
Aunque sea sólo una vez más... Quisiera verte para poder dejarte...
Rated: Fiction K+ - Spanish - Hurt/Comfort/Romance - Words: 885 - Favs: 1 - Published: 12-21-09 - Status: Complete - id: 2755023
|
|
A+ A- |
Aún sigo sin comprender que hago aquí.
Sentada en esta incómoda banca de madera vieja y rodeada de personas que vienen y van. Hablan felices y despreocupados, pavoneándose despreocupados ante el gran evento que está por desarrollarse en unos cuantos minutos.
Miro con cierto desdén mis alrededores, enfocándome más que nada en las bellas flores que adornan el lugar. Las rosas blancas irradian una pureza inmaculada que celebra esta santa unión, mientras que las elegantes orquídeas se muestran orgullosas de ser partícipes de tan magnánimo suceso. ¿Alguna vez te dije lo mucho que quería tener orquídeas en esta ocasión?
Sólo puedo escuchar murmullos indiscretos provenientes de los asistentes, y trato con todo mí ser de apagarlos, pero mis oídos se niegan a cerrarse al escuchar tu nombre, lo que sólo hace acrecentar mi nerviosismo y el rubor de mis mejillas.
Entonces mi corazón comienza a latir acelerado, ansioso por lo que esta a punto de empezar.
Frenética te busca mí mirada, y desde mi posición en lo más profundo del recinto puedo constatar que estas ante el altar. Sonrío satisfecha, pero algo me molesta, es una especie de melancolía que me está matando.
De pronto, la marcha nupcial hace acto de presencia e inunda todo el lugar, contagiando a quienes lo habitamos por esos momentos de una especie de euforia serena y alegre.
Todos se ponen de pie y con eso entiendo que todo inicia.
Una estela de blancura sin par atraviesa el pasillo para acercarse un poco más a ti.
Y aún sigo preguntándome que hago aquí.
No sé porque sigo engañándome, sé la respuesta, pero no quiero admitirla.
Es por ti, por eso estoy aquí. Porque tú me lo pediste. Porque en cuanto requeriste mi presencia abandoné todo para estar aquí a tu lado en este día y todo por una simple pregunta que me hiciste hace tiempo.
Estoy aquí porque quiero, porque así lo decidí.
Encerrada en mi mundo, muy apenas puedo captar las palabras del sacerdote, tanto es el frenesí confundido que abarca mi mente en estos momentos que no puedo concentrarme y sacudo un poco la cabeza para despejarme. Algunos me miran raro por mi acción, ¡pero que más da! Ellos no son la razón por la que estoy aquí.
Me dejo envolver por todo lo que me rodea en esos instantes, perdiéndome en la intensidad con la que me observan tus pupilas, apenas reaccionando cuando el oficiante pronuncia solemne el tan famoso 'El que no esté de acuerdo con esta unión, que hable ahora o calle para siempre.'
Miro recelosa en todas direcciones, tratando de aniquilar cualquier injuria que trate de arruinar el día, respirando aliviada al notar las caras sonrientes de los asistentes, claro signo de aprobación para este compromiso.
Mis labios tiemblan por un segundo, tratando de sellar las palabras que de ellos quieren salir. Fijas tus ojos implorantes en mi una última vez y con desconsuelo y resignación, vuelves el rostro hacia tu nueva esposa.
Sí, es verdad.
Tu esposa.
Esa mujer que está junto a ti ahora jurándote amor eterno no soy yo, sino ella.
Vine porque me lo pediste hace tiempo, ¿recuerdas?
Hace un par de años, cuando nos reencontramos me dijiste que si yo te lo pedía, romperías con tu prometida, terminarías todo lazo con ella e incluso con tu familia y que no te casarías, sólo si yo te lo pedía. ¿Y lo hice? No, claro que no. En ese entonces era una chiquilla inmadura demasiado orgullosa como para aceptar que todavía sentía algo por ti.
Pero ahora, ahora he madurado y entendido que no puedo interferir con la felicidad de otros, ni con la de ella, ni con la tuya. No niego que pensé en detenerte mil veces, sin embargo… Supongo que no he cambiado del todo, aún soy orgullosa, y puedo constatarlo al unir mis palmas en un aplauso celebrante de tan 'dichosa' unión al terminar la ceremonia.
La gente comienza a abandonar sus asientos para reunirse con la nueva pareja en las afueras de la iglesia. Yo también voy con ellos.
Con instinto depredador, te rodean y también a ella, los llenan de felicitaciones y abrazos afectuosos. Yo sólo espero a que te dejen a solas para poderme acercar.
Ironías del destino o llámalas coincidencias, pero como siempre, me lees la mente y amablemente te alejas de tus trajeados acosadores para ir a mi encuentro.
Me tiemblan un poco las piernas, amenazando con derrumbarme, pero respiro profundo y trato de poner una de las sonrisas más fingidas jamás. Te plantas frente a mi y esperas a que diga algo. El silencio reclama nuestras palabras y pareciese que les quisiese cobrar cuota si se atreviesen a salir. La incomodidad se vuelve tan pesada que finalmente eres tú quien hace el intento de hablar.
Hago que te calles con tan sólo una mirada que no requiere mucho esfuerzo.
Pongo mi careta de pasivo júbilo y esta vez sí sonrío de verdad, como solía hacerlo cuando estábamos juntos, a la par que te entrego la pequeña caja de terciopelo negro que guarda lo que fuesen las promesas de nuestro futuro sin vislumbrar.
Mientras te digo '¡Muchas felicidades por tu matrimonio!' con todo el ánimo que puedo musitar, únicamente espero que las traicioneras lágrimas que abandonan mis ojos no me vayan a delatar…
|
||||||