a que todo había sido inútil, que a fin de cuentas siempre hice lo que eso quiso que hiciera, mientras, realmente, yo intentaba con todas mis fuerzas desvanecer su línea temporal, tratando de evitar este final. Finalmente solo pude reflexionar a cerca de la oscuridad, de aquella maldita oscuridad de la que no podía salir, de la que me asfixiaba y poco a poco comenzaba a invadir todas las células de mi cuerpo, me dejaría inmóvil tarde o temprano en esa atmosfera sombría, incolora e invisible, con los ojos abiertos tanto como podía, intentando diferenciar, ver algún movimiento, esperando a lo menos un rostro, no quería a Arae, ni a Allan, solo a alguien capaz de sacarme de aquella caja negra que me cortaba la respiración y, peor aún, el pensamiento. Cerré los ojos y me entregué a mi propia oscuridad, de la que podía salir a voluntad, porque, hoy día no soñaría, solo sería absorbida por mi mismo inconsciente en espera de que la sentencia se cumpliese.

Tenía una extraña convicción de que el piso de madera que pisaba era hecho con cipreses, sería quizás por su corteza delgada con extensas fisuras, pero mi mente no podía concebir otra alternativa. Elevé mi mirada hacia el cielo y noté que tenía un color extraño, de tonalidades opacas, no le di mucha importancia, por lo que bajé a lo terrenal, en el suelo de tablones, a poco pasos de mi había una caja, era gris oscuro, plomo, y tenía en el centro un numero cuatro, la curiosidad no me tardó en ganar, y me acerqué para abrirla. Me agaché al frente del objeto y la forcé, dentro había un espejo antiguo, de plata, mi reflejo no se veía en este, lo que me alteró un poco, pero pensé que quizás fuese por la poca luminosidad dentro de la cesta, alcé la mano para tomarlo, pero desde el espejo apareció un hilo que atrapó mi muñeca, me asusté y retrocedí autómata.

-Dixi-

La vocecita dentro de la caja me heló la sangre, intenté desamarrar mi extremidad pero el nudo estaba realmente bien hecho, y la desesperación no ayudaba a mis movimientos.

-Nolens volens-

Comenzaron a tirar el hilo, fuertemente, tanto que avancé unos pasos hacía adelante, solté un pequeño grito, asustada, la fuerza de aquello que me impulsaba me abrumaba ¿qué había tras el espejo, y más importante, por qué deseaba llevarme allí?

-Dixi, dixi, dixi, dixi, dixi- repetía, y las palabras atravesaban mi cerebro violentamente, haciendo eco en este.

-¡Basta!- grité -¡deja de atormentarme!-

Las lágrimas acudieron a mis ojos, y mi cuerpo pareció hacerse más débil, porque sin poder evitarlo llegué al lado de la caja, y mi mano ya estaba apunto de tener contacto con la superficie reflectora, volví a gritar, pero la punta de mi dedo corazón atravesó el material.

-Ad memoriam rei perpetuam-

-¿Lilium?-

Las sacudidas de Jack me despertaron. Abrí los ojos y me levanté de inmediato, alejándome un poco de la presencia calida de mi acompañante, podía oír mi corazón y respiración completamente fuera de control, tosí, sintiéndome algo ahogada, me tapé la boca y cuando todo acabó trasladé mis manos a mi rostro.

-Lil ¿estás bien?-

Asentí con la cabeza, pero no me moví para volver a su lado, en mi cabeza las palabras resonaban, aterrándome, paralizando mi cuerpo de pies a cabeza. Sin embargo no fue necesario que yo hiciera algo, él vino por mí, y tomó mi cuerpo hasta trasladarlo nuevamente junto a él, regresamos a la misma posición.

-Tuviste una pesadilla- murmuró con tristeza, ambos sabíamos que significaba.

-No importa, no fue nada grave- le mentí.

-Claro, Arae se encargará de eso-

Asentí sin energía y cerré los ojos de nuevo, no quería seguir mintiéndome más, suspiré y Jack se acomodó nuevamente, hundiendo la nariz en mi cabello.

Me sumí en la oscuridad, con total rendición, me hundía cada vez más hondo, y yo no hacía nada, solo me limitaba a sentir como mi cuerpo caía en el vacío, pero de repente mi tranquilidad fue interrumpida, la marea de sombras se transformó en un laberinto y yo caí de bruces en este, pero justamente a la mitad, tenía dos caminos difíciles y distintos, uno, de cierta forma sabía, regresaba a la entrada y el otro daba a la salida, ninguno era alentador, para nada, sino más bien ambos me helaban los huesos, literalmente, por lo que necesitaba escoger rápido, pero… no podía, dudaba, era demasiado insegura, avancé unos pasos, pero luego los retrocedí con rapidez, estaba congelándome por dentro, me dolían las articulaciones, mis piernas, parecía que estuviesen carcomiéndome el esqueleto, no podía soportar el dolor que me causaba, caí al piso, sin ser capaz de continuar con la agonía.

-¿Dónde estás?- sollocé, antes de que llegase a desplomarme por completo.

Volví a despertar, pero esta vez lo hice sola, de manera violenta, incorporándome sin quererlo, estaba sudando frío, y tiritaba sin control, me volteé a mirar a Jack, quien continuaba tranquilo en su inconsciente, me acurruqué más a su lado, su cuerpo cálido me tranquilizaba poco a poco, sequé mis lágrimas y besé la línea de su mandíbula, me impresionaba la tibieza de su piel y temí que se enfriara con la mía, pero la inquietud no duró mucho tiempo.

Cuando abrí los ojos me di cuenta de donde estaba, la textura rugosa y empedrada era reconocible, el aroma demasiado sólido también, pero no estuve realmente convencida del hecho hasta que lo vi, sí, estaba bajo tierra, podía percibir con desesperación la falta de aire y espacio, grité y pataleé con todas mis fuerzas por libertad, pero nadie acudía, nadie acudió.

Desperté aterrada, pero nunca tanto como las veces anteriores, por lo que tan solo tuve que volver a dormir, sin embargo tal escena se repitió toda la noche, hasta que cuando por fin pude tranquilizarme la puerta de Manumisión se abrió. Di un respingo y Jack se incorporó como si hubiera estado esperando ese sonido desde hace mucho tiempo, me tomó una mano y me acorraló contra la pared, eso no era buen indicio. Al cabo unos pocos minutos Lowell venía con un par de guardias, abrieron la jaula y el albino entró.

-Si eres listo saldrás de en medio y me dejarás hacer esto por las buenas- le gruñó a mi defensor.

Pero él no se movió, intenté liberarme pero no me dejó, le susurré que estaría bien, pero estaba empeñado en que no dejaría que me sacaran de aquí. Lowell no tenía nada de paciencia, tomó la pistola de su cinturón y le apuntó a la espalda.

-Tienes dos segundos para moverte, si no estás muerto- le amenazó.

Empujé con todas mis fuerzas al hombre, él apenas se movió por lo que solo atiné a gritarle, desesperada.

-¡No conseguirás nada haciendo que te maten!- chillé -¡tú lo dijiste, hoy sería el día en que saldría en libertad, confía en tus palabras!-

Sabía que no eran buenos fundamentos pero luego de que lo pensara él acabó por salir, el Cor me tiró de un brazo, casi caigo al piso pero pude equilibrarme, me impactó contra las rejas y me golpeé bastante fuerte en la cabeza, me tomó con una mano la mandíbula, miró a Rutod de reojo, sonrió y, de la manera menos sutil y amorosa, me besó, fue una sensación horrible, que su boca intentase devorar la mía, que, posteriormente, sus labios bajaran a mi cuello, y que conjuntamente también me inmovilizara completamente de manos, tenía la sensación de querer huir, sin condiciones, solo deseaba desaparecer del mapa como fuera, pero él me tiraba a la realidad con cada “caricia”, de fondo, apenas escuchaba, al rubio gritándole, casi suplicándole porque me dejara, sin embargo el albino no hizo caso y al parecer era impulsado aún más por tales palabras . Acabó por morderme, sin ya tanta violencia, el labio inferior, estaba sinceramente asqueada, necesitaba alejarme de este hombre, como fuera, pero ya no podía decidir, no, era él quien tenía mis atribuciones. Miré a Jack como pude, él cerraba los ojos y los puños con fuerza, intentando no dejar escapar las ganas que tenía de golpearlo. Salimos de la prisión sin que me pudiese despedir bien de él, había sido una sola noche pero habíamos resuelto todo y para haber sido el ultimo día que me quedaba la pasé tal y como hubiese querido, feliz, protegida en la calidez de una de las personas que más quería. Mientras caminábamos, en una dirección que desconocía por completo, no pude pensar en nada que no fuera “aquel” suceso, quería limpiarme la boca y escupir, lavarme el cuello y cada parte que él había acariciado con sus labios, sin embargo estaba atada de manos y cualquier movimiento que no fuera caminar era fuertemente reprendido, no solo él, si no unos cuatro hombres me vigilaban, claro, Lowell lo disfrutaba más que los otros, porque me odiaba con toda su existencia.

-¿Estás cansada, cariño?- se burló cuando tropecé con un tronco –si quieres podemos descansar en un lugar apartado, no te arrepentirás-

No quería entrar en pánico, pero en estas condiciones él podía hacer lo que le diese la real gana conmigo, y prefería mil veces ser asesinada a que cumpliera con su descarada insinuación, continué caminando aunque el tobillo aún me dolía mucho, pero menos que ayer, estábamos ya muy lejos de Metis, me preguntaba incesantemente si Allan sabía que este maldito sublevado estaba a minutos de matarme ¿dejaría que se cumpliera la ley sin rechistar? Ya no podía reconocerlo, no sabía qué pensaría.

Tenía la garganta seca y el estomago vacío, los hombres llevaban cantimploras en sus cinturones, me pareció completamente injusto y seductor pensar en el líquido, no había comido nada en dos días, y a pesar de que en la prisión Jack tenía reservas de agua no era mucha que digamos, me vi tentada a pedirle a cualquiera de los soldados, pero sabía que no harían más que burlarse de mí o condicionarme, lo que era aún peor.

-Vaya Lilu, no luces muy bien- comentó el albino con tonito cantarín -¿acaso querrás comer algo?-

Yo negué con la cabeza con gesto asqueado.

-¿Un poco de agua?-

Volví a mover la cabeza, pero él notó mi mentira.

-Es eso ¿no?- rió.

-No, solo déjame, quiero acabar rápido con todo esto-

Sin embargo él me hizo una zancadilla y caí de bruces al piso, la tierra me entró a las fosas nasales sin dificultad, comencé a toser, era una dolorosa sensación como si algo dentro del pecho y la garganta te quemara, comencé a jadear en busca de aire y al mismo tiempo traté de levantarme, pero me fue imposible, Lowell me tomó de un brazo y me obligó a hacerlo, me balanceé de un lado al otro, pero logré estabilizarme, sin embargo la respiración aún no se me normalizaba, sentía esa sensación extraña y de textura granulosa en mi garganta y esófago, los hombres se burlaban descaradamente de mí, yo intentaba ignorarles. El sol recién estaba más o menos visible en el cielo cuando llegamos, estábamos en la horca, lo que no me impresionó mucho, al lado de esto había una pequeña casa, lo que me hizo tener un escalofrío, pero preferí no decir nada.

-Allí es donde pasarás las últimas horas, Lilu- me susurró –quizás antes de tu muerte me pueda divertir un rato contigo, depende de a qué hora se realice el suceso-

Quería llorar, salir corriendo y gritar por ayuda, saltar a los brazos de cualquiera de mis amigos para que me auxiliara, no quería morir, no podía hacerlo ¿por qué justamente yo? … ¿por qué si no traerá ningún beneficio a mi bando? Preferí parar mis pensamientos, no podía llorar enfrente de él. Cuando entré a la casucha me di cuenta de que solo tenía paja, las ventanas estaban tapadas y el sol no entraba, Lowell me empujó dentro, yo caí sin mayor reparo, me arrastré hacia un rincón y me senté contra la pared.

-Vendré por ti en una par de horas, no desesperes, sé que por dentro deseas que haga esto-

Cerró con un portazo. El silencio y la oscuridad parecían absorberme lentamente, me dolían las muñecas y tenía mucha sed, sería peor si lloraba, pensé, pero terminé haciéndolo de todas formas, siempre había pensado en un maldito final en el que no me viese envuelta en esto, siempre, desde que pude concebir que significaban mis sueños; me mordí un labio para evitar los sollozos pero ni siquiera eso pudo con ellos, el cuerpo me tiritaba, aún sentía tierra en los pulmones. Estuve así por mucho tiempo, o quizás fue poco, no tenía como saberlo, hasta que apoyé la cabeza en la pared y cerré los ojos, suspiré.

Pronuncié tu nombre con mi voz áspera pero resonó en vano hasta que se apagó y desapareció en la nada, si hubiera tenido las manos desamarradas me hubiera abrazado las rodillas, para sentirme menos sola, para concebir mayor calidez, pero tan solo pude apoyar el rostro en estas, me dolía el pecho, ante tanta angustia y, a la vez, por los sollozos que hacían que convulsionara.

El tono negro de la sombra que no sabe del dolor.



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