
Un momento de shock
Rated: Fiction T - Spanish - Words: 913 - Reviews: 1 - Favs: 1 - Published: 11-16-11 - Status: Complete - id: 2971038
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¡Hola Gente! Les cuento que un día como cualquier otro, Clío estaba comportándose con originalidad. Estaba enseñándome historias, personajes, escenarios… Pero planeándolos para que fueran guiones de series. Ya antes he tenido ideas para eso, lo raro es que en esas se me ocurrió la idea de un personaje original. Luego, esa idea la usé para hacerle este cuento a M_enia en Livejournal, por su cumpleaños. A ver si adivinan cual es el personaje original de Clío!
Confesión
No sabía como había terminado frente a esa edificación. Es más, no recordaba que alguna vez hubiera procesado mentalmente la dirección de la esa iglesia. Solo fue consciente de que sus piernas caminaban y el resto de su cuerpo las siguió, y de esa manera llegó ahí.
Pudo volver a tener control de su ser, justo cuando su pie iba en el aire con el fin de pisar el primer escalón de la gran y descansada escalera. Fue como despertar de un sueño o un embotamiento, pero no supo qué hacer con eso y, solo, bajó la pierna y se quedó viendo la iglesia pequeña y de corte gótica… Pensaba en si debía entrar o irse, y si se iba, ¿A dónde? Suficientes interrogantes como para quedarse sin hacer ningún movimiento.
—¿Tiene fuego?
La voz le sorprendió, pero hasta agradeció tener un respingo y tener que volver a ver a un lado con rapidez… fue casi como sentirse vivir de verdad, aunque pronto volvió al embotamiento, al no sentir que algo era real.
—Que si tiene fuego —le insistió, cuando su mirada dio con él.
El hombre estaba vestido con un abrigo ancho y negro que le hizo pensar que debía hacer frío, y verse. Sí, también llevaba un abrigo, un sobretodo… pero aún así, se dio cuenta en ese momento, sentía frío.
—¿Un encendedor, unas cerillas… fuego, ya sabe? —decía el otro, enseñándole un cigarro entre los dedos y con una sonrisa divertida en el rostro.
El hombre estaba recostado a la pared de la iglesia, medio escondido por la escalera. Mientras se esculcaba el abrigo en busca del encendedor que no sabía si tenía o no, caminó hacia él.
—No, no tengo, perdón.
Pensó vagamente en devolverse pero, ¿A dónde? Miró hacia atrás, a un lado, a la iglesia. Aunque había más gente en las aceras, automóviles, y otras vidas alrededor, todo parecía suceder fuera de su mundo. La iglesia, su jardín y el hombre que le veía con bondadosa pero inquisitiva mirada, era lo único que sentía verdadero.
—Estamos remodelando —eso hizo que dejara de ver hacia la iglesia, y fijar de nuevo la mirada en el hombre que aún tenía el cigarro en la mano—. Cambiando el altar viejo de madera por uno de piedra. —se encogió de hombros, como si realmente no le importara el tema—. En otras circunstancias, fumaría a la par de ellos, pero hay algo en fumar en una iglesia es como... Por eso estoy aquí, con un cigarro y sin fuego.
Le miró, como esperando que dijera algo al respecto de todo.
—Ya —y miró de nuevo a la iglesia, intentando poder imaginar que adentro de ella había personas, haciendo algo tan mundano como cambiando un altar. Sin embargo se veía tan silente, severa y punitiva, que solo pudo pensar, con un incierto temor, un terrible vértigo que le dio nauseas y que quería irse de allí… el frío se intensificó.
—¡Ey, ey! ¿Está bien? —le agarraba del antebrazo con fuerza, y al mirar al hombre, se dio cuenta que casi se cayó al suelo—. ¿Quiere entrar?
—¡No!
—Está bien… —el hombre le miraba hacia abajo como ido y, luego, le miró el rostro como considerando qué hacer a continuación. Finalmente, intentando aparentar tranquilidad y ayudándole a caminar, dijo—: venga, siéntese aquí por un momento, al menos.
Fueron hacia una banca en el jardín de la iglesia. Después que se sentó, y mientras cerraba el abrigo abrazándose para no sentir más frio, miró hacia la calle, a los autos. No supo porqué, pero eso hacía más fácil el no pensar.
—En la sacristía hay una ducha caliente.
Le miró por un instante para dar a entender que le había oído, y volvió la mirada de nuevo a los autos.
—Después de un baño y un whisky, tal vez le sea más fácil entrar a la iglesia… —insistió.
¿Iglesia? Brumosamente, recordó que inició a caminar en busca de algo más y, empezando a temblar, contestó sin dejar de ver a los autos.
—Iba a la policía.
—Después iremos a la policía. Por ahora, un baño y cambiarse de ropa le hará bien.
Negó, pero sin fuerzas. Miró hacia abajo, a la sangre en su abrigo negro… al menos no se veía, no como en la ropa blanca debajo de éste.
Se dejó abrazar de lado y llevar hacia la iglesia, sin dejar de ver a los autos.
—Tuve que hacerlo. —el frío era cada vez peor, y temblaba más mientras se le salían esas palabras de la boca.
—No dudo que así fue. Pero me contará después del baño, si desea.
Mientras caminaba, se le hacía aún más difícil ver los autos. El hombre se quitó el abrigo y se lo puso en los hombros, pero aún así no dejaba de temblar. Mientras subían los escalones, se dio cuenta del collarín blanco y se creyó sentir sonreír:
—¿Secreto de confesión?
—Claro —respondió, con un ademán muy convencido.
Miraba el collarín blanco como antes veía los autos…
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