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Inesperado
Author:
Sandy Lee PM
Todo comenzo una noche en Roma. No fue amor a primera vista, pero con el tiempo... quizás... tal vez.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Romance - Chapters: 4 - Words: 3,782 - Reviews: 8 - Favs: 3 - Follows: 2 - Updated: 01-11-11 - Published: 10-02-10 - Status: Complete - id: 2852433
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Inesperado

Capítulo I: "Entre lágrimas y oscuridad"


Era una noche tibia de verano en la durmiente Roma, sólo algunos se mantenían despiertos celebrando esa madrugada de domingo.

Lo tenían harto las risas y la música del lugar, estaba hastiado de la dichosa fiesta de compromiso, y más aún, haber sido nombrado el padrino de los novios, sin su autorización. Ahora tenía que soportar las cenas y todo el ritual de la boda. Gracias a Dios que ésta se llevaría a cabo en un par de meses, eso le daría tiempo de acostumbrarse al título y al hecho de que sería acompañado el grandioso día, por una anciana, que era la madrina.

Creía en el romanticismo, más no en la libre expresión de la melosa pareja, conformada por su hermano y la egocéntrica de Tracy Filan, todos esos arrumacos, besos y miraditas de amor las veinticuatro horas del día sin importar quién estuviera presente, podían exasperar a cualquiera.

Salió del lugar, con la idea de fumar un poco, tenía que reconocer que Roma era un lugar encantador, aún de noche, justo cuando iba a encenderlo fue que vio una silueta temblar en la oscuridad.

Se acercó poco a poco, y se dio cuenta de que era una mujer la que estaba sentada en una banca frente a una fuente iluminada.

Estaba llorando desconsoladamente, era una de las invitadas a la fiesta de compromiso, lo supo porque llevaba en la mano derecha el corsage con tulipanes amarillos de rigor, la falda de su vestido, comenzaba a empaparse por las lágrimas que caían sobre esta, y su cabello le cubría gran parte del rostro.

Sacó una servilleta de papel que se había guardado en el bolsillo del pantalón y tomo asiento junto a ella.

—Toma, estás manchando tu vestido.

La chica tomó el pañuelo que le extendían y musito un "Gracias" en voz baja.

—¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte en algo? —Pregunto al ver que la chica continuaba llorando.

—Es sólo, es sólo que no pude evitarlo. Ver a Mark y Tracy tan felices, el discurso de él… No creo que alguien pueda decir lo mismo de mí.

Sonrío al recordar las palabras cursis y ridículas de su hermano, un discurso nada original y bajado de un portal de Internet.

—Bueno, tal vez aún no encuentras al hombre correcto. —Después de decir eso, no pudo sentirse más ridículo.

—Jamás lo haré —respondió ella—, jamás usaré un hermoso vestido blanco, nadie, nadie me ha amado a tal grado de querer pasar su vida entera a mi lado.

Había parado de llorar, pero aún tenía la voz congestionada, no veía muy bien su rostro, pero por lo poco que veía era una chica joven y bonita. Tenía lindas piernas, y vestía bien, hizo memoria, pero no recordaba haberla visto en la fiesta… o tal vez lo hizo, pero debido a su malestar por tanta cursilería, la había pasado por alto.

—Lo harás, y aquellos que te dejaron ir, se morirán de arrepentimiento.

Ella levantó un poco el rostro y vio sus ojos oscuros, la boca bien formada y los parpados inflamados por el llanto le daban un aire dormilón.

Sonrío tristemente. Sin que ella se lo pidiera, la rodeo con un brazo y la atrajo más a él.

Ella aceptó el abrazo y se recargo en su pecho. Era como una niña pequeña en busca de consuelo. Un intenso aroma comenzó a inundar sus fosas nasales.

No se dijeron nada más por un rato y los temblores del cuerpo de la chica comenzaron a ceder poco a poco. Era curiosa la forma en que él reaccionaba en esos momentos, con una desconocida, que extrañamente parecía conocer, tal vez porque la había visto tan vulnerable derramando lágrimas y el hecho de que le haya dado a conocer una verdad que no deseaba escuchar la hacían digna de confianza, en esos momentos era presa fácil para cualquiera que quisiera hacerle daño.

No supo en momento dejó de escuchar la música y el barullo, pero se dio cuenta de que era muy tarde.

—¿Te hospedas en el hotel?

—Si —contestó ella con voz ronca—, ya debería irme —dijo separándose de él.

—¿Quieres que te acompañe?

—Si, si gustas.

Fue el primero en ponerse de pie, y caballerosamente le ofreció su brazo, se apoyo en él y caminaron juntos hacia la entrada del hotel.
El lobby estaba iluminado, pero en completa soledad, tomaron el elevador y ella presionó el número dos. Las puertas se abrieron y salieron del elevador, tomados de la mano.

Del pequeño bolso del vestido sacó una tarjeta y se detuvo frente a la habitación doscientos quince.

—Por cierto, me llamo Jason.

—Anna —contestó ella estrechando su mano nuevamente—, muchas gracias Jason.

—Que descanses.

—Igualmente. —Él depositó un beso en la frente de la chica y se dio la vuelta sin mirar atrás, mientras ella deslizaba la tarjeta para que la puerta se abriera.

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