Fiction » Romance »

Diente de león
Author:
Lanna Hudson PM
Nacieron el mismo día, a la misma hora, en el mismo hospital. Eran almas gemelas; ambos libres, rebeldes y alocados. Ella tenía muy claros sus sentimientos hacia él. Pero entonces apareció la otra ella, la bailarina que le robó el corazón.
Rated: Fiction T - Spanish - Friendship/Humor - Chapters: 10 - Words: 37,426 - Reviews: 44 - Favs: 6 - Follows: 7 - Updated: 10-07-12 - Published: 04-04-12 - id: 3010672
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

Resucité.

Más o menos.

Lo siento. En serio lo siento. ¿Cuantos meses lleva esto muerto? No lo sé, me ha dado miedo contarlo, pero sé que demasiados. Dije que en verano aprovecharía mi tiempo para escribir y escribir y escribir... y al final ha resultado lo contrario, un puro abandono. No quiero daros excusas, tan solo una breve explicación: Alguien en mi vida se fue, otro alguien estuvo a punto y y mi inspiración desapareció. He pasado un verano zombie, no era yo. Ahora he empezado el curso y he vuelto nuevamente, y quiero intentar seguir. No lo prometo, ando un poco inestable.

Se acabó la parte depresiva. Eso era todo, perdón por no concretar más.

Especial perdones a mis fieles seguidoras: black and blue (Vane), Cavii, ChesireOz, Paz.A.¡Soy lo peooooor y encima va y subo un capítulo corto, espero que sigáis ahí!

Aviso publico a que este capítulo me ha quedado un poco raro. Supongo que por mis humos, ya me diréis que tal. Si veo que es una catastrofe intentaré rectificar.

Resucito conmigo a Hanna, Ryan y a los demás:


Diente de León

Capítulo 10 – Contradicciones

Caminó robótica hacia su habitación, cerró la puerta y se deslizó por ella hasta llegar al suelo, con la pierna derecha estirada completamente, la izquierda tocándole el pecho y la cabeza apoyada en esta. El corazón le latía con fuerza y sus pulmones todavía le pedían oxigeno. Levantó el rostro de golpe y abrió los ojos como platos. ¿Qué acababa de pasar? Porque se recordaba en el suelo fumando con calma y frustración un cigarrillo y, después, todo giraba alrededor de un beso increíble con Ryan. ¿Cómo había llegado a eso? Ah, sí, vacilándole estando enfadada. Pues desde luego, había tenido efecto. Mucho.

Sonrió palpando sus labios y miró al techo. Se levantó de un salto, se quitó las zapatillas dando un par de patadas a lo bruto y se echó de un planchazo sobre la cama. Vaya día.

—¡Hanna! —gritó Ryan desde fuera con desesperación el la voz—. No me dejes así, por favor. —Su voz dolida casi logró convencerla, sin embargo, no lo hizo porque sabía que era algo bipolar y acabaría gritándole.

No era su culpa haberle dejado excitado. Había actuado por impulso; la rabia y los celos acumulados más sus ojos azules brillando ante la luna y sus bonitos labios carnosos tentándola, habían sido el detonante de su acto reflejo. Si no fuera tan guapo los dos estarían tan contentos en ese instante, celebrando su amistad eterna. Todo era culpa de Ryan, estaba clarísimo.

Se acercó a la ventana, que también daba al balcón y retiró un poco la cortina, tan solo para ver en que posición se encontraba el chico. El muy idiota, en vez de golpear la ventana para que no tuviera más remedio que salir, seguía en la puerta del balcón, aporreándola entre gruñidos y algún bufido. Tonto hasta en situaciones de sentido común, que rico.

—¡Sal o reviento la puerta! —Y esta vez, ya no había pena en su voz para nada. Era pura ansiedad.

¿Le conocía o no? Estaba clarísimo que él recurriría a los gritos y a la violencia para sacarla fuera, pero no le veía capaz de petar el vidrio a trozos para hacerse paso hasta allí. Era demasiado exagerado; también peligroso, pero eso era algo que a él ni se le pasaría por la cabeza. Estaba cegado. Cuando él volvió a gritar su nombre con tanta necesidad, no puedo evitar reír. Su venganza y castigo, a la vez que un regalo bien merecido para ella, había sido lo mejor que a su loca mente se le podría haber ocurrido. ¡Un hurra por su inteligencia prodigiosa!

Ryan estaba como un loco fuera, moviéndose de un lado a otro con las manos en la cabeza y la respiración ajetreada. No podía creer lo que acababa de hacer, no Hanna, sino él. Se había dejado llevar completamente por el beso de ella; sensual, profundo, delicioso…¡Argh! Lo pensaba y se le ponían los pelos de punta, el corazón le iba a mil por hora y sentía su piel arder. Si era sincero consigo mismo, lo había disfrutado como nada en el mundo, más que cualquier otro que le hubiesen dado. Se le venía a la mente sus lenguas jugando una con la otra, acariciándose sin poder poner freno; sin querer poner freno, en realidad. Había sentido más que una simple atracción, había sentido amor a su lado. Adjudicado, se había trastornado. Fuera como fuera, sentía que debía mirarla a los ojos y hablar con ella.

—¡Joder, Hanna! —chilló hundido—-. Necesito verte.

—¡No te callarás…! —escuchó repentinamente.

Era la voz de Hanna amortiguada, pero no identificó su origen hasta que vio la ventana y recordó que comunicaba con su habitación. Tonto de su parte no haberlo pensado antes. Corrió como si estuviera poseído hacia ella. La voz había sonado más floja porque estaba cerrada. Hanna ni siquiera estaba visible y suspiró, entonces, una luz se encendió y la vio acercarse hacia él. Una vez tuvo delante su figura fina y delgada, mirándolo muda con sus enormes ojos grises, lo que sintió precisamente no fueron ganas de hablar. La chica le izo una sonrisa traviesa y instintivamente, llevó la mano al vidrio de la ventana. Sintió hambre de ella: de abrazarla, de besarla, de tocarla y tenerla más cerca de lo que estaba, de que fuera solo de él. Se acordó justo en ese momento de que Mike seguramente ya había tomado la posesión de sus labios de la misma forma antes que él y se vino abajo. Poder observarla ya se le había quedado corto.

—Ahora necesito que estés a mi lado. —Ella sacudió la cabeza y siguió con su picardía—. ¿Qué tengo que hacer para que salgas?

—Pagarme el carné de conducir y una limusina que incluya chofer —comentó divertida, colocando su mano en el mismo lugar donde él la tenía. Gesto que lo enloqueció siendo ella completamente consciente.

Hanna y su retorcido sentido del humor, que sacaba a lucir en los momentos menos indicados. Él se carcajeó igualmente y continuó la broma.

—Entonces el carné no te servirá de mucho.

El turno de ella para reírse.

—¿Quién te ha dicho que quiera el chofer para que la conduzca?

—¿Lo quieres como esclavo sexual? —preguntó directamente, cachondeándose.

—Dicho así suena muy grosero. Prefiero llamarle de una forma más sencilla, como amigo con derecho a roce.

—Eso suena ñoña. —Ambos sonrieron estando de acuerdo—. ¿Y si me ofrezco para el puesto?

Eso sí que la sorprendió. No solo a ella, Ryan se sorprendió a sí mismo también. Cuando estaba con Hanna las palabras le salían solas, sin autocontrol alguno. ¿Caía en la cuenta de lo que acababa de hacer? ¡Era una propuesta directa para tener sexo con ella! Una cosa era dejarse llevar sin pensar en las consecuencias, y otra, venderse como esclavo y soltarlo como si fuera algo normal. Mierda… Estaba enfermo de gilipollez. O empezaba a medicarse o moriría por ello.

Buff… —resopló ella fingiendo pensárselo—. Creo que a tu casi novia no le asentaría demasiado bien, por muy buen sueldo que tuvieras.

Aaah… Se le había olvidado ese pequeño detalle llamado "Azucena", que faena. Quitó la mano del vidrio y Hanna se quedó un tanto decepcionada, sus esperanzas de que él se diera cuenta seguían en pie pero amenazaban con caer de bruces contra el suelo otra vez. Otra vez de muchas otras veces. Él se mordió el labio y entonces notó un ligero sabor a sangre. Lo tenía un poco malherido por el mordisco brusco de la chica. Acababa de engañar a Santa Azucena sin siquiera darse cuenta, y lo hubiese hecho otra vez sino hubiese sido porque una ventana lo separaba de su presa. Se sentía como una lata recién atropellada por un camión. Culpable, desgraciado. Sin embargo, cuando alzó la vista hacia los soles de Hanna y sus labios en forma de corazón, blandos y picantes, no padeció ningún rastro de arrepentimiento, no pudo, le había gustado demasiado. Es más, seguía deseando probarlos de nuevo. Pero no por simple deseo. Por… ¿amor? Porque se le venía a la mente tantas veces. El amor hacia una hermana es incesto.

Además de gilipollas, ahora se sentía confuso.

La miró sintiéndose mal y saltó hacia su casa sin decir una palabra más. Hanna se quedó dolida por sus sentimientos, por la culpabilidad que había notado emanando de él cuando le había mencionado a esa guarra. No quería perderle.

Cuando llamó a la puerta de Hanna para ir juntos al instituto, ella ya se había ido. En otras circunstancias habría estado seguro de que la chica seguía en la cama durmiendo tan pancha, pero no después de la noche anterior. Ella había esquivado la situación para ahorrarse la incomodidad y la tensión que habría entre ellos por la serie de sucesos ocurridos aquella misma noche. El acto desdeñoso le dio un poco de rabia, pero a la vez le dejó aliviado porque así el tampoco tenía que pasar el mal trago.

Aquella noche no había podido dormir porque tenía una serie de sentimientos mezclados entre ellos y se había dedicado a analizarlos e identificarlos; todo en vano, porque incluso se quedó peor que al principio. Cuando veía a Hanna, no podía estar tranquilo ni domar sus actos, se ponía celoso y posesivo, hasta le venían ganas de ser su esclavo sexual —aún estaba sorprendido por sus palabras— y a la vez, le encantaba tenerla pacíficamente sobre su pecho mientras le colocaba bien el cabello y se lo acariciaba. Si eso no era amor, ¿entonces qué? Claro que no se acababa ahí. Cerca de Azucena se encontraba en paz, como si ella fuese una garantía de seguridad, sonreía cuando ella sonreía y adoraba su comportamiento dócil y bueno, ya también tenían sus ataques de celos irremediables cuando veía a algún tipo cerca de ella. Resumiendo: Creía amar a dos personas por igual. Cada vez estaba más desorientado y ya no sabía ni como debía comportarse delante de cualquiera de ellas. Al final, cuando Rick o Marina le acusaban de ser lento e idiota, tenían más razón de lo que creían.

Llegó a su destino y se propuso actuar casual y esperar a que Hanna tomase la iniciativa. La buscó por el patio, las galerías y el pasillo del primer piso, hasta que dio con ella. Cuando la vio allí, se le estrujó el corazón y se puso nervioso. Paró para calmarse, desde su ángulo de visión la chica rozaba el marco de la puerta y no se veía bien lo que hacía, pero no se movía de un mismo punto y de vez en cuando gesticulaba los brazos y sonreía. Hubo un momento en que tan solo le veía las botas de puntillas. ¿Qué hacía? Siguió andando hasta conseguir una visión más nítida de ella, que estaba abrazándose con alguien. Con un chico. Con Mike.

—Hanna —no pudo evitar pronunciar.

—Ryan —correspondió, con el mismo tono pero con expresión ignorante; después de despegarse del castaño y voltear e su dirección.

Hubo una pausa silenciosa donde Hanna le miró con desdén y Mike altanero, y él en cambio, se quedó ahí, como si se hubiese tragado un palo de escoba que le impidiera moverse y hablar. Estaba decepcionado, ¿cómo podía besarse con él de esa manera e ir abrazando otros al día siguiente? Digirió el palo psicológico y le exigió una explicación.

—¿No tienes nada que decirme?

—¡Ah! —exclamó como si le acabara de recordar algo—, es verdad. Devuélveme el paquete de tabaco que ayer tiraste hacia tu balcón, es mío y no te lo doy.

Mike, pese no estar enterado de la situación por la que esos dos habían pasado la anterior noche, no puedo evitar reír un poco; era obvio que Ryan no venía con esos humos por un paquete de tabaco. Él se enfadó más y más: Hanna le tomaba el pelo y su oponente se burlaba de él en sus narices. Vergonzoso. La cogió de la mano y se la llevó a tirones de allí para poder hablar los dos solos sin la presión de tener que mantenerse inmutable delante del enemigo, además de tener más intimidad.

—Creía que él no era nadie —le replicó con los brazos cruzados.

—Es un buen amigo al que tan solo abrazaba —se excusó.

—Sí, ya. Seguro que está en la cola para ser tu "chofer".

—Pues tiene mejor currículum que tú —espetó petulante—. Y mejor culo.

—¡Eso es mentira!

—¿El qué? ¿Lo primero o lo segundo?

—Especialmente lo seg… ¡No cambies de tema!

Ella resopló y también se cruzo de brazos. Se quedaron unos segundos lanzándose miradas conflictivas. Ella no iba a ceder, así que como de costumbre, el trabajo sucio debía hacerlo él. Se acercó más y la abrazó, porque entre toda esa furia todavía quedaban sus ganas. Ella gruñó pero le correspondió en silencio. Le sacaba más de una cabeza pese sus zapatos vertiginosos, era menuda y su cabello suave; sin quererlo, ese roce lo calmó. Entonces vio a Mike mirándolo con recelo desde el marco de la puerta, y no pudo evitar apretarla un poco más fuerte y sonreír al castaño con superioridad. Qué él estuviera viéndoles ya era el colmo de la genialidad. Devolvió la vista hacía la chica, que pegada a su cuerpo le miraba los labios y cuando él lo notó le desvió la mirada.

Hey. —Trato de llamar su atención.

Cuando ella volvió a mirarlo a los ojos, perdió el control y volvió a besarla. Con ganas, necesidad y frenesí, como si no hubiera un mañana. Se le hacía extraño probar de ella, diferente. Creía que Hanna nunca le había mirado como el hombre que ya estaba hecho, simplemente como el perro idiota y pesado que siempre corría a su alrededor. ¿Pero nadie en su sano juicio besaría a un perro con lengua, verdad? Así en sus ojos debía ser diferente a lo que él siempre había pensado, y eso le gustaba. La acorraló contra la pared a sus espaldas y aunque poco más tarde sonó el timbre, ellos siguieron en su mundo. Cuando se separó unos centímetros para coger aire y abrió los ojos, sintió que algo le penetraba la espala. Unos ojos femeninos, lisos y azules que no se esperaba le miraban con culpa. La chica se fue corriendo y llorando. Mierda, otra vez no.

—¡Azucena! ¡Te lo puedo explicar!

Y corrió tras ella despavorido. La pelilila se quedó allí, como si fuera una cualquiera, hecha añicos.

—¡Muere, hijo de puta! —gritó Hanna viéndolo dar zancadas enormes para llegar hasta la puritana que había escapado como un cohete. ¿Y ella qué? ¿No le importaba? ¿Le daba igual como se quedara?

Recogió el bolso negro que se le había caído y tan furiosa como nunca en su vida había estado, se dirigió a clase. Los ojos le escocían, estaba apunto de llorar. Era demasiado inocente, siempre creyendo que él se daría cuenta, que estaba a unos pocos pasos de darse cuenta de lo que la quería. Quizá tenía que adaptarse al hecho de que para Ryan, solo podía ser una mejor amiga, y que los dos últimos besos recibidos simplemente eran otra parte de su larga lista de mujeres con las que lo había logrado.

Eso dolía.

—¿Me pruebas, entonces?

Levantó los ojos y se quedó mirándolo. ¿Había estado allí todo el tiempo? Era aún más masoquista de lo que lo había considerado.


Muchísimas gracias por leerme de nuevo o leerme por primera vez, sea cual sea el caso. ¡Y espero que me comentéis todos! Es muy fácil, lo tenéis aquí mismo, abajo.

Cavii, Chesire, Paz.A y Vane: Bueno... ¡me alegro de que os gustara el último! No tengo nada más que decir, solo que espero que este os haya gustado también, lo demás esta todo dicho arriba.

montse: ¡Gracias por comentar! Aquí tienes otro, siento ser lenta...

Guest: ¡Perdona por la tardanza! Gracias por tú opinión, ¡me hizo muy feliz saberlo!

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .