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Intriga
Author:
Kia Silverfox PM
Victoria conoce por primera vez el mundo de los Necromantes, y le intriga sentir el contacto con uno de ellos, por no saber que efecto tendría sobre ella.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Supernatural/Romance - Words: 1,076 - Reviews: 2 - Favs: 1 - Published: 07-09-12 - Status: Complete - id: 3040367
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Intriga

...

Cuando ingresó aquel tétrico palacio en medio de aquella tierra de muerte y desolación, la pequeña Victoria buscó refugio entre las piernas de sus padres, tratando de evitar que los extraños que rondaban a su alrededor, intenten lastimarla.

Para ella, los necromantes se veían como horribles monstruos cuyos delgados cuerpos se estiraban hacia arriba, y les parecían tan altos, que temía que fueran a tocar el techo. Se veían peligrosos, porque no hacían ruido al caminar y olían a tierra húmeda.

Victoria estaba asustada, pero intrigada al mismo tiempo, porque nunca había estado en un sitio como ese.

Sus padres habían sido invitados a esa misteriosa tierra, donde la gente no podía morir por causas naturales y nada podía destruirlos. Estaba atestada de ancianos, pero había escasos jóvenes rondando por allí.

Esta era la tierra de los Necromantes, donde no había nacido un solo niño desde que la Muerte había desaparecido del palacio real. Su misteriosa e inesperada partida, había tomado por sorpresa a muchos, y había escandalizado a unos tantos más.

Sin la Muerte, el mundo de los necromantes cayó en decadencia, porque necesitaban a alguien que le proporcionara de cadáveres para alimentar a su pueblo, y ellos no podían proporcionárselos porque carecían de la capacidad de matar.

Los vampiros, en cambio, tenían la sangre de la Muerte corriendo por sus venas, siendo que eran sus descendientes bastardos. Nunca se habían aliado con los necromantes, pero tampoco eran enemigos. Este era el momento de sentar las bases, de lo que sería una nueva era para los no vivos.

Por eso Victoria estaba tan intrigada ¿Acaso ellos vivirían allí a partir de ahora? ¿Con esa gente tan extraña y vieja, que parecían pasas disecadas por las exuberantes arrugas que poseían su piel? ¿Con quien jugaría entonces?

Ella no quería vivir allí, quería volver a casa junto con su hermano y sus amigos. Le daba miedo que su padre la dejara allí sola, para que represente a la familia real y cumpla con sus obligaciones como princesa, solo por ser un año mayor que su hermano Víctor.

-Victoria- Su madre la saca de su pequeño mundo de temores y dudas, empujándola levemente hacia delante –Saluda al joven Trent-

Ella mira con temor aquel joven alto, de piel morena y ojos negros. Se veía más joven que el resto de los necromantes, y su apariencia también era distinta. Vestía pantalones negros y una holgada camisa blanca.

-Princesa Victoria- El joven se inclina graciosamente delante de ella y le sonríe suavemente –Es un placer conocerla-

-Dale la mano, Victoria-

La niña tenía miedo de darle la mano al necromante, no sabía como se sentiría tocarlo. Aparentemente, no les hacia daño a sus padres ¿Pero que pasaría si le hiciera daño a ella?

-Victoria, no te preocupes, no necesitas tocar mi mano- Trent le hace un pequeño saludo de lejos, moviendo la palma de su mano, al que Victoria responde con cautela, agitando la suya –Cuando estés menos nerviosa, estrecharemos las manos-

Ella se sonroja y vuelve a ocultarse detrás de su madre. Aquel hombre era tan raro como intrigante, demasiado joven para pertenecer a una sociedad conformado solo por ancianos, pero de seguro mucho mayor que ella.

Su madre le reprocho por no haberse comportado ese día, pero el miedo a lo desconocido pudo más en Victoria, que el miedo a desobedecer a sus padres.

(…)

Había pasado más de diez años cuando ella regreso a la sociedad de los necromantes, y siguieron con los tratados y el protocolo. Ella estaba muy nerviosa, porque temía ver aquel extraño joven, que no tardó en volver a presentarse delante de ellos.

Trent no había cambiado en nada, solo vestía distinto.

Victoria había crecido un poco, pero aún no maduraba. Los vampiros se desarrollaban demasiado lento, pero eso aseguraba su longevidad. Al parecer, compartían esa misma característica con los necromantes, y cada vez encontraban más similitudes entre ambas razas, que solo eran separadas por la capacidad de matar.

Victoria vio a Trent, y sintió que su corazón aleteo por el temor de que la toque. Tenía que estrechar su mano, no podía seguir saludándolo de lejos, tenía que resolver aquel misterio y descubrir que efecto tendría en ella aquel contacto.

Sus dedos se movieron nerviosamente sobre la falda de su largo vestido negro. Trent estaba acercándose para saludarla y le extendió la mano para tomar la suya. Aquella intrigante mano, cubierta de piel tersa, que podría sentirse tan cálida como el sol o tan fría como una tumba.

La intriga la invadió, y la sensación de temor la mareaba. Aspiró una bocanada de aire, antes de decidir como actuar, y trató de tomar la mano de Trent, pero este la esquiva de una forma muy infantil.

-Ahora me da miedo estrecharte la mano, Victoria- Trent no duda en sonreírle con sorna al agregar –Vaya saber que encantos oculta la piel de una vampiresa tan hermosa-

Ella se quedo pasmada al oír esto y sintió que su cuerpo se calentó levemente. Sus mejillas no llegaron a sonrojarse, pero se sintió avergonzada y confundida al mismo tiempo. Aquel hombre le había negado el saludo pero le revelo que le parecía hermosa.

Victoria se inclino levemente y saludo con una reverencia, antes de girar y ocultarse junto con su hermano. Aquella noche no volvió a ver a Trent.

Pasaron otros diez años para que volvieran a verse. Y a partir de ese entonces, se verían casi todo el tiempo, porque su padre decidió que era el momento de que ella realice tareas diplomáticas en aquel mundo.

Aún así, Victoria no se olvidaba de la intrigante mano de Trent que tendría que estrechar aquel día, cuando asumiera su puesto de Necroshia.

-Lista, querida Victoria- Trent extiende su mano para tomar la de Victoria. La delicada y blanca mano de la vampiresa se pierde entre los dedos de aquel hombre, que se inclina hacia delante para depositar un suave beso entre sus dedos.

Victoria se estremeció ante esa rara actitud, pero trato de no parecer muy avergonzada. Ya no era una niña para asustarse por ese tipo de cosas.

-Eres tan hermosa como intrigante, Victoria- Le sonríe aquel hombre extraño, cuya dentadura blanca como perlas parecía ser mucho más grande de lo normal.

Trent era un hombre siniestro, de apariencia extravagante, que no podía envejecer ni morir, pero Victoria ya no le temía. Ahora solo le intrigaba, porque no sabía exactamente que le atraía tanto de él.

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