
Una pequeña historia acerca del inicio de un día en la vida de un hombre años después de haber perdido el amor de su vida.
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Drama - Words: 758 - Reviews: 3 - Favs: 2 - Published: 04-08-12 - Status: Complete - id: 3011814
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Estaba parado a la orilla de una playa, las olas se acercaban a mis pies pero nunca los tocaban, la brisa era refrescante, el mar se extendía hasta donde los ojos alcanzaban a ver, era muy difícil distinguir el horizonte, el cielo nocturno lleno de estrellas se reflejaba en el mar, se podían incluso distinguir los diferentes tipos de galaxias, estando ahí me sentí como si estuviese al borde del mismísimo mundo, un paso más y caería al vacío del infinito espacio, el paisaje me hipnotizó por completo un largo rato hasta que sentí una presencia conocida… Llegó a mí un aroma familiar y sin poder aún creerlo volteé a mi derecha, estabas ahí a mi lado… No recuerdo haber visto tu rostro, pero sé que eras tú… Sólo contigo podía sentirme como me sentí en ese momento… Estabas de pie junto a mí, mirando hacia el mar. Recordé lo mucho que te gustaba la playa… Y también recordé cuando vimos aquél cuadro en un bazar con el que nos identificamos al instante, tenía un mensaje que decía: "Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar ambos en la misma dirección."… Volví la mirada a la inmensidad del mar y el espacio. Entonces, me desperté…
El despertador sonaba, mis ojos aún no se adaptaban a la luz y veía todo borroso, después de unos cuantos parpadeos pude ver tu lado de la cama, vacío, como era de costumbre desde hace 10 años… me quité las sábanas de encima y me senté, luché en mi cabeza contra mis ganas de quedarme acostado y dormir todo el día, contra la apatía y la pereza crónica de la cual me enfermé desde el primer día que no vi tu carita al despertar, me di fuerzas pensando que aún estabas aquí, te imaginé pasando tus brazos por mi cuello, abrazándome por detrás y diciéndome que no sea flojo, la idea me hizo sonreír levemente y soltar una risa que pareció más un suspiro, me di fuerzas pensando que no era sólo por mí que tenía que levantarme y continuar, sino por ellos… Al fin me paré y caminé hasta el tocador, tu foto estaba ahí, frente al espejo, recordé lo mucho que te veías en él todas las mañanas antes de salir, todo lo que te arreglabas, lo que te maquillabas y lo que peinabas tu cabello, siempre que te levantabas temprano, claro, sonreí de nuevo por ese pensamiento. Sobre el tocador estaba el cuadro: "Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar ambos en la misma dirección.", una pareja estaba en la playa viendo el crepúsculo, tomados de la mano, era una pintura que inspiraba sentimientos reconfortantes. Al lado de tu foto un florero con girasoles, tus flores favoritas. Recordé que decías que yo era tu sol, que cuando nos conocimos ya no tuviste ojos para nadie más, que eras como un girasol y que cuando yo llegué se hizo de día, entonces intentando igualar tus hermosos pensamientos dije que eras mi luna, que alumbraba mis noches más oscuras, nunca fui muy elocuente con las palabras, no me supe expresar como lo hacías tú, ahora incluso siento que soné un poco tonto al decir algo así intentando igualarte usando una frase que parecía tan cliché, quizá nunca encontré las palabras correctas para decirte que eras todo, todo, para mí… Te prendí una veladora que dejé al lado de tu foto, nunca fui muy religioso, pero tras tu muerte me consolaba pensar que estabas en un lugar mejor, un lugar lleno de paz, y sobre todo, un lugar en el que nos podíamos reencontrar algún día. Me metí a la ducha y más recuerdos me asaltaron, ese brinquito y ese grito ahogado que dabas cuando abrías de más la llave agua fría y ésta te alcanzaba a tocar, recordé tu cuerpo, recordé esos momentos hermosos que pasábamos en la ducha antes de salir a partirnos hasta el alma en el trabajo… Descubrí una vez más todo lo que me haces falta y todo lo que te seguía amando…
Después de terminar de bañarme, vestirme y apagar tu veladora, agarré las llaves del coche, salí de la habitación y me dirigí a la de ellos… De lo único que me quedaba en este mundo donde ya no existías más que en tu recuerdo dentro de mí y en la vida que tan valerosamente les diste a ellos, nuestros hijos. Comenzaba un día más sin ti, pero dentro de mí sabía que tú y yo estaríamos siempre juntos.
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