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En busca del rey
Author:
Shirayuki-Hanako PM
Cansado del tirano que somete a su reino, Cian se embarca en la peligrosa búsqueda de los diez amuletos de las aldeas para revivir al "Rey de las diez llaves". Sin saber que esta aventura le traería amigos, emoción, peligros, complicaciones y enemigos.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Adventure/Fantasy - Chapters: 3 - Words: 14,118 - Reviews: 1 - Updated: 05-01-12 - Published: 03-17-12 - id: 3005983
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Advertencia: Los reinos son de mi completa invención. Esta historia contiene aventura y magia.

Capítulo 1: Entre Mitos y Leyendas

Los rayos del sol rodean el sector, rebotan contra el suelo e iluminan el rostro de los caminantes. El eco producido por los transeúntes al caminar es interrumpido por el sonido de las ruedas de las maletas, los quejidos de las personas a punto de viajar y las varias despedidas emotivas que protagonizaban familiares o amigos.

El tren está a punto de partir y todas las personas se apresuran a entrar para conseguir los mejores lugares para el viaje, o bien, llegar a tiempo.

— ¡Ah! Y recuerda que dejé ropa limpia…

— En el mueble de mi habitación, tercer cajón de abajo hacia arriba a la derecha – Rhonda sonrió— Ya me lo dijiste— Su madre lanzó un largo suspiro.

— En serio los voy a extrañar — Le tomó las manos — Y muchísimo.

— También te extrañaré — Se acercó y rodeándola por el cuello la atrajo hacia ella en un cariñoso y apretado abrazo — ¿Estás segura de que serán tres semanas?

— Casi segura, hija — después de acariciarle un poco el cabello, subió sus manos hasta los hombros de Rhonda y la separó un poco dejándola frente a ella—. Prométeme que estarán bien — la chica asintió — Y por favor cuida mucho a tu hermano.

— Estará bien, ya es grande y sabe cuidarse solo— Hizo un gesto con la cabeza señalando al trasporte de su madre—. Apresura o se te irá el tren.

La madre la soltó, tomó su maleta y se acomodó el vestido y el sombrero antes de comenzar a caminar hacia la entrada del ferrocarril.

Uno de los ayudantes tomó su bolso y lo entró, seguido de esto la sostuvo de la muñeca y ayudó a la mujer a subir. Una vez más agitó un pañuelo hacia su hija, cosa que ella imitó, y llevó su mano hasta su boca lanzando varios besitos al aire.

Rodeo la rama con las piernas y apretó más el agarre de su mano. Se tambaleaba un poco y de vez en cuando crujía, dejando a Cian con el corazón a mil debido a la adrenalina.

Un enorme árbol con tupidas y largas ramas era la salvación para los niños que querían cruzar el peligroso pantano. Cansados de estar siempre escalándolo y después saltando al otro lado, no se les ocurrió mejor idea que colgar una soga de aquella traviesa rama que pasaba por arriba del suelo pantanoso.

Lo complicado era amarrarla, después solo sería cosa de darse impulso y colgarse de la cuerda para pasar, pero alguien tenía que colocar la soga en su lugar.

Nadie era mejor que Cian en aquel grupo de amigos para hacer esa clase de trabajos; pero realmente la rama era tan delgada y traicionera que incluso a este le daba un poco de miedo permanecer colgado en ella.

Elevó un poco más la cadera y apretó las piernas hasta sentirse un poco más seguro. La soga que tenía entre sus dientes le dejaba un sabor asqueroso, la saliva acumulada no hacía más que incomodarle y probablemente el resto se quejaría más tarde de que la cuerda estaba mojada.

Se sostuvo con una mano y la rama volvió a crujir. Le temblaron las rodillas y nuevamente se le aceleró el corazón. Tomó la cuerda y lanzándola la hizo pasar hacia el otro lado de la rama. Con los dedos libres y los dientes comenzó a hacer el nudo más apretado que pudo, aprovechando de hacerle doble nudo para mayor seguridad

Tomó la cuerda colgante con ambas manos, apretó los dedos y cuando sintió la seguridad en sus brazos se lanzó frente a las miradas impresionadas de sus amigos.

Ya colgando, se dio impulso con las piernas balanceando la cuerda de adelanta hacia atrás. Cuando las cosquillas subieron por la parte baja de su abdomen y se apoderaron de su estomago, soltó la cuerda y cayó de pie al otro lado del pantano.

— ¡Asombroso! — Dijeron varios de los niños al unísono al ver como Cian se daba vuelta con una sonrisa triunfal.

— ¡Les dije! Ahora no será tan difícil cruzar el pantano— Acentuó más su sonrisa y sus mejillas se enrojecieron un poco.

Cian Avin era tan solo un chiquillo que no superaba los quince años. Si bien era alto y con una contextura acorde a su edad y estatura, tenía algo en ese rostro con grades ojos verdes y pómulos rechonchos que le daba un toque encantador y tierno, casi infantil. Su cabello rojo era tapado casi en su totalidad por un simpático y gracioso gorro con orejas de felino en la parte alta y su torso se camuflaba tras un sencillo y, a simple vista, caluroso poncho de piel.

— ¡Sabía que lo lograrías, Cian! — Animó Kay acercándose a hacia el pantano y colocándose de puntillas para atrapar la cuerda colgante cuando estirara el brazo.

— ¿No se cortara la cuerda cuando crucemos? — Preguntó Morgan menos convencido con la idea.

— No lo creo— Saltó Wallace —. Si es que pudo soportar a alguien por tanto tiempo colgado de ella, podrá soportar un poco más.

Empujó a Morgan obligándolo a caminar hasta que quedó frente al suelo pantanoso. Le hizo una señal con la cabeza incitándolo a saltar al otro lado.

— ¡Rápido! O habré colocado la cuerda para nada — Habló Cian dando indicios de seguir caminando y dejar a ambos amigos atrás.

— Bueno, si tú lo dices — Estiró el brazo hasta agarra la cuerda y la tiró varias veces para comprobar que estaba firme y lograría sostenerlo. Cuando su seguridad aumento un poco, se dio impulso y con ayuda de la soga saltó al otro lado—. ¡Asombroso! Seguramente les quitaste el problema a muchos más niños de la aldea.

— Si es que tiene la costumbre de jugar fuera de los límites de la aldea, en el bosque— Wallace tomó la cuerda con toda personalidad y dio un solo salto hasta llegar al otro lado— te lo agradecerán mucho.

Ya todos del otro lado del pantano, caminaron a paso rápido adentrándose en el bosque. Tanta costumbre tenían de salir fuera de los límites de su reino que ya no se asustaban si es que guardias aparecían y los llevaban a la rastra con sus madres para acusarlos y darles una nueva advertencia, después de todo, habían aprendido a pasar desapercibidos frente a los pocos soldados que rodeaban la zona.

La guerra es cruel y no solamente con los soldados que participaban en ella, sino también con los habitantes de los reinos en conflicto. Salir de la aldea se hacía una tarea cada vez más complicada y la crisis monetaria atacaba con sus mejores armas. La mayoría de los hombres mayores de edad habían tenido que ir a la lucha dejando a mujeres y niños solos, con la ligera esperanza de que algún día podrían volver a verlos en la aldea o en el campo de batalla.

Ni Cian, ni Kay, ni Morgan, ni Wallace eran la excepción. Todos ellos tenían a sus padres lejos y a sus madres más preocupadas que nunca por la ausencia de sus maridos. Esperando un golpe de suerte que les trajera de vuelta a su progenitor y no les permitiera ir a la guerra, pasaban sus días jugando por los alrededores y desafiando las reglas de la aldea saliendo fuera de los límites y adentrándose en el bosque.

La luz del sol asomándose por entre las ramas y el canto de los pajaritos delataron la llegada a aquel valle tan bonito y agradable en el cual solían jugar.

Un cerco lo atravesaba y daba una vista espectacular a las líneas del tren. Las flores coloridas adornaban el suelo y la ligera brisa que corría lo hacían un lugar espectacular para pasar la tarde y salir de las tensiones de su reino.

— ¿Trajiste los cojines viejo para nuestra base? — Preguntó Kay a Morgan.

— Sí, están en mi bolso— dijo mostrando la punta de una de las almohadas— pensaba que también podríamos hacer una fogata.

— Me gusta cómo suena eso — Wallace retiró unas cuantas ramas que descansaban en el suelo y una gran agujero apareció.

— Podríamos hacerle una puerta con las ramas y cuerda fina— Sugirió Cian sentándose en el suelo y comenzando a arrastrarse un poco para entrar en el agujero.

Un ruido relativamente desconocido para los jóvenes se hizo sentir y el suelo comenzó a tambalearse junto con el sonido de las ramas de los árboles chocando entre sí.

— ¿Qué es eso? — Saltó Morgan mirando por los alrededores— ¿Es el tren?

— Sí, recuerdo muy bien que hoy día había salida de tren— Kay se acercó al cerco y giró la cabeza hasta visualizar al causante del ruido—. Cada vez más gente se escapa del reino.

— ¡Mi mamá está viajando ahí! — Cian se levantó de prisa y corrió hasta llegar al cerco que los separaba de las líneas del tren. De un solo salto se subió sobre él y dobló todo el cuerpo para ver mejor el ferrocarril.

— ¿Enserio? ¿Y a donde viaja ahora? — curioseó Wallace acercándose a donde estaban dos de sus amigos.

— Va a la capital por trabajo— Explico el chico sosteniendo el gorro que llevaba cuando el tren pasó por frente a ellos— Volverá en algunas semanas.

— ¿Entonces vas a quedarte solo con tu hermana? — Morgan se acercó y colocó ambas manos en la cerca apreciando como el ferrocarril se alejaba.

— Sí, pero ella no me deja hacer casi nada divertido— Dio un nuevo salto y cayó en el suelo sin soltar el cerco— Además voy a tener que estar trabajando todo el tiempo en la posada…¡La posada! — Se soltó de la reja y colocó ambas manos sobre su cabeza reclamando en voz baja.

— ¿Qué, qué ocurrió? — Saltó inmediatamente Kay al ver a su amigo preocupado.

— ¡Lo siento mucho! ¡Tengo que irme! — salió corriendo dejando a sus amigos sin comprender lo que pasaba.

Con los brazos alejó las ramas que se interponían en su camino y amenazaban con rasguñar su rostro. No le importaron las piedras que le hacían dar traspiés ni las raíces de los árboles que deformaban el suelo, solo corría.

Cuando ya divisó el pantano, lo único que hizo fue dar un salto, agarrar la cuerda y aprovechar el mismo impulso del brinco para caer al otro lado.

— ¡Oye mi amor, dame una gaseosa!

— ¡Enseguida! — Rhonda corrió hacia la cocina.

Eran en días como estos en que la ausencia de Cian se hacía más notoria, por que justamente era cuando llegaba más clientela. Podían tolerar fácilmente que llegara tarde de vez en cuando; pero en días con tanta concurrencia era inevitable que terminara estresándose y enojándose con medio mundo por culpa de su hermanito pequeño.

Abrió la nevera y revisó con la vista su contenido. Entre jugos, bebidas alcohólicas y gaseosas, la nevera debería estar rebalsando en botellas y hielo; sin embargo era tanta la gente que asistía que apenas y tenía cosas adentro. Le agradaba que la posada que tenía su familia tuviera tanta fama en la aldea, sobretodo en su barrio; no obstante, atender a tantos clientes sin ninguna ayuda además de la cocina era realmente frustrante.

Caminó a paso veloz con el pedido y se acercó a la mesa.

— Siento mucho la tardanza — Limpio el liquido que había quedado en sus manos al tomar la botella en el delantal que llevaba puesto — Nos falta gente.

— No te preocupes, querida — el hombre le guiño un ojo— Si se trata de ti, tengo toda la paciencia del mundo.

Solo respondió con una sonrisa, aunque en realidad ignoró por completo el cumplido. Era normal que la mayor parte de la clientela fuera masculina y no se dedicara a otra cosa además de mirarla, lanzarle piropos y tomar un refresco. Eran pocas las familias que asistían a comer allá, pero eso también le daba la tranquilidad de que la gente de la cocina tendría menos trabajo.

No era de extrañarse. Con una altura que cualquier mujer desearía y un cuerpo envidiable para todas, ya tenía casi un club de fanáticos. Su cabello era largo, lacio y de un llamativo color rojo, lo que contrastaba perfectamente con sus ojos verdes rodeados por unas largas pestañas.

— ¿Puedo tomar su orden? — Preguntó Rhonda a un nuevo cliente.

— Ya era hora…— Claramente, habían también personas que les desagradaba esperar tanto por un simple bocadillo o bebida— Quiero esto — Señaló una comida en el menú — Y con esta bebida— volvió a señalar con el dedo, esta vez en la sección de jugos.

— Enseguida se lo traigo, señor — Tomó apuntes en su libreta y caminó a paso rápido hacia la ventanilla que daba a la cocina — ¡Figueira, un especial!

El recién nombrado respondió con un "¡En un minuto!" y de inmediato se escuchó como el filo del cuchillo golpeaba contra una manera y cortaba un alimento que seguramente sería un vegetal. Entre el ruido de las rápidas cortadas de Figueira, el grito de los celebrantes, los piropos de sus admirados y las charlas de los presentes, el dolor de cabeza de Rhonda provocado por la frustración aumentaba a extremos peligrosos.

Entre "lindura", "La tía de una amiga", "¡Salud!", "te cuento qué" y "¡Brindo por eso!" su cabeza estaba a punto de estallar.

El sonido de una campanita que avisaba la apertura de la puerta le causo un ligero estrés, pero también una ligera esperanza se le cruzó por la mente. Unos pasos apresurados y varios "¡Permiso! ¡Disculpe!" con una vocecita relativamente fina lograron calmarla. Cian por fin había llegado.

La calma de que se le iba a hacer la tarea más liviana llegó de inmediato a ella, después tendría tiempo para enojarse.

— ¡Ya llegué! — Ni siquiera se dio el trabajo de saludar a su hermana, solo siguió corriendo en dirección a la cocina.

— ¡Por fin! — Gritó hacia Cian mientras caminaba para entregarle el pedido a su cliente.

Las ásperas páginas de su nuevo libro rapaban la yema de sus dedos al tocarlas dejándole una sensación extraña. Con letras grandes, curvas, elegantes y un poco borrosas se intentaban contar diferentes leyendas de la región.

Cian podía fácilmente considerarse un fanático del folclore de su región; sobre todo si se trataba de creaturas místicas o que tenían que ver con hechiceros, brujas, magos o bien magia. Las líneas borrosas y adornadas de su libro lo cautivaban con cada palabra y la historia en general se le hacía de lo más maravillosa y divertida.

— ¿Qué haces? ¿Leyendo de nuevo? — Rhonda entró a la habitación con la ropa limpia en brazos.

— Sí, en esta aldea es casi lo único que se puede hacer sin que te apresen o te castiguen— Lanzó una mirada a su hermana.

— Oye, no me culpes a mí— Dejó la ropa sobre la cama y colocó ambas manos en sus caderas—. Sales de los límites del reino sabiendo que no está permitido y hay guardias por los alrededores— Caminó un poco y se sentó a la orilla de la cama— Llegas tarde a trabajar, ¡ni siquiera fuiste a despedirte de mamá a la estación! — Cian desvió la mirada—. ¿Qué más esperas? Sabes que no me gusta castigarte.

— ¿Entonces por qué lo haces? — Fijó su vista en el libor, aunque realmente no estaba leyendo nada.

— Porque es lo correcto — Colocó una mano en el hombro de su hermano y sonrió—. Mamá lo haría... — Vio que eso no causo mayor efecto en el menor— Y papá también.

— No...Él no lo habría hecho.

— Anímate, Cian— se recostó junto a él—. Escucha, si te portas bien no tendré la necesidad de castigarte de nuevo ¿Sí?

— Me gusta salir fuera de los límites de la aldea — Respondió a la vez que se formaba una leve curvatura en sus labios.

— ¡Cian~!— Le reclamó, pero cuando vio que este comenzaba a reírse también sonrió y le despeino los mechones que caían sobre su frente—. ¿Qué lees?

— ¡Ah! Es un nuevo libro que compre en la feria— Colocó un dedo en la página que estaba leyendo y lo cerró mostrándole la tapa a su hermana.

— ¿Otro? ¿No crees que ya sean muchos libros? — Habló leyendo el título—. Mitos y leyendas ¿Eh? ¿Desde cuándo te interesan tanto los mitos?

— Siempre me han gustado más las leyendas— Abrió el libro en la página marcada— Y esta parece estar muy interesante.

— ¿Así? ¿Cuál es?—Miró con atención el título de la leyenda— ¿"El rey de las diez llaves"?

— ¿La habías escuchado antes? — Cian rozó la hoja con cuidado y delineo con la yema de los dedos los borrosos dibujos de la página.

— Algo había escuchado antes, pero no tengo idea de que trata.

— Hace miles de años, en los inicios de las diez aldeas, existía una corte compuesta por los reyes de estas: Rolf de la aldea de Rubidion, Essien de Ármadon, Burhaan de Aidaluz, Sergei de Kassio, Kristmundur de Fielaltra, Astrid de Luminios, Devany de Saurubia, Kalevi de Kaíris, Arend de Jutopia y Lucius de Daltaria. A ellos los encabezaba un solo gran rey conocido como "Krunoslav" quien tenía la capacidad de sembrar la paz y la harmonía entre el resto de los reyes y las aldeas, tenía una gran experiencia en batalla y una mente sabia y justa— cambió de página mientras aclaraba su garganta— Él solía proteger la región de las amenazas que la rodeaban, pero se dice que un grupo de rebeldes expertos en magia lo asaltaron un día y lo sellaron utilizando maleficios y los diez amuletos mágicos de los reinos. Después de eso, el caos estalló en la región y un montón de guerras, asaltos, invasiones y batallas sucedieron, todo por la ausencia del rey Krunoslav.

—Vaya— Apoyó su barbilla en las manos y los codos en la colcha mientras miraba atentamente el texto del libro— Ya que vivimos en Rubidion conozco claramente la historia del rey Rolf, pero nunca había escuchado el nombre "Krunoslav".

— Eso es porque a casi nadie le interesa la historia de él, todos piensas que es fantasía— pasó a la siguiente página— Pero se viene la mejor parte…Se rumorea que su tumba está escondida en lo más profundo del bosque de Daltaria y que si los diez amuletos mágicos se juntan en ese lugar el rey Krunoslav volverá a la vida.

—Eso suena bonito— Se dio media vuelta y se recostó de espalda— Si es que tuviéramos un rey tan bueno como Krunoslav no estaríamos en guerra contra Fielaltra.

— Es la pura verdad— cerró el libro— Pero a cambio tenemos al rey Llewellyn— rio un poco— Un verdadero cero a la izquierda.

— ¡Oye! — Le golpeo el hombro con suavidad— Estás grande, pero no tanto para hablar así de la monarquía.

— ¡Pero es la verdad! — También se recostó de espalda— Me gustaría cambiar al rey Llewellyn.

— Pero tú no crees en fantasías como esas ¿verdad? — Lo miró de reojo.

— ¿Por qué? ¿Tú no? — se colocó de lado.

— ¡Claro que no! Esas cosas solo ocurren en cuentos de hadas— También se colocó de medio lado, tomo el libro y comenzó a hojearlo— Hay que buscar otras cosas más interesantes y reales— Llegó una página con muchos colores y figuras— ¡Esta! Trata sobre las sirenas de Kaíris.

— Esa es una leyenda para niñas— Le quitó el libro— Prefiero algo como los dragones de Ármadon o las águilas gigantes de Kassio.

— No quiero saber sobre dragones— Hojeo nuevamente el libro— ¿Y por qué sobre las águilas de Kassio? ¡Todo Kassio! ¡Siempre la capital!

— No hay porqué culparlos, son águilas gigantes— Colocó una mano sobre el libro para detenerlo en una página sin casi ningún dibujo, solo un mapa— ¡Mira esta! — Leyó el título— Es sobre Daltaria.

Rhonda leyó rápidamente las líneas escritas posando de vez en cuando la vista en el mapa que estaba dibujado.

— Cielos…es sobre la catástrofe de Daltaria— Volvió al principio y leyendo las líneas escritas fue contando la leyenda de un modo más abreviado— Después de la repentina desaparición del rey Krunoslav, el caos comenzó a azotar la región. Los rebeldes responsables aprovecharon la confusión para atacar al segundo rey más poderoso. Proveniente de la única aldea capaz de utilizar la magia, Daltaria, el rey Lucius fue el siguiente objetivo— Miró de reojo a Cian.

— ¿Atacaron al rey? ¿Fue así como Daltaria desapareció? — Su hermano se concentró más en la leyenda.

— Dice aquí que supieron en ese instante que no podrían detener a un hechicero tan poderoso como Lucius utilizándolos diez amuletos, por lo que se contactaron con una bruja especialista en magia negra para derrotarlo— Cambió a la siguiente página—Con la ayuda de la bruja, sellaron al rey hechicero en un árbol de los bosques entre Luminios y Saurubia. La única manera de liberarlo es haciendo reír al árbol— Cian se tapó la boca para no liberar una risotada.

— ¿Hacer reír a un árbol? ¡Eso es imposible!

— Los sé— Rió por lo bajo— Ahora escucha, se viene lo mejor— aclaró un poco la garganta— La aldea, llena de confusión, buscó por todos lados a su rey sin resultado. Comenzaron a formarse bandos que estallaron en batalla, formando así la primera guerra civil de la historia de la región.

— ¿Y esa es la mejor parte? — Preguntó el chico del gorro nada contento con lo dicho por su hermana— ¿Daltaria se llevó a su propia destrucción?

— Ahora viene al final— Señaló al mapa— Se dice que un grupo de sobrevivientes abandonó su destruido reino y comenzó desde cero, formando una nueva aldea a orillas del bosque. Para evitar los ataques de los rebeldes, la sellaron de tal modo que solo puede ingresarse con magia o por el cielo. El día de hoy es ya un reino oculto que prefiere mantenerse en las sombras, autodenominado como "La nueva Daltaria".

—Significa que los diez reinos todavía existen— Comenzó a mover sus piernas de arriba a abajo— Si es que consiguiéramos los diez amuletos podríamos revivir al rey Krunoslav.

—Pero tú ya sabes que esas cosas no son posibles. Al igual que eso de hacer reír un árbol.

— ¡Leamos otra! Más de una debe haber sobre el rey Rolf ¿No crees? — Comenzó nuevamente a hojear el libro.

—No, no, no, no, no. Ya es hora de dormir— Cerró el libro sin importar que le apretara los dedos a Cian— Mañana podrás leer todo lo que quieras, porque ni pienses que vas a salir fuera de los limites de nuevo.

— ¡Pero fuera de la aldea están las cosas más divertidas! Aquí no se puede hacer casi nada sin que lleguen los guardias a decirte que es inapropiado y van a llevarte al calabozo si se repite— dijo colocándose de espalda y cruzando los brazos.

—Pues busca otra entretención— Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta— Lee ese libro o ayúdame en la posada.

—Me quedo con la primera—Habló entre risitas antes que su hermana saliera de la habitación.

Tenía los ojos irritados y la mente a medio funcionar, aún después de haberse metido a la ducha. Pasar largas horas de la noche bajo las sabanas con una lamparita para leer todas y cada una de las leyendas del libro había sido entretenido, pero agotador. Sobre todo por el hecho de que su interés no se despedía de la leyenda del rey de las diez llaves, la cual leyó dos, tres y hasta cuatro veces sin cansancio.

—Buen día, Cian— Rhonda le dio la bienvenida a su hermanito mientras tomaba unos platos de loza que tenía lo que parecía ser un delicioso desayuno— Espero que te guste la comida, Figueira lo dejó preparado para nosotros.

—Figueira está chiflado, siempre experimenta con la comida— Pese a sus palabras, se sentó en la mesa y tomó los servicios, ansioso por que la comida llegara.

—Pero debes admitir que es un cocinero prodigio— Colocó un plato frente a Cian y el otro en el puesto de al lado, donde se sentó.

—Sí—Comenzó a cortar en pedacitos el apetecible platillo a su disposición— Aunque me da miedo, pienso que en cualquier momento le pondrá una especie de baya venenosa.

— ¡Claro que no! El solo es creativo, no es un loco— A diferencia de su hermano, Rhonda comenzó a cortar la comida con el borde del tenedor y a llevárselo inmediatamente a la boca— Está delicioso.

—Figueira sí está loco—Se llevó una pedazo a la boca y lo saboreo con entusiasmo— Tú solo lo defiendes porque te gusta.

— ¡De dónde has sacado eso! — No le simpatizó para nada la broma de su hermano—Eso fue hace mucho tiempo. Además deberías recordar que va a casarse a final de año.

— ¡Ah! cierto— atravesó tres trozos con el tenedor y se los devoró todos juntos— ¿Cómo se llamaba esa chica? ¿Elin?

— Sí— Comió otro poco del platillo— Elin Jones, es la que quería trabajar como camarera conmigo.

— ¿Y la contrataste? — Repitió el movimiento anterior reduciendo el desayuno a un cuarto de la deliciosa comida y un jugo.

—Comienza a trabajar el próximo mes. Quería un tiempo para adaptarse al ritmo del reino, recuerda que ella viene de las afueras de Rubidion.

— Cómo una campesina — Terminó con lo que quedaba en su plato y sorbió una gran parte del jugo de su vaso— Seguramente le costara bastante acostumbrarse aquí. Aunque es probable que estén mejor allá que aquí en la aldea—Sorbió la otra parte de su jugo para terminar comer.

— ¡Ah! Ya que terminaste…—Metió la mano en un bolsillo y después de revolverlo un poco sacó una bolsita con monedas— Necesito que me vayas a comprar unas naranjas.

—Claro— Se levantó del asiento y tomó el pequeño saquito— ¿Compro en la tienda de al lado?

—Esa es muy cara, mejor ve a la que está en el centro— Comió otro poco del platillo y tomó jugo.

— Hay suficiente dinero para comprar en la de al lado, la otra queda muy lejos— Se arregló el gorro y tomó un poncho color café que estaba apoyado en el respaldo de una silla.

—Lo sé, pero es gracias a que compramos en la tienda del centro que tenemos suficiente dinero para comprar en la tienda de al lado— Tomó un poco más de jugo.

—Claro— Cian decidió darle la razón a su hermana antes de iniciar una discusión.

Se colocó en poncho y lo acomodó bien para que quedara derecho. Tomó un pequeño bolso que estaba colgado tras la puerta y se lo cruzó por delante de la manta. Guardó el saquito con las monedas dentro del bolso que llevaba y se despidió de su hermana.

La aldea de Rubidion no era demasiado grande, pero tampoco era pequeña. La distancia entre el centro y la casa de Cian no era mucha, sin embargo el muchacho del gorro prefería mil veces los productos de la adorable de Keyna, su vecina.

Rhonda solía también preferir los productos de la tienda de al lado cuando de la posada se trataba, intentando siempre de darle lo mejor al cliente. Sin embargo cuando se trataba de su hogar y de alimentar a los suyos, le nacía la personalidad ahorrativa, pasando a tacaña, y buscaba siempre lo más barato.

Para Cian era inolvidable aquel delicioso sabor y esa sensación ácida que le quedaba en la lengua después de beber un vaso de jugo de naranja de la posada. Si bien, las otras frutas de las tiendas del centro no eran malas, aquella falta de jugosidad y la contextura medianamente arenosa de las manzanas era algo que no pasaba desapercibido por el muchacho.

Las calles del reino de Rubidion eran estrechas y carecían de pavimento, a diferencia de las tres potencias de la región. La aldea no tenía grandes paisajes de los cuales presumir, no tenía costa, el bosque estaba cerrado y la gente en sí tenía una cara de aburrimiento y desánimo. La hambruna comenzaba a aparecer y varias personas viajaban a cualquier lugar que les abriera las puertas, por lo que a Cian le daba la impresión que en cualquier momento se volvería una aldea fantasma.

Había varios puestos de frutas de camino al centro, sin embargo las manchas oscuras y la falta de aquel olor tan agradable de los duraznos le decían a joven que debía seguir su camino hasta la tienda que su hermana le ordenó.

La poca gente que aún se atrevía a quedarse en aquella aldea en guerra, o aquellas personas que no poseían el dinero suficiente para irse, se conocían tan bien entre sí que se saludaban cuando se veían por las calles.

— ¡Buen día, Cian! — Saludó un hombre que tenía un puesto de frutillas

—Buen día, señor Ronet— Hizo un gesto con la cabeza para responder al saludo y siguió con su camino.

Las casas un poco más fastuosas, las calles más cuidadas y la presencia de un enorme castillo donde habitaba el rey Llewellyn delató que el niño del gorro ya había llegado al centro de la aldea, donde estaba el barato y de mediana calidad local que vendía las naranjas que su hermana quería.

Allí, en aquel castillo donde habitaba el rey estaba también el preciado amuleto: El ágata azul con adornos de plata. Si aquel amuleto estuviera en manos de un justiciero, se adentraría en la peligrosa aventura de robar los otros diez y partir en busca del rey Krunoslav. Una hazaña como aquella era solo comparable con las mejores novelas de aventura que alguien pudiera crear y un personaje como aquel solo era capaz de ser puesto al lado del mismísimo rey Rolf.

Con todos esos amuletos juntos lograría despertar al rey y conseguiría detener la guerra y acabar con el sufrimiento de su aldea, pero todo eso era muy arriesgado aún sin contar que debería pasar por Fielaltra, la aldea contrincante y debería buscar Daltaria, la aldea perdida.

Caminó por un sendero pedregoso bastante elegante para el resto del reino hasta llegar a la enorme puerta de madera rojiza con adornos brillantes, la entrada al palacio real.

La única pregunta que recorría la mente de Cian era… ¿Alguien como él lo lograría?

Hi! Traigo una segunda historia de aventura para ustedes ^^

La verdad, siendo una autora novata que recién comienza en el fictionpress me da un poco de mala espina tener dos historias (Más o menos largas) a la vez, pero ambas las tengo desde hace bastante tiempo en mente y las ansias por escribirlas me terminará matando T.T

Trataré de hacer el mejor esfuerzo para poder con ambas sin que me flaqueen los dedos a la hora de narrar XD de igual modo esta historia, a diferencia de la otra, es bastante más "ligerita" y tan solo encontrarán aventura, aventura, un poco de magia, casi nada de drama (incuso diría prácticamente nulo) si es que hay violencia, siempre con un toque de "comedia" ¡Ah! Y más aventura :D

Gracias por leer ^^ ¿Review?

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