
Un poco sobre el instinto de sobreviviencia...
Rated: Fiction M - Spanish - Tragedy/Horror - Words: 374 - Reviews: 1 - Favs: 2 - Published: 06-25-11 - Status: Complete - id: 2926939
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Para: dryadeh
La última
Nidakev entró en el recinto y cerró la entrada. Aún con la respiración a tope y la herida inferior abierta, estaba tan alerta que no renqueó mientras encontraba un mueble para interponerlo en el resquicio.
Luego, al ver donde estaba, se sintió mucho más aliviada. Se dejó caer al piso, no sabiendo si a recuperar fuerza o a dejarse morir. Su cuerpo estaba, cada vez más deteriorado y eso la hizo empezar a abotagarse, pero pronto se despabiló. Oyó los sonidos de pasos, los chillidos tan altos de ellos y supo que se estaban acercando.
cuando llegaran a donde estaba, por más que tuviera su arma a punto y una pequeña barricada; la atraparían, la matarían y luego se la comerían.
No. Nidakev se levantó de nuevo, presa de una energía horrible, pero que al menos la mantuvo consciente.
Recordó porqué estaba ahí, y el dolor y el miedo invadieron su cuerpo, haciéndola proferir un gemido que silenció a como pudo… los pasos de los invasores se acercaron más a donde estaba ella.
Saber que era la última del campamento y que iba a morir era un pensamiento que no la dejaba en paz. No quería, tenía pánico, deseaba con todas sus fuerzas aparecer en otro lado, creer que era mentira… y aún así, ese saber era lo que la movía.
Tomó el arma más cerca de sí, aunque sabía que solo serviría de estorbo para lo que iba a hacer. Se aproximó a la pared de piedra reluciente y la tocó. Estaba caliente, y Nidakev adentró su extremidad por la herida hasta llegar donde estaban sus hijos, listos para crecer dentro de su cuerpo. El dolor fue terrible, gritó a más no poder, pero no cesó de hacerlo hasta que los tuvo fuera.
Cayó al suelo, sin fuerza, sin esperanza más que de subir sus huevos adentro de la roca caliente, donde sus hijos incubarían… solo un poco más, un poco más.
El humano la mató con desdén, maldiciéndola por lo escurridiza que fue, apenas abrieron la pequeña barricada de piedra en la cueva. Por el intercomunicador le dijo al capitán de la nave interestelar, que ya tenían más carne y huevos para el desayuno del día siguiente.
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