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Mercenario
Author:
Ender Sunrider PM
¿Qué quién soy? ¡JA! Alguien que tiene mucho que ofrecer, uno que se juega el culo por ti en mayor o menor medida... dependiendo de lo que quieras pagarme.
Rated: Fiction M - Spanish - Sci-Fi/Drama - Words: 4,470 - Reviews: 2 - Favs: 1 - Published: 07-09-10 - Status: Complete - id: 2826598
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Mercenario



Agarré con fuerza la tarjeta magnética y apreté los dientes con tensión. El aire estaba viciado, olía a el viejo y extinguido combustible que era la gasolina y a coño postorgásmico. La fortuna era una puta ojerosa que guardaba sus tetas para sus mejores clientes y no aceptaba dar adelantos o recibir cheques al por mayor. Pero también sonríe a los más audaces, y yo soy el más audaz de los míos.

La suerte estaba echada, el juego acababa de terminar.

Gira la rueda de la fortuna en forma de cañón serpenteante cuando la máquina analiza mis credenciales, toma mis huellas dáctilares y escanea mi retina. Un ruido zumbante se hace eco en la habitación, las paredes son almohadas de plomo que acallan y escupen motas de miedo y tensión sacadas de una película de Hitchcock. No me tiembla el pulso, no sudo lágrimas de ángel amargo. Sólo aguardo el resultado de la primera fase con total confianza, con una sonrisa de tiburón de oreja a oreja... pues sólo los ganadores pueden aspirar a desafiar al Sistema y yo soy un ganador.

En esta vida todo es posible, la cuestión está en proponérselo. Yo siempre he sido consciente de una cosa, la gente tiende a decir: "Eso no se puede", "¡Qué putada! ¡Es demasiado difícil!" o "No hay quien llegue".

Un ejemplo sería el establecer las grandes verdades universales, verdades tales como: El máximo salto de altura realizado fue 2'32 metros por encima del suelo, y entonces se impone el hecho de que "No se puede saltar más". Pero lo cierto es que antes de que alguien saltara esos dos coma treinta y dos metros no se podía hacer tal hazaña, lo que significa que el que ahora lo consiguió estableció una realidad imposible que demostró que sí era posible. Él lo consiguió porque se lo propuso, era un ganador. Los demás no porque eran y son unos fracasados.

Esa es la única verdad persistente.

¿Dónde estamos?

Estamos aquí en la Tierra. Donde la humanidad ha crecido y se ha hecho a sí misma... y lo consiguió porque se juntó como un virus y se hizo con todo. He hicieron eso porque no tenían nada mejor que hacer. Eran poco menos que nada, el último eslabón de la cadena alimenticia, y del último puesto se hizo poco a poco con todo.

Estamos aquí en el país, un gran país... una realidad que hace apenas cincuenta años parecía mentira... todo se hacía mierda porque todos se comían unos a otros, unos a otros, otros a uno, otros a uno,... era así, simple y llanamente. Pero nadie lo entendía: seis millones de años de evolución para acabar aplastados por la consciencia social que les hizo ser capaces de aplastarse los unos a los otros... vivíamos en el comercio y ahora vivimos en el comercio controlado por... el comercio.

¿Demasiado complicado? No, la verdad: Es muy sencillo. Sólo hace falta tener perspectiva, visión.

El que tiene visión controla, porque es el que sabe... y a su vez el que sabe tiene visión. Es quizás una ecuación demasiado circular y da la sensación de que no hay origen pero lo cierto es que el principio se encuentra en la manera en que uno adquiere dicho conocimiento de causa.

Pero estoy divagando y para contar la experiencia de este humilde e ilustrado comerciante de sangre necesito que entendáis esta gran realidad de la que ahora todos somos protagonistas.

Lo primero que voy a hacer es venderme: Soy el mejor, el más despiadado y más descarado... pero también el más hábil y desarrollado. Soy el dios de la fertilidad Priapo y con mi polla de cincuenta metros por cincuenta parto por la mitad a toda máquina y sistema que venga contra mí. Soy un samuraí de la información, un ninja que se infiltra y desafía a todos los centinelas que buscan, analizan pero jamás encuentran. He salvado a muchos, he conseguido lo que pocos, he saltado todos los muros, aplanado todas las montañas y por las entrañas de Matusalen sería capaz de subir al altar de Cristo y escupirle en la cara para después arrancarle la lanza de Longinos y atravesar con ella al mismísimo Satán de la información. Soy el Arlequín que se enfrenta contra el Maestro Custodio del Tiempo, el V de Vendetta que aplasta al opresor... un Robin Hood que pelea eternamente contra el Sheriff de Nottingham a cambio de unos pocos créditos y un buen desafio.

Esa es mi droga amigos, un buen desafío.

Porque ahora no vivimos en ese mundo caótico y sin sentido, ese continuo ¡Bang! ¡Bang! ¡Piuuuuummmm! ¡Piuuuuummmm! ¡Piuuuuummmm! ¡BOOOOUUUMMM! ¡BOOOOUUUMMM!¡Ja, ja! ¡Je, je! ¡Ji, ji! ¡Jo, jo! ¡Ju, ju!... no, ahora todo está más o menos ordenadito, más o menos colocado en un tablero de damas en el que si se mueve uno lo más mínimo acaba erradicado o transformado. He aquí el Metrópolis de Fritz Lang, la Oceanía de George Orwell y no necesitaron una guerra mundial para conseguirlo o un tirano sentado en su trono apoyado por su armada celestial y la Santa Inquisición de la Depravación Herética Cristiana.

No, no, no, no, no... es más sencillo.

Repetid conmigo: PU-BLI-CI-DAD.

Es fácil ¿no?

PU-BLI-CI-DAD.

Sí, los mass media y el Internet siempre se han valido de estas herramientas para conseguir vender al ser humano esta forma de vida tan rápida y para convertir en dinero todo programa y producto que presentaban por delante de sus emisoras. Con la Red llegó la revolución, una telaraña informativa que llegaba a todas partes, alcanzaba a todos los seres humanos y, el Gran Hermano, esa realidad que parecía sacada de las peores pesadillas conspirativas y de esa basura neonazi sobre el control mundial sionista se transformó en una realidad más degenerada a través de todas las redes sociales.

Más degenerada porque no se trataba de un poderoso tirano capaz de encerrarnos en un puño de hierro oxidado, en una realidad de cuatro paredes en la que lo único que puedes hacer es gritar: "¡Heil Hitler! ¡Heil Hitler!", sino por algo mucho más horrible.

Era la época del todo vale, el planeta entero se vuelve loco y grita a los cuatro vientos para llamar la atención.

"¡Vendo terrenos en Texas City a precio de escándalo! ¡Compra terrenos y hazme rico, rico, rico!"

"¡Compra viagra! ¡Su polla crecerá y su pareja lo apreciará y yo seré rico, rico, rico!"

"¡Ingresa en la Iglesia de la Cienciología: el altar en el que encontrarás el camino, te esclavizaré y yo me haré rico, rico, rico!"

"¡Alístate a la armada! ¡El país te necesita! ¡Morirás por algo que no entiendes y odiarás a quien te digamos que odies!"

"¡Apadrina una almorrana: siéntete parte de su futuro y danos la mitad de tu fortuna!"

"¡Compra en bolsa y vea como sus ingresos crecen, crecen y sólo crecen para que al final sean míos!"

"¡Nuevo Renault serie diez-veinte, veinte caballos en sólo diez segundos a cambio de tus ojos y una hipóteca que haga de ti mi propiedad!"

Etcétera, etcétera, etcétera y etcétera.

El mundo se convierte en un tildado de imágenes que siempre tienen algo que ofrecer... ¡Y funciona! ¡Todos compran! ¡Todos venden! ¡Todos se vuelven locos y se echan heces los unos a los otros como monos siameses enfermos atrapados en una vieja feria italiana para un experimento biológico y darwiniano de un cruel y sádico conjunto de falsos psicólogos! ¡Fumándose toda la mierda que se tiran entre todos y bailando un tango sucio y peligroso con la vieja dueña de la segadora!

¿Sabes cuál es el secreto?

¡El secreto está en que parecía que era algo democrático! ¡Parecía que en medio de esa vorágine epiléptica de sobreinformación tú y todos los demás, nosotros y el mundo, teníamos elección!

Porque... el Gran Hermano estaba escondido donde nadie se podía figurar que estaba. Estaba en ti y en mí.

No lo entiendes ¿no?

Muy bien, imagina lo siguiente: Te programan y te dicen que tenías que pensar, que tiene que gustarte y cuanto tiempo debía funcionar todo eso. Y tú buscas, encuentras, destruyes... ¡Y también programas!

¡Es tu labor! ¡Tu trabajo! ¡Y te gusta, quieres hacerlo! ¡Te encanta hacerlo!

Hasta ahí todo normal, el mundo estaba loco... era un cráter gigante a punto de estallar, una gran polla que se preparaba para realizar una eyaculación escarlata que nos iba a llevar a todos a un Infierno lleno de semen y un especie de pus sangrante... rigiendo nuestro placer en los valores de sometimiento, imposición, competición y esclavismo desbocado.

Entonces a alguien, nadie sabe a quien, se le ocurrió la gran idea. Ya conocéis la palabra publicidad, ¿Y si en la ecuación metemos el término educación?

Repetid conmigo: E-DU-CA-CIÓN

¡Muy bien amigos! ¡Eso es! ¡Educación!

¿Y qué nos sale si la mezclamos con la publicidad?

¡Exactamente! ¡Educación publicitaria!

Ese era el nombre del proyecto.

Educación publicitaria.

Y consiste en lo que cualquier retrasado que sabe sumar dos y dos se debe de estar figurando. En el adoctrinamiento social a través de la publicidad.

Antes se hacía, sí, pero no conscientemente. La primeras veces, cuando nació la propaganda sólo se utilizó para conseguir que la masa anestesiada tomase una reacción de rabia, dolor, odio y patriotismo... tenían una visión tan limitada. Y después, únicamente se veía como una utilidad para conseguir vender productos, realizar la sencilla operación de flujo económico universal, el elemental estilo de vida liberalista que se había impuesto a los largo de los últimos doscientos... o dosciento ciencuenta años, según se vea. Pero ahora el gobierno y las empresas lo utilizaron para colocar una imposición de ideas claras, un bombardeo continuo que dejó de decir: "Compra, compra, compra, compra, compra...." para empezar a gritar: "Obedece, obedece, obedece, obedece, obedece,.." y después: "Compra y obedece, compra y obedece, compra y obedece, compra y obedece, compra y obedece, compra y obedece,..."

Etcétera, etcétera, etcétera, etcétera y... etcétera.

Las ideas de los que más pagaban eran las más reproducidas y los que más pagan tienen ideas conservadoras porque tienen más dinero. Así se consigue instruir y generar una sociedad asquerosamente conservadora y optimista. La publicidad enseñaba muy bien, funcionaba y era casi una revolución de la cultura tanto en el mantenimiento como en la creación de esta. Nadie podía decir que había censura, pues todo valía, todo se podía enseñar a partir de la educación publicitaria.

Pero al final somos nosotros los peores tiranos, convertíamos en un monstruo a quien no seguía las condiciones que se consideraban "normales", lo pagábamos expulsando una especie de baba rabiosa y fanática, un virus mortal. Peor que la ignorancia era la ignorancia de quien se cree informado y culto. Mucha información que no llega a ninguna parte, gente que sabía de forma fragmentada pero que realmente no sabía nada.

Sabes que existe un libro llamado Mein Kampf pero nunca lo has leído. Aún así hablas de él como si lo hubieses leído.

Sabes el concepto E = mc2 pero no entiendes hasta que punto debe de llegar.

Conoces a infinidad de filósofos como son Platón, Descartes, Nietzsche y Kant, y crees que sabes cuales son sus obras y cual es su visión, pero no has leído sus obras y no has podido comprobar por ti mismo cual era la visión que tenían.

Crees saberlo todo pero sabes aún menos que un tipo que no ha leído en su vida...

¡Pero es irónico! ¡Los espejismos están ahí para parecer reales! ¡Las imágenes para imitar a su contra partida auténtica! ¡Y el universo se transforma en hiperrealidad! ¡En un campo de concentración deliciosamente placentero! ¡Un continuo atascamiento social en el que parece que avanzamos hacia adelante y hacia una luz de color oro y fortuna!

Pero la pirita es el oro de los tontos, retrasados que van a un matadero para ser víctimas/verdugos de nuestra propia mano.

El tiempo pasó y esta fórmula creó un sistema educativo basado en los once principios de Joseph Goebbels, y principios nazis generaron una sociedad completamente nazi, un Walden dos que se fue retroalimentando en una espiral de silencio continuo e implacable. Se empezaron a crear máquinas que se adelantaban a los conceptos éticos, se puso toda la capacidad de elección y de raciocinio en manos de la tecnocracia y acabamos al final imitando el modelo de Esparta en lugar del de Atenas.

Pero esta educación era demasiado general y al final se llegó a la conclusión de que debíamos dar un paso más adelante. ¿Cómo enfrentar el gran problema de la incapacidad de mantener a tantos seres humanos? ¿La limitación de espacio personal?

Muy fácil, aquí entró la mezcla de los principios nacional socialistas y los conservadores:

¿Qué tenemos si conjuntamos la idea de hacerse uno mismo con la de la importancia de que cada individuo pueda conseguir su propio espacio vital?

¡Ja, ja! ¡Esto es lo más divertido! ¡Sí!

Una política Espartana para adaptar el Lebensraum y mantener un flujo competitivo en el que aquel que se lo merece es el que se mantiene con vida. Es decir, como en la antigua Laconia se impone desde que nace a la masa y a los individuos un límite objetival de conocimiento para tener derecho a respirar. Los más fuertes sobreviven y los que tienen defectos mentales y cognitivos son despeñados como antiguamente... en sentido figurado, claro está.

Simplemente desaparecen y no se vuelve a saber nada de ellos, como si nunca hubiesen existido. Y todos aceptan esa idea, lo ven como algo normal o incluso como algo natural y justo.

"¿No te sabes la lección? ¡Entonces mañana en el examen será tu último día y otro más noble y más trabajador se agenciará tu puesto porque de verdad se lo merecerá!"

Es como luchar por unas oposiciones en las cuales hay un número de puestos limitados y esos puestos representan tu vida, una melée de todos contra todos en los que aquellos que la tengan intelectualmente más larga son los que vivirán para ponerse la zancadilla un día más, y de esa forma nos alineamos, los más aptos tendrán suficiente comida para sobrevivir... y ya no hay pobreza, nadie se muere de hambre, nadie sufre por el calor de tener a demasiada gente cercana porque sólo los dignos heredan la Tierra. Los que se lo ganan a pulso a fuerza de estudiar, estudiar y estudiar.

¿Y dónde entro yo en todo esto?

Mi trabajo es evitar que las cosas sean así de sencillas.

Yo no creo que una persona por ser intelectualmente más fuerte que otro merezca vivir más que los demás, sino que por contratarme a mí y pagar lo que yo considero que valgo, puedas alargar un poco más tu triste y vomitiva existencia.

¿Qué quién soy? ¡JA! Alguien que tiene mucho que ofrecer, uno que se juega el culo por ti en mayor o menor medida... dependiendo de lo que quieras pagarme. No voy a decirte mi nombre porque si hiciera eso sería un gilipollas, sigo jugando a esto porque nunca doy datos de más. Pero sí puedo decirte que tengo quince años y un coeficiente intelectual muchísimo mayor que el de la mayoría de la población terráquea, seguramente muchísimo más grande que el tuyo. Me permito el lujo de ser un vacilón, un chulo que dice cuan grande la tiene porque todo eso me da seguridad. Perfectamente podría vivir acomodándome a esto, podría adaptarme y tener una existencia tranquila pero... ¡Qué le jodan al Sistema! ¡Esto me da un subidón enorme! ¡Me encanta burlarme del que se cree más grande que yo! ¡Más fuerte! ¡Más organizado! ¡Más poderoso! ¡Qué me tiene en sus manos! ¡Y despertarle y hacerle ver que su poder de influencia, su fuerza mediática e impositiva es un jarrón de cristal al cual un único individuo como yo puede romperlo y recolocarlo a placer!

¡Ja, ja! ¡No sabéis como me río de esto! ¡No sabéis como de orgásmico me resulta a mí el imaginar los rostros de aquellos que intentan capturarme y nunca lo consiguen! ¡Porque yo soy más que una simple puta que hace el trabajo por los demás! ¡Soy un Arsène Lupin robando la mismísima estatua de la libertad a las autoridades estadounidenses! ¡Soy el títere que se ha soltado del titiritero! ¡Un Judas del mesías mediático que pretende convencerme con su falso e inútil verbo recapitulador!

Al fin al cabo, un mero mercenario. Sangraré por ti a cambio de un buen precio y un buen reto.

Me buscan por todas partes ¿Sabéis?

Van a por mí porque he llegado demasiado lejos. Los perros de la Interpol quieren echarme el guante, atrapar al rey de los cuarenta ladrones y quemarme en una ejecución pública. Quieren usarme como moraleja: "¿Veis a ese mequetrefe? ¿Ese mocoso que ahora arde y cuelga de una soga? ¡Miradle! ¡Miradle bien! ¡Así acabaréis todos si pensáis de forma independiente! ¡Así terminaréis! ¡Con las bolas colgadas de un poste telefónico como en su día lo estuvo Mussolini por llegar tan lejos!"

Pero no me atraparán porque soy más listo que ellos. No me capturarán, ni si quiera saben que es lo que les golpea cuando actúo, y mis beneficiados nunca dicen una palabra en los interrogatorios porque tampoco saben nada de mí.

Ya había hecho de todo, no había centro educativo que se me resistiese. Todos los exámenes los aprobaba por los demás y nunca se daban cuenta de que yo no era el cliente. Había esquivado las medidas de seguridad de la Universidad de Harvard, las de Oxford, las de Cambridge, las de la Sorbona, las de Salamanca, las de Bolonia, las de Padua, las de Bagdad, las de Damasco y también las de colegios fortaleza, como las de los Maristas, los Salesianos y las de los Padres Blancos, ¡Era una apisonadora! ¡Imparable! ¡Invisible!

Porque... ¿De verdad creían que unas estúpidas máquinas cuyos algoritmos repetitivos de reconocimiento facial, químico, térmico y digital iban a poder descubrirme?

¡Las máquinas fueron creadas por el hombre y por ende el hombre es capaz de derrotarlas!

¡He pinchado y he esquivado todas las cámaras! ¡He burlado todos los androides! ¡He conseguido aprobar todas las pruebas y nadie me ha detenido nunca!

Hasta ahora.

Hoy tengo en mis manos el Everest de mi labor, la mayor prueba a la que jamás me había sometido en vida. Una odisea digna del mismísimo Ulises de las preguntas, el Aquiles de las respuestas.

Porque me había contratado toda una clase, tenía que aprobar el examen de cerca de treinta y cinco personas. Toda un aula en el que yo tendría sesenta minutos para pasar la prueba de un colectivo y meter treinta y cinco personalidades distintas en la forma de redactar, diferenciación en los tipos de errores... actividad agresiva, prudente, técnica, miedosa, decidida,... estilo pedante, austero, simple, complicado, ampuloso,... y un sin fin de variables más para treinta y cinco identidades diferentes.

¡Esto sí era una gran desafío a cambio de la suma total de mil créditos por cabeza!

¿Sabéis multiplicar? ¡Mil créditos por treinta y cinco cabezas daban el resultado de mucha, mucha pasta!

Por eso estuve tres meses estudiando diferentes personalidades, entrenando mi capacidad de infiltración, observando planos del edificio y medidas de seguridad, enfocando la forma de engañar a todas aquellas estúpidas máquinas y ensayando con los chicos el como actuar.

La acción iba a ser sencilla.

Yo tenía que entrar personalmente disfrazado como uno de los treinta y cinco chicos. Mientras los demás fingían que estaban escribiendo el examen desde sus respectivas terminales, debía responder las veinte preguntas que colocarían el examen y, al terminar, comenzar a realizar la prueba de otro chico. Me conectaría a través de una red oculta y virtual, bien encriptada para que ninguna máquina pudiera descubrirme. De esa forma accedería a las otras terminales desde la mía. Además tenía que pinchar las cámaras en un bucle para que nunca detectasen anomalías en nuestros movimientos y conseguir atrapar en una serie de paradojas algorítmicas a los autómatas encargados de nuestra vigilancia. De esa forma no descubrirían lo falso de mi máscara retráctil y mi aspecto levemente más bajo que el resto de los alumnos. Para ello tenía uno coma setenta y cinco minutos en cada examen, poco más y poco menos,... y debía ocuparme de no cometer un error al meterme en las listas y al enfocar la forma en que uno debía de redactar y moverse en la Red y fuera de ella.

Eran los sesenta minutos más tensos que estabamos pasando. Me coloqué los cascos en la cabeza y mientras el sonido de los riffs infernales llegaban al hipótalamo yo me induje en un éxtasis a través de las respuestas de mi ejercicio. El Thrash Metal era una bendición para mis sentidos, un nirvana sólo comparable con la adrenalina segregada a través de mis venas.

Y entretanto, los demás maldecían y rezaban a sus benditas deidades... ¡Los muy gilipollas se mordían a sangrar sus pútridas uñas! ¡Era gracioso el tener presente cuanto nos jugábamos! ¡La gran pérdida que teníamos sobre nuestra cabeza, la guillotina de la justicia opresiva!

La representación antropomórfica del deshumanismo más enfilado.

Por eso yo debía ser el último en salir.

Uno a uno fue marchándose conforme acababa sus exámenes, dejando tras de sí un aroma a alivio e ilusión, un síntoma del miedo perdido y de la mancha seca que dejaban en sus calzoncillos. Y cuando terminé por fin con el último de ellos, cuando acabé la prueba escrita del que se suponía yo interpretaba, agarré con fuerza la tarjeta magnética y apreté los dientes con tensión. El aire estaba viciado, olía a el viejo y extinguido combustible que era la gasolina y a coño postorgásmico. La fortuna era una puta ojerosa que guardaba sus tetas para sus mejores clientes y no aceptaba dar adelantos o recibir cheques al por mayor. Pero también sonríe a los más audaces, y yo soy el más audaz de los míos.

La suerte estaba echada, el juego acababa de terminar.

El escáner reflectó un sonido ácido en el espacio, mis sonrisa traviesa de ángel demoníaco atravesaba las ventanas del riesgo amarillo y de cartón. Roja tildaba la imagen del análisis químico, visual y radiográfico.

Si fallaba era mi fin.

Cuando el televisor sintoniza un canal muerto y estalla en un color verde correctoso sé que significa una gran victoria. El sabor de la gloria es un disco de vinilo que suena estático en mis oídos secos y entumecidos. Siento el aire fresco de una tarde tranquila en un antiguo edén de inmensa libertad. Ya nada podía detener mi correcta asimilación y distorsión.

Salí de la habitación y cogí un transporte directo a mi guarida. Pero cuando llegué allí no me esperaba nada bueno.

Encontré justo cuando iba a entrar en mi habitación a la tropa ímpia de la jurisprudencia. Señores trajeados que venían como cruzados, dispuestos a arrestar al hereje, el problemático. A los pocos minutos estaba en una habitación cerrada y calurosa, pasando miedo y toda la mierda del que ve que no era tan listo como se figuraba.

De repente entra el Juez Dredd, con un rostro serio y menticuloso, limpio e intimidante. Dispuesto a escupirme que él era la ley y que me la iban a meter hasta la glotis.

Pero en su lugar se sentó y miró pacientemente una documentación que descansa sobre mi mesa. Todas mis acciones resumidas en una simple carpeta.

-Vaya chico... te has metido en un buen lío.- Dice sin siquiera mirar directamente a mis ojos.

Yo no respondo absolutamente nada, decir algo es de idiotas. Y más cuando posiblemente no me habían pillado.

Aún no sabía nada de nada... aún podía estar a salvo.

-Y está es sólo la primera carpeta de toda una ficha que tiene tu nombre.- Continúa y esta vez sí me ve directamente.

Sus ojos hablan de tortura, piden sumisión y obediencia. Quiere que me derrumbe pero no conseguirá nada tan fácilmente. Chasquea la lengua y vuelve a hablar:

-En fin, es una lástima, un chico tan listo...- Abrió ampliamente sus brazos.- Mañana serás ejecutado.

Yo carcajeo nervioso. En parte porque temo que sea verdad, pero por otro lado porque no me creía que las cosas fueran así de sencillas.

-Ya claro, y viene aquí a avisarme de ello directamente.- Contesto.

-Sí, exactamente chico.

Se levanta y hace acopio de marcharse. Aunque yo sé que es un recurso para asustarme intento entrar un poco más en el juego.

-¿Qué es lo que quiere? ¡No pìense que soy un mero gilipollas! ¡Si sólo hubiesen deseado ejecutarme no me habrían traído hasta aquí! ¡Ambos sabemos que ya habría desaparecido! ¿Qué quieren de mí?

Vuelve a sentarse en la silla y ahora sonríe, sabe que ya estoy escuchándolo con atención.

-Eres bueno muchacho.- Dijo. -Mucho. Estamos hartos de ti, hartos de que basura como la vuestra destrocen años y años de evolución humana perfectamente encauzada creando agujeros en nuestra intachable sociedad. La gente como tú es peor que los parásitos que surgen y no saben competir. Sois la escoria, la mierda. Esa cosa que se queda pegada en el zapato y nunca se quita. Y generáis más mierda y más porquería que retrasa nuestro avance. Eres un inadaptado, un miserable,... pero todo tiene arreglo y a veces pueden surgir segundas oportunidades. No abundan mucho, pero en ocasiones se requieren servicios de gente como tú para eliminar a la basura. Hay que usar el fuego contra el fuego y pensamos utilizar tus servicios para ello. Piénsalo bien amigo, la alternativa es... desagradable.

-No entiendo...

-Ayúdanos a detectar a otros como tú, entrégamelos y elíminalos cuando puedas y serás considerado un reformado. Si lo haces bien, el precio resultante será dos mil créditos al mes. ¿Qué dices chico? -Inquiere mientras sonríe. -¿Aceptas?

Y en ese momento comprendí que había traspasado el umbral. Era el elegido, el beato. Ya no tenía nada que temer porque había superado todas las pruebas.

¿Alinearme a un Sistema perfecto? ¡Yo digo que sí!

¿Por qué no? Después de todo... ¿Los demás merecían otra cosa?

Por fin había comprendido que este era el único resultado definitivo, la única opción posible. Era el destino un manto intrincado y confuso al que nunca sabes donde te lleva su camino. Yo era Alex el drugo y por fin me había transformado sin necesidad de inyectar en mí el tratamiento luvódico. Porque ya estaba curado, ya por fin comprendía... era la gran verdad, la única, la indiscutible.

El Sistema funcionaba y yo sólo había sido un peón más del mismo al combatir contra este. Mi prueba, mi entrenamiento, mi preparación.

Mi bautismo.

¡Había superado el salto de los dos coma treinta y dos metros y ya era imposible para los demás saltar más!

Yo era un ganador, el resto unos fracasados.

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