
Jamás creí que me ocurriría a mí de haber sabido habría tenido cuidado. Siempre me creí indestructible ¿Y para qué me sirvió? Sólo para caer como un imbécil rendido a su brillo, sus ojos, su sonrisa y la maldición que le traería. Ya de nada me servía ser
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Drama - Chapters: 22 - Words: 69,649 - Reviews: 7 - Favs: 4 - Updated: 04-25-13 - Published: 08-27-10 - id: 2842248
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Capítulo 20
ENTONCES SE ME ESCAPÓ:
-Desde que te conocí yo…-
-¿Desde que me conociste qué?- preguntó pero al ver que yo no respondía insistió –MATTHEW WATSON ¡¿desde que me conociste QUÉ?!-
Estaba atrapado contra una pared que yo mismo había levantado. Aquella vez, pude imaginarme literalmente acorralado contra la pared. Pero no era yo, el humano que se encontraba sentado junto a esa chica, era el que recorría los bosques de noche: un lobo. Mi mente una vez en que de pequeño vi a unos hombres acorralar a un perro.
Había sido en la Austral, mientras visitaba a mi padre. El perro había logrado entrar al campo y no sólo eso, sino que además se las había ingeniado para entrar al edificio por el que entonces caminábamos. El can, dentro de su desesperación tras verse atrapado no tuvo tiempo siquiera de pensar en las repercusiones que sus actos le traerían luego y sólo atinó a lanzarse hacia adelante. Remeter en feroz ataque…
…y ese era yo en esos momentos sentado en una cama en una mañana Santiaguina.
Las palabras no alcanzaron a pasar por mi mente antes de escaparse por mis labios.
-Desde que te conocí que no me reconozco. Soy… soy como otra persona. Al principio me escondía porque no quería este cambio. ¡Era como magia negra para mí! Luego hacia cosas tontas que sí, reconozco, las había hecho antes, pero darme cuenta que las razones eran completamente distintas me tenía aterrado- No podía parar de hablar, aunque cada vez sonaba más insensato… no podía parar de hablar. Una vez que había comenzado a recorrer el camino de la verdad no podía parar. –Entonces cometía más y más errores, y sufría por ello y me arrepentía. ¡Y yo jamás en la vida me he arrepentido de nada! ¿Por qué? ¡Cada vez que te hago sufrir por mis idioteces me vienen esos impulsos de querer dispararme una bala de plata!-
-Matt no…- intentó interrumpirme pero yo seguía descargando mis emociones sin darle el espacio necesario.
-Te lo juro. Es que contigo no sé qué me pasa, pierdo mi centro ¿O lo encuentro? ¡No tengo idea! Lo único que sé es que esto no me había pasado nunca. Contigo es distinto a todo el resto y no es porque vea luces de colores a tú alrededor y un punto luminoso bailando justo ahí- Apunté a lo que ella intentó hacer una pregunta, pero yo hablaba muy rápido para dejarla intervenir.
- Es más que eso – continué – Es cómo llegas a mí. Cómo, cada vez que me tocas me calmas, me das paz y sólo deseo estar junto a ti por siempre. ¡Incluso cuando estoy a punto de perder el control y armar un cataclismo! Puede ser que sí, haya estado con muchas mujeres antes- para estos momentos yo mismo prácticamente lloraba, pero ya lo había perdido todo por esa chica, toda la razón y toda mi dignidad ¿Qué más daba si lloraba un poco?- aunque no es algo de lo que me sienta orgulloso, pero si quieres saber con cuántas de ellas he sentido que llego a las nubes: Sólo contigo. Perdón si anoche no fue lo que esperabas, pero para mí, fue más de lo que merecía. Sólo contigo he pasado la mejor noche de mi vida y eso, Mel, es por el sólo hecho de estar a tu lado. Ojalá que me perdones…. Porque yo no sé qué mierda va a ser de mi vida si no lo haces…-
Para entonces yo literalmente lloraba. Y aquello, era algo nuevo para mí. Desde la noche que papá había muerto que no lloraba por alguien. ¡Ni que lloraba siquiera! Y el hecho de tener además, una espectadora hizo que, para cuando todo terminó, la vergüenza se apoderara de mí.
Me di la media vuelta para limpiarme un poco la cara y no tener que enfrentar sus ojos. Apenas entonces comprendía que realmente Nate tenía y había tenido siempre la razón: Yo no la merecía. Y el sólo hecho de haberla conocido no correspondía más que a una jugada del destino para devolverme dolor el dolor que yo había provocado en el pasado.
-Matt…- volvió a intentar y ésta vez sentí que su voz estaba más cerca que lo que yo recordaba debió haber sido.
Hice amago de voltear, pero la vergüenza que se me era más grande me lo impidió.
La sentí jalar con fuerza mi polera y por el bien de ésta última decidí voltear, pero aún no podía mirarla a los ojos. Ella me abrazó con fuerza mientras rompía nuevamente en llantos y yo le devolví el abrazo. Nos quedamos así un buen rato, ambos sumidos en nuestros propios miedos hasta que ella fue la primera en hablar.
-¿Por qué?- preguntó aún con su rostro pegado a mi pecho -¿Por qué de todas las personas del mundo me tenía que enamorar de ti?-
Aquello fue como un balde de agua fría pero aún así, me lo tenía bien merecido.
No contesté, pero la seguí abrazando hasta que eventualmente después de varios minutos más nuestros labios se tocaron. Puse tanto sentimiento en ese beso como podía, como si fuese el último. Para cuando por fin nos separamos ambos rompimos en risitas… supongo que sencillamente estábamos tan felices de que la tormenta se desvaneciera en el aire que no lo podíamos contener.
-Pero una cosa es segura- le aclaré para tratar, de alguna forma de dejar atrás aquello que nos había puesto mal –No es porque no te ame Melissa Poblete.-
Pensaba volver a besarla para cuando escuché la conversación que se llevaba a cabo abajo en el lobby del edificio. Sus tíos habían vuelto.
-¿Qué ocurre?- Preguntó ella notando al tiro lo incomodo que me había puesto.
-Tus tíos volvieron. ¿Podemos coordinarnos para irnos juntos en el bus?- Le rogué sabiendo que aún no compraban los pasajes.
-Claro- dijo antes de verme escapar por la ventana que daba al balcón.
Quedar juntos en el bus ese día no significó una gran campaña. La tecnología de los celulares con minutos era algo que aunque no era nuevo, para mí que era muy torpe con la tecnología, no dejaba de sorprenderme y sentirme sinceramente agradecido de poder utilizarla todos los días.
Acordamos sencillamente que ella compraría un pasaje que no tuviese compañero de asiento. Yo me encontraría a distancia, pero gracias a mis capacidades podría oírla y comprar luego el pasaje contiguo.
Una vez en viaje, luego de una reponedora siestecita juntos, mientras yo jugueteaba con su cabello preguntó sin dejar de mirar por la ventanilla:
-En la mañana mientras discutíamos decías que veías ¿luces y un punto luminoso?-
Reí por lo bajo.
-De todas de las cosas que te dije ¿decidiste quedarte con esa?- le pregunté en tono burlón.
Deposité un beso en su frente.
-¿Qué quieres saber?- la animé sabiendo que tendría que dar explicaciones a todas las aseveraciones que había hecho cuando me encontraba desesperado tarde o temprano.
-¿Es en serio? Me refiero a si ¿es verdad que ves eso?-
-Yep-
-¿Qué es exactamente?-
-No lo sé… tenía la extraña sensación de que tú sabías más del tema y de ¿Cómo era su apellido? ¿Cohelo?-
Pude escuchar como su sangre comenzaba a subir enérgicamente hasta su cara, pero no dijo nada por unos segundos hasta decidir no contestar.
-Y los colores… ¿Los ves ahora?- preguntó en vez.
-Sí-
-¿De qué color son?-
-Rosa muy pálido, casi como un blanco. Aunque hace unos instantes cuando no quisiste responder eran de un rojo vivo- ante aquella confesión sólo logré obtener que volvieran a estar de aquel color primario, lo que me ayudó a concluir – Creo que reflejan tus emociones-
Y con ello cambiaron a un incómodo violetta.
-¿Te pasa con todo el mundo?-
-No,- para entonces tenía que hacer una pausa-sólo contigo-
Ese fue el fin de la conversación. Ella había descubierto que no le convenía seguir haciendo más preguntas porque si bien a mí, por una parte, me avergonzaba tener que confesar todo aquello, a ella por la otra, le resultaba tremendamente incómodo asimilar las respuestas que yo le proporcionaba. Y eso era peor.
UNA VEZ EN VALDIVIA la vida volvió a ser la de siempre. Lógicamente no teníamos que ir a la Universidad, pero teníamos que preocuparnos por los mismos problemas de siempre.
Ya no éramos una pareja normal con discusiones sobrenaturales. Sino que habíamos pasado a ser todo lo contrario: La pareja sobrenatural de siempre con discusiones muy normales, que se vieron reflejadas con mayor intensidad unas semanas luego, tras nuestro ingreso a clases.
Como una forma de que el regreso académico fuese un poco menos "traumático" la federación de Estudiantes había resuelto que aquel primer viernes se realizara un paseo, que realmente no era otra cosa más que reunirse en un camping a beber hasta embriagarse, para que todos tuvieran la oportunidad de distenderse.
En condiciones normales y, debo reconocerlo, si hubiese estado soltero, la idea me habría enloquecido al punto de planear, con la anticipación que respectaba a toda la semana y la sumisa participación de Nate, cada detalle en cuanto a los preparativos como, las cantidades y marcas de alcohol, ver la posibilidad de llevar un poco—mucho—de carnecitas… su buenos choripanes… ¡en fin! Todo lo que hiciese falta a fin de acreditar el mejor paseo de la historia hasta la fecha.
Pero entonces las cosas eran distintas.
Mi instinto alcohólico se había ido apaciguando lentamente conforme las cosas con Mel iban mejorando, ya no tomaba más que en las lunas llenas. Además ¿Para qué iba a querer ir a un lugar que actuaba como vitrina de mujeres, muchas de ellas tan borrachas y desesperadas como para aceptar cualquier propuesta que se le hiciese? Tenía todo lo que quería junto a mí. No necesitaba nada más.
Pero lo más cierto de todo, es que por sobre lo demás se levantaba el argumento de lo absurdo que era querer llevarla a un lugar abarrotado de gente—cuando prefería estar con ella a solas—que por lo demás estaba constituido también en una buena parte de hombres ebrios que pudiesen querer aprovecharse de ella.
Ya era un lobo domesticado.
Es por lo anterior que había decidido ni mencionar la idea de ir.
-¿En serio que no te da ni una pizca de curiosidad ir?- Me atormentó Nate a preguntas para cuando ya era Jueves, el penúltimo día para comprar las entradas.
-No- respondí con indiferencia-¿Para qué iba a querer ir si no voy ni en planes de conquista ni en planes de agarrarme una buena resaca?- de pronto me chocó – Espera. ¿Tú vas a ir?-
-Pffff…. Por supuesto hermano. ¿Qué te ibas a creer?-
-¿No prefieres pasar tiempo con la Dani?-
Un golpazo me llegó desde su lado directo en la nuca.
-Por supuesto que sí… Voy con la Dani, genio- luego agregó – De hecho ya tenemos las entradas-
Se encontraba a punto de decir algo que puedo asegurar ciegamente se trataba de la misma pregunta que antes, cuando supuse que las chicas—Mel, la Dani y la Pili—ya se encontraban en un radio perceptible por alguien humano.
Yo ya las había sentido venir hacía rato.
Me perturbaba pensar que Nate, con lo mamón que era y todo, sentía ciertas ansias de que llegara el viernes para salir todos—en especial con su novia—y yo, que toda la vida había sido quien con esfuerzo lo arrastraba a las parrandas no sentía ni una pizca que ganas de ir.
Nate, por sobre todos los macabeos del mundo.
Para cuando las chicas llegaron ya no seguíamos conversando sino que aguardábamos cuál-de-los-dos-más-impacientes.
-¿Sabías que el paseo del viernes va a ser en un camping muy bonito?- preguntó la luz de mis ojos—literalmente—luego de saludar.
Aseguré que no estaba enterado cuando la verdad era que sí. No sabía si era mi instinto o qué, pero realmente no quería ir, aunque si Mel me lo pedía no me iba a negar.
-¿No quieres ir?- me preguntó luego que los otros tres se habían puesto en marcha dejándonos más detrás.
-¿Tú quieres ir?- pregunté sorprendido. Por una vez en la vida sentía que el papel se había invertido. Yo era como siempre había criticado al resto del mundo, y el resto del mundo, por su parte, se encargaba de tomar mi lugar habitual.
-Claro, será divertido- aseguró la chica- Podemos ir en grupo y ocupar uno del los quinchos…-
Sí, definitivamente sentía que los papeles se habían invertido.
-Por favor…- terminó de rogar.
Suspiré. Quizá tenían razón, quizá lo que ocurría era que sin una estrategia armada para el evento, mi capacidad de relacionarme con los humanos se veía dificultada. Quizá, y sólo quizá, todos mis argumentos anteriores era mera y llanamente una forma de ocultar que en realidad tenía miedo de encuentros sociales porque ya no me sentía tan seguro ni de mi mismo ni de mis posibles proezas. Sólo era otro idiota enamorado, nada extraordinario a los ojos de mis compañeros.
Así que al final acabé por aceptar las presiones del grupo, y la petición de Mel, y compré entradas ese mismo día para ella y para mí.
Podríamos haber ido en el auto de la familia de Nate, el mismo que llevó aquella vez a los bosques cuando fue a buscarme después de esa luna llena que pasé completamente solo, pero la verdad es que la mayoría iba en planes poco amigables con el volante. Y, aunque mi intención era ir de mero espectador, no podía asegurar mi comportamiento por la noche entera y eso mamá lo sabía… Lo que se transformaba en otro punto importante:
Como fuese, no me prestaría las llaves.
Para cuando llegamos el sol todavía era visible. Eran eso de las 5.30 PM. Como milagro no llovía… aún.
Tenía que aceptarlo. Justo como había dicho Mel, ese camping era cautivante. Tres o cuatro ancianos boldos se acomodaban perfectamente para recrear una especie de techo natural. Bajo ellos, las mesas propias de un camping común y silvestre se ubicaban cada tres o cuatro metros de distancia. Cada dos o tres mesas a su vez, se ubicaban pequeños panchos de ladrillos que daban al escenario una característica típica de cuentos de final feliz. Era perfecto.
Pero lo que yo encontraba más llamativo del lugar, lejos, era esa especie de acantilado de cuatro o cinco metros que se erguía hacia el bosque y los cerros, en contraposición con la pequeña colina y gran vista del río que había del otro lado. Realmente, era como sentirse un poco más cerca de casa. Al menos para un lobo.
Nos tomamos una de las mesas que tenían el pancho más cerca, pero aún así no vimos enfrentados a tener que compartirlo. Lo que, al final de cuentas no era ni tan terrible. Aparentemente los de la mesa vecina eran al igual que las chicas estudiantes de diseño. Eso sí es cierto, todos traían un estilo pero muy diferente al que estaba acostumbrado por mis clases de publicidad y el electivo del semestre anterior. No los podía calificar exactamente como hipster, que sería un término muy de moda a futuro, pero sí podía decir que tenían un estilo muy propio, cualquiera podía olfatear lo bohemio sin necesidad de ser licántropo.
Corrección: No debería haber sido tan terrible pero…
Reconocí a uno de los chicos de la mesa. Era aquel sujeto de pañoleta que alguna vez había visto intentando flirtear con Mel. ¿Cómo se llamaba? Tardé un poco en recordarlo porque no se me daba bien eso de los nombres, pero algo en mi interior me hacía recordar que por alguna razón gran parte de mis celos en esa ocasión se debía al nombre… así que debía ser algo muy ridículamente parecido al mío…¡Eso era! Matías.
Desde mi estómago se formó un grave gruñido en el momento en que Mel lo saludaba, pero por suerte logré atajarlo antes de quedar expuesto a oídos de todos. Sin embargo como de costumbre Nate notó que algo había pasado. Era como si tuviese un radar para esas cosas.
-¿Matt? Este es Matías, Matías, este es Matt- nos presentaron, yo estreché manos con él por mera cortesía, pero por dentro no quería más que degollarlo.
-¿Qué te ocurre?- preguntó Nate haciéndome a un lado a lo que nos dividíamos para ordenar nuestro vituperio.
-Ese sujeto… ¿Matías? No me gusta- le confesé.
-¿Ah sí? ¿Y por qué no?-
-¿Pues recuerdas cuando terminé con Stefanía por confesarle que amaba a Mel?- pregunté amargado.
-¿Cómo olvidarlo? ¿Y eso que tiene que ver?-
-Él es el culpable, el fue quién me saco de mis casillas ese día.-
Mi amigo levantó una ceja con incredulidad.
-Entonces desde mi punto de vista deberías agradecerle, eso fue lo que te llevó un poco más cerca de Mel ¿no es así? Y por favor Matt, trata de mantener tus celopatías a raya… ya bastante mal le hacen al mundo de por sí, y más aún si vienen de ti. No creo que el mundo esté preparado para algo así.- sentenció finalmente y yo sabía que tenía razón.
Así que intenté mantenerme a raya. Por esos momentos además, aún mientras nos disponíamos a nuestras labores de preparación y Nate y yo junto con un par de chicos más de diseño tratábamos de encender el pancho apareció una nueva guinda para la torta. Y quién más iba a ser sino John…
Traté de no poner mucha atención, como ya había dicho, estaba tratando de ponerme a raya. Mel tenía su cruz, aún había algo de luz en el horizonte y por lo demás había muchos testigos. Sin embargo esa noche parecía prometer ser una de las más incómodas de mi vida, aunque mi predicción estaba a años luz de acercarse siquiera a la realidad.
Después de todo iba a necesitar un buen vaso cargado con algo fuerte. Así que terminé por ser quien inaugurase la tomatera con mi primer vaso de vodka.
-¿En serio hermano?- Me reprochó Nate por haber dejado en evidencia nuestro trago preferido -¿El absolut de primera? ¿Por qué?-
Aquello me calmó un poco y me dio pie para relajarme un poco por el momento. Relajo que se vio reforzado ante la desaparición de John en mi radar. Probablemente ya había entendido que esa noche no era su noche.
El pancho arrancó. A lo que nos dispusimos a poner las longanizas y de a poco las demás carnes. El alcohol se hacía cada más evidente no solo en nuestra mesa y la vecina sino que en todas. El sol ya no se veía más, y el paseo Universitario había oficialmente comenzado. Había gente por todos lados riendo y gritando por sobre la música que de pronto, con sus temas electrónicos se había tomado el protagonismo. Envalentonado por el alcohol, los problemas poco a poco comenzaron a desaparecer, aunque, aún en mi primer vaso estaba lejos de estar ebrio, y gracias a Dios que no lo estaba.
Pero sí estaba lo suficientemente feliz como para hacer a un lado mis alcances sobre Matías y conversar con él sobre temas que en realidad, carecían de toda importancia. Sin embargo él sí que fue cayéndose al trago con rapidez.
Aunque no era el único.
Cuando terminé de convencerme que el chico que tenía frente a mí estaba completamente ebrio fue que levanté la mirada para hacer un registro global. En muchas de las mesas había personas en el mismo estado y peor. Incluso en la nuestra, me sorprendió lo cambiada que estaba Pilar. Su habitual actitud a la defensiva y sarcástica que mostraba sobre todo cuando se trataba de mí había desaparecido por completo y entonces se encontraba muy acaramelada junto a unos de los chicos que compartían pancho con nosotros.
Bien por ella, pensé entonces, al menos así dejará de fastidiarme.
Mel pasó por mi lado ofreciendo choripanes a nuestro recientemente ampliado grupo. A pesar de lo embobado por sus-colores-la-música-y-el-alcohol que estaba, estaba tan lúcido como para recordar que yo siempre tendría que estar así: Lúcido, para poder protegerla, al menos siempre que una sabandija rodeara nuestra vida. Así que le quité la bandeja y la dejé sobre la mesa.
-Deja que el que quiera se sirva- le dije – Te extraño- la besé.
El mundo así, de farra y con la persona que más amas es perfecto. Pero ya habíamos tenido bastante tiempo de calidad y el destino quiso que aquello se viera acabado de golpe.
Todo ocurrió muy rápido, podía ver a Nate con la Dani muy cerca de nosotros muy acaramelados. No era como si fuese el gran espectáculo, ya que por esa hora ya casi todos estaban completamente ebrios. Afortunadamente mi amigo, nuestras chicas y yo éramos de las excepciones, aunque ninguno estaba completamente libre de pecado. Luego podía ver a Pilar con su nueva entretención del otro lado. Gente bailando por todos lados. Mel a unos pasos de distancia míos conversando con un chico que nos contaba una historia interesante. Las luces se filtraban entre las ramas de los árboles y de pronto: El fin.
Sentí a John revolotear en algún lugar. Aunque aún a distancia, para seres como nosotros era completamente insignificante. Pero no lo di la importancia que debía pues estaba convencido de que no podría hacer nada.
Seguí conversando con el chico que se llamaba Tomás, podía recordar a Pilar mencionarlo cuando en el museo había hecho aquella lista interminable de pretendientes para mi novia, sin embargo, hacía bien manteniéndome a raya. Entonces, de manera inesperada Matías que bailaba eufóricamente junto a nosotros perdió el control en un intento por colgarse de nuestros cuellos y resbaló.
En fracción de segundos vi cómo el crucifijo que le había comprado a Melissa salía despegado de su cuello. Le mandé una mirada completamente horrorizado ella perdía toda protección justo cuando el enemigo se encontraba en posición de ataque, ella me la devolvió con la misma intensidad.
Intenté voltear en auxilio de la mirada de Nate cuando: todo se fue a negro.
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