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Tenias que ser tu
Author:
Samantha Everdeen PM
―Así que dime, ¿Qué te ha motivado para correr desnudo por mi instituto?―le preguntó el director, Jose tragó saliva nervioso y evitando la dura mirada de su padre. ―Bueno... es una larga historia.
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Humor - Chapters: 44 - Words: 269,595 - Reviews: 190 - Favs: 19 - Follows: 18 - Updated: 04-26-13 - Published: 01-23-12 - Status: Complete - id: 2991053
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Capitulo 26. La esperada charla policial.

Al fin había llegado, ¡hoy era el último día de clases antes de las vacaciones de navidad! Jose se bajó del autobús con felicidad y con un gran salto, como siempre caminó hacia el instituto pero esta vez lo hacía con una gran sonrisa iluminándole el rostro, no veía el momento de estar tirado por su casa sin correr peligro de muerte. Además hoy no tenía que estar ahí toda la mañana, según le había contado Bel les entregarían las notas antes de las diez y luego todo el alumnado debía de asistir a una reunión en el gimnasio aunque no tenía muy claro en qué consistía ya que ahí Bel empezó a divagar sobre las diferentes bromas que les gastaban a los oradores.

Esquivó a los tenistas que se lanzaban bolas de navidad de un lado a otro y subió las escaleras que iban a su torre, nada más llegar Helena saltó sobre él y le dio un fuerte abrazo.

— ¿Quedaremos durante las vacaciones verdad? ―preguntó la rubia agitando las pestañas de forma desmesurada; Jose asintió y ella sonrió feliz.

Ni loco iba a quedar con ella, ya había sufrido bastante acoso en las últimas tres semanas. En navidad se quedaría en casa y rodaría por la cama como una croqueta para pasar el tiempo, ese era su gran plan. Saludó a Evan y a Cris y tomó asiento.

— ¿Nervioso? ―preguntó Helena sentándose en el lugar de Evan, Jose negó con la cabeza.

Realmente sí que estaba un pelín nervioso, pero de nada servía admitirlo; los exámenes ya estaban hechos y su nota decidida. Tenía que reconocer que los profesores se habían ganado su sueldo este mes, teniendo en cuenta que el último examen fue el viernes y hoy era martes, habían corregido a la velocidad de la luz.

— Yo creo que lo aprobé todo, no sacaré diez en nada pero aprobado creo que estoy.―contestó Jose intentando convencerse a sí mismo, si llegaba a suspender algo no quería ni imaginarse la charlita que le daría su padre.

— Si es así, creo que tu profesora particular se merece un buen regalo.―indicó Helena guiñándole un ojo, Jose asintió con vergüenza y se hundió en su asiento; tenía que arreglar las cosas con la rubia, ella no le gustaba y por mucho que hiciese no le iba a gustar, al menos no de la forma que ella quería.

— ¡Este año yo seré el número uno, ya veréis!―exclamó Dan entrando en la clase seguido de Sonia, Matt y Nora que lo miraban con escepticismo.

— Ja, no me hagas reír.―contestó Sonia depositando sus pertenencias sobre su mesa mientras Dan se sentaba en la silla y colocaba las piernas sobre la mesa. ―El número uno será Matt como toooodos los años, ¿es que no te aburres de ser siempre el primero?

— No, es genial ser el mejor.―comentó el rubio con orgullo sentándose en la mesa de Nora y estirándose.

Jose levantó una ceja, será creído el rubio ese. Luego volteó hacia Helena con interés, ¿qué era eso de ser el número uno?

— ¿De qué hablan? ―preguntó Jose en voz baja.

— Es que todos los trimestres después de los exámenes se elabora una lista con los cien mejores estudiantes del instituto, y Matt lleva tres años consecutivos siendo el primero.―explicó Helena con una sonrisa dulce, Jose abrió la boca con asombro, entonces, ¿el rubito ese era el más inteligente de todo el instituto?

— Pues este año yo te arrebataré el puesto.―indicó Dan dándose un golpe en el pecho, Sonia puso los ojos en blanco y le dio un fuerte empujón que hizo que el chico cayese de espaldas al suelo.―¡Joder Sonia, eres una bruta!

— No soy bruta, es que tu eres un debilucho.―contradijo la pelirroja dándole un puñetazo en el brazo por lo que Dan soltó un quejido y se llevó la mano al lugar dónde le había pegado.―¿Ves? No ha sido sino un golpecito de nada y tu ya estás llorando como un bebé.

— Marimacho.―murmuró Dan.

— Ya empiezan.―susurró Jose a Helena que asintió y se acomodo en la silla para ver mejor la pelea de esos dos. Por su parte, Jose también se dio la vuelta para poder verlos mejor, se dio cuenta de que tanto Cris como Evan y Bel se habían alejado de ellos para evitar verse envueltos en la pelea de esos dos.

— ¿Qué dijiste? ―preguntó Sonia, Dan levantó las cejas y miró hacia la pelirroja con burla.

— Ya me oíste, ¿o es que además de machona eres sorda? ―preguntó Dan con una sonrisa burlona poniéndose en pie y colocando la silla entre ambos, Sonia apretó los puños con furia.―Bruta, marimacho, gritona, ordinaria, y ahora sorda; serás una solterona por el resto de tu vida.

— Date por muerto.―murmuró Sonia entre dientes, la pelirroja le pegó una patada a la silla y la lanzó hacia Dan que la esquivó dando un salto, sin embargo, en cuestión de segundos Sonia saltó sobre el chico y comenzó a darle todo tipo de golpes mientras Dan los esquivaba como podía.

Su clase había comenzado a llenarse de alumnos de otras clases y se habían puesto a animar a los dos chicos mientras hacían apuestas sobre si esta vez Sonia lo mataba o no. Matt y Nora por su parte seguían sentados en las mesas con tranquilidad y sin intención alguna de intervenir, es más, el rubio se había puesto a jugar a la psp mientras la morena leía un libro.

— Estáis aquí, ¿qué os parece si juntamos las dos clases y vemos una película? ―preguntó el profesor de filosofía alegremente entrando a la clase y apartando a los alumnos de su camino. ―¿Qué le dijo hoy?

— Lo de siempre pero todo a la vez.―indicó Helena con una sonrisa viendo como Sonia le lanzaba una silla seguido de un cajón, Dan esquivaba los objetos como podía pero le fue imposible esquivar la patada que Sonia le dio directa en el estómago y que hizo al chico caer al suelo con la mano sobre la barriga.

— Nora, Matt… ¿podrías separarlos? ―preguntó el profesor con dulzura.

— Podríamos, pero Dan tiene que aprender a apañárselas solo.―contestó el rubio apartando la mirada momentáneamente de la psp para asegurarse de su amigo seguía vivo.

— ¿Qué mierda de mejor amigo eres tú? ―acusó Dan al rubio con furia, Matt bostezó y miró hacia Nora.

— Yo los separé la última vez, te toca a ti.―dijo el rubio, Nora rodó los ojos, cerró el libro y sacó del bolso lo que a Jose le pareció una goma de borrar, la morena la lanzó al aire un par de veces para a continuación golpear a Sonia en la cabeza.

— ¡Ay! ―se quejó la pelirroja llevándose la mano a la cabeza. ―¡Joder, Nora!

Sonia soltó la silla que tenía entre las manos y miró con enojo a la morena momento que aprovechó el profesor para correr hasta la pelirroja y abrazarla.

— ¡Profeee! ¡Deje de abrazarme! ―exclamó la pelirroja intentando separarse del profesor.

— No le hagas caso a Dan, tú eres una chica muy guapa y fuerte, seguro que ahí fuera hay al menos treinta chicos dispuestos a estar contigo para toda la vida. ―comentó el profesor soltando a Sonia y sujetándola de los hombros, la pelirroja lo miró como si estuviera loco pero no hizo comentario alguno.

— No le dé falsas ilusiones, todos sabemos que eso es imposible.―añadió Dan, por lo que Sonia intentó ir a pegarle pero el profesor la sostuvo de los hombros y sonrió de medio lado.

— Ay, si yo tuviera unos cuantos años menos…―canturreó el profesor con alegría guiñándole un ojo a la pelirroja que se sonrojó levemente; Jose parpadeó confuso, ¿lo que estaba viendo era real? Sonia sonrojada como una chica normal, ¡milagro!

— ¿¡Usted no tiene una novia?! ¡Pues váyase a molestarla a ella! ―gritó Dan separando a profesor y alumna y obligando a Sonia a sentarse en su asiento, el profesor soltó una fuerte carcajada y se marchó dando saltitos de felicidad.

— Si lo miras bien, el profe es un buen partido, ¿no crees?―preguntó Sonia mirando hacia Nora.

— ¡No puedes liarte con él, es tu profesor! ¡Y tiene novia! ¡Y no pegas nada con él! ¡Y se lo diré a tus hermanos como pienses en él de cualquier forma romántica! ―gritó Dan mientras Sonia miraba hacia el techo pensativa, por lo que el chico le pegó un coscorrón para hacerla volver a la realidad.

Jose al igual que Helena comenzó a reírse, la reacción de Dan había sido un tanto exagerada para el comentario del profesor. Minutos después llegó la profesora de Lengua y por primera vez no echó a Dan y a Matt sino que hizo que el resto de alumnos de su clase entraran y tomaran asiento para que quince minutos más tarde llegase el profesor de filosofía con una televisión. Al estar ambos juntos en la misma clase varios alumnos, encabezados por Bel, comenzaron a interrogarlos sobre cómo habían empezado a salir pero ninguno contestó para decepción de los presentes.

Estuvieron viendo Cuento de Navidad aunque era una versión un poco extraña; sin embargo, entre los gritos de Dan y Sonia y los comentarios subidos de tono que le hacía Helena no pudo concentrarse en la película. Tenía que aclarar las cosas con la rubia cuanto antes si quería seguir con la apuesta que tenía entre manos; miró de reojo hacía dónde estaba Nora sentada, la morena leía un libro e ignoraba la televisión aunque claro, a ver quién escuchaba la película teniendo al lado a Sonia intentado cortarle un rizo a Dan con un cúter, la disputa de esos dos terminó cuando Matt le quitó el cúter a la pelirroja y lo clavó en la mesa de mal humor.

En cuanto terminó la película, los dos profesores abandonaron el aula llevándose con ellos la televisión, inmediatamente entró por la puerta su tutora con su habitual cara de amargada.

— Los que no sean de mi clase, fuera. ―ordenó Beatriz Blanco señalando hacia la puerta por lo que los alumnos se marcharon rápidamente deseándoles buena suerte a los que se quedaban.

Helena que seguía sentada en el lugar de Evan dio un respingo y se colocó recta en su lugar, al igual que la mayoría de estudiantes por lo que Jose se vio obligado a hacer lo mismo. La mujer hizo una mirada de reconocimiento y depositó los treinta sobres blancos sobre la mesa, luego de una carpeta sacó una lista.

— En cuanto os nombre os levantáis, recogéis vuestro sobre y os volvéis a sentar sin armar escándalo. Me da igual cuantos dieces hayáis sacado, ¿ha quedado claro, Bel? ―preguntó la profesora con voz agria mirando fijamente hacia la pelinegra, Bel asintió en silencio y miró hacia el suelo con vergüenza.

Jose tragó saliva, ahora sí que estaba nervioso. La profesora fue llamándolos uno a uno, al abrir los sobres algunos hacían muecas mientras otros sonreían con satisfacción.

— Medina, Jose. ―llamó la profesora.

Al escuchar su nombre dejó de juguetear con los dedos y se puso en pie, con pesadumbre caminó hasta la mesa de la profesora y tomó el sobre que ella le tendía. Admiró el pequeño sobre con horror y caminó hasta su asiento, lo abrió con nerviosismo y sacó un único folio. Lo leyó un par de veces y suspiró con alivio, había aprobado todo, no eran unas grandes notas (la más alta había sido un siete con dos en Matemáticas) pero había aprobado que era lo importante.

Jose volteó para ver a Evan, su amigo levantó el pulgar derecho y él hizo lo mismo. Afortunadamente a ninguno de los dos le había quedado nada, guardó el folio de nuevo en el sobre y dobló éste lo suficiente como para poder metérselo en el bolsillo de la chaqueta. Una vez que terminó la profesora se aclaró la garganta y todos la miraron con expectación.

— Debo felicitar a los alumnos que han conseguido entrar en la lista de los cien mejores, que afortunadamente han sido bastantes. Sonia aún sigo sin creerme que estés entre las diez primeras.―comunicó su profesora quitándose las gafas y dejándolas sobre la mesa; Jose miró hacia la pelirroja y vio que ella chocaba la mano con Nora. ―Y Nora, hágame el favor para el siguiente trimestre de terminar con el reinado de Matt en el número uno; se quedó a una centésima de arrebatarle el puesto.

Jose volteó hacia Nora, ¿ella era la segunda? Vio como ambas chicas chocaban las manos de nuevo para a continuación Sonia levantar la mano como si estuviese en clase de historia.

— ¿Sí? ―inquirió la profesora apoyándose en la mesa.

— ¿Sabe en qué puesto quedó Dan?―preguntó la pelirroja con interés, su profesora se rascó la sien y se quedó un rato en silencio.

— Si no recuerdo mal, creo que quedó cuarto… No sé, buscaos luego en la lista. ―dijo la profesora con dudas tomando sus cosas de encima de la mesa y caminando hacia la puerta.―Ahora todos al gimnasio.

Su tutora abrió la puerta y poco a poco comenzaron a salir de la clase, Jose se puso en pie y caminó hasta Evan, su amigo le enseñó con orgullo el folio donde estaban sus notas.

— Por un momento pensé que no lo conseguiría, pero lo aprobé todo.―comentó su amigo con alegría. ―Voy a enmarcar este folio y lo colgaré en la puerta de la cocina para que mi padre lo vea todos los días.

Jose asintió y sonrió, y con Cris a su lado todos salieron de la clase. Bel se pasó parte del camino divagando sobre en qué puesto estarían ella y Helena (ya que al parecer normalmente ambas solían estar en la lista); Jose la ignoró y continuó bajando las escaleras, atravesaron las canchas y caminaron hacia el gimnasio que era un enorme pabellón que estaba apartado y un tanto abandonado, ya que tenía enredaderas subiendo por las paredes.

Justo antes de entrar Helena se le colgó del brazo y miró hacia la chica con resignación.

— Es para que no te pierdas.―dijo la rubia, Jose enarcó las cejas y entró en el gimnasio, fue entonces cuando comprendió la afirmación de la rubia.

Ese lugar era gigantesco pero no sólo eso, prácticamente ya estaban allí todos los alumnos lo que se traducía en gritos, golpes, empujones e intentos de peleas. Por suerte, Sonia se puso a la cabeza del grupo y fue abriéndoles paso a base de miradas asesinas y algún que otro golpe (eso de ser amigo de una de las jefas tenía sus ventajas), gracias a ella consiguieron llegar hasta las gradas y subir hasta una posición bastante elevada. Jose tomó asiento al lado de Helena y Cris mientras que delante de él se sentaron Nora, Sonia, Evan y Bel.

Jose examinó el lugar, pese a que por fuera parecía que el edificio estaba abandonado, por dentro estaba en perfectas condiciones; de hecho todo parecía bastante nuevo. Habían unas canastas que relucían de lo nuevas que eran y un marcador digital en la pared de enfrente; al escuchar varios gritos centró su mirada en el centro del pabellón, allí los indios habían apresado a varios alumnos y les clavaban las lanzas en los costados. Sin embargo, lo que llamó su atención fue el pequeño escenario que había justo en el medio de la cancha de baloncesto, seguramente allí era de dónde se daría la charla ya que también había un atril de color blanco.

C. Negro, ¿qué demonios significa eso? ―preguntó Sonia mirando hacia Nora y enseñándole el móvil, Nora se encogió de hombros y sacó su móvil.

— A mí me mandó lo mismo.―contestó Nora. ―¿Ves a Dan o a Matt?

— Si, Dan está allí hablando con…¡¿quién es esa?! ―exclamó Sonia poniéndose en pie de un salto.

Jose miró hacia el lugar dónde Sonia señalaba y se encontró a Dan y a Matt sentados a varios metros de ellos, mientras el rubio jugaba a la psp, Dan hablaba con una chica de pelo negro y muy largo a la que no podía ver el rostro.

— ¡Dan! ―gritó Sonia agitando las manos, al ver que el chico no le hacía caso volteó hacia Nora. ―Te doy tres euros si lo golpeas.

— Oye, oye…¿¡Nora que era CNegro?!―gritó Dafne abriéndose paso por las gradas para sentarse, a su lado Ann golpeó a varios alumnos en la cabeza mientras sacaba el móvil.

— A mí también me ha mandado el mismo mensaje Triz.―gritó la rubia; vio como Nora sacaba otra goma de borrar del bolso y golpeaba con ella a Dan en la cabeza que inmediatamente miraba hacia los lados encontrándose a Sonia saludándolo con maldad.―¡Dan! Triz anda mandando mensajes en el que pone CNegro, ¿qué demonios era eso?

— Código Negro.―bramó el chico haciendo que Matt levantase la mirada. ―Pero si no ha pasado nada, ¿por qué nos mandará eso?

Sonia se encogió de hombros y tanto Dafne como Ann se sentaron; vio como Matt saludaba a Nora y ésta le correspondía.

— ¿Y de qué es la charla? ―preguntó Evan con interés, Jose se echó hacia adelante para escuchar la explicación de Bel.

— Oh, pues todos los años viene un policía a hablarnos sobre lo que les pasa a los delincuentes, que la vida en la cárcel es difícil y cosas así, aunque nunca terminan la charla así que es complicado deciros sobre qué hablan. ―contó Bel con alegría, Jose miró hacia Evan con interés, ¿cómo que nunca terminan la charla?

— ¿Y por qué no acaban de dar la charla? ―curioseó su amigo, Bel se dio la vuelta para poder mirar también a Cris y Jose.

— Pues porque suelen gastarle alguna broma pesada, el año pasado nada más decir "hola" le cayó un cubo lleno de babosas muertas; el anterior a mitad del discurso explotó el escenario y el policía cayó en una pequeña piscina que tenía anguilas eléctricas, y otro año bañaron al policía y a su ayudante en gasolina para luego tirarles plumas de gansos… me preguntó qué harán este año.―narró Bel para luego mirar con ilusión al escenario, Jose parpadeó confuso y se echó de nuevo hacia atrás.

¿Le gastaban bromas a los policías? Si que tenían valor, aunque claro ahora que sabía que ese era el quinto mejor instituto del país comprendía porque no lo habían cerrado y detenidos de por vida a todos los estudiantes. Miró hacia el escenario y se percató de que todos los alumnos estaban sentados en las gradas mirando con expectación hacia el atril.

Se escucharon unos pasos a lo lejos y por la entrada principal empezaron a llegar los profesores que se quedaron cerca de la puerta, tras ellos entró Triz seguida de dos figuras. La peliblanca con cara de estar a punto de sufrir una muerte lenta y dolorosa subió al escenario y se acercó al micrófono al que dio dos golpecitos con los dedos. Jose observó a las dos hombres que esperaban ser presentados por Triz, uno de ellos era un hombre de mediana edad (tenía pinta de tener más o menos la edad de su padre) con el cabello negro pero canoso, tenía los ojos marrones y era bastante corpulento y grande; el hombre de aspecto duro escudriñó las gradas sin sonreír y con una mirada bastante penetrante. Para ser sinceros, intimidaba bastante. A su lado, había un chico mucho más joven de casi dos metros de altura, muy corpulento pero a la vez musculoso y llevaba el pelo rapado, ¡un momento! ¿Ese no era el hermano de Sonia?

— Hoy tenemos el honor de recibir la visita del inspector Francesco Mancini y del comisario Óscar Castillo, un fuerte aplauso para los dos.―pidió Triz que fue a tomar asiento en la primera fila, muchos alumnos se quedaron parados unos segundos y tras eso se escuchó una fuerte ovación.

— Nora, ¿qué vamos a hacer? ―preguntó Sonia en voz baja a la morena, Jose vio como el hombre mayor se acercaba al atril y se aclaraba la garganta. ―Dios, mataré a Fran por no decirme que era él quien venía…¿y tú como es que no lo sabías? …. Ah, claro.

¿Castillo? ¿Por qué le sonaba tanto ese apellido? Se echó un poco hacia adelante y escuchó como Nora y Sonia murmuraban cosas sin sentido, y ambas habían sacado los móviles y escribían mensajes con desesperación. Extrañado por su comportamiento, alzó la cabeza para encontrarse a Dan y a Matt mirando con horror hacia el atril al igual que varios alumnos que se llevaban las manos a la cabeza. Jose volvió a mirar al escenario y se encontró al hermano de Sonia sonriendo con malicia mientras el comisario Castillo seguía hablando con dureza.

— ¿Te acuerdas del truco que usamos para librarnos en la playa?.―preguntó Nora, Sonia asintió y la morena levantó la mano.

— ¿Sí? ―inquirió el comisario con una sonrisa, Nora se puso en pie y resopló.

— Creo que debería bajar del escenario, me pareció ver algo sospechoso.―aconsejó Nora, Jose la miró con sorpresa ¿por qué hacía eso? Muchos de los alumnos voltearon hacia ella y la miraron con dudas mientras otros lo hacían con interés.

El comisario y el hermano de Sonia la miraron y bajaron del escenario sin apartar la mirada de la morena que seguía en pie. En cuanto bajaron se escuchó un pitido y el atril explotó por los aires creando un volcán de lava verde que inundó el escenario. Jose miró hacia Nora, ¿pero qué estaba haciendo? Prácticamente acababa de anunciar que ella sabía lo que iba a pasar, eso la metería en un lío con la policía y podrían tomar medidas en el instituto, ¿en qué narices pensaba esa chica? Ambos policías giraron hacia ella y Jose pudo ver como al comisario le brillaban los ojos.

— ¿Y bien? ¿Confiesas tu implicación en esta broma de mal gusto? ―preguntó el hermano de Sonia en voz alta, Nora negó con la cabeza.

— Yo sólo dije que vi algo sospechoso, si quiere preguntarle a alguien su implicación con la broma, pregúntele a Matt o a Kyle, ellos estaban toqueteando el atril justo cuando yo llegué al gimnasio.―explicó la morena con voz tranquila y suave; el comisario entrecerró los ojos e inmediatamente ambos chicos se pusieron en pie.

— ¡Eh, eh, eh! Que yo estaba revisando los cables de los altavoces, si preguntan por cosas sospechosas, Triz y Dan estuvieron bajo el escenario un buen rato.―gritó Matt mientras Kyle que estaba a diez personas de Jose acusaba a Ann y a un tal Héctor; los cuatro aludidos se levantaron y le echaron la culpa a otros alumnos comenzando así una enorme discusión -que había conseguido poner en pie a todos los alumnos- sobre quién se había acercado al atril y era sospechoso.

Jose miró hacia los dos policías y vio como el hermano de Sonia, Francesco, negaba con la cabeza y sonreía; mientras el comisario sacaba un silbato del bolsillo del pantalón y silbaba para llamar la atención de todos los alumnos que poco a poco fueron callándose y sentándose.

— Las dos, en pie.―ordenó Óscar Castillo con voz severa y mirando hacia el alumnado, Nora y Dafne se pusieron en pie.―Castigadas lo que queda de semana.

— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ―gritó Dafne con furia; Jose abrió los ojos, ya sabía porque le sonaba ese apellido, Castillo era el apellido de Nora y si ese hombre acababa de castigarlas sólo quería decir una cosa…¡Ese hombre era el padre de Nora!

— Porque pese a que tu hermana ha demostrado ser lo suficientemente lista como para que no podamos saber quién ha sido el culpable de esta broma, te conozco y esto tiene toda la pinta de ser obra tuya; por no mencionar que encontré los planos en tu habitación.―explicó Óscar Castillo

— ¡Eso es allanamiento de una propiedad privada! Necesitas una orden judicial para poder hacer un registro, y si no la tienes, las pruebas que hayas obtenido en mi contra no son válidas y por tanto no puedes castigarme.―gritó Dafne con furia mirando hacia Nora para asegurarse de que lo que estaba diciendo era correcto.

— No necesito una orden de registro para mi propia casa.―murmuró Óscar en voz baja, mientras Francesco a su lado trataba por todos los medios de no reírse.

— ¡Abuso policial! ¡Nora díselo! ―exclamó Dafne mirando hacia su hermana.

— Si, y dime porque mi hija menor no puede entrar al centro comercial Vistabella. ―mencionó el comisario sonriendo victorioso. ―Y también me gustaría saber porque el sábado me llegó un aviso de que habían alumnos de Góngora encabezados por dos chicas que peleaban con alumnos de Quevedo.

Inmediatamente Jose recordó las palabras de Damien "ya sabes qué comisaria tiene jurisdicción en esta zona", la comisaría que tenía jurisdicción ahí era la de su padre; por eso querían evitar la presencia policial en todo momento.

— El resto, en pie.―ordenó Óscar Castillo, inmediatamente se pusieron en pie Sonia, Dan, Matt, Ann y Triz; Francesco levantó la mano y saludo a Sonia.

— Hermana, te has metido en un buen lío.―aseguró el policía volteando hacia dónde estaba Dan y saludándolo efusivamente hasta que el padre de Nora carraspeó, momento en el que Francesco recuperó la compostura y sacó unas esposas del bolsillo y tosió. ―Hacer bromas a los agentes de la ley que vienen aquí a daros una charla, debería daros vergüenza y esto va por el resto también.

Jose vio como muchos alumnos a su alrededor se removían en sus asientos y miraban hacia el suelo, ¿cómo podía ser que todos estuvieran siendo intimidados por sólo dos policías? Eran capaces de echar a patadas a un coche antidisturbios sin remordimientos y ante aquellos dos hombres temblaban como corderitos, aunque claro aquellas dos personas eran el padre de Dafne y Nora y el hermano mayor de Sonia, seguramente personas temibles.

— ¿Alguno de los siete va a decirme porque cinco de vosotros no pueden entrar al centro comercial Vistabella?―inquirió el comisario escrutando con la mirada a los siete jóvenes que miraban hacia el suelo.

— No hablaremos si no es en presencia de nuestro abogado.―dijo Dafne cruzándose de brazos, su padre puso los ojos en blanco y se acarició la sien.

— Señor, ¿la esposo y nos la llevamos a la comisaria? ―preguntó Francesco mirando hacia el comisario con interés.

— Bah… puedo quitarme las esposas antes de dos minutos, ¿oye, oye…Nora hacemos una competición como cuando éramos pequeñas? ―preguntó Dafne pasando a través de los alumnos hasta llegar hasta Francesco y quitarle las esposas, luego miró hacia su hermana con una sonrisa. ―¿No tienes más?

Jose miró hacia la morena y vio como ella caminaba hacia las escaleras y bajaba, ¿iba a competir con Dafne de verdad? Francesco sacó otro par de esposas que estaban enganchadas a su cinturón y se las lanzó a Nora que las atrapó al vuelo.

— Toma, pero trata de no romperla.―dijo Nora sacando dos horquillas del bolso y entregándole una a Dafne.

— ¡Ánimo Nora! ¡Tú puedes! ―gritó Matt para luego silbar, tras el grito del rubio muchos alumnos empezaron a gritar con euforia por su favorita.

— Con las esposas no se juega.―espetó el comisario dándole un coscorrón en la cabeza a cada chica y quitándole las esposas a ambas que lo miraron con pena. ―Inspector, usted no las anime también.

Francesco asintió sonrojado y dejó de agitar un pañuelo a favor de Dafne.

— ¡Abuso policial!―gritó Dafne señalando hacia su padre que puso los ojos en blanco de nuevo.

— Como no dejes de decir eso, te vas a pasar toda la tarde de mañana de compras con tu abuela.―amenazó su padre con ojos brillantes y entregándole las esposas a Fran; Dafne lanzó un grito de horror y se escondió tras Nora; pero se asomó segundos después para hacerle burlas a su padre.

— ¿Y si hacemos una competición a tres? ―preguntó Nora mirando hacia su padre con interés, el hombre le lanzó una mirada asesina y ella volteó hacia Dafne.

— ¿Qué dices Nora? Si papá ya está viejo para esas cosas.―opinó su hermana colocando las manos sobre la cadera y señalando hacia su progenitor. ―Seguro que ni es capaz de abrir una cerradura con un gancho.

— Niñas, se lo que estáis haciendo y no va a funcionar.―advirtió su padre, pero Dafne se acercó a la grada e inmediatamente ésta comenzó a darle ánimos al comisario, incluso Ann se levantó y comenzó una ola gigante.

— Anímese señor, será divertido.―dijo Francesco alzando un pulgar y mirando con ánimo a su jefe.

Jose miró hacia Cris estupefacto, pero su amigo se había puesto a gritar cómo loco para animar al comisario. ¿Es que a él era el único que todo eso le parecía extraño? No sólo el padre de las dos chicas más peligrosas del instituto había resultado ser un comisario bastante intimidante sino que ahora iban a hacer una competición sobre cuál de ellos era más rápido deshaciéndose de unas esposas. Aunque ahora que lo pensaba, que su padre fuese policía explicaba porque Dafne sabía robarle a los antidisturbios y hacer funcionar los gases lacrimógenos. El comisario Óscar Castillo levantó las manos y el pabellón se quedó en silencio.

— Matt baja, quiero que nos cronometres.―afirmó el comisario por lo que las gradas estallaron en gritos de alegría.

— A sus órdenes señor.―dijo el rubio abriéndose paso entre los estudiantes, una vez que estuvo al lado de Nora la morena le dio el bolso y el chico sacó el móvil del bolsillo. El hermano de Sonia se encargó de esposar por la espalda a los tres miembros de la familia Castillo y de asegurarse de que ninguno hacía trampas. ―Preparados, listos…¡ya!

Los gritos de ánimo no se hicieron esperar y mientras Sonia y los indios animaban a Nora; Ann, Triz y los miembros de las bandas gritaban por Dafne, el resto o bien animaba al comisario o simplemente se dedicaban a hacer la ola y a agitar pompones. Jose se puso en pie para poder ver mejor, Dafne y Óscar estaban en pie, mientras que Nora había decidido sentarse en el suelo, por detrás de ellos estaban los profesores que se habían acercado y miraban con curiosidad a los tres familiares, el profesor de filosofía como era de esperar llevaba las apuestas.

— ¡Vamos Nora! ―gritó Jose uniéndose a los gritos de ánimo de sus amigos.

— ¡Ya! ―exclamaron los tres a la vez enseñando las esposas y mirando hacia Matt.

— Un minuto y cincuenta y seis segundos, ¡wow! ¡Eso seguro que es un récord mundial o algo! ―exclamó Matt tendiéndole la mano a Nora y ayudándola a incorporarse, la morena se separó de él y ambos chocaron las manos con felicidad.

— Oye, oye…¿y quién ganó? ―preguntó Dafne jugando con las esposas y mirando hacia Fran.

— Ha sido un empate, acabasteis los tres a la vez.―dijo Fran, la chica lanzó una maldición y a continuación le lanzó las esposas a Ann que las atrapó sin problemas.

— ¡Ann te voy a enseñar cómo se hace! Nunca podrás ser tan buena como yo pero al menos sabrás soltarte.―indicó Dafne subiendo por las gradas sin problemas, ya que los alumnos se iban apartando a su paso.

— ¡Qué pasada! ―exclamó Evan girándose hacia Jose.―Nunca pude imaginarme que su padre fuera comisario.

— Ni tú ni nadie.―contestó Cris, los tres chicos miraron hacia Bel.

— Yo sí lo sabía, pero no lo había visto nunca; ahora entiendo porque Dan y Matt le tienen miedo al padre de Nora, da mucho miedo, no quisiera verlo enfadado. ―contó Bel con voz animada ―A la que si he visto a su madre, es muy divertida, siempre está contando anécdotas de su juventud… al parecer era una hippie reivindicativa que iba de manifestación en manifestación quejándose del sistema y del uso de pieles, y ahora es fiscal; es curioso ¿verdad?

¡¿Qué su madre es fiscal?! Su padre policía y su madre fiscal, realmente empezaba a tenerle miedo a esas dos. Jose miró hacia el escenario y se encontró a Nora y Matt hablando con el padre de la morena, mientras Francesco mediaba en la enésima discusión de Dan y Sonia. Ann por su parte se había puesto a esposar al jefe de la banda de la Gorra mientras Dafne le explicaba sus derechos entre puñetazos.

— Su padre poli y su madre fiscal, creo que voy a hacerme amigo íntimo de Nora.―comentó Evan con diversión, Bel soltó una carcajada y se echó hacia atrás quedándose apoyada en las piernas de Cris.

Escucharon un pitido y el silencio inundó el gimnasio, todos los alumnos voltearon hacia el centro del pabellón para encontrarse al hermano de Sonia usando un silbato para acallar los gritos de la pelirroja y de Dan. El padre de Nora hizo una señal y Triz le llevó un megáfono, Dafne y Ann le quitaron al esposas al rehén y tomaron asiento como dos chicas obedientes.

— Os voy a dar un único aviso, cualquier estudiante de Góngora que sea detenido durante las vacaciones tendrá que pagar una multa tan alta que necesitará vender un riñón en el mercado negro para poder pagarla.―comunicó el comisario Castillo con voz seria y fría. ―La mayoría de vosotros vive por el Parque Lorca, espero que este año podamos pasar una navidad tranquila y sin necesidad de bomberos.

— ¡Eso! ¡Que ya me han invitado a dos bautizos!―exclamó Dan señalando hacia Kyle, el comisario fulminó a Dan con la mirada y el chico dio un paso atrás colocándose tras Sonia con miedo.―Perdón señor comisario, no quería interrumpirlo.

— Otra interrupción más y los golpes de Sonia te parecerán simples caricias.―susurró el comisario Castillo con voz siniestra, Dan tragó saliva y asintió con miedo.

— ¡Papá! ―exclamó Nora mientras Matt se divertía pasando la mano por delante del rostro de su mejor amigo para comprobar que se había quedado paralizado del miedo. ―Dan es broma, no va a hacerte nada.

— Si, déjalo que piense eso…―corroboró su padre soltando una risita capaz de asustar al mismísimo diablo. ―En cuanto al resto, ¿vais a ser niños buenos, no es cierto?

— Si, señor.―murmuraron todos los alumnos de Góngora al unísono.

— Así me gusta.―el comisario Castillo sonrió con superioridad y le devolvió el megáfono a Triz que se había puesto a pellizcar a Dan en las mejillas para sacarlo de su trance. ―Niñas, nos vemos luego en casa. Hasta luego Matt.

El comisario le dio una palmada al rubio en la espalda y a continuación caminó hacia la salida del gimnasio seguido del inspector Mancini. En cuanto ambos abandonaron el lugar los alumnos comenzaron a estirarse y a respirar con normalidad; Jose soltó aire, el padre de Nora daba mucho pero mucho miedo, por un momento pensó que le partiría el cuello a Dan sólo por haberlo interrumpido.

— Retiro lo dicho, no quiero ser amigo de Nora; su padre me da mucho miedo.―comentó Evan mirando con espanto hacia la salida para luego abalanzarse sobre Jose y abrazarlo. ―Protégeme, ese hombre me da miedo.

— Deja de hacer el idiota.―pidió Jose con seriedad y poniéndose en pie liberándose así del abrazo de su amigo que se quedó sentado con tristeza fingiendo que lloraba.

— Tranquilo Evan, yo te protegeré.―dijo Bel con una sonrisa e intentando sacar músculos; ambos pelinegros se miraron y comenzaron a reírse sin parar.

Jose rodó los ojos y comenzó a bajar las gradas con Helena a su lado, cuando llegaron abajo tuvieron que esquivar a los indios que con las lanzas en la mano corrían hacia la salida gritando que iban irse a capturar vaqueros para que trabajasen en sus cultivos. Sintió como Helena se agarraba a su brazo para evitar ser embestida por alumnos de segundo de la E.S.O que gritaban "por fin libres" y se marchaban corriendo.

— ¿Vamos a tomarnos algo? ―preguntó la rubia mirándolo con los ojos brillantes y tirando de él hacia la salida.

— Eh…yo…tengo que irme a casa, le prometí a mi padre que lo ayudaría con unas cosas.―mintió el castaño, Helena hizo pucheros pero no lo soltó; Jose intentó liberarse de la rubia pero no lo consiguió así que con ella enganchada a su brazo caminó hacia la salida del gimnasio. Sin embargo, fue embestido por Dan y Sonia que corrían gritando cosas que no llegó a escuchar bien, se volteó con enfado y Nora chocó contra su pecho, la morena dio un par de pasos hacia atrás y sin pensarlo Jose estiró la mano y la sujetó del brazo para evitar que se cayese. ―¿Estás bien?

— Si…―murmuró Nora con timidez, Jose asintió y la soltó justo cuando Matt llegaba hasta ellos y le lanzaba una mirada asesina; luego volteó hacia Nora y la tomó de la mano para salir corriendo tras Dan y Sonia.

¿¡Pero qué narices le pasaba al rubito ese con él?! Como Evan le volviese a decir que eran cosas suyas lo ataría a una diana y le lanzaría cuchillos; al menos el desprecio era mutuo, porque él tampoco aguantaba al señor soy el mejor y más inteligente del mundo. ¡Seguro que no era rubio natural! ¡Y hacía trampas en los exámenes! ¡Y se dopaba para ser tan buen portero! Como odiaba a ese chico, apretó los puños con enfado hasta que sintió una fuerte palmada sobre su espalda, cuando volteó se encontró con Evan sonriendo de oreja a oreja.

— ¿Te vienes a tomar algo? ―preguntó el pelinegro con Bel y Cris a su lado.

— Claro que viene.―contestó Helena por él arrastrándolo fuera del gimnasio, Jose respiró hondo, iría con ellos a tomar algo, al menos así calmaría su enojo con un batido y luego se iría a casa dónde se tumbaría en el sofá y no se levantaría hasta el fin de los días.

Continuará...

Capitulo más tranquilo pero ¿a que no os esperabais que el padre de Nora fuera policía? xD En el próximo uno de los personajes acabará en el hospital... y ya empieza lo serio.

Muchisimas gracias Cavii, Ari y Viola Tricolor, me alegra que los tres jefes os gustasen... son tan condenadamente guapos, sobre todo Will... y Viola más adelante explicaré porque todos saben pelear, pero al ser policia el padre de Nora y Dafne puedes sacar conclusiones.

Besitos y nos leemos el viernes que viene.

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