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Diez días sin sexo
Author:
Sandy Lee PM
Regina tiene una relación con el Arquitecto Daniel Almenti, y la pondrán a prueba, después de que el Ginecologo le mande a Regina un tratamiento de 10 días en los cuales no podrán tener sexo. Ella por fin sabrá si su relación esta basada en amor.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Romance - Chapters: 10 - Words: 19,949 - Reviews: 28 - Favs: 15 - Follows: 4 - Updated: 07-23-10 - Published: 05-10-10 - Status: Complete - id: 2805685
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Hola a todos :)

Es mi primera historia original en Fiction Press y espero que les guste.


¡Que difícil se ha vuelto encontrar el amor en estos días!
El sexo ha remplazado al amor, con eso de que el sexo tiene sus ventajas: Puedes tenerlo con quien quieras, como quieras y sin compromisos.
Adiós a los prostíbulos, que ahora es gratis y concensual.
Maravillas del mundo moderno.

Pero, ¿es necesario el sexo? ¿O es necesario el instante ese, en el que tienes a esa persona entre tus brazos, en el que puedes combinar tu aliento con el suyo, en el que tienen el mismo ritmo cardíaco y llegan a la cúspide?

Lo necesario es el amor, no querer disfrazar su ausencia con sexo.
Pero, la vida me ha enseñado que no debo creer que lo que para mi es negro, para los demás, también lo es.

— ¿Velarde? –dijo la malencarada asistente del Doctor Torres— Pase por favor.

Estaba en el consultorio más frío de toda la ciudad, y no porque el clima fuera así, sino porque la sala de espera y todo el local, te daba miedo.
Desde la malencarada asistente, hasta el Doctor Ignoro-a-mis-pacientes Torres; esas visitas médicas me ponen de nervios, de no ser porque es el ginecólogo más prestigiado del estado, la verdad, no iría.

Pero así son las cosas y mi cita anual para el papanicolau, que gracias a Dios, ya había pasado el examen, era lo que me tenía ahí, ya que estaban listos mis resultados.
Entré con mi cara de seria, pero nada más de verle la cara de metro al doctor, puse mi expresión típica de arrogancia.

—Buenas tardes —saludé al entrar, pero no me contesto. Ya estoy acostumbrada a su trato, de modo que no me extraño en lo más mínimo. Pude notar que encima del escritorio tenía un sobre membretado por el laboratorio químico, y supuse que eran mis resultados. Una vez que se dio cuenta de mi presencia o más bien se despego del monitor de su computadora, abrió el sobre que momentos antes observaba y leyó detenidamente su contenido con gesto torcido.
—Los resultados en general, son buenos, pero tiene una infección mínima — tomó una de sus notas para recetar y comenzó a escribir rápidamente —, tendrá que comprar este medicamento y tomarlo por diez días. No puede tener relaciones sexuales durante el tratamiento. —Finalizo entregándome la receta.

¡Vaya noticia! ¡Menos mal que era una infección mínima!
Ni siquiera sé como llegue a mi auto.
Pero ahí estaba, leyendo la receta una y otra vez, como si en esas escasas líneas hubiera una explicación más detallada de la que me dio el doctorcito.
"Esto no le va a gustar a Daniel", pensé mientras encendía el auto.
Y es que Daniel Almenti, un joven, corrección, un experimentado arquitecto, que está a punto de entrar en sus cuarenta es bipolar.
Si de por sí las relaciones personales, son difíciles, imagínense con un bipolar.
El personaje de humor cambiante antes mencionado, lleva saliendo conmigo casi un año, y aunque al principio ha sido todo de las mil maravillas, hace unos tres meses la cosa se ha vuelto tirante.

Es que la madre de la "inmadura" Regina Velarde, se ha opuesto a la relación que su hija, o sea yo, lleva con el calvo de Daniel Almenti.
Es que esas entradas no se pueden ocultar, pero ¿qué esperaban?
Los chicos de mi edad, por alguna extraña razón ni siquiera me miran, pero los hombres maduros, me encuentran atractiva.
Regina 1 — Hombres de mi edad 0

Eso es lo que hay y por eso estoy aquí.
Mentira, estoy con él, porque lo amo.
Es tío de mi mejor amigo Alfredo, y siempre estuve enamorada de él en secreto, pero después de años es que se ha fijado en mí.
Estacioné el auto, afuera de la oficina de Almenti y subí las escaleras, encontrando al responsable de mis problemas acostado en el sillón, dormitando.
¿Pero qué digo? Dormido, con la boca abierta y baba incluída.

Ni siquiera me moleste en hablarle, de antemano sé que cuando duerme por la tarde, no hay poder sobrehumano que lo despierte.
Me senté en su escritorio y como siempre lo hago, fumé uno de sus cigarros.

Espero demasiado de él, no sé porque.
Espero detalles y llamadas que nunca llegan.
Sin embargo el que ames a una persona, no quiere decir que ésta piensa igual que tú, pero el hecho de que siempre seas segundo término en su vida, duele.

Al terminar mi cigarro, me di cuenta de que no iba a despertarse y tomé mi bolso.
¿Soy demasiado injusta con él?
¿Tiene que estar preocupado por mi papanicolau tanto como yo por sus resfriados?

Un poco de interés hipócrita, no estaría mal.
Vale, es mejor que vaya por el medicamento para empezar con las "divertidísimas" noches de óvulos vaginales.


¿Merezco un review?
¿Si?
¿Uno chiquito aunque sea?

XoXo

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