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Si Yo Supiera
Author:
Lina Jackson PM
Segunda Parte de Si Tú Supieras. Han pasado los años y todos los caminos se han distanciado, sin embargo cuando el destino decide reunir nuevamente a dos personas, no habrá nada que lo impida.
Rated: Fiction K - Spanish - Romance - Chapters: 48 - Words: 99,301 - Reviews: 148 - Favs: 5 - Follows: 6 - Updated: 06-17-12 - Published: 02-17-12 - id: 2998112
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Esta historia, así como sus personajes, escenarios y hechos son completamente de mi autoría y prohíbo su reproducción, total o parcial, en cualquier otro sitio que no sea éste.


Si Yo Supiera

-21-

La tetera hirvió y caminé hasta la cocina para apagar el fuego. Boo como siempre ladraba feliz de un lado a otro entre mis piernas, cuando en realidad debía estar disfrutando de la comida que hacía unos segundos había estado pidiendo con tanta rabia.

Tomé con cuidado la tetera y serví en dos tazas para que pudiéramos tomar un delicioso café. A pesar de que era verano todavía, el día estaba nublado y algunos meteorólogos aseguraban que pronto caería en nosotros una tormenta menor por toda el agua que las nubes estaban absorbiendo por los recientes días calurosos. Sujeté las dos tazas con cuidado para no caer puesto que Boo seguía molestando y caminé con decisión hasta el living, en donde sentada en el sofá, me esperaba Fernanda.

Luego del beso que nos habíamos dado en la Terminal, darnos cuenta que en realidad los dos sentíamos algo por el otro, habíamos decidido que así no podíamos separarnos, por lo que rápidamente Fernanda había llamado a su casa diciendo en breve que había ocurrido un cambio de planes y que se quedaría al menos por unos días más en la ciudad.

Desde entonces no nos habíamos podido separar más.

—Aquí está.

Le tendí la taza con cuidado porque estaba caliente y esperé que no se quemara. Me senté a su lado, también tomando un poco de café.

—Entonces— dijo ella, para seguir con la conversación que llevábamos antes de que la tetera comenzara a hervir—. ¿La vez que me lanzaste al cabello jalea?

Hice memoria y retrocedí unos cuantos años en el pasado.

—Esa vez de verdad estaba molesto— confesé finalmente—. No había otras intenciones detrás.

Cuando habíamos llegado a casa, la conversación había surgido sola y la habíamos seguido sin problemas, poniéndonos al día y comprendiendo todo lo que habíamos pasado desde entonces, los verdaderos motivos de todo. Ambos teníamos curiosidad sobre lo que el otro había sentido todo este tiempo.

—Pero te lo merecías— recordé—. Yo hice eso en venganza porque me habías roto un juguete.

—Y yo lo rompí porque me habías estado empujando y golpeando en los brazos todo el día.

Sonreí.

—Eso sí lo hice para llamar tu atención— acepté.

Fernanda ladeó un tanto la cabeza y me miró con ternura. Dejó la taza de café que tenía en las manos en la mesita de centro y se acercó hasta mí para darme un dulce beso. Luego, se acomodó entre mis brazos.

—¿Por qué no me di cuenta de todas esas cosas?— se preguntó tras un momento.

Sin moverme demasiado para no perder la posición en la que nos encontrábamos, estiré mi brazo para dejar mi taza junto a la de ella, para así evitar que pasaran accidentes.

—Éramos unos niños— le recordé—. No había por qué darse cuenta de esas cosas. Ni yo me di cuenta enseguida que te quería.

Fernanda entrelazó sus dedos con los míos.

—Las cosas podrían haber sido algo más diferentes.

Yo no pensaba así. Después de todo, me gustaba como eran las cosas entre nosotros, como se habían dado siempre. Si borrábamos las partes tristes y dolorosas y dejábamos sólo las buenas, no nos hubiéramos convertido en lo que éramos y quizás, ninguno hubiera querido al otro.

—Ahora me siento aún peor— mencionó—. Fui una arpía cuando niña. Hice tantas cosas malas y, bueno, aunque tú me las devolvías, tú tenías otras razones. No sé cómo te gusté, de verdad.

Reí.

—Yo tampoco— bromeé—. Será un misterio eterno. O sea, ¿cómo yo, tan genial y guapo, gracioso e inteligente, me terminé por fijar en ti?

La muchacha me pegó con el codo en el costado, demostrando su molestia por mis palabras, aunque había escuchado como se había reído.

—Jamás entenderé cómo me gustaste tú y no esa vecina que tenías en esa época— terminé de decir—. ¡Ella era preciosa!

Fernanda se levantó de su lugar y se giró a verme, notablemente sorprendida.

—¡Sabía que la mirabas! ¡Yo sabía que te podía gustar!— exclamó, señalándome con su dedo acusatoriamente.

Y yo no pude evitar reír aún más divertido.

—Pero me gustaste tú, no ella— le recordé.

Ella bajó sus defensas y relajó sus hombros. Sabía que tenía razón. Tomó lentamente mi mentón y lo condujo hasta sus labios para poder besarme cariñosamente. Yo por mi parte, la abracé mientras correspondía su beso con ternura y la acerqué a mí, hasta dejarla sentada sobre mis piernas.

Quizás las cosas entre nosotros de pronto estaban sucediendo demasiado rápido, pero no dejaría de comportarme de esa manera. Habíamos perdido demasiado tiempo como para que siguiéramos haciéndolo. ¡No pensaría en nada más! Ahora que estábamos juntos, no dejaría que nadie la apartara de mi lado. Sí, quizás los dos todavía teníamos temas que tratar siquiera antes de comenzar algo formal, pero ninguno de los parecía querer pensar en eso. No, no ahora cuando por fin estábamos juntos y felices.

—De verdad lamento no haberme dado cuenta de todo antes— susurró Fernanda, cuando se alejó unos centímetros de mí.

—Deja de decir eso— pedí—. Tenías otras cosas en la cabeza.

—Sí… a un Eduardo, a un Marcelo— musitó, algo entristecida—. Y siempre que pasaba algo malo con ellos, tú me ayudabas y me consolabas— recordó—. Perdón por haberte hecho pasar por eso.

Al instante llegaron a mi mente todas esas veces que ella llegaba hasta mí envuelta en llanto y con mucha pena, y las veces que tenía que dejar de lado mis propios sentimientos para tranquilizarla y aconsejarla.

Acaricié dulcemente su cabeza, al tiempo en que quería olvidar esos recuerdos.

—Ante todo somos amigos— mencioné, dedicándole una sonrisa.

Fernanda se abrazó con fuerza a mí.

—Deja de ser tan bueno siempre— pidió—. ¿Qué quieres ganar con esas frases matadoras? ¿Qué me enamore perdidamente de ti para siempre?— inquirió—. Porque eso ya lo conseguiste hace tiempo.

La abracé también.

—¿Desde cuándo? ¿Qué no me fijé que lo hiciera?

Las mejillas de Fernanda se sonrojaron, pero aun así se veía feliz, por lo que se veía aún más bella.

—Desde la última vez que estuviste en mi casa— respondió—. Y desde entonces no te he podido olvidar.

Sin querer pensarlo exactamente, a mi mente llegó la imagen de Marcelo.

—Pero sobreviviste bien— susurré, las palabras escapando de mi boca.

Fernanda se alejó inmediatamente un poco de mí, para poder mirarme a la cara mientras seguíamos hablando. Al igual que ella, yo había notado como de pronto la conversación tomaba un curso que quizás no nos gustara tanto… pero que era necesario hablarlo. No escaparíamos de nuestros problemas por siempre.

—¿Lo dices por lo de Marcelo?— inquirió—. No me lo eches en cara. Sólo pensé que podría seguir con mi vida…— contó—. Y aunque lo quiero por lo vivido, a ti era a quien por tantas noches pensé. No sabes cómo te extrañé cuando te fuiste a África— confesó—. Cómo te extrañé siempre.

—No te lo echo en cara— aseguré—. Entiendo todo… ¿Pero qué pasó con Marcelo?— pregunté.

Sin ser demasiado evidente, había querido cambiar el tema. Sí, era verdad, me gustaba escuchar lo que ella me decía, que me había querido desde hacía tiempo, pero… aun así, no quería seguir hablando de eso, había sido una mala idea tocar el tema.

Y seguir con la conversación en otra curso, tampoco era tan malo, de todas formas, yo quería saber finalmente qué había sucedido con Marcelo.

—Terminamos el otro día— respondió—. Ya no había nada más que hacer ahí.

Después de las palabras de Fernanda, quedamos ambos en silencio. Era como si no estábamos preparados para tocar esos temas. Fernanda se movió de su lugar y volvió a quedarse sentada en el sofá, junto a mí.

—Bruno, ¿está bien lo que estamos haciendo?— inquirió.

—¿A qué te refieres?— me preocupé.

—Esto— nos señaló con sus brazos—. Decir que nos queremos y... ya comenzar algo. Digo, tal vez no sea lo correcto, pasamos discutiendo todo el tiempo, quizás sólo creemos que nos queremos y no es así.

La idea que ella me estaba proponiendo me aterró completamente. Después de tanto tiempo, por fin habíamos confesado todo, por fin la tenía conmigo, ni siquiera quería pensar en la posibilidad de que nada entre nosotros resultara y finalmente termináramos.

Rápidamente tomé sus manos.

—Yo te quiero y sé que es así— mencioné—. ¿Qué sientes tú?

—También te quiero.

—¿Entonces? Yo no veo el problema.

Pero aunque yo quería traspasarle la confianza que creía estar sintiendo ante la situación, ella no parecía estar más tranquila.

—Tú nunca quieres ver los problemas— susurró—. Pero, y sí sólo funcionamos como amigos que se encuentran cada cierta cantidad de años.

Fernanda me miró algo cansada.

—¿Sabes a lo que quiero llegar?

Claro que lo entendía.

—Pero dime, si no lo intentamos, ¿cómo sabremos si podemos?— pregunté.

Ella me miró, por fin algo más calmada.

—Está bien.

Asintió.

Nos quedamos un momento más en el living, conversando e intentando estar un poco más alegres, hasta que encontramos que era tiempo de irnos a dormir. La despedí en el cuarto de huéspedes y con Boo nos marchamos al mío para tener un buen sueño reparador. Apagué la luz y me quedé mirando en silencio el techo mientras mi mascota dormía junto a mí.

Sabía lo que debía estar pensando Fernanda, porque yo también lo estaba pensado y tenía los mismos miedos.

¿Qué pasaba luego de la confesión esperada de amor, el beso en la Terminal y el "felices por siempre" que aparecía abajo en letras doradas? En todas las películas, hasta ahí llegaba la bella historia de amor, pero lo nuestro era la vida real. ¿Qué pasaba ahora? ¿Teníamos un "felices por siempre" realmente? ¿Nos seguiríamos amando hasta el final de nuestros días, o sólo estaríamos juntos por un mes y luego nos separaríamos porque nos daríamos cuenta tarde qué en verdad no nos queríamos de esa manera ni queríamos una relación?

Ahora que ya estaba con Fernanda, no quería separarme de ella nunca más.


Es un capítulo breve, y medio a la rapidita x) Pero es para que se entiendan un poco las cosas, de como siguió todo x) Y el hecho de que estos dos, a pesar de lo reciente y las demás cosas, se quieren tanto, que quieren comenzar a estar juntos desde ya xD

No pude subir capítulo antes, porque he estado fuera xD y porque estaba haciendo trabajos No sé cuándo el próximo capítulo x) Sólo sé que los días martes es el día que más imposible se me hace subir x)

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Pip: Graaaaacias! Por lo que dijiste sobre el capítulo anterior! Me los tomo todos como unos hermosos cumplidos. La verdad es que hasta la fecha ni yo esto muy convencida sobre el capítulo pasado, sobre cómo quedó, pero me tranquilizan demasiado tus palabras x)

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Cavii: Me has odiado un montón en los últimos capítulos! D: Yo pensaba que ya con el último estarías más feliz, y resulta que me odiaste igual xDDD Que te vaya mega bien en los parciales que se te vienen! :D Te deseo la mejor de las suertes! ;)

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