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Boy Meets Girl
Author:
yoursilence PM
¿Que harías si te enamoraras de alguien, pasaran una noche juntos y que todo resultara ser un simple juego mental?
Rated: Fiction T - Spanish - Humor/Drama - Words: 5,235 - Reviews: 1 - Favs: 2 - Published: 06-11-12 - Status: Complete - id: 3031330
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Esta historia la había escrito hace mucho tiempo, asi que todos los personajes escritos aqui ya eran existentes hace tiempo, igual que la historia, esta dividido en 4 partes, asi que sera solamente un capitulo.


La chica es una alucinación

-1-

Estaba leyendo un libro que alguien había dejado en el metro esta semana. Mi respiración estaba volviéndose fuerte y mis ojos se llenaban de lágrimas. Ya sabía como acababa la historia, pero eso no paraba la tensión que sentía cuando todo se desarrollaba. Mordí mi labio inferior mientras cambiaba de página.

Mi agarre en la portada se endureció y moví mis piernas en la silla en la que estaba sentada. El asiento de plástico estaba frío. Había olvidado que no estaba usando pantalones. Acomodé la falda cuidadosamente sobre mis rodillas y mi labio volvió a ser mordido.

El metro paró y la puerta se abrió. La mayoría de la gente en el carro bajó, y otra más subió. No despegué mi mirada del libro para ver quien estaba acompañándome ahora.

Pasé los dedos por mi maltratado cabello y sentí como el hombre que estaba sentado a un lado mío se revolvía incomodo en su asiento. Mis dedos comenzaron a temblar cuando cambié la página, mis ojos se quedaron en la última palabra antes de saltar hasta la primera de la página siguiente.

Luche contra la urgencia de voltear a ver al desconocido de al lado, pero falle estrepitosamente.

Era alto y esbelto. Tenía una camiseta blanca y estaba fumándose un cigarrillo. Su cabello oscuro estaba hecho una maraña y lucia como si estuviera cansado, aburrido.

Cerré los ojos y sacudí mi cabeza, tratando de evitar la visión que estaba interrumpiendo mi historia. No funcionó. Tan pronto como mis ojos se abrieron ya no estaba en el metro. Estaba sentada en un sillón en un apartamento que jamás había visto antes. Alguien estaba parado frente a mí.

"¿Quieres jugar un juego de cartas?" Preguntó sosteniendo una baraja. Su voz era profunda

"Seguro." Asentí, haciendo a un lado mi libro y arrodillándome enfrente de la mesita de café entre nosotros. Comenzó a barajar las cartas, sus dedos estaban cubiertos de cicatrices y sus brazos eran puras venas y huesos. Esas marcas estaban por todos lados.

Me pilló mirando su brazo. "Una vena colapsó cuando estaba tratando de inyectarme." Explicó.

"Eso debió haber sido doloroso." Tomé las cartas que me había aventado.

No contestó. El silencio era cómodo, como si siempre pasara entre nosotros. No se veía como una persona muy habladora, y por la mueca en su rostro; era fácil decir que tenía un montón de conflictos internos.

Mi libro comenzó a volver a enfocarse. En lugar de emocionarme por saber que la visión había terminado, me encontré ansiosa. Quería volver a ese estado de ensueño y ver que más sucedía. Quería saber cómo había llegado ahí, porque sus manos eran tan escalofriantes, o por lo menos donde estaba.

Volví a mirar a la persona a un lado mío. Sus manos estaban en sus bolsillos y su cabeza descansaba inclinada hacia atrás. Estaba tomando respiraciones profundas y no podía dejar de tiritar. Su cabello oscuro estaba formado en unos rizos pequeños, y su rostro se veía como si no hubiera visto el sol en años. Era la misma persona que vi en mi estado de ensueño.

"Hola," Le alargue mi mano para que la apretara. Mi manga se deslizó por mi brazo. Mis ojos se abrieron y la retiré para acomodar la manga de vuelta en mi muñeca. "Soy Rebeca." Continué cuando estuve segura de que la manga no se deslizaría de nuevo. "¿Cómo te llamas?"

Abrió un ojo y me miró. Sus pupilas eran enormes. Era difícil decir de qué color eran sus ojos porque la mayoría del color estaba oculto tras sus dilatadas pupilas. Pero, por la pequeña línea de color rodeando lo negro, estaba bastante segura de que sus ojos eran verdes. De un profundo verde oliva

"Ángel." Respondió con su profunda voz. Sus ojos encontraron mi mano. Fue lento sacando su mano del bolsillo de su pantalón. Miré todas las heridas abiertas que tenia. Era como si algo o alguien lo hubiera atacado. Tomó mi mano, y sus huesudos dedos se envolvieron alrededor de mi palma. Envolví los míos alrededor de la suya y comencé a mover mi brazo de arriba abajo. Siguió mi movimiento.

"Gusto en conocerte, Angel." Aparté mi mano. Me devolvió la sonrisa, sus ojos parpadearon del libro en mi regazo y luego a mí. Abrió su boca pero la cerró rápidamente.

"Gusto en conocerte también, Rebeca." Finalmente respondió, metiendo su mano a su bolsillo de nuevo. "¿Qué estás leyendo?" Preguntó

Lo levanté para que pudiera leer la portada "Lo encontré en él metro hace como una semana." admití, volviéndolo a dejar en mi regazo. Tomé la vieja envoltura de McDonalds que estaba usando como separador y lo puse donde me quedé en la lectura. "¿Así que cuando vas a invitarme a tu casa?" Pregunté, dejando las manos en mi regazo.

"¿Q-qué?" Preguntó. Su rostro se contrajo y se aclaró la garganta. "Lo siento, pero ¿qué?" Movió la cabeza hacia un lado y se frunció el ceño a sí mismo, claramente desconcertado por mi pregunta tan directa. Sacó las manos de su bolsillo y las pasó por su cabello.

Me miró de nuevo. Sus ojos estaban entrecerrados y seguía sacudiendo su cabeza. "Lo siento." Se disculpó de nuevo. "¿Pero yo? ¿Nosotros? ¿Qué?" Preguntó. Susurró algo para el antes de mirar al piso del metro. Sus manos estaban en su cabello y comenzó a tirar de él.

"Lo siento." Me disculpé. "No quería asustarte." Sentí como un matiz de vergüenza pintaba de rojo mis mejillas. "Nunca dije que fuera tan cabezota y directa. Además de personalidad dudosa, esquizofrenia, despreocupación por todo, y soy extremadamente honesta."

Me miró. Abrió la boca y luego la volvió a cerrar. Una pequeña, indecisa risa escapó de sus labios. "Um…si." Sacudió la cabeza. "¿Nos conocemos?" Sonó desorientado. Dejó la salir una fuerte respiración y movió su cabeza hacia atrás. "Yo también," Aspiró. "Estoy demasiado drogado para esto." Finalmente admitió.

"No me conoces." Admití.

"¿Eres real?" Preguntó.

"Si." Sonreí.

"¿Por qué quieres venir conmigo?" Preguntó, frunciéndome el ceño. "He llevado alucinaciones a mi casa antes, pero la mayoría de ellas no me preguntan, simplemente me siguen."

"¿Puedo ir contigo?" Pregunté de nuevo.

"Si, si quieres." Apartó las manos de su cabello y dejó salir un largo aliento. "No sé porque querrías venir. No tengo mucho que ofrecer."

"¿Tienes una cama?" Pregunté.

Asintió.

"Entonces tienes mucho que ofrecer." Sonreí gustosamente


(Otro punto de vista)

-2-

Estaba seguro de que era una alucinación. Nadie cuerdo querría seguirme a casa, aunque si pidió mi permiso, algo que la mayoría de mis alucinaciones no se molesta en hacer.

Me gustaba. Me recordaba a una muñeca de porcelana, con el cabello color chocolate y una alegre e hiperactiva personalidad. Sus pequeñas mejillas color crema y sus ojos pardos adornados con unas largas pestañas. Sus labios rosas y llenos, estaban desconfigurados en una gran y sincera sonrisa, de pronto sentí la urgencia de rozar mis labios con los suyos.

"Siento lo del apartamento." No sé porqué sentí la necesidad de disculparme. No era como si fuera a estar aquí por mucho tiempo. Le daba un par de horas más, tal vez una Buena noche de sueño antes de que volviera a donde fuera de donde venia.

"Está bien." Me sonrió.

Tragué un bulto que se había formado en mi garganta. Me gustaba esta alucinación. No quería que se fuera. Me pregunté si había una forma en la que pudiera volver a mí. Tal vez podría tomar una droga que engañara a mi cerebro y creyera que esta era la única alucinación que tenía permitido tener. O tal vez desearlo con toda mi alma podría hacerla volver.

"¿Tienes hambre?" Pregunté más por un hábito que por curiosidad. Estaba casi seguro de que las alucinaciones no comían. "¿O sed?" Estoy bastante seguro de que tengo algunas cocas en el refrigerados por si quieres una."

Su sonrisa no decayó. "Estoy bien." Sacudió su cabeza y comenzó a deslizarse hacia mi sofá. Su pequeña falda se tambaleó con el viento cuando se sentó cerca del brazo del sofá. Se sentó en sus pies y puso el libro que estaba sosteniendo en el metro en su regazo. Lo abrió y continuo leyendo donde se había quedado cuanto se presentó a si misma conmigo.

Pude haber estado agradecido de que no fuera tan exigente como algunas de las otras alucinaciones, o de que hubiera encontrado una manera de entretenerse a sí misma en lugar de molestarme, pero no lo estaba. Quería escucharla hablar. Quería escucharla reír. Quería ver su sonrisa. Tenía una rara fascinación con esta alucinación. Era todo lo que siempre había querido en una niña. Ni siquiera me importaba que no fuera real. Podría pretender que lo era.

Entré a la cocina. Un elefante morado estaba parado en la mesa. Pensé en decirle que se bajara de ahí antes de que rompiera mis muebles, pero no quería ser grosero. Abrí el refrigerador y tomé la primera botella de cerveza que pude encontrar que no tuviera grillos arrastrándose por ella. Estaban gritándome en sus agudas voces de bichos. No podía entender lo que estaban diciendo, hablaban un idioma extranjero. Creo que era portugués.

Quité la tapa de la botella en la mesa. El elefante se había ido. No sabía a donde había decidido irse, y en realidad no me importaba. Estaba agradecido de que no hubiera roto mi mesa. La jirafa que estuvo ahí antes ya la había dañado suficiente.

Tomé una botella de medicamentos de lo alto del mostrador. La etiqueta decía tomar media pastilla dos veces al día. Yo tomaba una pastilla cada dos horas. Tenía un amigo que trabajaba en una farmacia. Roba medicamentos para mí. No es ético, pero tampoco imposible. Puse la pastilla en mi boca antes de tomar media botella de cerveza. No me gustaba la cerveza, pero hacia que las medicinas hicieran efecto rápido y ayudaría a que Sophia se quedara por más tiempo

Puse la botella de medicinas de nuevo en el mostrador y caminé hacia la sala.

El elefante estaba en medio de la habitación, parado frente al sofá. Estaba mirando a Rebeca, cuya nariz estaba enterrada en su libro. La mire, y luego a él. Me preguntaba si las alucinaciones podían verse una a la otra. Si podían, ¿se pondrían celosas de mis otras alucinaciones? Pensé en preguntarle a Rebeca, pero me detuve a mí mismo. No quería verme como un tonto si las alucinaciones no podían verse una a la otra.

"Hay un elefante en la habitación." Dije, manteniendo mis ojos en su reacción.

Miró lejos del libro. Sus delgadas cejas se fruncieron mientras veía alrededor de la habitación, y luego de vuelta a mí. La piel de su frente se arrugó mientras fruncía el ceño. Supongo que las alucinaciones no pueden verse. Hubiera sido interesante si pudieran, sin embargo.

Estaba dándome calor. No estaba seguro de si era el alcohol o los 30º grados que marcaba el termómetro ambiental que estaba en la pared. Me quité la camiseta por encima de la cabeza y la arrojé al sofá. Saqué un paquete de cigarros de mi bolsillo trasero. Un encendedor rojo estaba dentro del plástico. Miré a Rebeca de reojo. Había vuelto a leer su libro. Pensé en preguntarle si le molestaba que fumara, pero no era como si fuera a darle cáncer de pulmón. Ni siquiera me molesté en preguntarle al elefante.

Encendí mi cigarro y arrojé el paquete a la mesa. Golpeó una baraja de cartas. Miré a Rebeca y luego al elefante. El elefante estaba asintiendo mientras cambiaba de color. Era de un verde vómito en este momento, lo que me hacía sentir náuseas.

"Muévete." Le dije al elefante para que pudiera pararme frente a la mesita de café y mirar a Rebeca. El elefante caminó hacia el otro lado del apartamento. Su trompa estaba arrastrándose por el suelo. Creo que estaba enojado porque no estaba poniéndole tanta atención como lo hice con la jirafa. ¿Pero cómo podría? La niña perfecta estaba sentada frente a mí en un sofá y quería pasar tanto tiempo como pudiera con ella, antes de que se fuera.

"¿Quieres jugar un juego de cartas?" Levanté la baraja que estaba en la mesa.

Miró por encima de su libro, y asintió. Una pequeña, muy delgada sonrisa, surgió en su rostro. "Seguro." Dejó el libro a un lado de ella en el sofá, y se arrodilló frente a la mesa.
Me arrodillé para quedar al otro lado de ella y comencé a barajar las cartas. Estaba mirando mis brazos. Los mire también, y luego subí la Mirada hacia a ella. "Mi vena colapsó." Contesté para ella. Era obvio que iba a preguntarlo. Le lancé algunas cartas.

"Debió haber sido doloroso." Tomó las cartas que estaban apiladas frente a ella. Sus pequeños dedos comenzaron a ponerlos juntos para que estuvieran en una pila perfecta.

No sabía que decir. Quería decirle que lo me había pasado, pero no quería ahuyentarla. El elefante se puso celoso y se fue. Ahora éramos sólo Rebeca y yo. Esperaba que, jugando cartas con ella, no fuera a aburrirse o sentirse abandonada.

"¿Qué juego quieres jugar?" Pregunté, decidiendo que el silencio había durado mucho tiempo. Aspiré un poco más de mi cigarro y luego tiré el resto de él en mi cerveza. Era maleducado fumar enfrente de alguien, y no quería darle a Rebeca una razón para que se fuera.

"¿Quieres jugar guerra?" Preguntó, lanzando la primera carta en la cubierta de la mesa. Eran seis tréboles.

Asentí, lanzando mi primera carta a la mesa. Cuatro corazones.

Tomó dos cartas, sin mirarme. Lanzó otra. Esta vez era un as.

Simplemente le di mi carta, sabiendo que no había manera de que pudiera vencer un as sin tener uno yo, y aun así tendríamos que declarar la guerra y no creía que pudiera ganar.

"Gracias." Me sonrió, tomando la carta y poniéndola en lo alto de su pila. La manga de su camiseta se deslizó hacia arriba, revelando una pulsera blanca.

Se dio cuenta de eso al mismo tiempo en que yo lo hice. Tomé su muñeca antes de que pudiera bajarse la manga. Sus ojos no se abrieron y sus mejillas no se calentaron como habrían hecho las de cualquier persona normal si hubieran sido descubiertos con un secreto vergonzoso. En lugar, subió más la manga de su camiseta para enseñarme varias cortadas y magulladuras.

Tomé la pulsera y la moví para poder leer el nombre en ella. "Rebeca Suarez Diaz." Leí en voz alta. Había varios números bajo de eso. Ninguno de ellos tenía sentido para mi.

"Tengo visiones." Dijo ella

La miré. Estaba sonriéndome. No era una sonrisa feliz. Era el tipo de sonrisa que le das a alguien cuando no quieres ser grosero. Alejó su mano de mí, pero no se bajó la manga. En lugar de eso, subió su otra manga. Había más magulladuras, mas no cortadas.

"Mis padres me enviaron al hospital para que pudieran encontrar una cura para mí. Me realizaron una terapia de electrochoques varias veces y cuando eso no detuvo las visiones, mi padre ofreció la idea de una lobotomía."

"¿Las lobotomías no son ilegales?" No era mi intención interrumpirla.

"No en todos lados, pero en la mayoría de los estados lo es. Dicen que es muy… ¿Cómo decirlo?, bárbaro." Asintió. Sus pequeñas manos fueron hacia su cabello. "Mi papá es un hombre muy poderoso, sin embargo, y mientras tengas el dinero suficiente, literalmente puedes asesinar a alguien y zafarte." Tomó un aliento profundo y se inclinó contra el sofá a su espalda. "Me enviaron a un hospital, uno real, tu sabes, el tipo de hospital al que la gente enferma va. El doctor mantenía sus voces bajas cuando estaban a mí alrededor. Yo estaba programada para una operación de amígdalas. El plan era, por lo menos por lo que podía ver en la visión quitarme las amígdalas como lo habían planeado, y cuando las enfermeras se fueran, uno de los doctores procedería con la lobotomía."

"¿Cómo saliste de la lobotomía?" Pregunte curioso

"Me fui." Se encogió de hombros, tomando la mitad de mis cartas y mezclándolas con las suyas.

"¿Cómo te fuiste? ¿Sólo caminaste hacia afuera?"

Asintió. "No es tan difícil como crees. Es aún más fácil cuando tienes visiones." Comenzó a barajar la pila entera en sus pequeñas manos. "Me vi saliendo del hospital, así que me fui."

"¿Qué tan seguido son correctas tus visiones?

Lanzó dos cartas frente a mí. Una de ellas boca abajo y la otra boca arriba. Le fruncí el ceño. ¿Había decidido cambiar el juego qué estábamos jugando?

"Depende." Puso dos cartas frente a ella. La que estaba boca arriba era de diez corazones. "No puedo controlar mis visiones. A veces ni siquiera se vuelven realidad. Cada quien es libre de voluntad. Sólo sé su decisión en el momento. Todos pueden cambiar de parecer, y eso cambia mi visión." Miró a su carta boca abajo. "¿Quieres otra carta o estás bien?"

"¿Qué estamos jugando?" Pregunté mirando mí carta. Eran siete tréboles

"Blackjack. Veintiuno. Pontoon. Depende de cómo quieras llamarlo."

"Otra carta ". Le dije. Nunca era bueno jugando al blackjack, pero podía jugarlo con ella si eso era lo que en realidad quería jugar. "¿Por cuánto tiempo vas a quedarte aquí?"
Me miró. Sus ojos se engrandecieron y su rostro decayó. "¿Estás pidiéndome que me quede?"

Asentí. "Eres la primera alucinación que en realidad me gusta."

Su labio se movió ligeramente y dejó salir una risita ligera. "Me quedaré mientras quieras tenerme a tu alrededor. No tengo otro lugar al que ir." Me lanzó otra carta. Era una reina de corazones.

"Siempre." Le dije, levantando mi mano.

La reina de la carta sonrió. Giré mi cabeza hacia un lado y fruncí el ceño. Estaba guiñándome mientras sus cejas se movían de arriba abajo. Sus labios se fruncieron y una pequeña lengua rosa comenzó a recorrerlos. Miré a Rebeca. Estaba frunciéndome el ceño.

"¿Aún quieres jugar?" Preguntó. "Te ves un poco enfermo."

"Estoy bien." Mentí. Tome un sorbo de mi cerveza y recorrí con mis dedos mi enmarañado cabello y volví a sentir esa extraña desesperación por besarla.


(Punto de vista original)

-3-

Miré el reloj, era casi medianoche. Angel estaba tomando un sorbo de ese asqueroso líquido maloliente. No podía entender mi encaprichamiento con él. Era como si tuviera algún poder invisible sobre mí. Cuando lo vi tragar las pastillas con la cerveza mi estómago se encogió y vi todas las posibles cosas malas que podían pasarle. Me asustó tanto, que comencé a ponerme nerviosa.

Suspiré mientras corría los dedos por mi cabello. Quería llorar, esta vez por frustración. No debería preocuparme por Angel, no de esta manera. Estaba haciéndome a mi misma enfermar de preocupación. El iba a estar bien… o eso creia

Angel se giró hacia mí, sus ojos estaban dilatados, como si estuviera contrariado consigo mismo.

"Debes estar cansado," susurré. "

Angel me miró. "Estoy un poco cansado," dijo. "Pero no quiero irme a dormir." Su mano se apretó alrededor de la mía y la llevó a su regazo. Su pulgar trazó círculos sobre el espacio entre mi pulgar y dedo índice.

"¿Por qué no lo haces?" dije con mi voz extremadamente curiosa, el me miro con duda en sus ojos y vi que estaba pensando en decirme o no, también vi finalmente que me iba a decir la verdad. "Porque…" susurró Angel. Me pregunté si susurraba porque estaba demasiado cansado como para hablar más fuerte, o porque le avergonzaba lo que tenía que decir. "me da miedo que cuando despierte tu desaparezcas"

"Dije que no me iría, Angel." Descansé mi mano sobre la suya.

"Lo sé, pero la gente dice cosas que en realidad no quiere decir." Sus ojos volaron hacia la pared y luego volvieron a mí. "Gracias por quedarte conmigo Rebeca"

"No tienes nada que agradecer, Angel. Yo-"

No pude terminar mi enunciado. Angel había acortado la distancia entre nosotros y presionado sus labios sobre los míos. Lo miré, mis ojos se agrandaron y parpadeé, varias veces, confundida y sorprendida por el beso. Nunca había besado a un hombre antes. No estaba segura de lo que debía hacer. Así que cerré mis ojos.

Angel se apartó. Mis ojos se abrieron. Estaba mirándome. Sus pupilas se habían dilatado. Me mordí el labio. Podía sentir mis mejillas calentarse por la vergüenza de no saber cómo besar y porqué acababa de besar a un chico.

"No sé besar," admití.

Sonrió. "Puedo enseñarte."

Presionó sus labios sobre los míos de nuevo. Moví mi mano lejos de la suya y tomé su mejilla. Cerró sus ojos, así que cerré los míos. Su mano se mantuvo sobre mi rodilla mientras empujaba sus labios más fuerte sobre los míos.

Me atrapó entre sus brazos, encerrándome entre ellos mientras me apretaba contra su cuerpo y profundizaba el beso ladeando la cabeza

Traté de imitarlo. Giré mi cabeza hacia un lado y abrí mis labios. Estaba a punto de cerrarlos cuando sentí la lengua de Angel rozar mi labio inferior y delinearlos con la punta de su lengua. Mis ojos se abrieron y me aparté. No estaba esperando eso.

Mi respiración estaba irregular y mi mano había caído en mi regazo. Me mordí el labio inferior y pasé la lengua sobre él. Me tomó toda mi fuerza de voluntad no reírme. "Lo siento," me disculpé cuando Angel abrió los ojos. Podía sentir mis mejillas aún más calientes.

No." Angel sacudió su cabeza. "Está bien." Sonrió.

Me incliné más cerca de modo que estuviera sobre mis rodillas. Moví la mano hacia su mejilla de nuevo y le sonreí antes de cerrar los ojos. Mi cabeza se giró hacia un lado mientras el se acercaba. Sus labios se presionaron contra los míos. Mi corazón comenzó a palpitar contra mi pecho desenfrenadamente y sentía una onda de calor recorrer mi espina dorsal. Me estremecí ante el roce de su lengua dentro de mi boca y lo atraje hacia mí, poniendo ambas manos contra sus frias mejillas.

Yo seguía aprisionada es sus brazos mientras se separaba cuidadosamente de mi, y me deslumbraba con su hermosa mirada oliva. En sus ojos pude notar un destello de lujuria y yo me estaba haciendo gelatina ante su agarre.

Me acerque contra el y mis piernas enrollaron su cintura mientras mis manos jugaban con su sedoso ó a dirigirme hacia la puerta rápidamente y sentí mi espalda contactar la fría superficie de la puerta bruscamente con un golpe sordo resonando en mis oídos.

Me tomó por sorpresa cuando sus labios volvieron a unirse a los míos, y en ese momento me olvidé por completo de todo. Sólo podía sentir. Sentir sus suaves y cálidos labios contra los míos, su dulce sabor y esencia embriagándome.

Cuando mi sistema inmunológico reclamo aire, sus labios fueron reclamantes contra mi cuello haciendo un largo camino.

Sus dedos acariciando mi pecho, su boca besando y lamiendo mi cuello, apretándome contra él, todas las sensaciones se estaban acumulando creando la acuosidad de mi centro. Reclame de nuevo sus labios, mi beso fue demandante haciéndolo saber de mi necesidad de él, sus labios y su lengua en cambio esta vez acariciaron mas despacio mi boca, haciéndolo suave. Pero yo no quería que fuera suave, yo quería que fuera fuerte, salvaje.

De pronto sus dedos dejaron de acariciar mis pechos remplazándolo por su palma, me estremecí de placer, me había tomado desprevenida y la sorpresa lo hacía mas excitante y me hizo gemir descontroladamente sobre su boca.

Esto lo incito a más, queriendo cada vez más, acariciándome descontroladamente los brazos, las piernas, mis pechos. Su mano derecha ascendía y descendía acariciando mi pierna, jugando conmigo.

Empezó a jugar con el dobladillo de mi camiseta y yo le ayude a sacármela con apuro quedando en sujetador y mi falda, sentí la urgente necesidad de el.

Lentamente toque su pecho con mis manos y jugué un poco con él. El dejo mis labios y los paso de mi mejilla a mi oreja, mordiendo levemente el lóbulo, gemí.

De pronto, deje de sentir sus dientes mordisqueando mi oreja, el ardor de su cuerpo contra el mío y le oí con pasos calmados alejarse de mi y darse la vuelta, para quedar a espaldas de mi.

"¿Por qué…" Pregunte contrariada y al mismo tiempo baje mi cabeza queriendo esconder mi cara, de pronto mis ojos se llenaron de un calido líquido y este empezó a decender por mis mejillas.

Ni siquiera sabía porque me estaba comportando tan ridículamente. Bueno tal ves lo sabia pero no quería admitirlo… sabia que no era deseada por el, por el chico de quien yo estaba enamorada.

El se dio la vuelta y se acerco a un paso apresurado hacia mi, levanto mi mentón con su dedo índice obligándome a verlo, pero yo rápidamente voltee hacia otro lado no queriéndome encontrar con su mirada.

"Yo… lo siento, me deje llevar y… ¿Estas bien?" pregunto el taciturnamente, yo me voltee a verlo y vi que estaba sufriendo consigo mismo, "Si, estoy bien." Respondí con la voz quebrada por el dolor que producía el saber que no era deseada.

"¿Herí tus sentimientos?" intento

"No" mentí calmadamente, no queriéndole dejar saber que en realidad si lo había hecho.

"Oh, Rebeca" susurro envolviéndome con sus fuertes extremidades, yo me acurruque en su abrazo aspirando el olor a tabaco, menta fresca y alguna fragancia masculina que hacia de su olor completamente embriagador para mis fosas nasales.

"yo no quiero hacerte daño, es mas, simplemente deseo lo mejor para ti, por eso no deberías estar aquí, con una persona que ve elefantes morados" fruncí mi seño y voltee para todos lados, pero simplemente no pude ver ningún elefante, no le di importancia y fije mis ojos de nuevo en el.

"¿A que te refieres?" Pregunte.

El me miro con sus ojos como si estuviera loca "¿Es que no lo ves?, ¿no ves que estoy enamorado de ti?" y en cuanto dijo esas palabras se arrepintió de haberlas dicho, lo pude ver en sus ojos. Se tapo con una mano sus labios, se desprendió de mí rápidamente.

"Yo… yo también estoy enamorada de ti" susurre con mi voz quebrada, tan bajo que pensé que el no lo había escuchado.

El se volteo tan rápidamente hacia mi y me tomo por los hombros dándome una mirada de suplica. Queriendo darme entender que repitiera esas 7 palabras tan fáciles pero a la ves tan difíciles.

Tome aire y me di valor a mi misma, suspire sonoramente y dije "Yo también estoy enamorada de ti, Angel"

Entonces en ese mismo momento el presiono sus labios contra los míos, pero esta ves no había ni un ápice de deseo o de lujuria, este beso era mas dulce, mas sensible, mas profundo.

El se separo de mi lentamente y me acuno en sus brazos nuevamente, beso mi cabello y suspiro en el "ahora ya estoy listo para ir a la cama" dijo con una sonrisa en sus labios.

"Espera…" dije con mis labios temblando."Antes que nada, prométeme algo". Mis manos estaban temblando y a duras penas podía abrir la mariconera que tenia colgada en mi hombro para sacar aquel frasco blanco de tapa dura que tenia entre mis manos.

Se lo di, y el simplemente se le quedo viendo, descifrando los posibles significados de los anfetaminicos que se leían en letras minúsculas al reverso de el frasco.

"Cuando despiertes quiero que te tomes la dosis recomendada que dice ahí, por favor" Suplique con mi voz quebrada por el cansancio.

Me miro con sus preciosos ojos y con la duda escrita en ellos, volvió a mirar el pote que tenia en sus manos y se encogió de hombros, dándome a entender que lo haría. "Esta bien" y con eso se fue a su habitación, mientras yo me quedaba mirando a la nada.


(Otro punto de vista)

-4-

Cuando desperté en la mañana Rebeca se había ido.

No la encontraba en ninguna parte. Chequé la cocina, el baño, mi cuarto; incluso salí a ver si estaba en el balcón- tampoco. Tomé mi medicina como suponía hacerlo, leí las recetas y sólo tomé la dosis recomendada. Incluso tomé la que Rebeca me había dado. Toda con una lata de coca.

Llamé a mi viejo amigo que trabajaba en la farmacia, Owen mientras esperaba a que Rebeca volviera a casa. Suponía que había ido a caminar. Incluso yo tenía que tomar aire fresco de vez en cuando.

"Hey," dije al teléfono. "¿Cuáles son los efectos secundarios de una medicina… emm Lidocaína con hidrocortisona?"

"¿Estás sintiéndote bien?" Preguntó Owen.

"Sí, sólo un poco cansado, también tengo dolor de cabeza."

"¿La tomaste con algo? Es malo mezclar las medicinas con el alcohol."

"No la tomé con alcohol. No sé, sólo me hace sentir raro. ¿Qué tipo de medicina para el dolor es?" Tomé la receta de la botella y la miré mientras hablaba con él.

"No es medicina para el dolor…" Dijo Owen suavemente.

Fruncí el ceño. Mis cejas se juntaron. "¿Qué tipo de medicina es?".

Owen no dijo nada por un rato. Sabía que no habíamos roto la conexión porque aún podía escuchar su respiración. "Es para gente con esquizofrenia. Esa medicina es para ayudara a la gente con alucinaciones."

Me tomó un segundo procesar sus palabras. "Ayudar a la gente con alucinaciones…" Mis ojos se abrieron cuando el entendimiento me entró.

Arrojé el teléfono, no le puse atención a donde aterrizaba, y salté. "¡Mierda!" Grité, mientras corría alrededor del apartamento, gritando el nombre de Rebeca al tope de mis cuerdas vocales. Chequé bajo la cama, los closets, el baño, cualquier lugar donde podría estar escondida. No estaba ahí. No estaba en ningún lado.

Corrí hasta volver a la cocina y abrí mis botellas de medicamento. Tiré las pastillas en la barra y tomé puñados de ellas. Quería a Rebeca de vuelta. Abrí el refrigerador, no había ningún grillo, no escuché nada en Portugués, todo lo que escuchaba era el silencio.

Tomé una cerveza y la abrí con fuerza. Comencé a meter cuantas pastillas podía dentro de mi boca. No me importaba la promesa que había hecho, la quería de vuelta.

Me enfermé antes de poder tragar todas las pastillas. Terminé vomitándolas en el fregadero. No tenía ambición de escarbar en el no-digerido alcohol para recuperarlas.

Me alejé a mi mismo de la barra y caminé hacia el sillón. Estaba demasiado enfermo como para correr. Me sentía mareado por vomitar. El teléfono estaba sobre la mesita de café, junto al libro que Rebeca había estado leyendo mientras estaba ahí. Me senté en el sofá y lo tomé por el lomo. Mi cabeza palpitaba con fuerza en los oídos. El aliento se me atascó en la garganta cuando leí el título.

"Mierda," dije para mí mismo. Arrojé el libro al sofá y pateé la mesita de noche con el pie. Mis manos subieron hasta mi cabello. Miré el título del libro y lo leí en voz alta en mi cabeza.

La chica es una alucinación.


Bueno espero que me den su opinión sobre esta historia, esta basada en una experiencia propia (excepto de las alucinaciones) e igual los nombres de los personajes son de personas reales

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