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Runners 03 In Between ON HOLD
Author:
Bel Watson PM
Serie Runners 3. Katrina Koch es una periodista que sueña con ser reportera y hará lo que sea necesario para conseguirlo, pero Aidan Jones no dejará que ella meta su nariz donde no le conviene.
Rated: Fiction M - Spanish - Romance - Chapters: 12 - Words: 38,751 - Reviews: 70 - Favs: 8 - Follows: 9 - Updated: 06-12-12 - Published: 01-02-12 - id: 2984934
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Primero que todo. ¡Feliz año nuevo a todos! Espero este 2012 traiga increíbles cosas para todos. Segundo, quiero darle la bienvenida oficial a la tercera parte de la saga Runners, "In Between". Es una historia que me llama mucha la atención, personajes a los que ya adoro y que sé que me volverán loca con el tiempo. A aquellos que ya leyeron Love Race y Taken Flight… les digo que, al menos, Emily y Matt seguirán apareciendo. No puedo decir nada sobre Jack y Becca.

Bueno, sin más preámbulos, los dejo con el prólogo de esta historia y el primer capítulo (para que los números queden bien desde el principio, he hee)

Y… nos embarcamos en una nueva aventura…

.

"In Between"

-Prólogo-

Los iba a matar. A esos dos desgraciados los iba a matar por hacerla bailar con un hombre que mostraba ningún interés en ella. A Trina no le gustaba que le tuvieran lástima, odiaba aquello con todas sus fuerzas y odiaba también que la obligaran a hacer cosas por la misma razón. Ella estaba perfectamente disfrutando de la comida en su mesa en la boda de Emily y Matt pero ahí había tenido que llegar ese imbécil pidiéndole que bailara con un amigo de la infancia de él. Sí, Aidan era muy pero muy atractivo a sus ojos y la había semi-sonreído cuando se presentaron, pero luego de eso se habían limitado a bailar.

Trina se sentía pequeña y femenina en sus brazos siendo guiada por él en la pista de baile y no le gustaba esa sensación, no le gustaba sentirse como una frágil muñeca que necesitaba ser cuidada. Ella era fuerte e independiente, no necesitaba a nadie en su vida para que la ayudara. Siempre había tenido un muy buen concepto de sí misma, siempre había estado orgullosa de cómo era pero Aidan estaba destruyendo esa confianza en sí misma sin darse cuenta y a ella no le gustaba. Nada de nada.

Lo que Trina necesitaba era dejar de pensar en cómo se sentía ella en sus brazos, dejar de pensar en él, en lo fuerte que se sentían esos brazos alrededor de ella, en lo sexy que era su rostro de rasgos afilados y mirada profunda. Si él no quería hablar, ella lo iba a obligar.

—Entonces… —dijo ella alejándose un poco de él para mirarlo a los ojos durante la canción romántica que bailaban— Amigo de Matt desde la infancia. ¿Algún secreto sucio que me sirva para chantajearlo? —preguntó con su mejor expresión de malicia y vio como él soltaba una ligera carcajada.

—Él comía pasto pensando que eso contaría como vegetales y así no tendría que comer el brócoli que su mamá lo obligaba a comer —él contó y Trina rió con ganas. Definitivamente esa información le serviría. Un día invitaría a cenar a Matt y le daría pasto en su plato—. Sí, éramos bastante cercanos aún cuando yo soy mayor tres años —continuó él—. Era divertido pasar tiempo con ellos, pero luego nos tuvimos que mudar con Ariana y perdimos contacto. A mí me transfirieron hace unos años de vuelta aquí y ahí nos volvimos a encontrar.

Woah, ella no se esperaba una respuesta tan completa por parte de él, a decir verdad se esperaba un monosílabo y nada más. No se quejaba, su voz resultaba placentera de escuchar, hacía que su cuerpo vibrara.

—¿Por qué te transfirieron? —inquirió ella para continuar la conversación.

—Soy policía. Me cambiaron de división —ella le respondió con un asentimiento y un oh para hacerle ver que lo seguía en la conversación.

Tenía sentido, había algo en su aura que gritaba seriedad, profesionalismo y cero tolerancia con alguien que rompiera las reglas. Tenía el aspecto de un policía y por algún motivo Trina quiso verlo en su uniforme. Algo le decía que se vería increíble.

—¿Qué división?

—Anti-vicios —fue su única respuesta. Hmmm, no, definitivamente ella prefería el tipo de respuesta larga donde él le daba un pase para que ella pudiera seguir preguntando. No quería esforzarse pensando en algo para mantener la conversación.

Ella iba a preguntar algo más respecto a su trabajo pero entonces Matt y Emily aparecieron a su lado sonrientes y felices.

—¿Cómo lo pasas, dama en rosa? —inquirió el rubio y Trina perdió el temperamento.

—Voy a matarte, puto imbécil. Em, olvídate de herederos que a este lo dejo impotente ya mismo —gritó la rubia alejándose de Aidan para ir por Matt—. Te voy a hacer pagar…

Ella trató de seguir avanzando pero un fuerte brazo la sujetaba por la cintura y le impedía seguir con su marcha de la muerte. Ella miró por su hombro y vio a Aidan riéndose mientras la sujetaba para que no matara a su amigo.

—No me detengas. Sé que eres policía pero le haré un bien al mundo si dejo impotente a ese jodido idiota. Nadie quiere más gente como él —se justificó ella tratando de soltarse pero él la mantenía firme sujeta contra su cuerpo con un solo brazo riéndose mientras Emily reía y protegía a Matt también.

—Ven, vamos a dar una vuelta para que te despejes y Matt sobreviva su boda —dijo Aidan tirando de ella lejos de la pista de baile.

—¡Me las pagarás, Avner! —exclamó ella mientras era arrastrada por Aidan.

Él seguía riéndose pero no la soltó hasta que estuvieron apartados de la demás concurrencia, sólo ahí la dejó sostenerse por sí misma, pero la tomó por los hombros para que lo mirara cara a cara. Él aún tenía una sonrisa jugueteando en su rostro y se veía aún más atractivo. Esa imagen de él hizo que se calmara y dejara de querer matar a Matt por reírse de ella.

—Tienes mucha energía, ¿eh? —comentó él aún mirándola a los ojos.

—Ese idiota. Sabe cuánto odio el rosa y verme así como un payaso y no para de reírse en mi cara. No se juega con mis puntos débiles si quieres salir bien parado —se justificó la rubia.

—No creo que te veas como un payaso. Puede que el rosa no sea tu color pero te ves muy bien —comentó él y luego le dio una mirada apreciativa de arriba abajo. Trina no pudo evitar estremecerse ante tal escrutinio—. Muy bien.

Ella no supo que decir. Por primera vez en su vida se quedó sin palabras ante el cumplido de un hombre. Se empezó a sentir incómoda, no le gustaba sentirse tan delicada a las manos de alguien. Quería recuperar su fortaleza y las palabras para responderle algo, pero apenas podía respirar con esa mirada tan intensa sobre ella. La oscuridad de sus ojos parecía querer consumirla y no había escapatoria.

—Tienes algo diferente —susurró él y ella volvió a estremecerse. Su voz era aún más profunda.

La presión de sus manos en los hombros de ella se hizo más fuerte y de pronto ella sintió que algo tiraba de su cuerpo hacia el de él. De un momento a otro su anatomía se amoldaba al de él y los brazos de Aidan la rodeaba apretándola con fuerza mientras que su cabeza bajaba hasta que sus labios se encontraron.

Trina no sabía que estaba pasando pero no iba a hacer nada para cambiar la situación. Los labios de Aidan, por algún motivo, sabían diferente a todo lo que ella alguna vez había probado y el calor que empezó a recorrer su cuerpo al mero contacto hizo que se olvidara de cualquier cosa que estuviera pasando, sólo podía sentirlo a él y aquello era lo único relevante en el momento. La rubia pasó los brazos por detrás de su cuello y se alzó en puntillas para devolverle el beso con intensidad, devorándose el uno al otro en un beso que crecía y crecía en pasión. Ella nunca había sentido esa necesidad incontrolable de besar a un hombre hasta perder la consciencia, hasta perderse a ella misma.

Él la abrazó aún más fuerte y profundizó aún más el beso. Se sentía como si él estuviera hambriento y no pudiera tener suficiente de ella. Trina se aferraba a su cuerpo como si de un salvavidas en medio del océano se tratara. Su cuerpo estaba en llamas, su sangre corría a toda velocidad por sus venas y sentía que si se alejaba de él iba a quebrarse. Las sensaciones que la consumían mientras estaba con él no tenían sentido, nunca antes le había pasado algo así.

Él liberó sus labios para tomar aire y volvió a besarla salvajemente, como si no hubiera un mañana que los esperara y sólo tuvieran ese momento. Acababa de conocerlo pero jamás había deseado a un hombre con tantas fuerzas como lo deseaba a él. Aidan la apretaba fuertemente y la sensación de ese cuerpo duro y trabajado contra el suyo empezaba a volverla loca, su cabeza giraba y giraba sin compasión. Oh jodido Dios, quería arrancarle las ropas y que él se las arrancara a ella en ese mismo minuto.

—Aidan… Aidan… ¡Aidan! —se escuchaba a lo lejos, pero poco a poco esa voz se volvía más real y más cercana—¡AIDAN! —el grito finalmente los alcanzó y él la soltó para mirar por sobre su hombro. Trina sintió como los músculos de él se tensaban antes de soltarla— ¿Qué estás haciendo? Si se puede saber.

—Ariana —murmuró él soltando definitivamente.

Ariana, él la había mencionado antes. Juntos se habían tenido que mudar. Debían ser familiares, hermanos probablemente.

Trina se giró sintiendo su cara ardiendo. La mujer que había llegado y que era la hermana de Aidan era una pelinegra deslumbrante con su piel ligeramente aceitunada, rasgos muy femeninos y ojos grises que brillaban con cientos de preguntas y una actitud reprochadora para su hermano. Era hermosa, una modelo sin lugar a dudas porque se veía perfecta, ningún defecto a detectar en ese vestido negro ajustado que dejaba ver unas piernas largas y perfectas y moldeaba unas curvas peligrosas. Trina se sintió muy insegura de sí misma y quiso salir de ahí corriendo avergonzada por dejar que el mundo viera semejante calamidad al lado de Ariana.

—No es de tu incumbencia, Ariana. ¿Qué quieres?

—Te estaba buscando. Me prometiste que nos iríamos pronto por mi sesión de fotos. No puedo llegar tarde y te comprometiste, pero de haber sabido que estabas tan ocupado hubiese llamado un taxi.

No estaba segura, pero Trina podría afirmar que aquella mujer no parecía que le agradara mucho la idea de ver a su hermano con ella.

—Cierto. Lo siento. Adelántate, ya te alcanzo —la pelinegra dudó unos instantes pero al final obedeció y se dio media vuelta sin decirle nada a Trina.

—Lo siento… debo irme. Yo… esto… —él se veía muy inseguro pero ella no era capaz de decir nada que pudiera ayudarlo—. Adiós, Trina.

Ella asintió como única respuesta. No sabía qué decirle al hombre que le había dado el mejor beso de su vida y que se iba sin pedirle su número de teléfono o preguntarle si podían verse otra vez.

Él la miró unos instantes más, la tomó por la nunca y la arrastró a un último beso desesperado que no duró todo lo que ella quería. Lo último que vio fueron esos ojos oscuros ardiendo de una manera que ella no podía describir. Ante esa mirada ella sólo pudo estremecerse.

Aidan se marchó y ella se quedó ahí, viendo como su silueta se hacía más pequeña y preguntándose si lo vería otra vez. Lo dudada. Si nunca antes lo había visto, si sus caminos nunca antes se habían cruzado era porque sus vidas no tenían nada en común más que un irritante amigo. Esos besos compartidos lejos de la fiesta que se celebraba metros más allá era todo lo que compartirían, no había manera que volvieran a verse y que volvieran a experimentar las cosas que sintieron durante esos besos.

Trina no quería sentirse decepcionada, pero no pudo evitarlo. Le hubiese gustado conocerlo un poco más.

La rubia se dio una pequeña cachetada para despertar de cualquiera que fuera el trance en el que estaba. Ella estaba lista con los hombres. No quería conocer mejor a nadie más, no quería una relación seria. Ella sólo quería pasarla bien, disfrutar de su vida sin nadie que la amarrara de ninguna manera. No tenía por qué sentirse decepcionada, lo que había pasado con Aidan era todo lo que quería y tendría de cualquier hombre que conociera. Ronald le había enseñado que no valía la pena una relación seria.

Sacudió la cabeza para alejar cualquier pensamiento irracional y se armó con una sonrisa. Volvería a la fiesta como si nada hubiese pasado.

~·~

-1-

Frío y distante

—Es tu última oportunidad, Aidan. Te juro por Dios que si no dices nada no volverás a verme. No puedo soportar más tu frialdad. Soy una mujer, necesito que me muestres amor para sentirme segura. ¿Por qué estás conmigo si parece que no te importo ni un poco? No lo entiendo —la rubia gritó limpiándose las lágrimas que se deslizaban lentamente por sus mejillas.

Aidan Jones la miraba impasible sin siquiera molestarse en sacar las manos de sus bolsillos. Sinceramente sus lágrimas no lo afectaban, toda la diatriba de ella no le movía ni un pelo. Sally podía ser su novia, pero no sentía absolutamente nada por ella y ese era el motivo porque no la iba a detener aún cuando eso era lo que ella quería, aún cuando ese era el motivo de que ella estuviera haciendo una pataleta. Sally quería poner a prueba a Aidan, quería que él le demostrara que la amaba y que no podía vivir sin ella. Bueno, se iba a llevar una desilusión.

—Tú fuiste la que insistió en estar conmigo aún cuando te dije que yo no servía para una relación. Simplemente accedí a lo que querías, pero de que no resultara es tu culpa. Yo te advertí de todo esto, tú no quisiste escucharme, tú te hiciste fantasías en tu cabeza de algo que jamás pasaría entre nosotros. No te voy a detener, de hecho te aliento. Encuentra a alguien a quien le importes y quiera estar contigo de verdad.

Sally retrocedió un par de pasos con su cara llena de horror y dolor. Sí, él había sido rudo e insensible por decirle esas cosas, pero no podía importarle menos. Ya estaba harto de ella, de sus constantes escenas de celos por ningún motivo aparente —Aidan apenas miraba chicas, algunas se le acercaban pero él jamás mostraba interés por ellas—, de sus pataletas porque él no la trataba como una princesa, de sus constantes amenazas de que lo iba a dejar por alguien mejor. Sinceramente él no entendía porque ella seguía con él si era obvio que Aidan no sentía nada por ella, que sólo seguía en esa relación porque Sally quería eso y porque él podía tener sexo de vez en cuando.

Aidan no era un hombre para estar en una relación. Era muy frío y distante, no había nadie que llegara a su corazón y lo agitara. Todo era llano y aburrido en su vida, lo único interesante era su trabajo, pero incluso eso a veces se volvía monótono y aburrido. No había una mujer que pudiera despertar algo en él.

No. Él se equivocaba. Sí había una mujer que una vez había despertado algo profundo y salvaje dentro de él, pero ella no era parte de su vida y no la había vuelto desde la boda de Matt, de eso ya un año y medio.

Trina.

Su nombre aún lo perseguía de vez en cuando, en esos momentos en que recordaba como ella lo había hecho reír, como lo había hecho sentir vivo, el hambre insaciable que había experimentado cuando la besó. Nunca antes y nunca después de ella volvió a experimentar algo semejante. A veces esperaba encontrarla de nuevo, sólo para sentirse vivo una vez más, pero sus caminos no tenían como cruzarse y no le iba a preguntar a Matt por ella. No, Aidan jamás iría tras una mujer.

—¡Eres un idiota! ¿Cómo puedes tratarme así? ¡Eres un idiota sin corazón! Yo me esforcé, traté de que esto funcionara pero una relación no se construye con una sola persona.

—Por eso te dije que yo no quería una relación. Te dije que no iba a poner de mi parte…

Una fuerte cachetada lo calló en medio de la oración. El golpe fue tan fuerte que él quedó mirando en otra dirección. Para cuando volvió a mirarla ella lloraba desesperadamente y se tapaba la boca con ambas manos para que los sollozos no se oyeran tan desgarradores.

—¡Eres lo peor que pudo pasarme! No puedo creer que te amé… que te quede claro que nadie nunca será tan idiota como yo para enamorarse de ti. ¡Te quedarás solo por siempre!

—No me interesa —fue la única respuesta a las sentencias de Sally.

Ella no aguantó más su indiferencia y salió corriendo del departamento de Aidan. Él se revolvió los pelos de la cabeza y suspiró. Al fin se había ido y él recuperaba su espacio, ya no tendría a una irritante mujer molestándolo todo el tiempo, mendigando por afecto que él no podía darle.

—Ella tiene razón, lo sabes, ¿no? —una voz dijo cuando él se dio la vuelta. Aidan miró por sobre su hombro y vio a Ariana apoyada en el marco de la puerta— Te vas a quedar solo porque ni yo voy a estar a tu lado por siempre. Sabes que con Nathan nos vamos a mudar a Paris, ¿verdad? No vas a tener a nadie a tu lado entonces.

Aidan suspiró y se encogió de hombros demostrando que no le importaba quedarse solo ni un poco.

Nathan era el prometido de su hermana, un artista que estaba alcanzando el éxito rápidamente y que por ello se iba a Paris, pero no había podido separarse de Ariana así que le había pedido matrimonio y le pidió que se fuera con ella. Como Ariana de verdad parecía estar enamorada de él, aceptó y se iban en un par de semanas.

—Soy un adulto, no necesito a nadie para que cuide de mí. Voy a estar perfectamente.

—Hasta tú te puedes sentir solo de vez en cuando, Aidan. No tienes porque siempre mostrarte tan frío, sabes.

Él sólo agitó su mano por sobre su hombro para restarle importancia a lo que su hermana menor decía. Era lo que siempre le criticaban, que era muy frío, que nunca mostraba emociones, que no parecía interesarse por nada, que nunca parecía encariñarse con nada. Aidan no entendía por qué no lo dejaban ser, él era así, un hombre frío y distante, serio y profesional que era feliz a su manera.

—Bueno, sólo venía a decirte que tengo una fiesta de gala pero Nathan no puede acompañarme y no quiero ir sola. ¿Podrías ir conmigo? Por favor, Aidan, ven conmigo. Sólo tienes que ir, verte guapo, sonreír de vez en cuando y listo. ¡Por favor! —su hermana rogó mostrando ese lado infantil que sólo él conocía y que ella utilizaba sólo con él para conseguir sus propósitos. Ella sabía que Aidan no podía decirle que no a su hermana menor.

—¿Cuándo es? —inquirió él dándose por vencido de una vez. No tenía sentido intentar decir que no, Ariana lo iba a convencer.

—¡Eres el mejor! Gracias, hermanito —chilló ella agarrando su brazo y caminando con él hacia la cocina. Gah, él odiaba cuando ella se ponía en esa actitud. Era otra razón por la que aceptaba rápidamente sus peticiones.

—Como sea, sólo para de actuar toda dulce. Esa no eres tú.

No, Ariana era mucho más controlada y seria, siempre con esa actitud de tener todo bajo control, hasta el último pelo de su cabeza estaba como ella quería. Podía parecer manipuladora y mimada, pero no era una mala persona, sólo era muy ambiciosa y a veces olvidaba ser cortés cuando quería algo.

—Es esta noche. Te mandaré un traje para que uses y pasaré por ti a las ocho. ¿De acuerdo? Te veo entonces, hermanito.

Ariana le dio un beso en la mejilla, le guiñó un ojo. Una vez conseguido su cometido, no tenía motivo para quedarse. Además, tenía que arreglarse para la dichosa fiesta. Aidan conocía a su hermana que se tomaba un vida en estar lista antes de un evento y ya eran las cinco de la tarde. Tenía suerte de que no tuviera turno de noche ese día, de otra manera no habría podido ir con ella.

Aidan soltó un suspiro y decidió prepararse algo para comer. Luego juntaría las cosas de Sally y las enviaría a su dirección. No sabía porque aquella rubia adoraba dejar sus cosas personales en el departamento de él aún cuando él le decía que no le gustaba que lo hiciera.

Una hora antes de que Ariana pasara por él, el portero de su edificio tocó la puerta de su departamento para entregarle el traje que su hermana le había mandado. Era un traje sumamente elegante negro con camisa blanca y una humita que él sabía como atar sólo gracias a las intensivas clases de su hermana.

Uff, él odiaba vestirse como un pingüino, era tan incómodo. Las cosas que uno hace por la familia, pensó Aidan mientras dejaba el traje sobre la cama y se metía al baño para tomar una ducha, afeitarse y luego vestirse antes de que su hermana pasara por él.

Con un timing perfecto, Ariana pasó por él a las ocho en punto en una limusina que él no sabía de dónde la había sacado. Así era su hermana, una exitosa modelo con muchos contactos y amigos que la ayudaban. Aidan sabía que lo había invitado a él a ir con ella sólo porque Nathan era un tanto celoso y no le hubiese gustado que fuera con algún modelo amigo de ella. Incluso si el modelo era gay.

Llegaron al lugar donde la fiesta era celebrada. Era un salón enorme con decoración vintage lleno de gente vestida elegantemente hablado unos con otros en la más cortés de las formas. En ninguna manera aquel lugar era el ambiente de Aidan, pero era el ambiente natural de su hermana y donde ella parecía mostrarte más feliz, así que él lo toleraba. Él hacía ese tipo de cosas sólo por su hermana menor.

Ariana lo presentó a muchas personas y él trató de ser cortés, porque amable jamás podría ser con alguien a quien no conocía de antes y quien parecía haber pasado por el cirujano plástico más veces de las que él se había caído siendo niño. Llegó un momento de la noche cuando ya no pudo soportar más el ambiente y le dijo a su hermana que saldría un poco al balcón para tomar aire. Ariana lo miró unos segundos preguntándole si estaba bien, pero él le respondió que sólo necesitaba un poco de calma así que ella aceptó y él se pudo retirar al balcón del gran salón donde no había nadie.

La noche era fría y tranquila, corría una suave briza que acarreaba un dulce aroma. Él aspiró profundamente para cargarse con la vitalidad de la noche. Era su momento favorito del día, él siempre había sentido una preferencia por la noche y era por lo que siempre tomaba el turno nocturno voluntariamente y lo disfrutaba. Además, era mucho más entretenido, se encontraban cosas más interesante durante la noche.

Aidan se quedó en ese balcón un rato más antes de volver al salón y hacerle compañía a su hermana. Aún le quedaba unas buenas horas más en esa fiesta y él tenía que aguantar como el hombre que era. Tomando aire para darse fuerzas, se dio media vuelta y entró al salón pero antes de poner un pie dentro del salón chocó con una de las camarera que estaba extremadamente distraída observando a un hombre mayor que tenía a una joven pelirroja a su lado unos cuarenta años más joven.

—¡Lo siento, lo siento, lo siento! —la camarera exclamó equilibrando la bandeja. Por suerte no tiró nada.

Aidan sujetaba a la muchacha por la cintura. La había agarrado así como un auto-reflejo para que ella no fuera a caer cuando chocaron el uno contra el otro. Lentamente la soltó y ella se giró para mirarlo a los ojos y disculparse otra vez. Ahí él se congeló y ella también, ambos con los ojos clavados en el otro sin poder creer lo que estaban viendo.

Vestida como cualquier otra camarera, con un traje negro y camisa blanca, llevaba su rubia cabellera atada en una apretada cola de caballo, sus ojos azules no estaban tan delineados como la última vez que la había visto. Su aspecto era más sobrio y formal pero no había duda, era ella.

—Trina —él suspiró sin poder creer que después de todo ese tiempo se fuera a encontrar con ella ahí en esa fiesta en la que él no quería estar.

Inmediatamente sintió algo estremecerse en su interior, una ola de vitalidad que no había experimentado desde ese día en la boda. Era su sola mirada que parecía apretar un interruptor en su interior.

—¡Aidan! Oh, no puedo creer que te encuentre aquí… ¿Te gustan las fiestas, ah? No lo hubiese creído, por algún motivo te hacía más en un bar peleándote con algún idiota que intentó pasarse con alguna mujer —ella soltó a toda prisa con una sonrisa contagiosa.

Sin darse cuenta él también sonrió porque la imagen que ella se había hecho de él no era tan lejana a la realidad.

—No, no me gustan las fiestas, sólo estoy aquí porque mi hermana me lo pidió pero sí preferiría estar en algún bar peleándome con un tipo.

—¡Lo sabía! Si tienes toda la aura de chico rudo —parloteó Trina.

—¿Qué haces tú acá? —preguntó él y luego se dio cuenta que era una pregunta estúpida, era obvio que ella estaba trabajando.

—Ah… no le digas a nadie, ¿okay? Me infiltré en esta fiesta porque estoy haciendo un seguimiento a un tipo para un reportaje que estoy escribiendo. No es oficial el reportaje, pero lo estoy haciendo porque una vez que lo vean no podrán negarme el ascenso a reportera en el periódico.

Aidan la miró sin saber si decía la verdad o no, pero algo dentro suyo le decía que ella no mentía, que de verdad estaba ahí infiltrada para seguir a alguien.

—¿Ah sí? ¿A quién sigues? —preguntó él interesado. Sin duda encontrarse con ella había sido lo mejor de esa noche, al menos no moriría de aburrimiento.

—¿Ves a ese viejo asqueroso de ahí con la mujer que podría ser su bisnieta? —preguntó ella señalando discretamente al hombre de más allá con la pelirroja que él había notado antes. Él asintió para hacerle saber que sabía a quién se refería—. Bueno, el es Boris Fedorov. Según lo que he investigado, él es el cabecilla de todo un grupo de contrabando y lavado de dinero aquí en Los Angeles. Mi intensión es desenmascararlo.

—¡Pero eso es peligroso! —exclamó antes de darse cuenta de lo que estaba diciendo—. Si es cierto lo que dices, ese hombre es peligroso y si te metes en su camino podrías pagarlo con tu vida. No puedes ir por ahí siguiéndolo y esperar escribir un artículo sobre él.

—Claro que puedo y lo estoy haciendo. Hace un tiempo, ya —se defendió ella testaruda. Se paró derecha frente a él ignorando a Fedorov con una mano en la cadera y una mirada desafiante—. No me vas a decir qué puedo y no puedo hacer. Yo no soy tu hermana, quizás a ella la puedes mangonear pero a mí no. Yo decido que hacer con mi vida, ¿entendido? Si es peligroso es un riesgo que yo decidí tomar, no tienes voz en este asunto.

—¡No puedes ser tan temeraria, impulsiva e irresponsable!

—¡No te importa mi vida! Deja de opinar sobre algo que no te concierne. ¡Huy!

Ella no esperó a que él dijera algo. Se dio media vuelta y siguió su camino repartiendo copas con champaña entre la concurrencia, siempre cerca de Fedorov. ¿Cómo podía ser esa mujer tan estúpida para hacer algo como eso? Hasta él trabajando en la unidad anti vicio sabía lo peligroso que era meter la nariz en los asuntos de hombres como Boris Fedorov. ¿Qué estaba mal con ella? ¿Qué estaba mal con él que lo único que quería hacer era agarrarla de la muñeca y llevarla a un lugar donde estuviera a salvo? Era cierto que él no tenía nada que ver con ella, sólo la había visto una vez antes, ¿por qué se preocupaba tanto de si ella hacía algo estúpido o no? Ese no era asunto suyo, no tenía por qué importarle. Aún así no podía evitarlo. Ya fuera su ética de policía de proteger a todo inocente que necesitara su ayuda o fuera algo más, él no iba a dejar que ella se expusiera a semejante peligro.

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