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Querido Sang ho:
Author:
alice-michaelis PM
Chin-hae se mudó a los Estados Unidos con la esperanza de lograr el famoso sueño americano, dejando en su natal Corea del Sur al único y primer amor en su vida, Sang-ho. Drama/Angst/Tragedia SHOUNEN-AI.
Rated: Fiction T - Spanish - Angst/Tragedy - Chapters: 4 - Words: 8,905 - Reviews: 3 - Favs: 1 - Follows: 1 - Updated: 05-11-12 - Published: 05-04-12 - id: 3019449
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Querido Sang ho:

Capitulo 1: 15 Marzo 1996

Eran más de las doce y cinco de la mañana cuando Chin-hae, un joven de 18 años se abría paso entre la gente. Se detuvo en la entrada de un callejón para encender un cigarrillo, levantó un poco la cabeza dejando que el humo escapara de su boca, luego suspiró al ver como a pesar de ser pasada la media noche, la ciudad de Nueva York no perdía el ánimo.

Ya hacía más de una semana desde que llegó a los Estados Unidos con la esperanza de lograr el tan famoso "sueño americano". Lo había dejado todo atrás prácticamente de la noche a la mañana en su natal Corea del Sur, incluyendo al único y primer amor en su vida, Sang-ho.

Esperaba a que el reloj diera las doce y media para entrar a su segundo empleo. Necesitaba reunir dinero suficiente para regresar lo más pronto posible, tantos sueños que cumplir y a la vez muchas deudas por pagar lo habían arrastrado a abandonarlo todo.

Revisó su bolsillo y escuchó el crujir de un papel, recordando que no había depositado la carta que le había escrito a Sang-ho. Peinó su lacia y negra cabellera, sintiendo una fuerte punzada en el pecho causada por la nostalgia, exhaló recogiendo la fortaleza que algunas veces dejaba caer.

Miró el reloj; eran las doce y quince minutos, aun tenía tiempo suficiente. Tomó asiento en una de las paradas de los autobuses y dejando que su espalda se recostara del frío cristal, cerró los ojos, y se dejó arropar por los recuerdos...

Aquel verano del '92 nunca lo olvidaría...


El calor era más agudo aquel mes de julio, cuando dos jóvenes corrían entre los arboles de un parque cercano a su casa. Era una hermosa región rural semi rodeada por zonas boscosas y a lo lejos, como una música, se escuchaba las olas del mar golpear la arena. Las aves, aquellas hermosas aves le regalaban su canto a los habitantes, y la brisa dejaba un rastro húmedo en el ambiente.

-¡Sang-ho!- exclamó Chin-hae tratando de no resbalarse por las pequeñas montañas de tierra que habían sido puestas allí por la madre naturaleza.- ¡Deja de correr!- suplicó aunque dudó que llegara a oídos de su amigo ya que este se hallaba bastante alejado.

-¡Vamos Chin-hae la tienda del señor Dong-min va a cerrar temprano!- grito para luego gruñir para sí.

Sang-ho era un joven de catorce años, de tez blanca, ojos rasgados y una larga cabellera negra que amenazaba con tocar su cintura. Era impaciente en algunas cosas, pero con el tiempo o mejor dicho, desde que conoció a Chin-hae había aprendido a sentarse, respirar y guardar la calma ya que este siempre parecía tomarse su tiempo para todo, pero esta ocasión era especial ya que más allá de querer, no podía perder el tiempo.

- No se cual es la prisa.- Chin-hae lanzó un soplido molesto una vez que llego hasta Sang-ho, sintió la tentación de seguir quejandose, pero la expresión molesta de su compañero lo frenó.

- Si te alimentaras mejor no serías tan lento.- se dio la vuelta y continuó caminando varios pasos adelantes.

-¡Oye!- arrugó el entrecejo tropezándose con cada paso.- No puedes enojarte conmigo. No hoy.- agregó a regañadientes, sonriendo victorioso cuando Sang-ho se detuvo frente a él y relajó sus hombros.- ¡Es mi cumpleaños!- sonrió mas amplio abriendo los brazos de par en par cuando el joven lo enfrentó. Leyó cada pista que su semblante dejaba al descubierto, parecía ya no estar enojado.

-Lo se.- dijo con fastidio inclinando la cabeza a un lado

-¿Entonces?- preguntó sin cambiar de posición.

-No seas tonto.- gruño molesto comenzando a caminar nuevamente.- Nunca te tomas nada en serio.- continuó, pero unos fuertes brazos que se cerraron en su cintura le impidieron la huida.-¡Chin-hae!- se quejó cuando sintió que sus pies abandonaban el suelo.-¡Que va a decir la gente!-exclamó cuando Chin-hae lo cargó en sus brazos.

-Miren como ese apuesto joven quiere a su amigo. Eso es lo que la gente va a decir.- dijo entre risa, buscó el rostro de Sang-ho con la mirada al ver que este parecía haber perdido el habla.- ¿Que pasa?-preguntó preocupado depositandolo en el suelo.

-¿Que tanto me quieres?- se colocó frente a Chin-hae, tan cerca que pudo medir sus hombros en una distracción involuntaria, su amigo era unos cinco centímetros mas alto.

-¿Cuanto?- buscó a su alrededor y vio que desde donde estaban se veía el mar.- ¡Así!- exclamó señalando aquella inmensidad.

-¿Tanto?

-¿Acaso tu no me quieres así?- hizo una mueca de dolor.

- Tanto así no.- dijo luego de lanzarle una segunda vista al hermoso océano a tan solo metros de ellos.

-¡Sang-ho!- se quejó golpeándole el hombro, el mencionado se burló.- Ahora el tonto eres tú.

-Solo bromeo.- contestó arropando las palabras entre carcajadas.- Si me quieres tanto, eso quiere decir que no te enojarías conmigo por nada.-utilizó su mano para sombrear sus ojos del sol, quería leer la mirada de Chin-hae.

-No, nada.- contestó levantando su mano derecha como una promesa, pero el silencio que los rodeó lo obligó a alzar una ceja. Miró al joven frente a él debatirse entre sus intenciones y antes de que pudiera reaccionar sintió las manos de Sang-ho sostener sus mejillas, luego sus labios sobre los suyos, en un beso inocente y carecido de experiencia.

-¿Y bien?- preguntó Sang-ho una vez que estuvieron separados.

Chin-hae no dijo nada, acarició sus labios aun aturdido por el gesto y aproximandose más a Sang-ho lo abrazó, rodeándolo con sus brazos, hundiendo sus dedos entre sus cabellos concluyendo aquel momento aislado al besar su frente.

-Chin-hae qui- una oración que nunca se completo cuando sus labios fueron sellados por una mano traviesa.

-No, yo lo hago.- contestó y aclaro su garganta.- Sang-ho, ¿quieres ser mi novio?- ambos se miraron a los ojos y luego estallaron en una risa nerviosa.

-Suena raro.

-¡Ya callate y dime!- exigió en una ansiosa espera.

-No.- se burló al ver como su amigo dio un ligero sobresalto ante su respuesta.

- ¡Sang-ho!- exclamó, había dicho aquel nombre tantas veces en un día que ya comenzaba a perder sentido.

-Si, si quiero.- aceptó envolviendo su cuello con sus brazos, sintiendo las manos de Chin-hae cerrarse en su espalda.

Ambos sabían que su relación era diferente a las de los demás a pesar de que aun no conocían el término homosexual, no lo veían como algo malo, después de todo ¿que daño hacían con amar?

Decidieron mantenerlo como un secreto por el momento, querían que su relación les perteneciera solo a ellos, más adelante, cuando los dos tuvieran mas edad, confesarian al mundo cuanto se amaban.

-¡Señor Dong-min! - exclamó Sang-ho.

-Muchacho, pensé que ya no vendrías.- el hombre se dio unos ligeros golpes en su espalda ya doblada por la edad, rozaba los ochenta y apenas podía mantenerse de pie con la ayuda de su bastón.

-¿Necesita ayuda?- preguntó Chin-hae al ver que el anciano luchaba con las cadenas que aseguraba la puerta del local.

-No este anciano aun no necesita ayuda.- contestó a lo que Chin-hae sonrió.- Por cierto, feliz cumpleaño.

-Gracias.

-Aquí esta.- Dong-min dejo caer un objeto entre las manos de Sang-ho.-¿Te gusta?

-Sí quedó perfecto.- sonrió satisfecho.

-Entonces es gratis.- dijo el hombre mayor ante la mirada sorprendida y emocionada de Sang-ho.-Es tan pequeño que no me costó nada hacerlo.

-Gracias señor Dong-min, es usted muy generoso.- el joven lo abrazó.

-Ya, ya, no es para tanto. Ahora vayanse, dejen a este anciano trabajar.- contestó.

Ambos corrieron hacia donde se encontraba el mar, Chin-hae era devorado por la curiosidad de saber que era lo que Dong-min le había dado a Sang-ho, pero por más que le preguntaba este se negaba a decirle.

Frente a aquellas olas que golpeaban la orilla Sang-ho extendió sus manos hacia Chin-hae, revelando el pequeño objeto que mantenía oculto.

-Es tu animal favorito.- dijo entregándole un pequeño perro Labrador tallado en madera colgando de un llavero.

Chin-hae lo tomó conmovido, estudiando cada detalle de aquel obsequio.

-Este ha sido el mejor cumpleaños de mi vida.-confesó robándole un tierna sonrisa al ser frente a él. Lo estrechó entre sus brazos y la calidez de sus cuerpos se fusionaron.

-Chin-hae.- le llamó mientras su cabeza descansaba en su pecho.- Te amo.

-Yo también te amo.- contestó separándose lo suficiente para encontrar sus labios.

Un beso que fue correspondido desde el alma, con la ingenuidad de una edad que no conocía de prejuicios ni de malicia. Era suave, era tierno como el roce del viento, como el deseo de ser felices como en los cuentos de hadas, con un vivieron felices para siempre, sin saber que en la realidad deberían defender con uñas y dientes lo que sentían, los obstáculos eran muchos aunque ellos lo desconocieran.


El sonido del autobús al detenerse en la parada lo hizo regresar al presente. Negó con la cabeza y el conductor le regalo un hasta luego silencioso. Se puso de pie, caminando con cansancio, sentía que su alma pesaba mas que su cuerpo, pero se tragó su tristeza. Se detuvo junto a un buzón que encontró camino a su trabajo y en el dejó caer su carta, deseando ser aquel papel que llegaría a manos de la persona que más echaba de menos. Peinó su rostro con su mano espantando la melancolía, se abrazó a si mismo y siguió su camino, vistiéndose con la ropa de la esperanza y los sueños por cumplir.

25 de marzo 1996.

Querido Sang-ho:

Te escribo esta carta para decirte que me está yendo muy bien. Tengo dos empleo aunque no es mucho lo que pagan, pero si continuo reuniendo estaré lo más pronto posible de vuelta.

No te preocupes por mi, estoy bien y recuerda que te amo y pienso en ti cada segundo. No me olvides por favor y tan pronto me paguen te llamare, no sabes cuanto deseo escuchar tu voz. Se que te gustan las cartas, por eso siempre escribiré una para ti.

La ciudad es hermosa y espero poder traerte pronto para que la conozcas.

Te extraño mucho.

Chin-hae.

Continuara...

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