
Después de grandes hitos ¿qué hay?
Rated: Fiction K+ - Spanish - Words: 499 - Reviews: 3 - Favs: 1 - Published: 06-25-10 - Status: Complete - id: 2821727
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… Y después
Ya todos los asistentes se habían ido, hace más de media hora, quizás. No le había dado mucha importancia al reloj después de verlo y darse cuenta de que la ceremonia empezaba puntualmente. La misma estuvo a la altura, tal vez hasta mejor de lo que había esperado y, ahora que había terminado, por alguna razón, todo lo que pasó en la segunda parte le fue indiferente. Hasta cuando el mariachi cantó sólo tres canciones cuando pagó por cinco, no le importó.
Ahora que lo pensaba, no podía creer que se había preparado para ese día por seis meses… ¡Seis meses! ¡Cómo de rápido llegaban los acontecimientos fijados, y qué tan larga era la espera!
Miró la carpa blanca por sobre su cabeza. La luz se colaba por ahí y, de alguna forma, le dio fuerzas a sus piernas para ponerse en pie y llevar la silla de plástico a ponerla cerca de las demás.
Con ayuda de un encargado, las volvió a poner en su sitio y luego, se vio en frente al camino de salida.
Caminar hacia la esquina para coger un taxi le pareció como si fuera un mal necesario. Por lo menos, al primero que tendió la mano, le recogió.
No se dijeron nada más que: "¿A dónde le llevo?", "Mi casa", había pensado. Y le costó dar con la dirección para que el conductor entendiera dónde era su casa.
Miró por la ventana en silencio, dándose cuenta de los pasos de los años por su cuerpo, como si el cansancio de lo vivido se hubiera absorbido por cada uno de sus células tan lento que sólo en pocos momentos, era apreciable.
Pues ese era uno de esos momentos.
Tal vez por que ese día era uno de esos que veías venir, que sabías que cuando llegara significaría que terminaba algo, porque has vivido. Pero no se sentía con ánimos de filosofar sino, simplemente, con los años pasándole factura.
Mientras el taxista manejaba el ver la calle, la gente, el día soleado y a veces hasta el cielo azul, dejó a su mente totalmente despejada.
Y, cuando salió del auto y vio su casa, hasta esbozó una sonrisa. Nada como descansar para dejar de sentir ese cansancio.
Abrió la puerta y se quitó los zapatos en seguida. Mientras iba caminando de una vez al dormitorio, se abrió algunos botones para airarse un poco el pecho.
Cuando pasó por la biblioteca, sintió esa necesidad tonta que a veces le asaltaba. Sacó Huckleberry Finn, lo abrió y lo acercó a su nariz… ¡Ah! ¡Cómo le encantaba el olor dulzón que tenían ciertos libros viejos…! Miró a su cuarto por la puerta abierta. La cama no estaba hecha, pero eso no le importaba. Sólo pensaba que a los dos les había encantado ese olor por más de 38 años de casados y que, aunque llevaba más de dos semanas sin dormir juntos; en lo fría que estaría la noche sin que el lado derecho estuviera ocupado.
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