
Especial de Halloween. Resumen dentro del primer cap.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Horror/Mystery - Chapters: 5 - Words: 39,966 - Reviews: 6 - Favs: 4 - Updated: 08-02-12 - Published: 10-30-11 - Status: Complete - id: 2965758
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Un pequeño espacio para agradecerles por tomarse un tiempo de leer este escrito y haber llegado hasta aquí. Personalmente agradezco a Angela Dubrash por haber esperado tanto y seguir fielmente la historia, eso me animo mucho para seguirla publicando ^-^
Les dejo con el último capítulo, espero hayan disfrutado de esta lectura como yo disfrute al escribirla n_n
Cap. 5
Fin de la noche
— ¿Qué… qué sucedió con Michael? —preguntó Yvis temerosa al ver que ese extraño chico permanecía mudo con la vista ida hacia otro lugar, muy lejano del presente.
Frente a ella se encontraba una hilera de vasos, delatores de la cantidad de alcohol ingerida a medida que avanzaba la historia que la tenía al filo de la butaca. El ambiente seguía impregnado del olor a cigarro y alcohol. La mayoría de los hombres mayores se hallaban en sus propios mundos a pesar de estar todos en un mismo lugar. Los jóvenes conversaban con algunas de las chicas que lograron conquistar o sencillamente hablaban entre camaradas.
El ambiente era todo lo normal que podía ser, como si Yvis y aquel chico llamado Michael no formaran parte de él, aunque estuvieran allí. El corazón de Yvis saltó dentro de su pecho al recibir la mirada sombría de esos ojos azules.
— ¿Él… logró salir? —su voz fue inaudible, pero ella supo que él le había entendido.
—De cierta manera lo logró —respondió sin apartar sus ojos de los suyos. Yvis saltó en su asiento sin poder creer esa noticia.
— ¡Está vivo! No puedo creerlo, ¿Lo conoces?, ¿Fue él el que te contó todo esto? —preguntó emocionada y aliviada. Desde que había empezado la historia se sentía al borde del llanto, la locura y la desesperación. No podía aceptar todo por lo que pasaron esos chicos.
—No, él no está vivo —Yvis se estremeció en el lugar. Tuvo miedo. Tuvo miedo de formular la siguiente pregunta.
— ¿Cómo lo sabes? —el chico por primera vez despegó sus ojos de los suyos e Yvis sintió como si le liberaran de una cadenas. Sus ojos negros se posaron en una de las manos de él, que se movió despacio hasta situarse encima de las de ella sin tocarla. Michael con suavidad tocó el dorso de su mano.
Yvis contuvo un grito en su pecho al sentir lo helado de su piel. Esa temperatura no podía ser natural, no con ese calor sofocante dentro del bar. El chico retiró su mano. Yvis alzó la vista y casi cae del asiento al ver a Michael, pero no era él, era el Michael de la historia, herido, cansado y horrorizado.
El pulso de Yvis se detuvo al verlo levantarse. Se sentía en el precipicio entre le cordura y la locura.
—Lo sé porque yo soy ese Michael —respondió como si nada antes de alejarse hacia la salida.
Yvis no fue capaz de reaccionar hasta que la espalda de aquel chico hubo desaparecido. Su vista volvió a donde estaban los vasos. Un cubo de hielo le cayó en la boca del estómago al ver una fotografía de cinco jóvenes sonriendo. Arriba de cada uno de ellos estaban sus nombres, al pie de la foto estaba escrito: "expedición a la mansión de los susurros" y más abajo estaban las firmas de todos ellos. Sus ojos no se despegaron de aquel chico rubio, el chico con quien estaba charlando hacía unos cuantos minutos.
Yvis se levantó y corrió en busca de Michael. Tropezó con personas y mesas, pero no le importó. Tenía que saber si era cierto. Los fantasmas no existían, era imposible. Ella tenía que corroborarlo, verlo con sus propios ojos.
Salió del bar con la respiración agitada. El clima seguía igual de implacable. El cabello se le adhirió al cuero cabelludo, las ropas se le pegaron al cuerpo, pero esa joven sólo buscaba a ese chico por encima de aquella tempestad. Apretó con fuerza la fotografía al encontrarle, él la estaba esperando. Se mantenía de espaldas a ella, sin embargo Yvis sabía que la esperaba.
—Nada de esto es posible —gritó para hacerse oír. —Tu historia no es real, los fantasmas no existen y sí así fuera cómo es que ninguna de las historias habla de ti. Esa mansión es un mito y esto no es más que una broma para asustarme.
—No entres en la mansión —Yvis retrocedió un paso. Esa voz sonó en su cabeza.
—No es real —pensó ella aferrándose con obstinación a esa idea. Esa historia no iba a impedir que ella entrara y desmotrara su valor. No había pruebas o hechos que confirmaran o dieran validez a lo que él decía. Todo podía ser falso, y ella no desistiría por un lunático que se encapricho en frustrarle los planes.
Se quedó petrificada al ver el ligero movimiento de Michael de girar la cabeza. Cuando sus ojos se encontraron con los de él, un rayo los iluminó.
En una fracción de segundo notó que Michael no tenía sombra, que él no estaba empapado como ella, que sus pies no tocaban tierra, pero sobretodo notó la sangre en su camisa por una herida mortal.
—La curiosidad se paga caro, más aún cuando molestas a los muertos —Yvis gritó por ver cómo el rostro de aquel chico se descomponía frente a ella. El cabello rubio se le cayó, las mejillas se le chuparon, los ojos se le hundieron, los labios se le resecaron. Sus gritos fueron ensordecedores cuando por su mente aparecieron imágenes sin fin de gente siendo devorada por monstruos. Nadie iba a ayudarles, nadie podía hacerlo. Sus gritos se unieron a los gritos de aquellas personas desconocidas que murieron devoradas en esas cuatro paredes y después formarían parte de la mansión.
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Todas las personas del bar salieron inmediatamente ante esos gritos desgarradores, pero lo único que encontraron fue a una chica tirada en el suelo sosteniendo un papel en blanco con desesperación, viendo al cielo sin importarle el lodo en sus ropas o la lluvia que sobre ella caía. Le hablaban, le movían, pero ella no respondía. Yvis había quedado en un estado catatónico.
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La tempestad empezó a amainar conforme pasaron las horas, sólo quedaba una hora antes del amanecer.
Michael volvió a donde todo había terminado para él una vez. No sintió remordimiento por lo que había hecho, ella algún día se lo agradecería. Sus pasos se detuvieron frente al portón de aquella mansión, colocó una de sus manos sobre el metal. Recordó ese último momento cuando sus ojos vieron el primer rayo del sol y sus oídos escucharon el canto del gallo, también cuando esa calabaza le dio alcance y terminó con su vida. Él fue la primera persona en tocar el portón y ver la luz del día dentro de los terrenos de la mansión, por eso su alma no fue condenada a formar parte de ella, no había nadie que lo obligara a obedecer ni nadie que lo pudiera detener, pero esa mansión lo mantenía atado a ese lugar. Poseía una libertad limitada.
Su vista fue al cementerio. Poco a poco los niños se desvanecían a medida que aclaraba. Michael utilizaba el poder de ellos y el suyo propio para mantener a todos alejados de aquella mansión, en especial en Halloween. Alterar el clima, la repentina idea de relatar las historias de las desgracias que allí ocurrieron, pero siempre, en alguna oportunidad, aparecía alguien como esa chica, Yvis. No era la primera y Michael sabía que no sería la última con tener intenciones de poner un pie en aquel lugar endemoniado.
Poco a poco la mansión perdía fuerza, en cuestión de algunos años la maldición terminaría y las almas de allí ya no le pertenecerían.
Los ojos de Michael fueron hasta una de las ventanas superiores, encontrándose con el abuelo Simón Concepción lleno de un impotente odio de no poder detenerle en su cometido.
—Me mataste para poder vivir, ahora yo te mataré para poder morir.
La luz del sol iluminó la mansión por completo. Simón Concepción desapareció al recibir el impacto de la luz mañanera, Michael estuvo presente solo dos segundos, los suficientes para escuchar el canto del gallo, antes de sufrir el mismo destino.
Cuando su canto terminó, la mansión y los alrededores de ella quedaron totalmente iluminados, dejando a la vista una edificación que debía ser demolida.
Las historias de terror no siempre pertenecen a la ficción.
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