
Alejando es un joven francés idealista que se cuestiona muchas cosas acerca de su realidad en la antigua Francia, junto con su amiga de la infancia vivirán a pleno la mismísima Revolución.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Adventure/Humor - Chapters: 6 - Words: 5,630 - Favs: 1 - Follows: 1 - Published: 01-18-12 - Status: Complete - id: 2989759
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Bueno, este fic es algo que en realidad escribí hace mucho tiempo, casi cinco años atrás cuando todavía iba al colegio. Como no existía algo así como Hetalia, estudiar historia me resultaba algo sumamente tedioso y aburrido, recordar tantos hechos y sucesos. Así que un día se me dio por ver la historia desde otro punto de vista, como si fuera una película y decidí contarla a mi manera, desde el punto de vista de un par de chicos jóvenes que vivieron en carne propia la revolución francesa.
Cuando encontré este escrito me tome el trabajo de transcribirlo y compartirlo. Les comento desde ya que algunas partes tiene mucho contenido histórico y es bastante lento en otras, además que mi forma de escribir cambio mucho desde ese entonces hasta ahora, pero aun así el cuento tiene su dejo de humor y suspenso. Como sea, ojala les sirva, los inspire o sencillamente les haga pasar un buen rato.
El joven Alejandro Zelch
La bella Francia del siglo XVII, el Joven Alejandro se encuentra sentado a orillas del rio, meditando sobre ciertos hechos recientes de su vida, sabe que no podría pedir una vida mejor. ¿O sí?
Su padre es un respetable juez y eso es mucho considerando que allí el pueblo no vale nada, ante los ojos del rey son realmente importantes aquellos pertenecientes al Clero y la nobleza; una sociedad muy desigual pero no había nada que hacer.
Tan ensimismado estaba en sus pensamientos que no se percato de que alguien se acercaba con sigilo por su espalda. Demasiado tarde, antes de reaccionar el peso del cuerpo de una joven lo impulso con todo al agua.
— ¡¿Odette en que estabas pensando? ¡Casi muerdo de la impresión!—
—Relájate Alex, solo trato de sacarte una sonrisa, llevas un buen tiempo sentado con cara de preocupación, deberías agradecerme.
— Vaya forma de ayudar, aunque no estaba preocupado solo meditaba, pero gracias…supongo. —
—Con que pensando mmm… déjame adivinar ¿Planes para mejorar al mundo? Me agrada ese espíritu rebelde e idealista que tienes, si necesitas mi ayuda solo avísame, es mas ya mismo organizaremos una revolución. ¡ABAJO EL REY!
—Shhh! Tranquila. Ahora quien necesita relajarse eres tú. Además no se trataba de eso —mintió, porque conocía a su amiga, sabía lo impulsiva que era y no quería que le pasara nada malo. Después de todo, gritar cosas malas sobre el monarca era prácticamente una sentencia de muerte — pensaba que mi padre quiere que sea abogado, es su sueño, pero yo no creo que sea lo mío.
—Oh… ¿en serio?, lo lamento es que me deje llevar. A decir verdad estoy harta de este régimen, del que todos se quejan pero nadie hace nada por querer cambiarlo.
—Si, yo también pienso lo mismo, creo que si nos lo proponemos nosotros haremos el cambio, pero con calma —
—Jeje, de acuerdo, lo haremos a tu manera. Además primero hay que ver como decirle a tu padre que no quieres ser abogado —
—Ni me lo recuerdes, me parece más sencillo instaurar un nuevo sistema en Francia que decírselo. —
—Si…la verdad te compadezco —anuncio ella mientras se incorporaba — Te veo al rato Alex, cuídate—
—Lo mismo digo —
Odette, como bien sabia Alejandro, era una joven bonita y graciosa, ambos se conocían desde que el tenia memoria, crecieron juntos y prácticamente eran como hermanos. Así también sabia que el gran defecto de su amiga era su escaza preocupación por las reglas, aun así aunque no siempre pensaran igual ella era una persona muy buena y agradable, alguien muy valioso para él.
Después de un rato que la joven se marchase, el se quedo si nada mejor que hacer hasta que decidió volver a casa. Pero en el camino se encontró con un viejo amigo de la familia, Leonardo Vinatelo, un anciano muy amistoso e inteligente, un poco loco tal vez. Siempre creaba inventos asombrosos, que la mayoría de las veces terminaban en desastre, pero aun así era interesante de ver.
—Hey, ¿Cómo anda una de las mentes más brillantes del mundo? —exclamo Vinatelo
—Bien, gracias — respondió el joven
— Me refería a mí…jajá—
— Muy gracioso— dijo despectivamente
— Vaya, veo que alguien no está de humor, pero no te preocupes no me has ofendido —
—Perdón, es solo que tengo un festival en la cabeza y últimamente no pienso lo que hago o digo.
— ¿Y se puede saber de qué se trata ese festival?—
—Millones de pensamientos, preguntas sin respuestas o solo suposiciones. Ud. sabe que últimamente en Francia hay un ambiente extraño, en las calles la gente no está feliz, hay mucha pobreza y no puedo evitar preguntarme ¿Por qué vivimos como vivimos? ¿Quién nos controla y por qué?
— ¡Wow, wow!, Cálmate, ya veo porque estas así. Veamos, de a una por favor y con más calma. ¿Cuál es tu primera duda?
— ¿Por qué hay tanta diferencia social? ¿Qué hace sentir especial a esa gente que se cree superior, cuando la diferencia fue creada por los mismos hombres?
—Mmmm…no entiendo bien a que te refieres—
—Por ejemplo, un noble y yo. Ambos pesamos lo mismo, tenemos la misma talla, reímos, lloramos, comemos y sangramos de igual forma, somos iguales. Pero el rey nos hace diferentes al darle a é privilegios pero es un hombre como todos. ¿Qué es lo que hace valer su criterio y opinión si también es igual que yo solo por ser persona?
—Buena pregunta, veras... Tu sabes que el rey está allí porque los que conoces como eclesiásticos aseguran que Dios lo ha elegido para gobernar, al bendecirlos dan testimonio de ello a las demás personas, ese es el criterio que utilizan para imponer sus reglas. Apelan a lo divino y sobre natural, algo que no se puede ver o comprobar sin embargo está presente en la mente y corazón del pueblo.
— ¿Cree que todo eso sea verdad?
— ¿Tu qué piensas?
—Que es una gran mentira, los obispos no practican la verdadera fe sino que se contradicen. Si el mensaje de la biblia habla de humildad, caridad y amor al prójimo. ¿Cómo una persona que difunde de ello puede extender la mano para que le besen el anillo y ni siquiera inmutarse ante los pobres y desamparados? Yo opino que la verdadera fe esta en las regiones humildes, en la pequeña iglesia en medio del campo no en el gigantesco monasterio de la ciudad.
— Eres una persona muy inteligente, llegaras lejos si sigues pensando así. Por desgracia no podemos cambiar el mundo solo con palabras, también hay que actuar.
— Gracias, tiene razón—
—En fin, debo seguir mi camino muchacho, que tengas suerte—
—Nos vemos—
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