Fiction » Supernatural »

Souls in Touch
Author:
Strawberry cream PM
Sam y Austin eran amigos hasta que un incidente los separó. Tras dolorosas muertes, Sam se reencontrará con el que creía su amigo en busca de venganza, pero no puede estar más equivocada. El frío e insensible chico guarda más de un secreto.
Rated: Fiction M - Spanish - Supernatural/Romance - Chapters: 4 - Words: 4,621 - Reviews: 8 - Favs: 1 - Follows: 2 - Updated: 03-28-11 - Published: 12-28-10 - id: 2877102
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

Capítulo 3

Cuando estaba a punto de replicar se oyó un fuerte ruido en el piso de abajo. Era como si alguien hubiese derribado la puerta de entrada.

Al parecer mi acompañante estaba esperando algo como eso pues ni se inmuto, muy a diferencia de mí que había saltado asustada.

Sin esperármelo, el chico del cual aún desconocía el nombre y del cual aún no me fiaba, se acercó rápidamente hacia mí, me tomó de la muñeca y sin hacer ruido me arrastró hacia la ventana más próxima.

—¿Qué crees que haces? —le espeté de mala gana en un tono de voz que por lo visto a él no le hacía ninguna gracia.

—Shh... Baja la voz o, ¿es que quieres que nos maten? —su voz fría como el hielo me susurró en el oído.

Me estremecí. Claro está que su cercanía no tenía nada que ver. Solo se debía al cambio de temperatura de su aliento con respecto a mi cuerpo.

Seguían oyéndose fuertes golpes por toda la casa a excepción del ático donde nos encontrábamos, pero por la proximidad de estos, podía afirmar que no tardarían en subir. Y al parecer no era la única porque el chico que me tenía cogida de la mano soltó una maldición entre dientes.

No tenía ni idea de quienes eran los que habían entrado y por qué. Según él para matarnos. Pero, ¿Quién querría matar a dos adolescentes y de manera premeditada? Los mismos que asesinaron a mis padres, me dije.

De forma inesperada, el chico me soltó, abrió la ventana y salió al exterior, dejándome paralizada en mi lugar.

Me había dejado sola, a mi suerte y sin nada con que protegerte.

No pasó ni un segundo desde que este pensamiento cruzó por mi mente cuando la cabeza del desertor se asomó por el hueco en la pared.

—¿ A qué esperas?, ¿es que quieres que te maten? —su voz de nuevo no fue más que un susurro, pero aún así estaba cargada de severidad.

No necesité nada más.

Me abalancé rápidamente a la ventana y con la mayor destreza de la que pude hacer acopio, salí a la fría noche.

El chico del que aún no sabía el nombre, lo cual me estaba poniendo de los nervios, me ayudó, y juntos nos deslizamos por la cornisa lentamente.

¿Nuestro destino? El enorme roble en el cual jugábamos de pequeños Austin y yo antes de que discutiéramos.

Si conseguíamos llegar a él sin ser descubiertos, podríamos descenderlo e internarnos en el bosque. Era la única manera viable de poder huir.

Pero al parecer, cuando se es pequeño todo a tu alrededor parece mucho más grande de lo que en realidad es. El roble no era tan alto después de todo. Si saltábamos a la rama más cercana la caída sería de algo más de dos metros.

Tragué saliva y miré a mi acompañante. Su rostro serio no dejaba entrever ninguna emoción.

El ruido de los allanadores se escuchaba mucho más cercano. Habían llegado al desván, si no saltábamos pronto estábamos acabados.

—Saltaremos juntos —me dijo mientras me apretaba contra su, como pude notar, duro pecho—, es lo más rápido y seguro.

Asentí con las mejillas levemente sonrosadas.

—A la de tres, ¿está bien? —Volví a asentir—, una... dos... —cuando iba a decir tres le corté.

—Espera —le dije suavemente y apreté con mis manos su camiseta.

—¿Qué pasa ahora? —la exasperación era palpable en su voz.

—Tu nombre —dije rápidamente totalmente avergonzada. Eso había sido estúpido.

—Tienes que estar de broma... —estaba molesto.

—Estamos a punto de hacer algo que probablemente no salga bien, así que me gustaría saber tu nombre antes de que muramos.

—No vamos a morir, esto saldrá bien así que, ¿lista?

No me quedó más opción que musitar un suave contra su pecho. Me apretó aún más fuertemente contra él y tomó impulso para saltar.

Antes de que cayéramos al vacío me susurró al odio.

—Phoenix.

Las ramas me golpeaban por todo el cuerpo. Sin saber siquiera cómo lo había logrado me encontraba aferrada al tronco del árbol con Phoenix justo a mi espalda.

Solté un quejido sin querer. Me había hecho mucho daño en la mejilla cuando esta golpeó contra la dura corteza, tras pasarme los dedos descubrí que salía un fino hilo de sangre.

—¿Esto será un problema? —le pregunté mientras le mostraba los dedos cubiertos de sangre.

—Shh… —susurró Phoenix en mi oído pasándome el brazo, que apenas unos segundos antes descansaba sobre mi cintura, por encima de mi hombro y me tapó la boca recostándome contra su duro pecho.

Tiró con delicadeza de mí e hizo que pasásemos a una rama que se encontraba en el lado opuesto a la casa para poder así quedar ocultos.

Después señaló hacia una ventana. Allí asomado había un hombre, o eso me pareció la primera vez que lo miré, pero tras pestañear varias veces seguidas pude comprobar por mí misma que lo único en lo que asemejaba a un ser humano era en la figura.

La diminuta ventana solo me dejaba ver el rostro del extraño ser. Este parecía encontrarse en carne viva y de sus pómulos salían varios pinchos que a cierta distancia parecían peligrosos, no quería ni saber cómo se verían de cerca, pero lo que sin duda me causó más temor fueron sus ojos blancos de pupila roja que miraban al exterior escrutando cada milímetro del jardín. Habría chillado de horror si la mano del misterioso primo de Austin no me siguiese cubriendo la boca.

—Debemos bajar —dijo en un apenas audible susurro—. Si nos encuentran aquí ya sí que no tendremos escapatoria —asentí. Me daba exactamente igual el momento en que bajásemos, mi única preocupación era salir de allí con vida.

Se deslizó por las ramas en absoluto silencio. No me agradaba del todo su compañía ya que era un completo desconocido para mí y la causa por la que me encontrase subida a un árbol para escapar de un monstruo feo con pinchos, pero una vez se hubo alejado de mí me sentí totalmente desprotegida y con miedo. Miedo por encontrarme aferrada a un árbol, realmente tenía pánico a las alturas, y miedo a que ahora que me encontraba casi sola cometiese una estupidez que llamase la atención de los extraños seres, porque la casa debía de encontrarse repleta de ellos por el gran alboroto que habían montado.

—No tengas miedo —me tendió la mano desde la rama en la que se encontraba. Su rostro se mostraba sereno.

— Tss… no lo tengo —intenté hacerme la valiente cosa que hubiese funcionado de maravilla si al extender la mano para agarrar la suya no me hubiese temblado como un flan haciendo que Phoenix me regalase una agradable sonrisa que aunque agradecía mucho en esos momentos no devolví.

Varios minutos después ya teníamos los pies en la tierra y nos dirigíamos lo más rápido que nuestros pies nos permitían al bosque.

Todo iba de maravilla hasta que mi pie topó con un pequeño desnivel del terreno inesperado.

Maldije en voz baja para no llamar la atención y caí en redondo al suelo. Yo, la que solía criticar las películas en las que la gente no paraba de caerse cuando era perseguido por algún asesino o monstruo, como era mi caso, acababa de protagonizar la caída más tonta e inoportuna de mi vida.

Phoenix que había parado en seco y que aguardaba con impaciencia el momento en el que me levantase para así poder seguir nuestro camino, porque ahora era nuestro no suyo ni mío, se desesperó al contemplar que no me levantaría con facilidad del suelo, que no era una simple caída. No le quedó más remedio que correr en mi ayuda aunque estaba segura de que no lo deseaba.

—¿Quieres dejar de comportarte como una completa idiota? —la amabilidad se había esfumado.

Me puse roja de furia. El tobillo me dolía bastante y lo último que quería era escuchar como ese completo imbécil me sermoneaba.

—No tengo la culpa de que el jardín de tu maldito primo se encuentre en tan mal estado —me arrepentí en el mismo instante de decirlo aunque mis ojos seguían lanzando chispas. No sé de dónde salió el impulso que me hizo coger un trozo de barro seco y lanzárselo con furia acertándole de lleno en la cara pero en ese mismo instante me sentí mejor. La situación habría sido cómica si él no hubiese sacado con gran agilidad su daga del bolsillo de la chaqueta y me hubiese apuntado con ella como uno de esos típicos lanzadores de cuchillos de los circos.

Tomó aire y pareció pensárselo mejor porque la volvió a guardar para gran alivio mío que ya comenzaba a ponerme morada de contener la respiración.

—Sabes qué, —su furia era palpable—, que aquí te quedas. No pienso hacerme cargo de una desagradecida como tú —y me dejó allí plantada observando su espalda mientras se marchaba.

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .