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Quiero morir en viernes
Author:
Mihaely Winter PM
De esos días favoritos... buena o mala suerte...
Rated: Fiction T - Spanish - Words: 720 - Published: 04-09-12 - Status: Complete - id: 3012051
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Quiero morir en viernes.

Era 22 de septiembre, un frío viernes, casi sábado, eran las once y algo de la noche, dijo mi madre, los momentos en que vi por vez primera el mundo exterior, el mundo que hoy me protege y me amenaza.

El día que caminé por mis propios méritos, que dije mi primera palabra, que me gradué de la primaria, secundaria, bachillerato, universidad, el día que obtuve mi título, adivinen que día fue, todos y cada uno de ellos, sí, fueron viernes.

Los mejores días de mi vida han sido justamente en el día de venus, pasaron años, décadas de vida, y de dichosos viernes.

Lunes, martes, miércoles, jueves, sábados, domingos, extrañamente (o quizá no), eran mis únicos días normales. Pasaba la semana, y esperaba mi preciado día con ansias, siempre de por sí, me gustaba ese día, en la escuela, el último día de labores, en el trabajo igual, días de fiesta, y días en que el próximo descanso ya estaba pisándote los talones. Los viernes no solo para mí, para todos, eran gratos y relajantes.

Con el tiempo, aprendí que la suerte incluso me acompañaba en este día, algunas veces me encontraba dinero en la calle, sucesos extraños y circunstancias que me llevaban por una u otra razón a eventos de mi vida, los mejores.

Me llamaron para decir que mis solicitud fue aceptada, que mi currículum era excepcional, el mejor sexo de mi vida, cuando conocí a las personas que más quise. Todo ello, comencé a preguntarme, si eso era cuestión de algún tipo de don extraño que viniera a complacerme solo los días viernes.

Especialmente me sentía con más energía de la normal, y no era raro ya que por supuesto era viernes, entonces miré una persona extrañamente singular, vestida extravagante y llamativa, en medio de la calle vendiendo billetes de lotería, por un magnetismo que ni yo podría explicar, fui hasta ella sin darme cuenta, como el hipnotismo cayendo sobre mí.

Llegando a mi casa, bote el billete donde fuera, después de haber llegado al trabajo y que mi jefe me llamase para decirme burdamente que estaba fuera, así una avasallante y tajante despedida, me dejo sin empleo.

Muchas cosas absurdas y desagradables me sucedieron ese día. Recordé solo lo único bueno, aquella mujer de impactante belleza, diciéndome que el billete llevaba todas sus buenas vibras, que en una semana exactamente, viera el canal donde daban los resultados del sorteo. Nunca creí en ese tipo de fraudes, siempre había creído que eran mentiras.

Al viernes siguiente, por simple curiosidad, y porque claro, no tenía trabajo a donde ir, me puse a revisar el canal. Después de un rato, llego el momento de la verdad, y entonces, me di cuenta que mi suerte había regresado, cuando todos los números coincidieron con mi ya arrugado billete.

Así fue, la primera vez que gané el sorteo, nunca más trabajé, y obtuve mi fortuna así, pagué a los medios para que no difundieran mi historia, la persona que se ha ganado más veces la lotería.

Le hermosa mujer que me regaló su suerte la primera vez, se volvió mi esposa. Tuve niños, dos, que nacieron en viernes.

Viví, mucho tiempo, como antes, tenía suerte de nuevo y nada me faltaba, nada material ni espiritual. Sin embargo, mi esposa murió, un viernes de lluvia, mis hijos comenzaron a ser rejegos conmigo y se marcharon, primero uno y después el otro, ambos en viernes.

El doctor me dio unos cuatro meses de vida, por una enfermedad que nunca había sufrido, tan silenciosa que no fui capaz de sentirla sino hasta un fatídico viernes, y el mismo, después recibí la noticia, de que moriría.

Me embargaron la casa, tuve que vender mucho para pagar las medicinas que aliviarían mi dolor hasta que pudiese morir en paz, mis hijos no se apiadaron y jamás me visitaron.

Pero hoy es viernes, y esos meses que me otorgaron como plazo, se han ido volando, hoy me siento mejor, no duele y puedo mover mi mano para dejarles una carta a mis niños. Lo noté algunas veces pero no quise creerlo, que mis hijos habían heredado mi don, quería ser especial, único, y hasta cierto punto aún lo era. Quizá mis niños algún día me alcanzarían en la muerte, que seguramente será viernes.

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