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Areneth: Running Spirit
Author:
Muffins Flavours PM
Esta es la historia de un lobo llamado Areneth que perdió su hogar en tan sólo una noche. A la mañana siguiente, despertó en un lugar desconocido para él: el bosque, con el único deseo de regresar a casa con sus padres, por lo que decide que deberá caminar y caminar sin saber a dónde hasta poder encontrarlo.
Rated: Fiction T - Spanish - Adventure/Drama - Chapters: 2 - Words: 3,713 - Updated: 07-18-12 - Published: 07-16-12 - id: 3042507
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Una nueva historia, de una persona a quien quiero muchisimo, y despues de tanto tiempo de insistir y molestar, permitio que subiermos su historia. Espero que al igual que nosotras, las Muffins'Flavours, disfriten de esta historia tan original y unica. Y tambien, cabe agregar, que con esta historia estrenamos la cuenta :D

Asi que lean y disfruten.

-Blueberry'Muffin.


αяεηεтн

R S

Esta es la historia de un lobo llamado Areneth que perdió su hogar en tan sólo una noche. A la mañana siguiente, despertó en un lugar desconocido para él: el bosque, con el único deseo de regresar a casa con sus padres, por lo que decide que deberá caminar y caminar sin saber a dónde hasta poder encontrarlo.

Durante su viaje, conocerá a muchos animales que le serán de guía para encontrar su camino (y a él mismo).

¿Deseas acompañarlo en esta travesía? Decide pronto, pues la aventura de Areneth está a punto de comenzar.


Prólogo

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La historia del lobo con el pelaje cubierto de sangre.

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Pocas veces el viento dejaba de soplar en el Gran Valle de Grassdlersand, y muy pocas veces, se escuchaban mordidas ocasionadas por enfrentamientos entre lobos.

Chillidos, golpes, colmillos encajados… había una multitud de lobos aullando. Entonces se formó el círculo y los lobos rodearon a sólo uno: el más pequeño de todos. Su nombre era Areneth, que significaba «lobo de arena». Anteriormente, fue llamado así por el color de su pelaje cuando era apenas un cachorro. Sin embargo, su pelaje ya no parecía arena. Estaba cubierto de sangre.

Sangre: es todo lo que podía ver, lo que su nariz le permitía olfatear. Otro golpe y el lobo cayó.

Uno de los lobos más grandes, de los que rodeaban y daban forma al círculo, Klein, se acercó y clavó sus colmillos en su carne. El líquido ardiente comenzó a fluir rápidamente, y antes de que pudiera gritar por el dolor que lo ahogaba, unas garras se incrustaron en su pecho. Klein volvió a morderlo, intentó zafarse, pero Mund, el lobo más robusto y de pelaje marrón oscuro, lo rasguñó y con todo su peso lo mantuvo en el suelo inmóvil, sin poder respirar.

—¿Lo disfrutas, Arnie? ¿Lo estás disfrutando? —Areneth escuchó que era la voz de Klein, sin embargo, ésta estaba llena de jadeos y expresiones que desde hace mucho tiempo ansiaban ser liberadas.

—Klein… —Intentó formular una oración para que todo terminara. Entonces recordó las palabras del tío Minshka: «Hagan lo que hagan, ten por seguro que es por el bien de tu manada. No intentes hacer nada. Si te resistes, morirás».

Así que no pudo hacer nada. Como pudo, levantó la mirada, no entendía el por qué seguía observando, lo mejor hubiera sido quedarse ciego. Y antes de que las mordidas regresaran, pudo observar como su padre lo miraba. Se preguntaba si estaría decepcionado.

Areneth comprendió que su padre posiblemente se sentía igual que él, igual de inútil e impotente, y que así como sus heridas, él las llevaba por dentro. Sus ojos azules eran tan fríos, le recordaban a la sensación de nadar en el Lago Lunar cuando no habían hojas en las ramas de los árboles. Su madre le decía que aquella época se llamaba invierno. Sabía que detrás de esa expresión seria podía encontrarse la humillación que sentía por tener a un hijo de lo más desagradable. Tal vez, si fuera un lobo más grande, más fuerte, más atrevido, más valiente… como Klein, y si supiera cazar, probablemente lo volvería a querer, lo aceptaría como candidato alfa legítimo de la manada, y no tendría que buscar a un suplente que pudiera hacer mejor el trabajo que por naturaleza a él le correspondía. ¿Pero por qué sigue ahí? Sentado como si nada estuviera pasando… En su mente sólo venían las palabras de «¡Ven por mí!».

El aire se escapó de sus entrañas. Llegó a la posibilidad de que quizá había gritado, porque Mund le golpeó el hocico con una de sus patas.

En pocos segundos llegó a la conclusión de que nunca lo habrían escuchado.

Unas terribles punzadas de dolor le recorrieron todo el cuerpo y luego solamente se quedaron en un sitio: su cuello. O mejor dicho, lo que antes se hacía llamar su cuello, ya que se habían tragado mucho de su pelaje y se lo habían escupido, incluso llegó a compararlo peor que pellejo.

No supo si lo gritó o si solamente fue parte de su pensamiento, pero no dejaba de llamar a su padre para que viniera a rescatarlo y le recordara lo mucho que lo quería. Por supuesto que nada de eso iba a ocurrir. Mucho menos ahora, mucho menos con alguien como él.

Otra vez volvieron las risas, otra vez Klein clavó sus colmillos blancos en su carne y presionó con fuerza, mucha fuerza. «¿Les pareceré sabroso…?» pensó. No podía evitar gemir, gritar, llorar… y los demás sólo siguieron ignorándolo.

Escuchó como algunas de las hembras se susurraban entre ellas diciéndose cosas como:

—Pobre Areneth… no me imagino la deshonra que ha de sentir Yuluko

—Pero Yuluko no está aquí

—Da lo mismo, igual siento lástima por ella…

Por primera vez, sintió un enorme alivio al darse cuenta que su madre no estaba cerca de él. Nunca le gustó hacerla preocupar, no quería que el ser al que más cariño le mostraba lo viera en aquel asqueroso estado. No, no: por ningún motivo su madre podía verlo así.

Sabía que lo que aquellas hembras decían eran puras mentiras. Su madre nunca se sentiría mal por él ni nada parecido. No podría hacer nada así porque era muy buena. Lo único que lo tranquilizaba era saber que había ido a cazar y no regresaría en un buen rato. Eso significaba que no volvería a verla antes de la hora en que el sol se ocultaba detrás de las montañas. «Me pregunto si esto habrá acabado cuando ella regrese» pensó.

El dolor y las risas regresaron.

¿De quién son estos nuevos colmillos? No han sido los de Klein o Mund. ¿Será Troptus…? No, estos colmillos son muy diferentes. Más delgados pero igual de penetrantes y dolorosos. ¡Silba!

Sí, son los de Silba. Lo supo en cuanto volvió a atacarlo. Una extraña cualidad de Silba: siempre que muerde a su presa no puede evitar sacudirla. De su cuerpo se escapó otra vez ese líquido oscuro y caliente y los lobos comenzaron a aullar y gritar su nombre. Es una lástima… Cuando Silba y él eran pequeños nunca dejaban de jugar a «El Cazador».

Silba era de las únicas hembras de su edad que conocía por ser una excelente cazadora, de las mejores de la manada (además de su madre). Fue entonces cuando le vino a la mente una vieja expresión que pocos lobos mencionaban, era de esas frases que decían los lobos en las leyendas que cuando era pequeño escuchaba que decía así: «Y las mordidas que antes eran de juego y cariño, hoy salpicaron sangre». La verdad es que decía más que sólo eso, pero muchas palabras no sabía cómo pronunciarlas y había olvidado su aburrido significado.

Klein apareció (cómo si eso fuera una buena noticia).

Lo giró, le escupió en la nariz, se burló de él una vez más y después, con su pata izquierda, comenzó a presionar su garganta. Dolía mucho, y con ese ataque su mundo se oscureció. Bueno, honestamente ya estaba oscuro hace mucho tiempo. Cuando volvió a abrir los ojos se dio cuenta de que había sido la tercera vez que se había desmayado. Los lobos, que a pesar de todo no dejaban de ser su familia, lo abucheaban diciendo que no valía un sólo mordisco.

Da igual, siguió cerrando los ojos esperando que fuera una pesadilla para muy pronto despertar de ella, pero como vio que no funcionaba, esperó quedarse dormido para estar en un hermoso sueño y no volver a esa horrible realidad.

Y siguió esperando.

Pensaba en muchas cosas, como que su madre pronto regresaría, o que su padre se levantaría y haría algo por él. Pero no pudo seguir pensando ya que Troptus lo mordió salvajemente en el estómago y lo único que hizo fue chillar.

Gritó para que vinieran por él, para que supieran lo mucho que estaba sufriendo. Recordó a esos viejos héroes que mencionaban en las leyendas y deseó que uno de ellos apareciera, aunque se conformaba con su padre. Siguió gritando, aunque el dolor no se iba y tampoco los dientes y garras de los lobos a los que antes solía llamar hermanos. Pero ellos seguían siendo sus hermanos. Areneth sabía que los habían obligado a hacer todo esto. Sabía que seguían queriéndolo, igual que su padre, sólo que para él no era fácil demostrarlo.

Sabiendo eso, supo que aun había esperanza. «Quizá y esta será la última mordida» pensó.

El problema es que esa última mordida no llegó. En cambio fueron tres, cuatro, cinco, seis mordidas más… y aunque él seguía con ese pensamiento en su cabeza, la cuenta aun no terminaba y comenzó a preguntarse si alguna vez lo haría…

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By Strawberry'Muffin.

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