
"Es la hora de demostrar para qué vale la adolescencia". Un grupo de jóvenes se verán obligados a lanzarse al campo de batalla a acabar con el holocausto zombi pero, ¿cuál es la razón por la que han sido elegidos? ¿Y por qué no logran recordar ciertas cosas de su pasado?
Rated: Fiction T - Spanish - Adventure/Sci-Fi - Chapters: 6 - Words: 13,249 - Reviews: 2 - Favs: 1 - Follows: 1 - Updated: 11-26-12 - Published: 04-25-12 - id: 3016705
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Paula, deja de acosarme. Eres la peor fan que una escritora puede tener. Y no te lo digo a mala fe… no SÍ que te lo digo a mala fe.
Tumbado en la camilla, mientras Kyle le curaba la pierna, Alberto tarareaba una canción de la que el joven médico de la base conocía… y odiaba.
- ¡Para de tararear eso!- le replicó-. ¡Me desconcentras!
- Bueno, pues… "¡Yo soy cani! ¡Cani, Cani, Cani…!"
Un ligero suspiro surgió de los labios del pelinegro, que se puso unos auriculares, en un intento de desviar su sentido auditivo a algo que le provocase un dolor de cabeza menor.
- ¿Y qué hacíais en medio de la nada?- le preguntó Kyle.
- Estábamos de vacaciones en Perú. No se nos pasó por la cabeza que por la amenaza zombi se pudiesen cortar las comunicaciones y quedarnos solos.
- Pues hay que ser idiota para no saberlo- Kyle se levantó y dejó los instrumentos médicos sobre la mesa-. Bueno, ya puedes irte- Alberto enarcó una ceja-. Ah, claro. La pierna… Jejeje… Se me había olvidado…
- Se siento como Peeta…- murmuró Alberto-. Inválido… Cuidado por una mujer… Bueno, en tu caso eres un mariquita…
Kyle le lanzó un bisturí, que se quedó clavado a unos milímetros de la sien del pelicastaño. Salió de la enfermería y, a unos míseros pasos de la puerta, otra de las estúpidas discusiones de Paula y Martín tenía lugar.
- ¡Que es Tetris!- exclamó Martín.
- ¡No! Estoy segura de que es Tetrix.
- ¡Qué dices! Yo juego a videojuegos clásicos desde que tengo tres años y sé con seguridad que es Tetris.
- y yo sé con seguridad que eres gay, pero me equivoqué cuando te vi meterle la lengua hasta la garganta a Alana.
- ¿Qué…?
- Existen ventanas. ¿Eres tan retrasado como para no deducir eso?
- No es eso a lo que me refería. Me refería a que cómo es posible que yo haya tenido algo con Alana antes que tú con Kyle, mojigata.
- ¡Cállate!
Paula, furiosa, le asestó una bofetada a Martín en la cara.
- ¡Eh, ¿A QUÉ HA VENIDO ESA CACHETADA?- exclamó Martín.
- A que eres idiota.
- ¡Eso no es un razonamiento!
- Eh, parad los dos- dijo Kyle mientras los separaba-. A ver, Paula, deja de meterte con Martín. Y tú, Martín, ¿qué más te da lo que haga con Paula o no?
- La cuestión es que Paula se mete con mi sexualidad, mientras que ella lleva muchíiiiisimo tiempo enamorada de ti y no te lo quiere decir.
Kyle agarró de las caderas a Paula y le selló los labios con un beso ante el perplejo Martín.
- ¿Contento?- dijo Kyle. Ninguna respuesta-. Bueno, pues ahora ve a lubricarte el ano y a contentar a Alejo, que le serás más útil a él que a Paula.
Martín se alejó unos pasos, algo traumatizado y Paula se quedó paralizada. Kyle le sacudió el pelo a la chica.
- Ya que estás, ve a limpiar la mesa de operaciones de la enfermería y sé de utilidad- le ordenó Kyle. Paula le miró, algo extrañada-. Es el precio por el beso, Paulita.
- ¿Por qué siempre haces las cosas de esta manera? ¿Siempre tienes que ser tan brusco?
- Si conocieses mi verdadera naturaleza, estos instantes te sabrían a gloria.
Kyle caminó por el pasillo y vio a Seint, clavando su mirada plateada en él.
- No se lo puedes decir, y tú lo sabes- le dijo el líder.
- Lo siento… Ha sido un pequeño despiste.
- No te saqué de allí para nada. Eres el mejor en lo que haces. Matar.
Kyle agachó la cabeza. Desde su más tierna infancia, para ello era para lo que había estado diseñado. Para matar.
Se miró en un espejo, aún erguido frente a él, blandiendo aquella daga, con una mirada de fría Valquiria, incapaz de sentir la más mínima compasión por su ser. No lo entendía. ¿Qué le había lanzado a tales grados de violencia innecesaria? Lanzó lejos de sí aquella sucia arma, teñida del fluido rojo carmesí que antes era bombeado por los corazones de sus padres a través de las venas de sus cuerpos.
Dio unos pasos hacia atrás, alejándose de aquellos cuerpos inertes. Ardía en deseos de arrancarse el desagradable olor de la sangre de sus fosas nasales, de apartar esa imagen de su memoria y no volver a dirigir la mirada a aquello que su desgraciada y enferma conciencia me había impulsado a matar.
Un murmullo y un ligero quejido. Se dio la vuelta y vio a una niña de cabellos oscuros, ahora teñidos de su propia sangre.
- Yvaine- murmuró aterrado-. Yo no…
- Tranquilo, Kyle…- le dijo la chica-. Sé que estás enfermo… Sé que es culpa mía por haberte hecho eso… No te odio, hermano…
Y aquella imagen, fue la que se quedó grabada en su mente, como si del mismo fuego se tratara.
Bajo la tela de color blanco que le cubría, un Kyle de ahora unos diez años yacía tumbado, aun adormilado. No quería levantarse. No para volver a tener que aguantar, día tras día, aquellas absurdas terapias del Doctor Hasrack. Podría repetir lo que tantas veces había hecho: fingir alguna absurda enfermedad o un desmayo y evitar aquellas largas charlas en salas acolchadas, maniatado y sin ningún instrumento afilado o pesado que pudiese usar en contra de aquel hombre que se creía su amigo. Y aquella era la palabra que más fastidiaba de sus largas charlas: amigo. Siempre intentaba animarlo a hablar diciendo que era su fiel amigo, pero cuanto más lo decía, más le venía a la memoria lo que le había hecho a aquellos a los que había considerado camaradas en su pasado.
Se levantó de la cama y, como si hubiese algún tipo de sensor, allí estaban aquellas mujeres, como cada día, con la camisa de fuerza, con la esperanza de que no les matase el pelinegro con el trastorno maniaco-depresivo.
- Kyle, vamos, no va a ser nada- decían las dos mujeronas, Eloísa y Eleonor-. Si lo haces cada día, debes estar acostumbrado.
- Las costumbres me aburren…- murmuró-. Siempre decías lo mismo, "no va a ser nada", pero siempre acabo dándole algún puñetazo en la cara o una patada…
- Para eso están las camisas de fuerza y las esposas. Vamos, ahora que estás acostumbrado te será más sencillo y ameno.
- Las costumbres aburren… y vuelven al ser humano loco.
Caminó por los largos pasillos del centro, con la camisa de fuerza apretada al máximo. Miró a su alrededor, leyendo los nombres de los niños que habían allí encerrados: Paula Hasrack, Martín M. Rodríguez, Alejandro Caicedo, Alana Lilith Van Halen, Seint Perceval Van Halen, Raúl Mayo, Harry Walker, Eduardo González, Lucia Reese… Suspiró y entró, como cada día, en la consulta 96097, una estancia de blancas paredes, con unas ventanas de cristal blindado y una puerta, que se cerraba desde fuera o con el mando de Anders Hasrack, el encargado de atender al enfermo Kyle. Pero aquella vez no fue él, si no un chico veinteañero de tez morena, cabellos oscuros y ojos grisáceos.
- Hola, Kyle, ¿qué tal estás hoy?- le preguntó el Doctor con una leve sonrisa.
- Como todos los días- contestó el chico con una sonrisa irónica-, loco. ¿Quién es usted?
- Soy Liam Hilgartz. El Doctor Anders fue cogido por el VHM 984 y no podrá volver nunca más. Por favor, toma asiento.
Kyle miró el asiento. Era, de nuevo, aquel puf de color blanco puro con unas leves salpicaduras de sangre que debió dejar durante la última sesión en la que tuvo un ataque violento, relleno de bolas de gomaespuma. Se sentó y se recostó hacia atrás.
- ¿Ya no tiene las sillas giratorias?- preguntó con una sonrisa de medio lado.
- Se ve que desde que intentaste clavarle una de las ruedas en la cara, no.
- Qué lastima… Eran muy divertidas.
- Kyle, tómate esto en serio. Intento que seas más consciente de lo que haces en tus bloqueos, ¿comprendes?
Kyle agachó la cabeza. El Doctor Hilgartz se echó hacia atrás y dirigió su mirada hacia el pelinegro.
- Y dime, ¿cómo te van los medicamentos que te daba Anders?
- Me hacen controlarme, pero no me hacen olvidar lo que quiero olvidar.
- Entiendo.
- No mienta. Usted no entiende lo que es estar loco, Doctor Hilgartz.
- Tranquilo, Kyle, puedes tutearme.
- De acuerdo… Liam…
- Perfecto. Me gusta sentir que estamos al mismo nivel, como dos compañeros.
Kyle sonrió. De los muchos psiquiatras que había tenido, ese era el que mejor había entablado la conversación.
- Kyle, túmbate en el suelo y cierra los ojos, por favor- le pidió Liam. Kyle obedeció-. De acuerdo. Imagina el primer ataque que tuviste.
- Fue en casa… No sé cómo, cogí uno de los bisturís que mi padre tenía en su despacho… y lo usé para diseccionar una rana… Aun con las tripas abiertas, pude ver que cuando desperté, sus pulmones todavía bombeaban oxígeno… Fue horrible…
- ¿Y recuerdas por qué lo hiciste? ¿Qué ocurrió antes?
- Tuve una pelea con Yvaine, mi hermana pequeña y… le hice daño… La tiré al suelo y se raspó una mano con la punta de la mesa… Durante el empuje, yo también me caí y me corté en la mejilla izquierda con un soldadito de plomo… Y me desvanecí.
- ¿Y la siguiente vez?
- Creo que antes de todo eso, estaba haciendo manualidades con mi profesora particular y me corté con unas tijeras de cocina.
- ¿Y qué ocurrió?
- Que maté al perro del vecino, Gother.
- ¿Y la siguiente?
- Antes de el ataque, recuerdo que me di un golpe en la cabeza y me hice una brecha…- parecía empezar a sufrir y sudaba notablemente-. Después, maté a mi familia…
Kyle parecía estar sufriendo muchísimo más. Liam frunció el ceño y se alejó unos pasos.
- Ya- dijo secamente Liam.
- ¿Qué…?- preguntó Kyle, confuso.
- No quiero obligarte a recordar detalles como esos innecesariamente. Ya comprendo por qué tienes los ataques. Son raíz de algún tipo de trauma relacionado con la sangre. Concretamente, con el derrame de tu sangre. Nunca permitas que nadie te haga sangrar. Ni siquiera tú mismo. Si eso ocurre, reza para que nadie a quien aprecies esté a tu lado.
Kyle se sentó de rodillas. Su sangre. No debía volver a verla. No si no quería volver a perder aquello a lo que quería.
Fin FLASHBACK
- Es un idiota- dijo Martín, algo molesto-. Siempre metiéndose en los asuntos de los demás.
- Hombre, te metías con Paula. Deja a "Mr. Las Mujeres no deben ser insultadas" en paz- le dijo Harry encogiéndose de hombros.
- No te recomiendo enfadarle, sobretodo por su historial- le dijo Alana.
- Alana, no hace falta que le digas nada a este retrasado, no lo captaría- le dijo Paula.
- Cállate, culo Kardashian- le dijo Martín-. Alana, ¿qué historial?
- Kyle es conocido por ser uno de los pocos niños que padecían trastorno maniaco-depresivo. Fue ingresado en un hospital psiquiátrico, el mismo en el que trabajaba el señor Hasrack, el padre de Paula. Mi hermano también era uno de los pacientes del Doctor Anders Hasrack, un conocido psiquiatra de España que fue infectado por el virus.
- ¿Te importa?-le dijo Seint, fulminándola con la mirada.
- Perdona, pero eso también forma parte de la historia. Seint le ayudó a escaparse del centro si prometía intentar controlarse… y aquí acabó, con todos nosotros en medio del Amazonas.
Kyle entró en la sala, dejando en silencio a todos los que estaban presentes. Martín le miró algo molesto y Kyle frunció el ceño.
- ¿Qué pasa contigo, Pelo Pantano?- le preguntó molesto-. ¿Tienes algún problema o qué?
-Eh, eh… Que aquí no soy yo el loco.
- Martín, no lo hagas- le pidió Seint-. Vas a acabar mal.
- Da igual, Seint- le dijo Kyle-. Me controlaré con una nenaza como él.
- ¡Ya estamos otra vez! ¡Siempre metiéndoos conmigo de esa manera!
Kyle se acercó a él y le dio un puñetazo en el pómulo izquierdo, haciendo que un fino hilo de sangre aflorase de su boca.
- Esto te pasa por meterte con quien no debes, nenaza.
Martín se levantó y se encaramó al pelinegro. Le hizo un corte de mangas, seguido de un fuerte puñetazo que impactó directamente en su nariz. Kyle se tocó el labio superior y vio cómo sus manos se habían tintado de aquel líquido rojo carmesí que había aflorado de sus fosas nasales. Y sus ojos cambiaron aquel brillo amistoso por un frío y amenazador resplandor y sus labios se curvaron en una media sonrisa, sádica y peligrosa.
- ¡Martín, apártate de él!- le dijo Seint.
- ¿Qué…?- preguntó Martín, justo antes de recibir el impactó de una patada en su estómago.
El pelicastaño cayó al suelo, agonizante. La mirada de Kyle seguía llena de aquel brillo salvaje. Su cuerpo había perdido el control, como tantas veces en su pasado. No era capaz de controlar sus propios movimientos y se había convertido en un ser hostil para los habitantes de aquella base. Kyle miró a su alrededor. Tantos objetos utilizables como arma y tantas almas que sesgar. Kyle agarró del cuello de la camiseta a Martín y lo alzó hasta poner su mirada a la altura de sus ojos. Dispuesto a acabar con lo poco que quedaba de él, agarró una de las katanas de Alana, pero una mano le agarró la muñeca velozmente. Giró la cabeza y encontró la fría mirada de Paula.
- No lo hagas- le dijo-. Sé que no eres este tipo de persona. Y sé que hay un Kyle muy amistoso y simpático que en el fondo… muy en el fondo… aprecia a Martín. Por favor, no te lo pido porque estés a punto de cometer homicidio, si no porque quiero que veas que todavía tienes algo de autocontrol dentro de ti.
Kyle soltó a Martín en el suelo, que cayó de espaldas. Paula se acercó a él y apartó la katana de su alcance. Agarró un pañuelo y limpió las manchas de sangre de su rostro. Kyle retrocedió lentamente y se arrodilló en el suelo, cubriéndose la cabeza con las manos.
- Lo siento…- dijo entre sollozos-. Yo…
- No importa- dijo Martín, levantándose-. Creo que yo tampoco hice muy bien al meterme contigo…
Los labios de Kyle se curvaron en una pequeña sonrisa mientras Seint los llevaba a la enfermería. El chico de cabellos rubios se sentó frente al pelinegro.
- Te dije que no podrías controlarte frente a alguien como Martín- le dijo Seint.
- No puedo controlarlo. Es algo que llevo en mi interior. Es irremediable. Y tú lo sabes mejor que nadie.
- ¡Me prometiste que podrías controlarte! Por ello decidí traerte aquí conmigo. Eres uno de los mejores médicos que conozco y un gran luchador, pero si no puedes controlar tu trastorno, no puedo permitirte hacer lo que te plazca.
- ¿Yo soy el que tiene el problema? ¿Le contaste a Martín el por qué estabas en mi hospital psiquiátrico?
El nombrado giró el cuello en dirección a los dos chicos.
- ¿Le contaste lo de sus bloqueos, lo de la razón de su pérdida de memoria? ¿Le contaste lo del hospital psiquiátrico de Hasrack? ¿Le has dicho quién eres en realidad? - Seint estaba paralizado-. Claro, luego el problemático soy yo.
- Cállate, Kyle. Esto no es…
- No, Seint, déjale seguir- dijo Martín-. Lo sabes, ¿verdad? Sabes por qué no recuerdo nada de mi infancia.
Seint apartó la mirada de Martín, intentando no mostrar aquel brillo culpable.
- Seint- insistió Martín-. Dímelo, por favor. Necesito saber el porqué de ciertas cosas. Quiero saber qué fue eso que le dijiste a Alana. Eso de que todos estuvimos encerrados en un hospital psiquiátrico. No lo entiendo… Eso es…
- Es verdad.
- ¡Pero es imposible! ¡Yo he vivido en Mud Valley toda mi vida!
- Martín, te equivocas…- Seint le agarró de los hombros, impidiendo al pelicastaño apartar la mirada-. Martín, Mud Valley no existe. Mud Valley nunca ha existido.
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