
| ArieT ll TeirA
Author: Nayru29 La medalla de su abuelo hacen a Sara y cinco chicos más viajar a Ariet, una tierra lejana, donde la amenaza de la Oscuridad los hace transformarse en seis guerreros elegidos. Aventuras, batallas, romance y comedia pueden aparecer en cualquier universo.
Rated: Fiction T - Spanish - Adventure/Fantasy - Chapters: 8 - Words: 43,847 - Reviews: 3 - Favs: 3 - Follows: 2 - Updated: 10-04-12 - Published: 05-17-10 - id: 2808106
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Capítulo 8: Astra: lugar de misterios
Rubí, una de las Hermanas Carmesí, había aceptado unirse al grupo para ayudar a su hermana Esmeralda que permanecía cautiva por su jefe. A cambio, ella se había ofrecido a darles información valiosa acerca de la organización detrás de los ataques que estaba sufriendo el grupo, así como todas las catástrofes que se estaban suscitando en Ariet. Al saber que se dirigían a Astra, la capital de Daga, el continente, la mujer dudó en acompañarlos, pero Sara le prometió que no la decapitarían por ser enemiga de la nación, y que no permitirían que fuese capturada por el enemigo para pagar por su traición. Ante aquello, la mujer aceptó, guardando en su corazón la única esperanza que tenía de encontrar a la única hermana que le quedaba con vida, si a eso se le podía llamar vida.
A diferencia de los viajes que habían hecho antes, el viaje a Astra era más pesado. La región estaba protegida por un cordón montañoso por el sur (desde donde el grupo pensaba llegar), y por un desierto más hacia el norte. Había sin embargo rutas desde el este y el oeste, por lo que debían llegar desde allí, y aquello les tomaría una semana. Durante esos días el clima no había mejorado, pasando de nublado a lluvias ("Genial época del año para llegar a este mundo" era el comentario general).
- ¿Y qué haces tú ahora?- le preguntó el moreno el día en que llegaban a Astra
- Quiero mojarme un poco bajo la lluvia, tengo sueño todavía- respondió ella mirando al cielo, pero Eduardo la agarró del brazo
- Andando sirenita, tenemos muucho que hacer hoy
Después de caminar un par de horas vieron finalmente una muralla enorme y majestuosa, que impedía el paso excepto en una zona, bajo un arco que en letras talladas en arietano decía algo como "Atrás aquellos innobles, que osen entrar a Astra, o la fuerza de la hermana los castigará". Rubí se turbó, pero la castaña la invitó a cruzar; después de todo, lo que iba a hacer era algo bueno. Al pasar por él, repentinamente dejó de llover; de hecho parecía que fuera de la ciudad seguía lloviendo a cántaros, pero ninguna gota tocaba el suelo de Astra.
- Vaya, ¿Aquí nunca llueve?- preguntó Rebeca, Kari la miró molesta y recibió la misma mirada de la pelirroja
- Aquí dentro nunca llueve- contestó la fag como su fuese obvio
- ¿Algo así como un microclima?- dijo Sean sumándose a la conversación; Kari asintió con la cabeza
- La energía de la luz aquí es muy fuerte, - murmuró Rubí
- Así que la sombra, el agua y el viento sólo llegan en cantidades limitadas- completó Kari
- No entiendo
- La triada oscura- hizo referencia el hada, con las manos hacia adelante y una ceja arriba; pero los ahora siete muchachos seguían sin entender nada- Ah, dioses… ¿que tenga que explicarles todo?
… Los Seis Elementos o "Estados Elementales" se dividen en dos grupos, dependiendo de su dios defensor. Kameria, la hermana, maneja la Triada Clara, o elementos cálidos, que son los estados de Luz, Tierra y Fuego; Kobalte, el hermano, maneja la Triada Oscura, o elementos fríos, que son los estados de Sombra, Aire y Agua.
- Pues… Astra es la cuna de la Leyenda de los Dos Hermanos, y es la capital bendecida por Kameria, así que aquí se potencian los poderes de luz, tierra y fuego, y principalmente la luz pues aquí reside el guardián de la piedra de la luz
- ¡Momento!- interrumpió Rebeca irritando aún más a Kari- ¿Aquí está el guardián de la luz? ¡Sara, aquí está tu piedra!
- Si es como dice Kari…- decía la castaña, en eso se escuchó refunfuñar al hada
- Pues si pueden deducir solos, ¡vayan a buscarla solos!- y se perdió entre la gente, todos quedaron extrañados
- Así ha estado todo el día- repuso Alejandro atrás
- ¿Siempre es así?- preguntó la nueva
- Más o menos- respondió Rebeca
- ¿Será el lugar?- preguntó Sean
- Puede ser
- O quizás las lluvias le afectaron- dijo Naoko
- Bueno- decía Alejandro- supongo que tendremos que buscar dónde quedarnos sin ayuda de ella
- Sí, ¿verdad Janito?- dijo Rebeca apretando las mejillas de su hermano
- Por supuesto, Bequita- respondió éste con el mismo gesto, apretándose las mejillas. Se veían ridículos, pero a Rubí le daba celos, y nostalgia; hace días se preocupaba con Zafiro sobre su otra hermana Esmeralda y ahora había perdido a una para siempre y la otra tal vez correría el mismo destino
"Esmeralda… haré lo posible para salvarte, no dejaré que te pase lo mismo que a Zafiro…"
Caminaron recorriendo la ciudad, mucho más grande que todos los pueblos que habían visto antes, mientras la gente los observaba extrañadas como siempre, aunque ya se habían acostumbrado a que sus ropas fueran reconocidas como "fuera del planeta". Dando vueltas por ahí pasaron por una especie de cafetería (pues el aroma parecía a café), y cruzando la calle encontraron una posada con precios baratos. Entraron a la casa que tenía un recibidor con un poco de gente, cuando en eso una persona de capucha chocó con Eduardo tratando de salir; justo iba a recriminarle el empujón.
- Disculpe, señor- pero una voz femenina salió del traje ahogando los intentos de pelear del moreno.
Por alguna razón la voz de la mujer le pareció llamativa. Al llegar al mesón no pudo evitar tener ganas de preguntar quién era, pero se contuvo para dejar hablar a Sara.
- Buenas tardes
- Buenas- dijo el recepcionista mirando algunos papeles en el mesón-, bienvenidos. ¿Desean una habitación?- "No, si venimos a verlo a usted" pensó Eduardo de inmediato
- Este… queremos una habitación común con seis- pero se dieron cuenta de la convidada- perdón, siete camas si es posible
- Creo que justo hay una habitación común desocupada- El sujeto levantó la mirada naturalmente, pero al ver el rostro de Sara se llevó las manos a la boca- ¡Dioses! Pero si usted acaba de salir…- Miró hacia la puerta, luego unas llaves en la mesa, y volvió a mirarla a ella- Oh, perdón. Creo que la confundí. ¿No le han dicho nunca que se parece a Aisa Valerne?
- ¿Aisa Valerne?- preguntó extrañada la castaña
- La señorita que acaba de salir- respondió- La renombrada kamenkista de Arlenia, Aisa Valerne. Vino por el campeonato de KaMenKo que se hace este año en la ciudad…
[i]"Si ves a una muchacha llamada Aisa, dile que estoy bien"[/i]
- ¡Elliot!- Eduardo entonces se acordó del favor que le había pedido Elliot en Isania, y recordando aquel nombre salió disparado detrás de ella, pero antes de cruzar la puerta Sara trató de detenerlo
- ¿Oye, adónde vas?
- Sara, lleva mis cosas- se sacó el bolso y lo tiró al suelo, antes de volver a correr fuera de la posada
- Y a éste qué le pasó- murmuró la castaña- ¿Y me llamó Sara de nuevo?
A las horas después un decepcionado Eduardo entró en la habitación, sin poder responder cuando le preguntaron por qué salió desaforado hacia el exterior; el resto no lo entendería, pero él sentía que por alguna extraña razón tenía que cumplir con ese favor, como si el compromiso que hizo fuese muy fuerte. Más tarde pensaron que sería mejor ponerse a buscar al elegido de la luz, pero Kari (que había vuelto con el grupo sin humos en la cabeza) los atajó: ¿no era más probable encontrar esa información en el Palacio de Astra? Tal vez hasta el Rey sabía quién era el susodicho. En realidad Kari soñaba con ser recibida con fanfarrias y confeti, como una heroína, y el resto también se había dado cuenta, pero con lo cascarrabias que estaba prefirieron no fastidiarla y darle en el gusto.
Antes de la hora de almuerzo, el grupo y Rubí se encaminaron hacia palacio, pero sabiendo que no podían pedir una audiencia con su majestad así como así, Kari habló con los guardias y les pidió que la dejaran entrar, pues la Conexión había llamado a ese grupo de personas. Sin oponer resistencia los guardias lo permitieron, primero, porque ya conocían a Kari, y segundo, porque ya conocían el carácter de Kari. Unos metros más allá los alcanzó un sujeto alto y espigado, de cabello canoso corto y anteojos.
- ¿Elegidos teiranos? Kari, mucho tiempo sin verte
- Bernardo, cumplí con mi misión- Kari mostró al grupo- Ellos son, vengo a ver a su majestad
- Claro, pasen- el hombre los invitó a continuar- Por cierto, mi nombre es Bernardo, y soy el amo de llaves del lugar
- Mucho gusto- Respondieron amablemente algunos
Avanzaron más adentro pero caminaban apenas, maravillados con la majestuosa construcción de blanco mármol, sólida como roca. El recibidor no terminaba nunca y los pasillos de la gente de servicio y algunos patios interiores podían verse desde la entrada.
- ¡Quiénes son ustedes!
En eso una voz ronca y autoritaria resonó por toda la antesala del castillo, asustando al grupo, incluso a Kari. Al voltear a la puerta de al fondo encontraron a un hombre alto y macizo, con un estómago prominente así como brazos gruesos cubiertos por la túnica de seda púrpura que llevaba en ese momento. El hombre ni se dignó a presentarse y por la cara de insolencia que tenía supusieron que era un personaje importante...
... Y sí que lo era.
- ¡Bernardo! ¡¿Qué hacen estos mocosos en mi castillo?!- preguntó impetuosamente al hombre que les había permitido la entrada al lugar
- Su majestad, estos muchachos son los enviados teiranos- respondió éste-, desean hablar con usted...
- ¿Eh? ¿Te refieres a "ellos"?- El tono de voz del hombre cambió radicalmente- Pero si mi esposa los llamó hace muchísimo tiempo y...
- Créame, señor- insistió Bernardo- Son ellos
El viejo se volvió a verlos detenidamente; sus ropas eran para nada arietanas, y no había visto las características de Naoko en ninguna parte. De pronto detuvo su vista en Sara...
"No puede ser… es igual a..." pensó con una mezcla de rencor y pena.
- Tú- dijo a ella- ¿Cuál es tu nombre?
- Ehh- Sara estaba nerviosa- Sara Gutiérrez, señor...
Siguió examinando al grupo y ahora miraba atentamente a Eduardo; parecía igual de sorprendido que con Sara
- ¿Y tú?- preguntó al moreno
- Eduardo Zenteno, señor…
- ¡Arrodíllate!- le chilló Kari- ¡Todos ustedes, arrodíllense! ¿Qué no ven que están ante su majestad el rey?
- ¡¿El rey?!- dijeron todos sorprendidos
Tratando de enmendar su ignorancia, los muchachos se colocaron de rodillas y mirando al suelo intentaron murmurar palabras de respeto. Su majestad no tenía buena cara.
- Ustedes...- decía- ustedes son... ¿habitantes de la Tierra?- Los 6 muchachos asintieron con un poco de miedo. Rubí se apartó esperando que no le preguntaran nada todavía, pues sería difícil de explicarle a qué había llegado a ese lugar. De pronto el viejo volvió a detener la vista en Sara; esta vez se quedó mirando su medalla- ¿Puedo verla?- le preguntó
- Claro… su majestad
"La misma voz…" pensó el Rey para sus adentros. Acercó su mano a la de Sara, quien le ofrecía la medalla. La tomó y la miró con detenimiento; para él no había duda.
- Síganme- habló a los ocho presentes
Avanzaron hacia lo profundo del palacio, escoltados por cuatro guardias reales y Bernardo, el mayordomo que les había recibido al llegar. Notaron varios cuadros de tiempos remotos, probablemente de óleo, y dispuestos en costosos marcos. Después de todo no hacía falta que quien los guiara se presentara como Rey; aquellos detalles le hacían mostrar su poder económico en la nación.
Llegaron frente a una puerta grande de madera oscura y fuerte, y al abrirla se encontraron con un mesón que parecía eterno. El hombre mayor se sentó en la cabecera de la mesa, e invitando al grupo a tomar asiento al igual que él, ordenó a los guardias custodiar la entrada al salón y Bernardo a quedarse con él.
- Discúlpenme por no presentarme apropiadamente- habló el hombre- Mi nombre es Dienne Astrel, rey de Astra- El sujeto entonces le devolvió la medalla a Sara, que se la volvió a colgar en su cuello- Debía dudar de ustedes para estar seguro de que son los elegidos, en estos últimos tiempos no podemos confiarnos- Respiró profundo antes de lo taparan a preguntas- Sé que tienen muchas dudas, y se las contestaré todas, pero antes quiero saber dos cosas: sus nombres, y qué es lo que saben acerca de lo que está pasando
- Bueno, ya me presenté. Soy Sara, guardiana de la luz
- Y yo Eduardo, guardián de la sombra
- Yo soy Rebeca Fernández, guardiana del agua
- Y yo su hermano, Alejandro, guardián de la tierra
- Me llamo Naoko Kido, y soy la guardiana del aire
- Y yo me llamo Sean Harrison, guardián del fuego
- ¿Y tú?- le preguntó a Rubí, que había estado mirando hacia el suelo todo el tiempo- ¿Quién eres tú?
- Yo… Mi nombre es Rubí, su majestad
- ¿Y qué haces aquí? Tú no eres de los elegidos…
- Les he contado sobre la leyenda de la Docena Divina- interrumpió Kari con un dejo de temor- sobre los dioses hermanos, y algo sobre nuestro enemigo
- ¿Entonces saben sobre la leyenda de la Docena Divina?- preguntó Dienne obviando el tema de la desconocida
- Sí
- ¿Y qué hay de la Docena Maldita?- preguntó su majestad
- ¿"Docena Maldita"?- preguntaron algunos
- Conque no lo saben- El rey se sobó el mentón y procedió a explicarles- Maeshen está obsesionado con obtener el mismo poder de La Conexión, el encargado del control espacio-temporal de ambas dimensiones donde reposan Ariet y Teira, su mundo. Para eso, al igual que la Conexión, tiene un ejército de doce… "generales"… encargados de protegerlo y cumplir sus mandatos; ellos son la "Docena Maldita"
- Señor…- musitó Rubí asustada- Yo… yo era parte de la Docena Maldita de la que usted habla
Antes de que el rey pudiera reaccionar y hacer o decir algo al respecto Kari se acercó a él.
- Señor, está arrepentida y quiere cooperar con nosotros
- Una de sus hermanas fue asesinada por uno de los otros secuaces de Maeshen- argumentó Naoko
- Y la otra está cautiva- agregó Rebeca
- Por favor, déjela ayudarnos- suplicó Sara. El rey Dienne no sabía cómo mirarla; algo en sus ojos lo hacía débil ante lo que pedía, pero también hacía brotar una rabia inmensa
- Ella no es de fiar para mí- respondió
- Lo suponía…- murmuró Rubí, mientras lloraba de impotencia
- Con lágrimas no vas a comprarme- aseguró su majestad-… pero si tan preocupada estás por tu hermana, estoy seguro que tus servicios no serán gratis, y que querrás que la rescatemos- Rubí asintió con la cabeza- Entonces habla
- Maeshen está escondido en Morgan, al sur de Mega- dijo la mujer entre espasmos
- Recuerden que Mega es el otro continente- le susurró al grupo la fag
- Por lo que pudimos escuchar con mis hermanas… Maeshen planea tomar el control de Císega, para hacerse de su ejército- Aquello sorprendió de mala forma al rey, a Bernard y a Kari
- ¿Dónde queda Císega?- preguntó Sara repentinamente
- ¿Por qué es importante esa ciudad?- preguntó esta vez Sean
- Císega es la capital de Mega, el continente del este- respondía el rey inquietado- y es conocida por su doctrina militar
- Tiene las ramas armadas más poderosas de toda Ariet- agregó Bernardo, preocupado también
- Si Maeshen controla a Císega, estamos perdidos- decía Kari asustada-, ustedes en la condición en la que están no pueden enfrentarse ni a ellos ni a sus otros generales
- ¿Perdón?- habló Alejandro esta vez, mostrándose ofendido- ¿Según tú en qué condición estamos nosotros?
- En la condición de perdedores…- contestó Kari
- Yo diría más bien en la condición de novatos- dijo el rey con un poco más de amabilidad- Ninguno de ustedes ha recibido instrucción militar, no saben luchar
- Pero nos hemos defendido bastante bien- refutó Eduardo
- Vamos…- Rubí dejó de llorar y esta vez volvió con la actitud que le conocían cuando era su enemiga- Nos vencieron sólo porque nosotras somos…- pero corrigió de inmediato- éramos débiles- soltó algunas lágrimas- Salmon y los demás son miles de veces más poderosos que nosotras tres
- Entonces, si lo que dices es cierto, debemos actuar rápido- sentenció Dienne cabizbajo, luego volvió a mirar al grupo- ¿Tienen alguna otra duda?
El poderoso hombre miró a todos esperando que alguien dijera algo, y cuando iba a dar punto final la voz de Sara se alzó.
- Señor… su majestad- la muchacha temblaba un poco, tal vez por la autoridad a la que se dirigía- Es sobre los dioses. ¿Sabe usted si ellos eran…- pero Kari la silenció de inmediato
- Ehhh… ella se refería a que si fueron poderosos, semejante pregunta- se volteó hacia la castaña y la miro con cara de "sígueme la corriente"- Claro que fueron poderosos, niña
- ¡Ah! Claro, ¡perdón!- se disculpó y bajó la cabeza
- ¡Cómo se te ocurre preguntar semejante estupidez, niña!- la regañó la fag, haciendo alusión a la idea de que Kameria y Kobalte en realidad no era hermanos, sino que amantes
- ¿Nada mas?- preguntó una última vez el rey- Yo tengo una última pregunta, para esta mujer- habló refiriéndose a Rubí- ¿Por qué decidiste prestar servicios para Maeshen y ahora ya no?
- Pues… es una larga historia- contestaba ella
… Mis hermanas y yo vivíamos en un pequeño pueblo al oeste de Morgan, llamado Tweed. Trabajábamos para subsistir apenas, con nuestras habilidades, y aunque nuestro sueño era llegar a Císega y enrolarnos en el ejército de ese lugar tratábamos de disfrutar lo poco que teníamos.
… Estuvimos a punto de juntar el dinero para realizar nuestro sueño, pero un día unos bandidos atacaron nuestro pueblo y mataron a todos sus habitantes incluyéndonos. Agonizante, vi cómo un hombre se me acercó y me ofreció devolvernos la vida a mí y a mis hermanas, cambio de estar a sus servicios, y pensando en mis hermanas… accedí.
- Ese sujeto era Maeshen, y de esa manera nos capturó para siempre- relataba Rubí- Nuestros espíritus habitan estos cuerpos que en realidad sólo son carne descompuesta, sin vida, y a cambio de esta media vida debíamos servirle. Supongo que se cansó de gastar tiempo y recursos en mantenernos, y por eso nos mandó a eliminar- Rubí cerró los ojos- Sólo quiero rescatar el espíritu de mi hermana, para que podamos descansar en paz. Estoy arrepentida de haber hecho el pacto que hice. ¡Por favor, ayúdenme!
- Lo haremos- respondió esta vez el rey Dienne- De ahora en adelante nos servirás a nosotros, y con eso conseguirás rescatar a tu hermana. Vas a entrenar desde hoy en este palacio, aunque estarás en observación por un tiempo
En eso aplaudió un par de veces y apareció un guardia de palacio.
- Quiero que te la lleves al cuartel, que el capitán a interrogue, y si pasa las pruebas, que la ponga en observación
El sujeto tomó el brazo de Rubí y la condujo al interior de palacio, ante la mirada extrañada de los demás.
- No le va a hacer nada malo, ¿verdad?- preguntó Sara
- No si no nos ha mentido- contestó el rey- Ahora, les sugiero que acompañen a Bernardo al cuarto de mi hija mayor
En el camino, Bernardo y Kari les explicaron al grupo que la princesa Marlene, La Conexión, descansaba en su recámara todo el tiempo debido a su extraña enfermedad de hace años. Kari ya les había dicho antes que aquella enfermedad era letal, y en algún momento, tarde o temprano, Marlene moriría, aunque al rey Dienne no le gustaba el tema por lo que decidió no acompañarlos. Aún así, Marlene cumpliría con su labor hasta el último día.
Subieron al segundo piso y fueron pasando por puertas que parecían de recámaras. Aquella ala tenía cuatro puertas y al principio del pasillo había un retrato de la Familia Real. El resto avanzó con Bernardo, pero Sara se detuvo a mirarlo detalladamente y notó que el tiempo que tenía el retrato era bastante: el rey se veía mucho más joven, y tenía tres niñas de más o menos la misma edad. No sólo eso, la reina también estaba presente, "Ella está muerta" recordó. Cuando dejó de hacerse preguntas tal vez inoportunas se dio cuenta que el grupo ya no estaba en el pasillo y que habían entrado a uno de los cuartos.
- Diablos, ¿y ahora qué hago?- se susurró
¿La uno, la dos, tres o cuatro? ¿Cuál habría sido la puerta que abrieron ellos? Sería una falta de respeto invadir la privacidad de las doncellas de palacio, pero el tiempo apremiaba así que abrió al azar una de ellas. Lo que vio adentro le sorprendió aún más que el retrato.
La habitación era sin duda de una jovencita, y tal vez de su misma edad, porque el vestido que descansaba sobre un maniquí en un rincón era de su mismo talle. Lo primero que le llamó la atención era que el aire que se respiraba allí adentro era viciado, signo de que no se abría desde hacía tiempo; aún así ni una sola partícula de polvo podía encontrarse en los muebles, la cama estaba hecha y todo estaba limpio y ordenado. De alguna forma extraña sintió una conexión con esa habitación, no como si la hubiera conocido de antes, sino que algo en ella le pertenecía y se había ido de allí.
Entonces reaccionó y recordó que los demás estaban con la princesa Marlene. Asustada salió rápidamente del lugar y al llegar al pasillo y voltear hacia las escalas divisó una figura femenina que venía de la escala, la que también se asustó tal y como el rey había reaccionado en un principio.
- Tranquila, vengo con el grupo teirano- dijo tratando de explicar la situación. La mujer, con un vestido a todas luces carísimo, y con un cintillo de diamantes, no podía ser otra de una de las princesas del castillo. Su tenida distaba demasiado de las ropas extrañas de la teirana, pensó, por lo que le creyó
- Papá me dijo que querían hablar con Marlene, ¿qué hacías en esa habitación?- preguntó ella
- Me… me perdí- respondió Sara nerviosa
- Entiendo- respondió la princesa sonriendo- Tranquila, soy Mireia, la segunda hija del rey y hermana de Marlene. La puerta siguiente es la de Marlene, voy contigo
Y la mujer encaminó a la muchacha hacia la habitación de la princesa mayor, todavía un poco nerviosa.
- Buenas tardes, elegidos teiranos- La mujer se incorporó en la cama y les dedicó una sonrisa. A pesar de estar enferma, lucía frágilmente hermosa- Mi nombre es Marlene, y soy la persona que les trajo hasta aquí
Kari voló hacia Marlene y le susurró algunas palabras, ante lo cual la mujer asintió varias veces. Acto seguido la princesa volvió a dirigirse al grupo.
- Kari me menciona que llegaron hace un par de semanas, y que han estado acostumbrándose e informándose sobre la situación de nuestro mundo con éxito
- Más bien, sobreviviendo- señalo Sean
- Hemos recibido ataques de Maeshen- agregó Naoko
- De parte de su Docena Maldita- finalizó Eduardo
- Ya veo- dijo la mujer- Ustedes también formarán parte de una docena, aunque veo que falta alguien en el grupo
La pandilla notó entonces que Sara no había entrado con ellos, cuando en eso se abre la puerta dejando entrar a la castaña, llena de vergüenza, junto a la princesa Mireia.
- ¡Discúlpeme, su majestad!- gritó la muchacha haciendo una reverencia- Me quedé atrás y me perdí- Levantó la mirada provocando un grito de sorpresa en la hermana mayor
- Vaya… te pareces mucho a…
- ¿Aisa Valerne?- interrumpió Sara- Sí, ya me lo dijeron en la mañana, aunque no la conozco en verdad
Mireia y Marlene se miraron un tanto extrañadas y volvieron a mirar a la castaña.
- Sí, tienes un aire a esa mujer- respondió Mireia
- Más bien, diría que son como dos gotas de agua- contrarió Marlene, haciendo que Mireia le mirara con fastidio
- Aunque sabes que eso de los dobles es algo ficticio, ¿verdad hermana?
- Pues claro, Mireia- Marlene sólo sonrió
Pero no pareció caerle muy bien el comentario a la mujer, que luego de una reverencia se retiró de la habitación, dejando a todos extrañados.
- Disculpen a mi hermana. Ella es un poco… sensible
- No se preocupe- dijo Sara
- En realidad, mi hermana y yo te encontramos parecida a otra persona- habló Marlene, adquiriendo la atención de todos los presentes- Tienes un parecido bastante grande a nuestra hermana perdida, que también se llamaba Aisa. El tema le afecta bastante a Mireia, y cada vez que la recuerda se pone arisca. En efecto, la kamenkista que mencionaste también se parece bastante a ella, y ella le provoca el mismo efecto
- Insisto, no se preocupe
- ¿Cuál es tu nombre a todo esto?
- Sara, su majestad
- Veo que tú portas la medalla- Trató de acercarse pero no pudo hacerlo, por lo que Sara se acercó a ella- Sí, es en efecto la medalla Teira- mencionó mirando detenidamente el artilugio colgando del cuello de la muchacha- ¿Y los demás? Preséntense también
Luego de que el grupo se presentara, comenzaron a contarle cómo llegaron a este mundo, obtuvieron las cuatro piedras que llevaban consigo, y cómo las Hermanas Carmesí trataron de apoderarse de ellas, hasta que Salmon mató a Zafiro y amenazó con volver a buscar la medalla.
- Ya veo- susurró la princesa- Ahora que saben que no pueden tocar las piedras, la medalla es la que corre peligro de ser robada- Miró a cada uno de los muchachos con determinación- Maeshen quiere a toda costa conquistar nuestro mundo, y vuestro mundo también; es por eso que desea tu medalla, Sara- Sara lo entendía perfectamente- Esa medalla es la llave que abre el portal entre Ariet y Teira, gracias a ella ustedes están aquí. Si cae en manos de Maeshen, estará todo perdido. ¿Lo entienden?
- Por supuesto- dijeron todos al unísono
- Creo que Kari ya les ha contado sobre nuestro enemigo, y cuál es la misión que deben llevar- Marlene sonrió- Me dijo también que algunos de ustedes deseaban regresar a sus lugares de origen… ¿Siguen pensando de la misma forma?
- No, princesa- respondió Naoko- Es importante que me quede aquí a ayudar
- ¿De verdad piensas eso?- le preguntó Alejandro sorprendido con la declaración, y sonrió al ver que la muchacha asentía convencida
- Me alegro que deseen quedarse por su propia cuenta en este lugar- declaró la princesa-, porque lamentablemente no estoy en condiciones de llevarlos de vuelta a su planeta. Estoy enferma, y mis fuerzas no son suficientes para cumplir con mi misión. Les ruego me disculpen…
- No se disculpe, su majestad- le pidió Sean
- Este problema también te afecta a ti, Sara- La castaña dio un respingo-, y al guardián de la piedra de la luz
- ¡Es cierto!- recordó Rebeca- Kari nos dijo que aquí se encontraba el guardián de Luce, la piedra de la Luz. Debemos hablar con él para obtenerla rápido
- Me temo que eso no es posible, chicos- respondió Marlene, decepcionando al resto
- ¿Por qué?- se escuchó al unísono
- Es complicado de explicar- decía ella-, pero lo intentaré, ¿vale?- Se acomodó los cojines y respiró profundamente- A diferencia de ustedes, los elegidos arietanos son descendientes de familias que fueron escogidas hace muchísimo tiempo para salvaguardar las piedras que guardan la esencia de los guardianes primordiales. Si uno de los guardianes muere, inmediatamente queda a cargo de la custodia de la piedra aquel familiar más próximo en la línea de sucesión, a menos que ese familiar renuncie a su puesto. De la misma forma, la Conexión puede pasar su cargo a otra persona de la misma sangre en caso de no poder cumplir
- Pero entonces… ¿Por qué usted no le ha dado el cargo a otra persona?- preguntó Sara
- Como a su hermana Mireia, por ejemplo- agregó Sean
- Pues porque ella tiene otro cargo en su poder, el de ser la guardiana de la piedra de la luz
"¿Entonces Mireia era la persona que estaban buscando?" Al grupo le parecía extraño que justamente dos princesas quedaran a cargo de tales tareas.
- Eventualmente podría dejarle el cargo a mi hermana más pequeña, Angélica, pero es demasiado joven para encargarse de esto. Habíamos pensado en traspasarle el cargo de guardiana de la piedra de la luz, pero por alguna razón el proceso no funciona en ella
- ¿Entonces?- preguntó Alejandro
- Un momento… ¿No creerá que su hermana…- comenzó a decir Rebeca
- Su hermana desaparecida…- siguió Naoko
- … sea la que deba asumir?- completó Sara
- Eso es lo que sospecho- respondió ella
- ¿Cómo desapareció?- preguntó Eduardo
- Fue raptada desde los alrededores del castillo- respondió entristecida la princesa- Ella acostumbraba visitar la iglesia y el mercado y prefería hacerlo sola. Un día no volvió más. La buscamos por todas partes… pero no hubo caso
- ¿Y qué hay de la kamenkista? – preguntó Sean- ¿No ha intentado hablar con esa mujer que dice se parece a su hermana perdida?
- Mi hermana Mireia lo ha hecho, pero dice que es una completa extraña, que no sabe nada de nuestra familia
- Entonces su hermana no sería esa mujer
- Y si lo fuera- agregó ella-, no nos recuerda ya sea por algún hechizo sobre ella, o por algún trauma- Entonces Marlene sacó un saquito de su bolsillo- Es por eso que necesito de su ayuda, muchachos- Abrió el saquito y lo dio vuelta sobre su mano, desde el cual salió una piedra blanquecina, con tonos ambarinos- Ésta es Luce, tu piedra- habló mirando a Sara- Te la daré en estos momentos, mas no puedes usarla porque no está sellada, ya saben acerca de eso
-Ajá- dijo ella recibiéndola en su mano, y sintiendo de inmediato una energía cálida emanando de ella
- La piedra es capaz de escoger a su guardián, tanto de Teira, como de Ariet. Ya sospechan lo que quiero que hagan, ¿verdad?
- Quiere que probemos si Aisa Valerne es en realidad su hermana perdida, ¿no es así?- dijo Sara
- Correcto- respondió ella- No es que desconfíe de mi hermana Mireia. Es sólo que el tema de Aisa le afecta tanto que… el miedo o la rabia la lleven a hacerse ideas. Si ella no recuerda nada de su pasado, entonces esta piedra es la única forma de probar que esa mujer es en efecto mi hermana
- Y entonces podrá traspasarle sus poderes a la princesa Mireia por completo antes de…- decía Kari, pero se detuvo antes de completar la frase
- Ya sabes, Kari, morir- pero Marlene le ayudó- Debo asumir mi destino, estoy preparada para ello, así que no se preocupen. ¿Podrán cumplir con el favor que les he pedido?
- ¡Pues claro!- respondió Sara
- No diga más- secundó Alejandro
- Déjenoslo a nosotros, princesa- pidió Rebeca- O dejamos de llamarnos "elegidos teiranos"- Al parecer Beca sufría de "delirio de superhéroe", porque era la segunda frase épica que se mandaba en poco tiempo. El resto la miró y se rió de la actitud de la muchacha, o se llevaron la mano a la cara de vergüenza
- Entiendo- dijo Marlene a quien también le había sacado una sonrisa- Me han dicho que esa mujer vive en Arlenia, el oasis escondido, al norte de Astra. Tengan cuidado, y háganse guiar por un arleniano al viajar al lugar, o se perderán en el desierto, y eso será aún peor, ¿vale?
El grupo asintió, mientras Sara miraba su piedra descansando sobre su mano, sin poder ser usada. Naoko había usado su piedra sin sellar, pero tal vez sólo había corrido suerte de no salir lastimada. De verdad parecía que las piedras escondían una fuerza sobre humana.
Luego de la reunión, la pandilla se retiró de palacio con una nueva misión: encontrar a Aisa Valerne. La misión le venía de perilla a Eduardo, que no se había atrevido a comentar nada con el resto; aún así tenía intenciones de darle el recado que Elliot le pidió. Sin embargo, ahora tenía una gran duda: ¿Elliot se refería a la Aisa princesa? ¿O a la Aisa kamenkista? Si ambas mujeres eran personas distintas, ¿cómo saber a cuál iba dirigido el recado? Más encima ahora pensaba en otro factor: ¿Y si la mujer había olvidado por completo al fantasma? ¿De qué serviría entonces el recado?
- Tal vez deberíamos partir preguntando en la posada- sugirió Sean
- Es cierto- secundó Sara- La chica salió de allí cuando nosotros entramos
- … No valdrá la pena, Matea- dijo Eduardo cabizbajo- Yo ya la busqué antes de venir al palacio y no había rastro de ella
- ¿Y eso por qué?- preguntó ella
- ¿Qué relación tienes tú con ella, oscurito?- preguntó esta vez Rebeca
Pero no sabía qué responder, así que se hizo el loco y cambió de tema de inmediato, sugiriendo buscarla en otros lugares por los que no había pasado.
Mientras tanto, en un rincón del mercado de la ciudad, se llevaba a cabo una reunión sumamente importante, de la cual dependía el destino del continente… no, ¡del universo entero!
- Secretario, tome la asistencia por favor- dictaba el que parecía ser el jefe, sentado en un trono hecho de cajas de madera y restos de papel y basura
- ¿Travis?
- Aquí, señor
- ¿Ethan?
- Por aquí, señor
- ¿Jack?
- No voy a contestar semejante estupidez, Paco- refunfuñaba un chico rubio, de tez tostada, con ropas más ligeras que las del resto, pero el niño sentado en el trono se incorporó haciendo temblar a los otros tres
- Dijimos que íbamos a hacer una reunión… ¡Y eso es lo que haremos! ¿entendiste, Jack?
- Pues no me parece justo que tú te tengas que sentar en el trono siempre
Ante la declaración, Paco se llevó una mano a la cara y mirando al cielo chilló:
- Está bien, siéntate en el trono
Jack pasó por el lado del otro chico y haciéndole desprecio con la cabeza, se sentó en el bendito trono y adquirió una postura desafiante.
- Entonces… la lista… ¿Paco?
- Aquí, señor- contestó mirando hacia un lado
- Bien. Hemos terminado la lista- habló el secretario, de nombre Claude
- Pues bien- comenzó a hablar el rubio- Hoy hemos de tratar un tema mucho muy importante para nosotros, y que nos va a afectar sobre todo durante nuestras horas de descanso después del almuerzo
- El rey tiene razón- secundó Paco- Habla de una amenaza mucho peor que las ratas que amenazaban con comerse los bollos añejos de la panadería, o de la bruja Hilda de la posada
- ¿Es peor incluso que el guardia morsa del banco?- preguntó Ethan
- ¡Mucho peor!- Jack tomó aire- Chicos… Voy a tener que abandonarlos todo el mes que viene- Los alegatos no se hicieron esperar, pero el rubio los trató de calmar- No hay nada que hacerle. Aisa necesita de mi ayuda durante su entrenamiento antes del campeonato
- Es cierto- decía Travis- ,cuando vienes con ella no podemos jugar. ¡No es justo!
- Pero eso no importa- los ojos de Paco brillaban por debajo de su boina gigante-, porque cuando ella entrena no tiene problema en que la veamos en el estadio
- ¿Sigues de admirador de Aisa?- le preguntó Claude
- ¡Por supuesto!- respondía con entusiasmo- ¡Estoy segura que va a ganar el campeonato!
De pronto todos se voltearon hacia el chico con cara de espanto.
- ¡Perdón! Quise decir… "seguro"- aclaró, y se largaron a reír
Entonces, de unas casas cerca del lugar, llamaron a Travis y a Ethan a comer. Al darse cuenta de la hora, Claude se fue para su casa a almorzar, y entonces quedaron sólo Paco y Jack.
- Oye- Jack le hizo señas con la mano para que se acercara a él y en su susurro le preguntó- ¿Quieres venir al estadio conmigo?
Los ojos de Paco se abrieron como platos
- ¿Qué estás esperando? ¡Llévame ahora!
El estadio de KamenKo de Astra quedaba colina arriba de la ciudad, en los límites de la urbe. Normalmente la gente transitaba con normalidad por los alrededores, pero debido a que en unas semanas más iniciaría el campeonato mundial de KamenKo las medidas de seguridad eran altísimas. Sólo podía entrar gente de la comisión entrenadora de los luchadores y encargados del evento. Jack cumplía con esa condición y no tenía problemas en ingresar, y por eso le llamó tanto la atención encontrarse un día con Paco mirando desde las gradas el entrenamiento de Aisa Valerne, la chica dorada de Arlenia que tenía grandes posibilidades de ganar el campeonato.
Aquel día se conocieron, y se acercó al muchacho de boina gigante en su cabeza conversando un montón sobre las tácticas del deporte, llamándole la atención que alguien con aparente poca preparación supiera tanto. Otra cosa que le llamó la atención fue su voz aguda, y sus enormes ojos azules. Unos días más tarde, hecho a la idea de que ese chico tenía algo sospechoso, le hizo una jugarreta y le robó la boina de la cabeza, dejando caer una larga cabellera dorada, que enmarcó el rostro de quien evidentemente parecía ser una niña. Paco, helada, le contó su terrible secreto: se llamaba Angélica, pero debía cambiar su apariencia para que la dejaran salir. "¿De dónde?" le preguntó Jack, "… del palacio real", respondió Angélica. El chico no le creyó mucho hasta que un día ella le invitó al castillo, a escondidas claro está, dándose un banquete digno de leyenda y enterándose entonces que su amigo-amiga era en realidad hija de su majestad el rey Dienne. Angélica le hizo prometer que guardaría el secreto, hecho que Jack todavía cumple, y mientras él le invita a sentarse en los primeros puestos de la tribuna para ver a su ídola, ella lo deja comer lo que quiera de la cocina del castillo.
Ese día era un día común y corriente, e iban camino a ver a la mujer entrenar, cuando se encontraron en el camino con un grupo peculiar de 6 personas y una fag, caminando hacia el castillo.
- Oye- le preguntó Angélica a Jack, apuntando a la castaña del grupo- Mira a esa chica
Jack la miró primero por encima del hombro, pero luego tuvo que volverse para observarla detenidamente. Para él, que conocía a la kamenkista en persona, esta otra chica era una copia exacta. Se quedó de piedra mientras el grupo se acercaba cada vez más, los que se detuvieron al ver que el par de niños no reacionaban.
- ¿Y a éstos qué les pasa?- preguntó Alejandro
- ¿Y qué me preguntas a mí?- le respondió Eduardo. Entonces Sara avanzó al frente y se agachó a la altura de los pequeños, y un poco molesta, les dijo
- Ya sé qué me van a preguntar. Y no, no soy "esa mujer"
- ¡Pues claro que no eres Aisa Valerne!- De pronto el niño rubio reaccionó y dio un salto hacia atrás obteniendo distancia- ¿Acaso eres un enemigo?
- ¿Eh?- pero Paco no entendía nada de lo que pasaba
- ¿Enemigo de qué, niño?- preguntó Kari acercándose al chico cuando éste sacó un cuchillo de entre sus ropas y lo abanicó en el aire alejando a la fag de sus alrededores- ¡Eh, cuidado!
- ¡¿Qué haces, niñato estúpido?!- gritó Naoko
En eso el chico se quedó quieto como piedra y comenzó a gritar desaforadamente:
- Aisa, AISA. AUXILIO!
En ese momento una ráfaga de viento cubrió el aire y en un santiamén una figura alta se interpuso entre el grupo y el par de pequeños. Estaba cubierto por una túnica de pies a cabeza, pero podían notar que sus manos cargaban unas dagas amenazadoras dispuestas a ser lanzadas directamente a sus cabezas.
- ¡A ellos; me dijeron "niñato estúpido"!
Pero en eso la figura se dio vuelta y bofeteó a Jack en la mejilla tan fuerte que lo tiró al suelo. Angélica no sabía si chillar de emoción o de susto. Pensaron que le gritaría pero habló apenas en un susurro, lo que la hacía más atemorizante.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no soy tu perro de pelea, Jack?
- Varias veces...
- Sé preciso, Jack
- Tres veces
- ¿Y acaso necesito golpearte una cuarta vez para que lo entiendas?
- Noooo. Duele mucho
- Entonces, ¿cuál es la lección del día?
- No llamar a Aisa por estupideces
-Muy bien- La mujer se acercó al muchacho y lo levantó de la solapa- Sacúdete, ya nos vamos- Se volteó hacia Angélica y haciendo una pequeña reverencia le habló- Con permiso, su majestad
- Pe... Pero cómo sabe que yo...- La niña estaba sorprendida, pero Aisa no
- Usted no necesita pedir permiso para entrar al estadio
- ... ¿Entonces no entré por mi astucia y habilidad?
- Me temo que no, princesa. Con su permiso
Sara iba a levantar la voz para llamarla, pero Alejandro la detuvo.
- ¿Estás loca? ¿Quieres que nos mate?
Y entonces la vieron marchar. Entendieron a la perfección el peligro que significaba preguntarle algo que le desagradara, así que tenían que idear otra estrategia ahora que ella pensaba que eran una amenaza. Llegaba prisa, ¿acaso sabría que andaban detrás de ella? No les quedaba otra opción que ir hacia donde se dirigía: Arlenia.
Arlenia se encontraba escondida en el desierto de la perdición, y era un oasis bien apetecido por su tierra milagrosa. Era además el lugar donde descansaba el templo a Kameria, la diosa blanca, por lo que los elementos claros estaban muy presentes allí. Arlenia además escondía una tercera cosa: el guardián de la piedra de la tierra, Gea. Si llegaban allá matarían dos pájaros de un tiro, pero el problema sería atravesar el desierto sin perderse. Sabiendo todas las adversidades y habiendo escuchado el discurso de Kari sobre ir solos a la boca del lobo, Sara y los demás avanzaron sin titubear. Después de todo, pensó la castaña, contaban con la bendición de los dioses. ¿Qué malo podía pasarles?
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