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Nuevo Génesis
Author:
Ender Sunrider PM
En principio todo era la Nada, no existía más que el blanco inmaculado de la armonía del caos. Pero llegó Soid y dijo: "¡Qué se hagan las letras!" y las letras se hicieron, salpicándose sobre la Nada y formando manchas en el sin color.
Rated: Fiction T - Spanish - Angst - Words: 2,522 - Reviews: 2 - Favs: 2 - Published: 05-30-10 - Status: Complete - id: 2812187
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Nuevo Génesis



En principio todo era la Nada, no existía más que el blanco inmaculado de la armonía del caos. Pero llegó Soid y dijo: "¡Qué se hagan las letras!" y las letras se hicieron, salpicándose sobre la Nada y formando manchas en el sin color. Las letras caían desordenadas, no había ninguna equidad ni raciocinio en su posición y estructura. Entonces Soid dijo: "¡Qué se hagan las palabras y que esas palabras formen frases y esas frases tengan significado". Y las letras se estructuraron generando equilibrio, orden y forma. Soid vio que esto era bueno y por ello comenzó su labor. El universo metafísico todavía estaba vacío, Nada lo componía y no existía el sentido. Y por eso Soid dijo: "¡Yo soy el ahora, pero puedo ser el siempre! ¡Soy mortal, blando, débil... y mis días se encuentran encerrados en el círculo de la cuarta dimensión: nacer, vivir, quizás reproducirme, pero de seguro al final, morir!"

"Sin embargo,..." Dijo. "...desde aquí el poder es ilimitado, sólo detenible por las fuerzas del infinito, aquí puedo crear y destruir a mi antojo y vencer así al Tiempo. Aquí puedo ser el hoy, pero también mañana seré el hoy, y dentro de mil años también lo seré, por los siglos de los siglos. El único Mal que puede afectarme es que ninguna parte de esta creación puede alterar mi estado físico y no habrá nunca, realmente una interacción existencial entre las fuerzas físicas de mis manos y las metafísicas de la imaginación... sólo seremos capaces de observar. He ahí mi maldición".

Y dándose cuenta de esto dijo Soid: "¡Por el poder de la palabra que se haga el Metaverso!" Y entonces el Metaverso fue, la Nada se abrió y giró de equidiscencia y constancia. Un remolino semiótico de posibilidades se expulsó a través de los dedos, toda la posiblidad de razón y sin razón, todo un atisbo de realismo y fantasía. Y el universo comenzó así con un nuevo génesis...

Esta es la historia de un creador exiliado y solitario. Dicho creador vivía en un cosmos más grande en el que sin duda la vida a la que le daba aliento era incapaz de concebir lo diminuto que este resultaba en la misma. Pero en su Metaverso él era el ser más gigántesco, exiliado de su propio paraíso por siempre. Sin poder nunca saborear los frutos que él mismo creaba y el espacio de bondad que él tejía. Dijo un día: "¡Qué se haga la luz...!" y continuó: "¡... pero que esta no queme ni marchite, no dañe ni arrebate, sólo que ilumine y llene de calor vital a todas mis criaturas!" Y la luz se hizo pero sin nunca dañar el espacio que tocaba, todo lo que no contactaba con la luz podía vivir en paz sin verla. Pero todo aquello que lo tocaba sólo conseguía ver un poco más y llenarse de vida. Nunca quemaba, nunca dañaba. Nunca calcinaba a las almas más insurrectas, sólo daba bien y recibía bien.

Luego Soid dijo: "¡Qué sean las aguas y las tierras! ¡Las aguas no serán saladas ni limitarán su composición a unas pocas criaturas! ¡Todos podrán disfrutarlas, no podrán asesinar ni dañar! ¡Todos se regocijarán porque un ser que tiene el Infinito como herramienta creadora entregará a sus criaturas el Infinito como obsequio paterno! ¡A nadie nada le faltará y nunca pasarán sed! ¡La Tierra será eterna, no habrá espacio faltante ni tampoco terreno infértil, todos podrán andar y entenderse, todos vivirán en este paraiso sin sentir que arrebatan o son arrebatados!" Y de está forma fue, las aguas se compusieron y las tierras también. No había infertilidad ni putrefacción, no había sal ni sedimento. Sólo fruta, frescura y plenitud. Las aguas no podían ni querían asesinar a los seres ni las tierras creaban espinas o venenos. Entonces Soid viendo que esto era bueno dijo: "¡Qué se hagan las criaturas parecidas a las criaturas de la tierra física! ¡Pero que ninguna sea carnivora ni se dañen entre ellas! ¡Qué no existan los líderes ni la naturaleza devoradora! ¡Que no haya competición ni Darwinismo! ¡Qué no exista la enfermedad, el dolor ni el tiempo! ¡Porque estos no serán necesarios, ya que la muerte tampoco habrá de existir! ¡Qué no haya aburrimiento en sus almas y que todo conocimiento que deseen obtener sea saciado! ¡Qué surja el hombre y la mujer como un sólo ser parejo e ideal y no como las peores de todas estas criaturas! ¡Qué no haya ambición más allá de la constructiva! ¡Qué no exista el deseo de destruir, despedazar ni eliminar! ¡Qué sólo quieran hallar la felicidad entregando felicidad a los demás y recibiendo mientras comparten! ¡Y qué... en definitiva: qué se parezcan lo menos posible a mí y a los seres de mi naturaleza! ¡No se hallara en ellos ni mi imagen ni semejanza! ¡Y ninguno de estos seres se impondrá como reyes sobre el resto...! ¡Lo compartirán todo y serán felices de hacerlo!"

Y fue tal como dijo Soid. Las criaturas surgieron y llenaban la tierra, pero como la tierra era infinita no les faltaba espacio. No eran capaces de sentir dolor ni necesidad, sólo una eterna felicidad al compartir el mundo y sus frutos entre ellos. Cuando nacían decidían si deseaban ser hembra o macho y con quien y como yacer. Ninguno se imponía sobre el otro porque no existía la necesidad, no hallaban el sentido a una acción que nada les aportaba. No podían repartir un dolor que no existía, no podían someter unas almas invictas, equilibradas y satisfechas. No hallaban con que comprar sus acciones ya que todas sus necesidades estaban cubiertas y no había pesar alguno. Siempre comían hasta estar saciados y bebían por el placer de hacerlo, ya que tampoco existía el hambre y la sed. No llevaban ropa alguna dado que el frío y la vergüenza no tenía cabida en un mundo en el que todos se aceptaban y una luz y terrenos permanentes les daba calor y bienestar. Eran todos cultos e inteligentes porque no se les prohibió la manzana del conocimiento y porque no existía ningún ángel desterrado por siempre, dado que para Soid todos sus hijos son iguales y no habían favoritos. Por tanto no podía existir un alma rencorosa o envidiosa que deseara destrozar al resto de las criaturas. En su lugar todos aprendían algo nuevo en su vida eterna, su interminable hoy. Todos jugaban y se divertían, todos traían cuestiones al mismísimo Soid, al que trataban como a uno más no por arrogancia, sino por aceptación.

Un día le decían: "Dime... ¿Quién soy yo?"

Y Soid decía "Eres mi hijo al que más quiero".

"¿Por qué estoy aquí?" Le preguntaban.

Y Soid respondía: "Porque te he creado para que disfrutes en mi paraiso".

"Si quisiera marcharme..." Le preguntaban. "¿Me dejarías ir?"

Y Soid reclamaba: "Si pudiese hacerlo lo haría, pero en el mundo físico en el que estoy no tengo poder para trasladar a mis creaciones del mundo metafísico. No conozco ciencia que pueda llevarte a este plano de la existencia ni capacidad para adquirir ese conocimiento".

"Pero... ¿Por qué quieres hacer eso hijo? ¿No eres feliz aquí? En este mundo mío sólo hallarías infelicidad y dolor, no merece la pena porque puedes surgir con oportunidad o sin ella. Y encima es un dolor perpétuo que te roerá y al que te querrás aferrar con fuerza evitando la desaparición en esa realidad. Y ni siquiera eso te permitirán porque sólo estarías temporalmente y algún día algo o alguien te echaría para cogerte el sitio y desaparecerías para siempre."

Y entonces contestaron: "Sólo es curiosidad pero todo tenemos y nada necesitamos, sólo lamentamos no entender las razones de tu desconsuelo. ¿Quieres jugar con nosotros?"

Y Soid se construía un cuerpo y jugaba con ellos, comía con ellos, bebía con ellos, compartía con ellos, yacía con ellos tanto con machos como con hembras, tanto individual como colectivamente, y ninguno de sus hijos se sentía menos que otros porque para él cada uno de ellos era especial a su manera, se sabía sus nombres, los recordaba todos y si no podía se esforzaba por hacer que su memoria física pudiera conseguir lo que sólo ellos con su capacidad Infinita podían lograr, ellos lo entendían y valoraban su esfuerzo. Les enseñaba y les hablaba de su universo, les decía sobre sensaciones que no siempre comprendían. Les hablaba del odio, del dolor, de la rabia, la tristeza, la pasión, el sufrimiento y el martirio. Les hablaba de la impotencia y la desigualdad, de la incapacidad de tener y de la competición. A veces reían porque no entendían como a ellos les podía resultar tan difícil lo que fácilmente podrían conseguir si los físicos hicieran como ellos. No entendían la presión, ni la imposición. No entendían el desamor ni la idea de crear más necesidades. No entendían el aburrimiento pues nunca lo habían padecido. Y ellos jugaban, reían y compartían en un universo en el que sólo el hoy existía, existe y existirá, por siempre...

El Creador observó los cielos físicos donde las estrellas a lo lejos refulgen. Su odio era su arma más mortifera, su rabia se manifestaba cuando a los cielos gritaba: "¡Así, así es como se hace! ¡Bastardos, hijos de puta, así es como se deben crear a las criaturas!"

"¡Sí, os señalo a vosotros falsos padres...!" Dijo alzando un dedo hacia el infinito. "¡Os señalo a vosotros bastardos, a todos ustedes que por culpa de vuestra indignidad y arrogancia sólo sabéis dar y quitar, sólo sabéis generar desequilibrio, odio y desigualdad, sólo sabéis crearme a mí y a los míos!"

"¡Te hablo a ti arrogante Zeus, a ti y a tu estúpida camarilla! ¡Y también a ti jactancioso Ra, a ti y a los tuyos! ¡No me he olvidado de Odín y su cuadrilla de nazis pretenciosos, ni del idealismo egoista del disco solar Atón! ¡Támpoco de ti, Yavhé, señor de las venganzas y la mezquindad que busca subditos en lugar de hijos, ni de ti Señor, al que me niego a llamar padre...! ¡Un padre da lo mejor a sus hijos, no se los arrebata, no genera en mí furia, no quita a los demás para darme a mí ni hace lo contrario, no crea el dolor, ni la sin razón! ¡No destruye ni degrada! ¡Y tú no haces nada más que eso!"

"¡Oh Alá, tú... el actual dictador del mundo oriental! ¡Tú que le has dado a la mujer un papel inferior...! ¡En ti escupo como en todos los demás! ¡Y tú Viracocha: Canibal y eterno pederastra que sólo se sacia con la sangre de sus hijos! ¡Ojalá hallaras el sufrimiento en los altares donde han sangrado por ti! ¡Y el Demiurgo y Buda... vosotros dos sois unos nihilistas que han dejado solos y desamparados a sus hijos como los que abandonan en mi realidad física a los bebés en orfelinatos y cubos de basura! ¡Todos, todos sois asquerosos, todos sois megalómanos, infantiles y malcriados! ¡Todos sobornáis con el Cielo y chantajeáis con el Infierno! ¡Todos, maldito seáis, nos habéis condenado!"

Pero nadie contestó en aquella boveda llena de estrellas, sólo se oía el eco de su maldición. Quizás fuere porque hace tiempo que no escuchan este mundo o quizás porque los dioses eran entes creados por los seres de la realidad física con el objetivo, (casi siempre conseguido), de dominar y someter a otros seres de la realidad física. Un grito irracional de rabia se escuchó en los cielos y llegó incluso al plano de la Metarealidad, y a través del Metaverso los hijos e hijas de Soid le preguntaron: "Padre ¿Qué te sucede? ¿Por qué actúas así?"

Y Soid dijo: "Porque he fracasado. La única razón por la que os he creado ha sido por rencor y venganza. Y posiblemente sólo sea venganza contra otros seres inexistentes que sólo están en otro plano de la realidad Metafísica... no hallo culpable alguno y cometo el error de buscarlo. Soy un fracasado."

Y Soid lloró. Lloró de impotencia y de rabia, de odio y de quemazón. Lloró por haberles fallado a sus criaturas, que aunque siempre eran felices y no conocían la tristeza eran capaces de aprenderla. Y como no podían compartir con su padre empezaban a sentirse infelices.

"¡Ven a jugar padre,...!" Decían. "¡...ven a yacer y a comer con nosotros! ¡Ven a disfrutar, a compartir!"

Y Soid contestó en llanto maltrecho: "No puedo... sólo puedo crear la ilusión de un cuerpo que puede yacer, compartir y comer con vosotros. Pero no puedo llevar esas sensaciones a mi cuerpo físico. Desde aquí soy capaz de seguir creando a través del Metaverso pero también estaré necesitado de cosas esenciales para que yo viva, tanto naturales como artificiales. Necesitaré agua para apagar la sed, comida para devorar el hambre y las vuestras no pueden saciar mi apetito físico. Necesito gente con la que interactuar, almas físicas con las que conectar o caeré en la locura y el desconsuelo. Y encima estoy atado a mi moral y orden impuesto en el inconsciente tras años y años de aprendizaje, elementos artificiales creados desde hace milenios que se han ido modificando pero del que nunca llegamos a ser libres los míos. Además cuando sacio mis apetitos yo me encargo de crear otros nuevos para seguir sufriendo. No lo hago conscientemente, es algo de lo que no puedo escapar. Siento aburrimiento y desazón, siento la necesidad de trascender. Me duele todo y no puedo sanarlo y estoy condenado a sólo poder observar y crear en vuestro universo, estoy maldito".

Y ese significó el fin de sus hijos. Todos lloraron junto a su padre, intentando compartir ese dolor.

"Padre, no sabes cuanto lo sentimos" Decían. "No sabes lo que nos duele el no poder dar".

Y Soid comprendió que su fracaso había sido total. Sus hijos murieron voluntariamente porque no podían soportar estar en un paraíso y no poder entregarle nada al padre que les había creado, nada con que poder agradecerle. La tierra que nunca había generado veneno se marchitó con la sangre que antes corría eterna en las venas de aquellos seres inmortales. Las aguas se evaporaron y la luz desapareció dejando sólo oscuridad y caos.

"¡No! ¡No! ¡No!" Decía Soid. "¡Volved hijos, volved! ¡No merecéis morir! ¡Vivid por favor, vivid y sed felices por siempre!"

Pero nada podía hacer, la paradoja había evitado la posibilidad de crear. Y Soid sabía que si de verdad hubiese querido resucitarlos podría haberlo hecho a través del Metaverso con apenas un gesto, un pensamiento. ¿Pero cómo darles el conocimiento total a la vez que la felicidad sin la capacidad de entregarle a su propio padre? ¿Y cómo podía hallarse indiferente de otros constructores habiendo creado otros universos metafísicos en los que sus criaturas sufrían aunque fuese con la idea de hacer reaccionar a los miembros de su realidad física y conseguir que entre todos la cambiasen?

Y Soid llorando dijo; "Lo siento hijos míos, lo siento".

Sólo quedó amargura y odio... a algo más que a los demás. Odio a sí mismo.

Y estás fueron las últimas palabras escritas eternamente aquí a través del Metaverso.

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