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Mi valiente combatiente
Author:
Sweet.Micah PM
Lamentablemente, Alex Ayland fue elegido para entrar en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial. Apenas salen al campo, son fuertemente tiroteados, por lo que tendrán que huir a un campamento en el que ya casi no hay agua ni comida. Todo es una lucha por sobrevivir. Alex no solo luchará contra Alemania, sino contra la muerte y la lejanía entre su padre y su novia.
Rated: Fiction T - Spanish - Drama/Adventure - Chapters: 19 - Words: 34,608 - Reviews: 11 - Favs: 2 - Follows: 2 - Updated: 07-31-12 - Published: 03-28-12 - Status: Complete - id: 3008762
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¡UJUUUUUUUUUU! ¡CAPÍTULO CARDÍACO Y PICANTE! MMMM, estoy emocionada (?

Nah, mentira, depende de cada uno si es emocionante o no. Al fin y al cabo, hago esto para que disfruten :D


CAPÍTULO 8


— Hijo, mucho cuidado. — le dijo Charles, peinándolo con las dos manos. Peinar a Alex era prácticamente imposible. Como un caso perdido, sus manos bajaron a su pecho y comenzaron a acomodarle el cuello de la camisa, la corbata, se aseguraba de que todos los botones estés abrochados...— Y cuídate. — recalcó más que todo el "cuídate". Sabía que "cuidarse" no sólo implicaba tener cuidado en la calle, sino que también implicaba "cuidarse" en esos casos extremos. Seguramente sabes a lo que me refiero.

— Pa, tranquilo... — le tomó las manos, que no paraban de moverse. — No tiembles. Estaré bien. No es mi primera cita. — le sonrió, sin soltarle las manos. Su sonrisa se borró y su cara se arrugó para ver el rostro de su padre más de cerca. — ¿Estás llorando?

— Es que... — se limpió los ojos con su saco. — Me hace feliz que seas feliz. Y estás tan crecido...parece como si fuera ayer cuando tenías ocho e íbamos juntos a cazar y tú te dormías temprano y... — se quebró, y derramó una lágrima que rodó hasta el piso. Su hijo sintió muchísimo ese arrebato y le limpió la cara con el dedo.

— Sigo teniendo ocho. — sonrió, se llevó una mano al corazón y se golpeó el pecho. — Aquí. Tengo ocho años.

Sin poder contenerlo más, padre e hijo se abrazaron como si fuera la primera y última vez.


El valioso mensaje decía exactamente esa dirección, exactamente esa hora y había seguido las instrucciones al pie de la letra. Así que arrancó de cero y empezó a lanzar piedritas pequeñas.

"Estoy teniendo un deja vu", pensaba. Pero no, estaba haciendo exactamente lo mismo por segunda vez, sólo que a la noche. La luna llena estaba distante y hermosa, rodeada por un mar de estrellas blancas parpadeantes. No paraba de lanzar piedras. Lo único que lo iluminaba, era la luz proveniente de adentro de la mansión.

La ventana se abrió y el hermoso rostro de Isabelle se asomó, sonriente. Lanzó una soga al mejor estilo Romeo y Julieta y así, Alex comenzó a trepar. Le costó mucho pero, con tal de verla a ella, haría todo lo que fuera posible. Los esfuerzos de Charles habían sido en vano, ya que en la trepada finalizó totalmente sudado, despeinado y desacomodado. La subida terminó y quedaron frente a frente, incapaces de separar sus miradas medio segundo.

— ¿A qué...se debe esta junta? — rompió el hielo Alex.

— ¿Cómo que "a qué se debe"? ¡Es obvio que venimos a aclarar lo que sentimos uno por el otro! — exclamó como si fuese la cosa más obvia.

— Ah, claro...lo sabía — rodó los ojos...No, en realidad no lo sabía. — Yo creo que deberías comenzar tú. — sonrió, señalándola con la cabeza. Se negaba a comenzar y a decir cosas cursis o patéticas.

— Bien... — inhaló suavemente. — Yo por ti siento... — se cortó de imprevisto, sin las palabras necesarias para continuar. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo expresarlo? — Ahm... — balbuceó. Levantó la vista y vio el rostro espectante de su acompañante. Le avergonzaba el sólo hecho de estar de pie como una inútil sin saber que decir.

— ¿Me amas? — volvió a romper el hielo. — ¿O te parezco sólo un chico lindo que no te conviene?

— ¡Ahí esta el problema! — dijo con voz caprichosa, pateando el suelo. — Yo no sé, no sé si te amo o sé que no me convienes. Nunca logré entenderlo del todo. — se rascó la cabeza, pensativa.

— Te haré aclarar. — sonrió, acercándose a ella.

— ¿Y...cómo? — preguntó de manera soñadora, incapaz de despegarse de sus ojos. Sintió sus tibias manos sobre su rostro. Isabelle no podía reaccionar, nunca había besado a alguien antes. Nunca. ¿Qué se suponía que debía hacer? Sintió su aliento cerca. Más cerca.

— Así. — cerró los ojos. Siguiendo el juego, lo imitó y se acercó en cámara lenta. Tardaba tanto en tocar sus labios, que en realidad se preguntaba si realmente estaba Alex frente a ella o era un producto de su imaginación. Pero no, estaba ahí de pie, y aprisionó sus labios sin temor alguno. Isabelle sintió una explosión de emociones: vibraciones en el estómago, un nudo enorme en la garganta, cosquillas en los pies, debilidad en las rodillas. Pese a todo, sabía que no iba a caerse. Lo sabía. Lo sabía porque estaba aferrada totalmente a él, como si lo estuviera abrazando. Y así quería que fuera el resto de su vida. Se separaron un momento, para juntar sus frentes, mirarse a los ojos y entrelazar sus dedos. — ¿Me amas?

— Te amo. — sonrió, y con mucho gusto, él le devolvió el gesto. Volvieron al dulce y apasionado estado de antes, dándose besos más cortos y consecutivos. — Nunca me dejes ir. — le tomó la cara, acariciándosela y sintiendo que penetraba cada poro de su piel.

— Jamás lo haría. Estaré al tu lado siempre. Y te tomaré de la mano con el mayor de los orgullos. — al terminar su discurso, se vio incapaz de decir más ya que la muchacha jaló fuertemente de su rostro y lo obligó a besarla de nuevo. En ese momento, se oyó un ruido seco. Ninguno de los dos se inmutó, pensando que algo se había caído al piso. Pero no. Una voz los sacó de su trance y los hizo separarse.

— ¿Pero qué...? ¿Qué haces tú...? ¿Y cómo...? — balbuceó David, pasando su mirada entre los dos. Finalmente, se posó en Alex, como era de suponer. — ¿¡Qué rayos haces aquí! — gritó de modo colérico. Johnattan, detrás de él, largó una risita silenciosa.

— Vine para estar con su hija. — tomó valor desde lo más profundo de su pecho, y se puso un paso delante de su amada. — Yo la amo. Y ella...ella también me ama. — declaró, sin soltarse un minuto de la mano de Isabelle. Esta vez, la mirada de David se acomodó en su hija y se quedó ahí.

— ¿Es cierto lo que dice? — avanzó hacia ella, apartando al estorbo que representaba Alex en el medio. — ¿Es cierto?

— Es... — desvió la mirada hacia Clayford, que tenía nuevamente esa sombra amenazadora bajo los ojos. Sintió más presión en su mano y la mirada agujereante de su padre. — Es verdad.

El hombre palideció un momento y murmuró algo poco reconocible. Volteó y empezó a caminar de izquierda a derecha, de izquierda a derecha; como un león hambriento dentro de su jaula. Regresó a los enamorados y empujó bruscamente a Alex, haciendo que casi se caiga.

— Sal de aquí. Sal de aquí porque cuando te vuelva a ver en esta casa no dudaré en matarte. Juro que no lo dudaré. — habló amenazadoramente.

— Papá... — sollozó Isabelle, sintiendo las lágrimas arder como chispas creciendo. Se cubrió el rostro y comenzó a llorar ahí mismo. Alex se estiró hacia a ella, dispuesto a consolarla pero los separaron bruscamente.

— Por favor... — rogó el joven. — Déjenme un minuto con ella. Uno. Uno.

— El tiempo es oro. — se entrometió Johnny, que aún estaba posado en el umbral. — Adiós, quizá en la calle nos veamos.

Con el odio acumulado en el pecho, Alexander no tuvo ninguna otra opción más que salir de la habitación, bajar las escaleras e irse a su casa.

Como ya lo había hecho muchas veces, entró con la ira contenida y los puños cerrados ante la incrédula mirada de su padre y dejó su abrigo donde más le convenía hacerlo. Luego, se sentó frente a él, pero sin mirarlo.

— Esta duró menos...— dijo Charles, mirando su reloj de pared. Se hubiese reído de su chiste si no hubiese sido por ver que su hijo tenía los ojos cristalizados y se le acumulaba agua debajo del ojo. — No...no lo hagas. — demasiado tarde. Esa lágrima era tan pequeña y sin embargo significaba tanto...se la limpió con dureza. Los hombres no lloran.


Alex no era el único llorando. Isabelle estaba inundando su habitación. No podía detenerse, y por más que quería, pensando en cosas felices, no podía. Quería estar con Alex, besarlo y dormir con él. Abrazarlo, sonreír, acariciarlo...todo sonaba demasiado lejano. La puerta intentó abrirse, ya que estaba bloqueada. Ilusionada, pensando que era su madre, la destrabó segura; pero al ver quién era retrocedió de repente como si se tratara de un fantasma.

— ¡La próxima vez que bloquees la puerta juro que...! — la amenazó con el puño en el aire, pero se interrumpió y en su lugar sonrió cálidamente. — ¿Sabes qué? Hoy estoy bueno, amable y adorable. No voy a hacerte ninguna muestra de violencia. Al contrario... — avanzó rápidamente hacia ella, la tomó del rostro y la besó un milisegundo. Todo fue tan rápido que casi no se distinguió si había tocado sus labios realmente. Se quedó paralizada. Del asco. — Listo. Estoy feliz. Y aunque quieras o no, querida, tendrás que convivir conmigo. Lástima. — alzó los hombros y cerró la puerta fuertemente. Con toda su ira contenida en su pecho, gritó y comenzó a golpear su cama hasta intentar calmarse y relajarse.


:3 ¡Al fin el esperado momento! ¡Al fin! Pero no fue del todo feliz que digamos :s

Bueno, espero que lo disfruten y que dejen algún comentario. Ah, sí, sí. La pregunta:

- ¿Tú crees que el beso entre Alex e Isabelle fue suficiente? ¿O quieres más, picarón/a?

¡Saludos!

Micah

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