
Una historia donde se contraponen las apariencias a los verdaderos pensamientos. ¿Qué serías capaz de hacer por sobrevivir? Cuando nos vemos en peligro mostramos un lado que hasta nosotros desconocíamos. El amigo ahora es tu enemigo ¿Quiénes somos realmente? Dentro de la oscuridad podemos perder nuestro camino.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Mystery - Chapters: 8 - Words: 49,314 - Reviews: 8 - Favs: 4 - Follows: 2 - Updated: 02-06-13 - Published: 07-29-12 - Status: Complete - id: 3046034
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Cap. 2
Isla la Floreana
Cassandra se sumió en sus pensamientos casi al tiempo que las ruedas del avión dejaron de tocar la pista. Todos sus sentimientos saltaron dentro de su pecho al ver a Axel. Sabía que iría con ellos al viaje, pero el sólo verlo la desestabilizó. Creyó por un momento que su corazón explotaría dentro de su pecho. Sus ojos, su cabello, sus labios, la forma de su rostro, el desarrollo de su cuerpo. Todo él era tan único. Ese viaje sería perfecto, irían a una isla fantasmagórica, estaría con Axel, con Clara y con Diego. No había forma de pasarlo mal.
Se recostó cómodamente en el asiento sintiendo el placer que recorría sus venas al imaginar diversas escenas donde se divertía al máximo. Paseó la vista por entre los pasajeros. Sus boletos eran de primera clase, no había mucha diversidad entre ellos. La clase turista era más entretenida, aunque bastante incómoda. Cassandra en varias oportunidades había viajado en clase turista, había visto a niños impertinentes, a parejas gritándose en medio vuelo, a personas sin modales al comer y los típicos hombres que se dormían, a juicio de Cassandra se hacían los dormidos, y se apoyaban en el hombro de su acompañante en busca de comodidad. No todo era malo, también podías encontrar una conversación interesante si tenías el acompañante correcto. Cassandra recordó aquella conversación sobre el alcohol en las personas, eran más que todo chismes sobre el efecto que tenía el alcohol en sus familiares, pero fue entretenida.
Cassandra salió de sus recuerdos al ver ante sí a un hombre que se había levantado para guardar en su maleta su anillo de casado. Lo que le llamó la atención fue la mirada sospechosa de aquel hombre antes de guardar el anillo, como si alguien lo pudiera estar vigilando. El hombre se sentó tranquilamente con una sonrisa pícara en el rostro.
Cassandra amplió su campo de visión. A unos cuatro puestos más atrás del hombre, un joven con un traje negro en su totalidad anotaba en su libreta unas pocas palabras. Al alzar la vista, sus ojos no se despegaron del hombre que ahora debía de estar fantaseando con una escena subida de tono, al juzgar por su sonrisa. Cassandra no tuvo necesidad de analizarlo, el hilo conductor de esas escenas consecutivas era más que claro. Golpeó a Clara en un costado para llamar su atención. Su compañera la miró con curiosidad apenas sus ojos enfocaron su rostro.
—Aquel hombre va a encontrarse con una amante —respondió a la pregunta sin formular.
— ¿Cómo lo sabes? —sus cabezas se juntaron para que nadie se entrometiera en la conversación.
—Sencillo, su anillo de bodas está en su maleta, se lo quitó hace un momento.
—Es extraño —admitió Clara mirando en la dirección donde Cassandra apuntó al hombre.
—Y eso no es todo —las cejas de Clara se juntaron en un gesto de confusión. —Su esposa sabe que le es infiel y mandó a un espía a vigilarlo.
— ¿Qué? —preguntó sorprendida. Cassandra asintió satisfecha.
—Así es, sólo mira —esta vez señaló con disimulo al hombre y al espía. Cassandra esperó paciente la reacción de su amiga.
—Imposible —dejó ir en un susurro.
—Lo sé, todo es pura apariencia en ese matrimonio, deberían decirse la verdad.
—La verdad te hará libre —concordó Cassandra.
—Sí, pero prefieren esconderse los sentimientos y vivir en una mentira.
—No siempre es sencillo decir la verdad.
—Aunque duela debe decirse.
—Eso sería lo ideal.
(*********************)
Hacía quince minutos que habían emprendido el vuelo, Axel se entretenía mirando el azul del cielo y la blancura de las nubes. Tuvo la suerte de sentarse junto a la ventana. Las chicas perdieron en su elección de cara o sello, quien ganara podría sentarse en los asientos que tenían ventana, quien perdiera tendría que sentarse en la fila del medio. Qué bueno que Diego dejó que Cassandra eligiera primero.
Axel celebró internamente sin apartar la vista del cielo. Prefería mirar el cielo antes que iniciar conversación con su compañero, su cara de irritación lo decía todo. Axel sabía que Diego lo odiaba, y si no era así estaba muy cerca del odio. ¿Qué culpa tenía él que le gustara a Cassandra? Desde hace tres meses sabía que ella gustaba de él, Axel tenía que admitir que también sentía algo por ella, pero no estaba seguro. Ella era bonita, inteligente y muy profunda, también carismática y entretenida, siempre era divertido hablar con ella. Tenía sus defectos, pero ¿Quién no? Cassandra era su tipo de chica, el problema radicaba en que Clara también. Clara era como el algodón, suave, tierna, divertida, algunas veces profunda y directa, muy directa. Lo mejor era no meterse con ella.
Soltó un suspiro profundo al pensar en ellas. Su vista seguía perdida en el cielo, de vez en cuando reparaba en las nubes. Eran tan distintas ellas dos.
Axel en cierta medida se inclinaba más por Clara porque sabía de sobra que Diego gustaba de Cassandra, siempre le ponía más atención e incluso la situaba por encima de Clara, era imperdonable que le hiciera eso, ¿Por qué no veía que la lastimaba? Sus acciones herían el corazón de ella, ¿Cómo él podía estar tan seguro de ello? Estaba seguro porque Clara confiaba en él para todo, le contaba todo lo que le sucedía y cómo se sentía, por eso es que sólo Axel conocía en verdad a Clara, conocía lo verdaderamente vulnerable que era.
Sólo llevaban dos meses de conocerse y estaba más cercano a ella que Diego. Le molestaba que él le hiciera daño y varias veces le había dicho que dejara de tratarlo, pero uno de los mayores defectos de Clara era ser terca, le daba la razón, pero decía que no podía romper la relación así sin más, que eso no estaba bien. Ella podía aparentar ser fría y desconsiderada, pero lo cierto es que pensaba más en las personas a su alrededor que en ella misma. Eso que aparentaba sólo era una forma de defender la parte sensible y tierna que tenía. Se rió en voz baja al pensar en la palabra "tierna", Clara odiaba que le dijera así.
— ¿Qué tiene tanta gracia? —volteó su rostro para prestarle atención a Diego, un poco de su irritación había cedido ante la curiosidad.
—Nada en particular.
—Llevas rato sonriendo y mirando al cielo, no creo que sea tan interesante —Axel alzó una ceja ante la presión, Diego sólo se le quedó viendo sin dar un brazo a torcer.
—Pensaba en Clara —admitió por fin, no tenía por qué ocultarle nada.
— ¿Clara? —su tono de incredulidad le causó desconcierto a Axel ¿En qué pensó que podría estar pensando? — ¿Por qué piensas en ella? —Axel sintió una ligera molestia cuando Diego manifestó un tono protector hacia la chica. Estaba seguro que si Cassandra hubiera respondido igual que él, le hubiera aplaudido en vez de intentar interrogarlo.
Cínico pronunció en lo profundo de su ser.
— ¿Por qué no? Clara también es mi amiga —Diego se esforzó, se notaba en su rostro la búsqueda de algún argumento para contradecirle o para negarle el pensar en ella, pero no pudo, optó por callar y desviar la mirada para terminar la conversación.
Axel no le tomó mayor importancia, Diego no merecía que él perdiera su tiempo en descifrar sus intenciones con su "amiga"
Cuando te conviene que sea tu amiga volvió a pronunciar esa voz delatora que expresaba sus verdaderos sentimientos.
(*********************)
Cassandra escuchó las exclamaciones de sorpresa y admiración de las personas que estaban ubicadas cerca de las ventanas. ¡Cómo quería ver un poco de lo que esas personas observaban! No era justo, ellas tenían que haber estado en las ventanas.
—Hombres desconsiderados —se quejó por lo bajo.
—En unos minutos también veremos la isla —le animó Clara, quien no se veía preocupada por el paisaje aéreo.
—Pero no será igual —siguió quejándose como una niña. Clara se rió un poco.
—Velo de esta forma, cuando nos vayamos nos toca en la ventana, ése fue el trato.
—Es verdad —la voz de Cassandra se impregnó de alegría. —Awwww, te quiero por recordármelo —Clara no pudo evitar reírse ante ese arrebato típico en Cassandra.
—Dramática —dijo a modo de broma. Cassandra se le quedó viendo con ojitos brillosos. Clara desvió la mirada. —Yo también te quiero —pronunció en voz baja. Cassandra mostró una sonrisa de oreja a oreja.
—Viste que no te cuesta nada decirlo —Clara frunció los labios, acción que divirtió a Cassandra.
No pasó mucho tiempo cuando empezaron a descender. Cassandra sintió el desvalance que hubo cuando las ruedas del avión tocaron la pista. Ya habían aterrizado, al fin podría ver lo que las demás personas admiraron. ¿Qué haría primero?, ¿Pasear por la playa?, ¿Un viaje en bote?, ¿Bucear? Había tantas actividades y tenían casi un mes de diversión. Era imposible no emocionarse al pensar en tantas maravillas.
Cassandra se apresuró en recoger todas sus cosas, hasta ayudó a Clara con las suyas para que ambas se situaran en la fila de salida, que los chicos las alcanzaran después, sólo quería ver, sentir y oler ese clima tropical. Necesitaba salir de esas paredes metálicas. La fila avanzaba despacio, Cassandra empezaba a impacientarse, cambiaba de peso de un pie al otro ¿Por qué tardaban tanto?
—Ya sólo faltan tres, cálmate, me pones nerviosa —le regañó Clara con algo de irritación.
— ¿Por qué?
—Me golpeas con tu maleta y empiezan a vernos raro —Cassandra miró al resto de los pasajeros que seguían sentados, esperando que el volumen de personas disminuyeran para salir. Todos la veían curiosos y otros con burla. Sus movimientos ya no fueron tan notorios, pero no podía pararlos. Estaba tan cerca de salir, tan cerca y tan lejos.
Cassandra escuchó el suspiro resignado de Clara, lo lamentaba por ella, pero la opinión de otras personas no cambiaría ni su actitud ni su forma de ser, si querían ver que vieran, pero ella no dejaría de ser lo que era. Estaba emocionada y no pensaba cohibir ese sentimiento.
Somos diferentes concluyó una voz en su cabeza. Antes que pensamientos oscuros pudieran emerger en ese momento, el sol impactó en su piel, dándole la increíble noticia que estaban afuera. El aire del mar, los rayos intensos del sol, el sonido de las olas. La piel se le erizó cuando todas esas sensaciones le abordaron. El resto de las personas habían desaparecido, sólo estaba ella y ese mundo sensitivo que le recorría por las venas. El olor del pescado fresco, la fruta recién cortada, la arena al ser calentada por el sol. El aire tibio rozándole el rostro moviendo su cabello con suavidad. Su piel siendo calentada por esos rayos solares. El sonido de los carros, las conversaciones de las personas que la rodeaban, el roce de las hojas de las palmeras, el oleaje de la playa, el motor de los botes.
Cassandra alzó la vista cuando captó el graznido de las gaviotas. Una bandada de gaviotas pasó por encima de los pasajeros. Todos alzaron la vista, pero Cassandra supo que ella fue la primera en verlos y nadie podría quitarle aquello. Ese viaje sería inolvidable.
Volteó a donde Clara, a pesar que su rostro se viera malhumorado ni ella misma podría negar que no disfrutó de ese momento al encontrarse con el ambiente de la isla. Cassandra estaba segura que a medida que pasaran los días, Clara se entusiasmaría tanto como ella y ambas podrían ir a pasear, quizás hasta pudiera ayudarle a tener un momento a solas con Axel.
Las chicas esperaron a que sus compañeros las alcanzaran, parecía interminable la fila de pasajeros que salían del avión, menos ellos ¿Pensaban ser los últimos en salir? Conociendo a Axel, sería muy típico de él esa acción, pero no en Diego. Diego siempre se veía ansioso por ser el primero en estar a su lado. A Cassandra eso no le molestaba, más bien le gustaba que él fuera tan expresivo al disfrutar de su compañía.
—Si Axel fuera como Diego —pensó Cassandra justo al mismo tiempo en que los chicos hacían acto de presencia.
Fue más el tiempo que les tomó salir del avión que el tiempo en llegar a su lado. Cassandra no tuvo que preguntar el porqué, la actitud de Diego lo dio a entender todo. Buscó entre todas las personas que habían descendido la ubicación de sus amigas, o específicamente, a ella. Siempre lo hacía cada vez que se separaban, eso le gustaba mucho, le hacía sentir importante. Que le prestaran atención sin ella pedirlo era una sensación tan maravillosa. Diego era lindo, pero sólo sería un amigo, ella bien lo sabía, en cambio con Axel todo era tan distinto. Con sólo estar a su lado se le revolvía el estómago. El problema radicaba, y aunque ella se lo negara, en que Axel se preocupaba más por Clara, ¿Por qué?, ¿Qué podía tener ella para que él le prestara más atención? Axel parecía disfrutar más las conversaciones con Clara que con las suyas y por más que lo pensaba no lograba dar con la respuesta. No lo quería admitir y no lo haría, pero sentía celos de ella, lo peor es que Clara era totalmente indiferente hacia él, parecía prestarle más atención a Diego, aunque eso era cuestionable. La verdad es que la actitud de Clara era indiferente con todos, únicamente podía tener certeza de que se preocupaba por ellos, pero suponer algo más era un riesgo, bien podría ser cierto como no serlo. Era tan irritante.
—Hasta que por fin llegamos —exclamó Diego dejando las maletas de lado para estirar los brazos y el resto de su cuerpo.
—Fue un viaje largo —comentó Clara.
— ¿Cómo les fue en sus asientos?, ¿Estuvieron cómodas? —preguntó Diego mirando fijamente a Cassandra, Clara sólo desvió la mirada hacia las demás personas para ver donde estaba la salida, sólo Axel notó el instante fugaz cuando sus ojos se apagaron.
—Bien, muchas cosas interesantes pueden observarse desde allí —contestó Cassandra más que feliz. Diego sonrió para luego mirar a Clara o el lugar que ella ocupaba antes, la chica ya no se encontraba con ellos.
Los tres buscaron alrededor y la ubicaron esperándolos en la puerta que los llevaría a la salida para tomar un taxi hasta el hotel, luego comenzarían con sus actividades. Se acercaron apresuradamente para que la multitud no los separara, Clara los esperaba tranquila, pero Cassandra sabía que en realidad se encontraba calculando el número de taxis disponibles y comparándolo con el número de pasajeros, tal vez por eso los estaba presionando, no existían más motivos. En cuanto la alcanzaron la chica empezó a guiarlos a los taxis, parecía conocer todo a la perfección, eso sólo confirmó la teoría de Cassandra de que Clara estuvo haciendo los cálculos para salir de allí.
Debido al andar de Clara, todos tomaron posiciones diferentes porque no todos caminaban a la misma velocidad, Cassandra terminó al lado de Axel, una gran dicha para su fortuna, Diego en cambio pudo sostenerle el ritmo a Clara. Por primera vez se olvidó de Cassandra, aún podía recordar las palabras de Axel cuando le confesó que pensaba en ella. La sonrisa de él era lo que más le inquietaba, era una sonrisa dulce, demasiado para su gusto.
— ¿Y cómo te sentiste en el viaje? —logró preguntar al llegar a su lado, la chica sólo se encogió de hombros. — ¿Eso es un bien o un mal? —como Diego supuso, Clara lo miró con irritación. No entendía su malhumor, pero no la dejaría en paz hasta obtener una respuesta. Le sostuvo la mirada para que ella cediera.
—Estuvo bien, algo largo pero Cassandra lo hizo entretenido. Me habló de muchas cosas en todo el vuelo.
— ¿Cómo cuáles? —la irritación de Clara se desvaneció poco a poco, cosa que alegró a Diego en el fondo. No quería verla molesta.
Debido a la gran cantidad de personas que visitaban la isla, los chicos tuvieron que esperar treinta minutos antes de tomar el taxi. Axel ocupó el asiento delantero, las chicas y Diego los traseros. Diego interrogó a Cassandra sobre más cosas de las que Clara se rehusó a hablar. Cassandra le molestaba guardando el misterio para ser cómplice de Clara, y Axel les "regañaba" desde su asiento para que no hicieran sufrir al pobre que moría de la ansiedad.
—Vamos, ya díganme ¿Qué traía el hombre de negro que espiaba al infiel? —imploró Diego sacando la última maleta del taxi para que éste pudiera irse.
— ¡Qué bonito hotel! —admiró Cassandra, ignorando con elegancia la desgracia de su compañero de hombros caídos, Clara y Axel rieron con ganas.
El hotel era una construcción que constaba de tres edificios, dos para el alojamiento de los turistas y el otro era el restaurante, ubicado cómodamente al lado de la piscina. Tanto los hoteles como el restaurante eran de color blanco marfil, los bordes tenían líneas doradas y en las esquinas habían algunos detalles en dorado. Desde donde estaban los chicos, en la esquina inferior derecha cerca de la puerta de entrada del hotel había un ave despegando el vuelo. Las líneas eran finas y brillantes, el detalle que tenía parecía darle vida al animal dibujado, su brillo daba la apariencia de haber sido elaborado hacía unos instantes.
Los chicos traspasaron la puerta de vidrio de entrada sólo para quedar aún más impresionados con el interior del hotel, Clara se preguntó internamente cuánto les saldría el hospedaje, tal vez no pudieran quedarse el mes que deseaban. Se veía muy… costoso.
—Bienvenidos al hotel San Pablo ¿En qué puedo ayudarles? —una linda joven de piel tostada, ojos verdes y cabello castaño claro les dio la bienvenida cuando se acercaron lo suficiente a la recepción. De inmediato Axel se autonombró el líder del grupo y habló por todos utilizando una pose de galán y una voz profunda que, según él, hipnotizaba a las mujeres.
—Con sólo esa sonrisa de bienvenida iluminaste nuestro día, hermosa recepcionista —un ligero sonrojo se alojó en las mejillas de la joven. Cassandra sintió hervir la sangre, no podía evitarlo ¿Qué debía hacer para que él coqueteara con ella? Su vista se desvió a donde Clara, quien sólo admiraba el hotel, veía el suelo, al techo, las paredes, todo parecía llamarle la atención. Eso calmó un poco a Cassandra. Su actitud no tenía sentido, era sólo una recepcionista, casi no la verían en toda su estadía, además si lo pensaba Axel tampoco le había coqueteado a Clara. Los celos cedieron por completo al reparar en ello. Sí, sin duda exageraba.
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Qué bonita era la recepcionista, podía entrar en la lista de su tipo de mujer. Era linda, tenía una voz dulce y lo más importante le había dado dos habitaciones con vista al mar a un buen precio, debía tomar ese factor en cuenta.
—Adivinen —comentó alegre al incorporarse de nuevo al grupo.
— ¿Conseguiste una cita con la recepcionista? —preguntó Diego a modo de burla. Sintió un escalofrío en la espalda al ver la mirada asesina de Cassandra.
Axel se regodeó internamente con la escena.
—Tenemos mucho tiempo para pasar aquí, no hay que apresurar las cosas —la mirada de Cassandra ametralló a Diego. El chico no sabía a donde correr frente a esa mujer enfurecida.
— ¿Entonces qué fue? —preguntó Clara con curiosidad. La atmósfera se aligeró notoriamente.
—Conseguí dos habitaciones con vista al mar sin acabar con nuestro presupuesto —respondió Axel con orgullo.
—No puedo creerlo ¿Es enserio? —preguntaron incrédulas las chicas.
—Esta cara de galán es un arma mortal —Clara volteó los ojos y Cassandra suspiró. Diego sólo chistó ante el comentario.
—Vámonos rápido a las habitaciones, quiero aprovechar lo que queda del día —expresó Cassandra con tanto entusiasmo que todos se contagiaron, hasta Clara se olvidó momentáneamente de su mal genio.
Axel les entregó una llave de la habitación a sus compañeras. Les iba a gustar mucho la vista, sobretodo a Clara, siempre se entretenía como una niña observando de todo. Tomaron sus maletas y empezaron a caminar hacia los ascensores, Axel notó el interés de Clara por el interior del hotel por lo que se sintió inclinado a ver lo que le llamaba tanto la atención.
El interior del hotel hacia justicia al exterior, también le daba el status de cinco estrellas. Suelo de mármol, columnas macizas del mismo material, mesas y sillas de madera de color caoba con decorados de flores. Una fuente con peces y agua cristalina, plantas estratégicamente ubicadas para que todos pudieran notar su presencia, escaleras de mármol con barandelas de metal con pintura de oro. Un hotel muy lujoso y accesible para la mayoría, ahora Axel podía entender el interés de Clara. Las lámparas que iluminaban las estancias eran de cristal, algunas con formas de péndulos y otras de candelabros. Había muchos detalles que pasaban desapercibidos si no se ponía cuidado. En las paredes se apreciaban estampados de distintos lugares de la isla, las columnas estaban delineadas con rombos, también habían figuras de roca como dragones, sapos y leones, sin mencionar los avisos de "No fumar", "No correr" y "Escaleras de emergencia"
Mientras Axel examinaba el alrededor como Clara, tuvieron que esperar su turno para subir en el ascensor. Tenían suerte de que no hubiera muchas personas en ese hotel, lo cual era curioso considerando la clase que poseía. Axel dejó de prestar atención a la arquitectura y el decorado cuando las puertas del ascensor se abrieron para ellos. Sus habitaciones quedaban en el piso veinte, algo alto, pero no tanto como él quería, al menos debía conformarse con las buenas habitaciones que les habían dado, quizás saliera con ella para agradecerle por el favor, era una buena idea, aunque aún no había salido a ver qué otras chicas estaban en la isla. Era necesario conocer a las lugareñas y a las jóvenes que, al igual que ellos, venían de vacaciones. No, no debía apresurar las cosas hasta haber hecho una exhaustiva investigación de las bellezas que le rodeaban. Chicas lindas paseando con sus cámaras, chicas lindas caminando por la playa, chicas lindas con sus trajes de baño tomando el sol dejando ver su…
—No, casi lo olvidaba —habló Diego cuando ya todos estaban ingresando en el ascensor. —Sigan ustedes, luego los alcanzo.
—Espera ¿Qué pasa? —preguntó preocupada Cassandra.
—Nada, en un momento vuelvo —dicho esto se alejó de ellos, dejándolos con la incógnita. No tuvieron más opción que obedecerlo, el resto de las personas que también estaban en fila necesitaban del ascensor.
— ¿Qué le pasaría? —preguntó Clara con curiosidad una vez que el ascensor había cerrado sus puertas.
—Ni idea, ya viste que no respondió cuando le pregunté.
— ¿Qué tendría que hacer si apenas acabamos de llegar? —siguió preguntándose más para sí misma que para los demás.
—Deja de preocuparte, ya lo escuchaste, pronto nos alcanzara. Lo que tenemos que hacer es adelantarnos para poder salir lo antes posible y explorar el lugar.
—Sí, quiero ir a bucear —se entusiasmó Cassandra de inmediato. Axel con sólo imaginarse a Cassandra en traje de baño y a otras bellezas cerca se mostró de acuerdo.
—Hay que ver si tenemos tiempo, esas actividades siempre se hacen muy temprano en la mañana.
—No me mates la ilusión, Clara —se quejó Cassandra.
—Yo sólo decía —se defendió.
—Ya, no se peleen —intentó calmarlas Axel.
—No estamos peleando —respondió Cassandra controlando el tono de voz.
—Claro que no, ella sólo me culpa de su desgracia.
—Mentira no es.
— ¿Qué culpa tengo yo?
—Que me matas la ilusión de ir a bucear.
—Es que es muy tarde, además puedes hacerlo otro día.
—Pero quería hacerlo hoy.
—Con ustedes no se puede —se quejó mentalmente Axel. Ambas eran impredecibles, se volvían serias, luego las mejores amigas para después reñir como dos niñas pequeñas. ¿Quién podía entenderlas?
En cuanto las puertas del ascensor se abrieron en el piso que ellos esperaban, Clara y Cassandra pararon de discutir. Fueron recibidos por un amplio corredor alfombrado, paredes con tapices de color madera y lámparas en forma de flor pegadas a las paredes. Las puertas de las habitaciones se exhibían a lo largo de toda la estancia, cada una distanciada notablemente de la otra. Antes que las chicas preguntaran Axel las guió a sus respectivas habitaciones gracias al número que tenían grabadas las puertas, las suyas eran la 87 y 88. No tuvieron tiempo de iniciar conversación en el camino, encontrar las habitaciones había resultado más sencillo y rápido de lo que esperaban.
— ¿Nos encontramos en la recepción en una hora? —ofreció Axel antes de entrar en su habitación, la número 88.
—Me parece bien, eso nos dará el tiempo de arreglar tanto nuestras cosas como a nosotras —concordó Cassandra, Clara también se mostró de acuerdo. Dicho esto los tres desaparecieron tras las puertas.
Apenas Axel dio vuelta, la habitación lo deslumbró con su lujo, dos camas individuales de madera pulida, un piso de mármol alfombrado donde se encontraba la mesa, cuadros colgados en las paredes, un candelabro como lámpara que iluminaba toda la estancia, dos cómodas y un armario de madera del mismo color que el de las camas, un televisor pantalla plana y la pequeña nevera surtida de diversas bebidas y golosinas. No estaba nada mal, aunque tanto lujo no era del gusto de Axel, le hacía sentir un poco incómodo.
Iba a empezar a arreglar todo en las gavetas cuando su vista fue atraída hacia ese inmenso cielo azul iluminado por el sol radiante y las blancas nubes. Sus pies poco a poco fueron acercándose a esa ventana con las blancas cortinas descorridas, sujetadas por una trenza de seda del mismo color. A medida que avanzaba, lograba descubrir algo más del mundo exterior, primero fue el cielo, luego el maravilloso mar con algunos barcos, botes y poco surfistas, después la playa, ahora podía ver a las personas que nadaban, a los que se quedaban en la orilla y a los que se preparaban para un viaje en bote como los que ya estaban a la deriva. Era hermoso, todo parecía deslumbrar. Las blancas olas rompiendo en el mar, los botes siendo mecidos a la voluntad de las aguas, el sol deslumbrando en el océano y las palmeras moviéndose junto con el viento.
Axel abrió la ventana para que sus pulmones se llenaran de ese aire, de esa atmósfera tan única. Isla la Floreana, un lugar paradisíaco de descanso para aquellos que necesitaban un momento consigo mismos, un lugar para relajarse y empezar de nuevo. Este viaje sería diferente, lo sentía. Algo cambiaría dentro de su ser, algo ocurriría que lo transformaría en otra persona. Una situación, una persona y él iba a… a…
El sonido de la puerta seguido de varios toques continuos le hizo salir de sus pensamientos. Sacudió la cabeza un par de veces sin poder comprender lo ocurrido ¿Qué le había pasado? Volvió a mirar el paisaje como buscando alguna explicación de esos pensamientos que se habían apoderado de él ¿O fueron de él? No, no podían serlo. Esos pensamientos eran…, esa situación…, no, esos pensamientos no fueron suyos.
—Axel, abre, las chicas me dijeron que estabas aquí —reclamó Diego desde afuera golpeando la puerta. Axel se alejó de la ventana aún confundido, no entendía lo que había pasado, pero tampoco quería recordarlo, pensar que él era capaz de hacer algo como eso era imposible. Jamás podría… actuar de esa manera.
Quitó el seguro de la puerta y se apartó antes que Diego lo atropellara con ella, siempre se comportaba así cuando se desesperaba ¿Cómo podía Clara fijarse en él? Era increíble e incomprensible a la vez.
— ¿Se puede saber qué hacías que no podías perder un minuto de tu vida en abrirme?
—Me distraje —contestó distraídamente.
— ¿Te distrajiste? ¿Sólo por eso…? —Diego calló bruscamente al posar su mirada en el rostro de Axel. — ¿Qué te pasó? —preguntó sorprendido.
— ¿Por qué lo dices?
—Tu cara, pareces un fantasma.
Axel se mostró confundido y una pequeña parte de su ser mostró pánico al recordar los pensamientos que lo habían inundado hace un momento. Corrió al baño sin vacilación y se miró en el espejo. Su rostro de piel tostada carecía de color, sus labios estaban blancos y algunos mechones de su cabello se adherían a su frente. Se llevó la palma de la mano al lugar sólo para notar un sudor frío, ¿Qué estaba pasando? Cerró la mano en un puño para controlar el ligero temblor que le invadía. Era ridículo, esos pensamientos no eran nada, no se dejaría dominar por ellos. Él era más fuerte que eso, lo sabía.
— ¿Axel, te encuentras bien? —Diego se asomó son sigilo a la puerta del baño, Axel abrió el grifo y se baño la cara varias veces con agua fría. — ¿Axel? —el mencionado cerró el grifo y volvió a mirarse al espejo. Su aspecto lucía algo más recompuesto del miedo que antes le había invadido.
—No me dejaré vencer por unos pensamientos absurdos —se dijo mentalmente antes de retirar la mirada de su reflejo.
— ¿Estas… bien? —volvió a preguntar Diego cuando Axel se detuvo frente a él.
—Sí, algo cansado por el viaje, no es nada.
— ¿Seguro?
— ¿Preocupado por mí? Inusual en ti —de inmediato el rostro de Diego se contrajo en una irritación. Dio medio vuelta y se alejó de su compañero de cuarto. —Resultas tan predecible a veces —pensó Axel viendo a Diego escoger la cama faltante para empezar a arreglar sus cosas.
Axel sacudió la cabeza con suavidad para terminar de espantar lo que sea que le haya pasado. Se acercó a su cama para empezar a imitar a Diego, no debía olvidar que dentro de poco se reunirían con las chicas nuevamente, por lo que tenía que apresurarse. Sacó sus camisas, franelas, pantalones, shorts, ropa interior, traje de baño, cepillo dental y demás artículos que traía en su maleta. Levantó la mirada al sentirse observado, unos ojos cafés intenso lo miraban incrédulos al ver la gran cantidad de ropa y cosas que mantenía guardados en su pequeña maleta.
—Si organizas todo bien te sobra espacio —contestó a la pregunta sin formular que Diego, por puro orgullo, no haría. Esa interrupción en su tarea le hizo desviar la mirada a la cama de su compañero, específicamente a las cosas que estaban encima. Un par de camisas y artículos de aseo. Axel detuvo su mirada por unos minutos en una bolsa blanca abultada, su contenido daba la impresión de ser pesado. Antes de preguntar por la bolsa o por el resto de su ropa, primero echó un vistazo al armario y las gavetas. Ambos estaban abiertos y con ropa en su interior. Diego era rápido para instalarse. Ya tenía una respuesta, ahora sólo faltaba la otra. — ¿Y esa bolsa?
— ¿Eh? —Diego se mostró desconcertado. Axel lo miró aún más curioso ¿En dónde estaba su mente si hacía unos minutos andaba sorprendido con su capacidad de ahorrar espacio? —La bolsa…, ah sí, algo que compré en una tienda cerca de aquí.
— ¿Qué es?
—Un libro.
— ¿Un libro? —la voz de Axel exteriorizó toda la confusión y desconcierto que sentía. Diego no era de las personas que leyera en un viaje, menos si Cassandra estaba cerca.
—Así es —fue todo lo que contestó antes de seguir en lo suyo.
Axel lo observó por un momento moviéndose de acá para allá como si nada hubiera sucedido. Volvió a mirar esa bolsa ¿Qué libro sería? Conociendo a Diego tal vez se tratara de: "¿Cómo tener éxito en el amor?" o quizás "100 formas de conquistar a una chica" aunque también podría ser "El arte de la seducción"
Se rió internamente. Las posibilidades eran infinitas. Volvió de nuevo a su labor aún mentalizándose a Diego con esos libros. No podía evitar dejar de sonreír. ¡Qué divertido sería verlo en acción con Cassandra! A ella de verdad que le gustaría que la "sedujeran" así.
Aguantándose la risa siguió acomodando sus cosas y poniéndolas en sus respectivos lugares para que no se confundieran con las de su compañero. Ni cuenta se había dado de cuando terminó, sólo supo que ahora ambos estaban en camino para encontrarse con las chicas en la recepción.
(*********************)
Clara escuchaba atentamente todo lo que Cassandra le decía, esa mujer daba miedo, nada, absolutamente nada le pasaba por alto. En lo que llevaban esperando en la recepción, había descubierto dos alcohólicos, varios viejos verdes, mujeres de dudosa reputación, maridos violentos y una señora caza fortuna, todo eso sin incluir que el hombre que viajó con ellos en el avión, el que engañaba a su mujer y era seguido por un espía, también se alojaba en el mismo hotel que ellos. El mundo era pequeño.
—Mira, ya llegaron —le informó Cassandra con alegría al verlos aparecerse tras la puerta del ascensor.
Ambos habían cambiado sus vestimentas de citadinos por unas más acordes al lugar donde se hallaban. Traían unas camisas ligeras donde dejaban ver sus brazos y unos pantalones sueltos de lana. Axel traía unos lentes negros que lo hacían ver muy sexy, Clara no tuvo necesidad de ver a Cassandra, sabía que ya debía de estar comiéndoselo con los ojos. Estaba a punto de desviar la mirada cuando se encontró con los ojos de Diego, era raro que la estuviese mirando a ella. Sintió un escalofrío en la espalda al verlo esbozar una sonrisa divertida. Verlo sonreír así no era bueno, nada bueno.
— ¿A dónde desean ir primero? —preguntó Axel con cortesía haciendo su típica pose de galán. Se bajó un poco las gafas para dejar ver sus ojos negros intensos.
—Vamos a preguntar por los viajes de buceo. Tal vez aún podamos…
—Ya van a ser las cuatro, imposible que buceen hoy —le interrumpió Clara.
—Nada perdemos con preguntar —siguió Cassandra, su compañera se encogió de hombros. —Vayamos —continuó con más entusiasmo al ver la concesión de Clara.
Todos emprendieron el camino para ir al muelle. Clara ya no prestaba atención al decorado o los finos detalles de la arquitectura, la sonrisa de Diego le había dejado un mal presentimiento ¿Qué estaría tramando? Normalmente cuando él sonreía así era porque algún plan tenía en mente, y esos planes no eran… del todo favorables para los demás. Justamente tenía que sonreírle a ella, qué suerte la suya.
— ¿Qué te pasa? —Clara salió de sus pensamientos ante la pregunta de Cassandra, ésta al ver su confusión agregó. —Tienes una cara de perdición indescriptible, dudo que este viaje al muelle lo provoque.
—Nada, sólo pensamientos dramáticos.
—Cuando no.
—Oye —se quejó con fingido enfado. Cassandra se rió con ganas.
— ¿Qué es tan divertido? —preguntó Diego integrándose a la conversación junto con Axel.
—Cosas de chicas —respondió Cassandra. Diego se estremeció.
—Hagan como que no pregunté nada —Cassandra contestó con una dulce sonrisa de ángel.
—A veces das miedo con esos cambios radicales de emociones —pensó Clara.
No entiendo cómo te enamoraste de ella susurró una voz en su mente.
—Cuántas bellezas vinieron a vacacionar —dejó ir Axel en un suspiro.
— ¿Cómo? —le preguntó Clara inocente.
—Eh… yo… ¿No irás a bucear con nosotros?
—No, recuerda que no sé nadar.
— ¿Qué harás mientras no estamos?
—Supongo que ir a conocer el lugar.
— ¿Tú sola? —Clara alzó la ceja. Era obvio que iría sola si todos ellos iban a bucear. —Mejor me quedo contigo.
— ¿Por qué harías eso?
—No está bien que te quedes sola.
—Tampoco obligarte a que te quedes conmigo.
—Que yo sepa no me estás obligando a nada —se quedaron viendo fijamente, para Clara resultaba complicado sostenerle la mirada a unas gafas de sol, era molesto no poder verle a los ojos.
—Si te quedas no podrás ver a muchas bellezas en traje de buceo —sus palabras tuvieron el efecto deseado, Axel rápidamente se vio en una encrucijada, Clara notó que no esperaba esa respuesta por parte de ella.
— ¿Segura que estarás bien sola? —no pudo evitar sonreír triunfante, eso era lo bueno de analizar a las personas, podías conocer sus debilidades con facilidad.
—Claro, me conoces, soy un ángel —notó la risa interna de Axel, el movimiento de sus hombros lo delataba.
—Que no —respondió Cassandra. Tanto Axel como Clara se unieron a la conversación.
—Oh, vamos, ya dime lo que traía el espía —rogó Diego. Clara y Cassandra suspiraron al mismo tiempo ¿cómo es que aún no se le olvidaba?
—Está bien —Diego sonrió de oreja a oreja. —Una pistola —una atmósfera tensa los envolvió.
— ¿Una… pistola?, ¿Eso está permitido en el hotel? —preguntó preocupado Axel.
—Lo ignoro, logré verla cuando tomamos nuestras cosas para bajar del avión —contestó Cassandra.
—Lo mejor que podemos hacer es alejarnos de él —todos concordaron con las palabras de Axel.
Una brisa suave les refrescó, el calor acostumbrado de la isla les sofocaba un poco, por lo que el viento les ayudó a salir del trance que tenían alrededor de la pistola que poseía ese hombre, Clara intuía que el final de esa infidelidad saldría en las noticias, las mujeres podían llegar a niveles extremos por vengar el daño que les ha hecho una persona amada. No lo entendía del todo y prefería permanecer en la ignorancia. Meneó la cabeza levemente para olvidarse del tema, no quería profundizar en ello durante sus vacaciones. Paseó la vista por los alrededores, el cielo azul acompañaba al sol que dejaba tranquilamente que las nubes lo taparan, las personas de la isla eran tranquilas, algunos eran turistas como ellos, se notaba la clara diferencia entre un nativo y un extranjero, la primera y más reconocible, un nativo no estaría cada cinco minutos tomándose fotos en cualquier sitio que visitara o cualquier escultura que encontrara. Ahora que lo pensaba, resultaba extraño que Cassandra aún no quisiera sacarse fotos, lo mejor era no mencionarlo.
Clara siguió examinando el contorno, empezaba a divertirse con el paisaje, no había tantos vehículos como en la ciudad, en cambio se veían a varias personas en bicicletas como medio de transporte, era contrastante la imagen a lo que comúnmente veía en su día a día. Las calles tenían rastros de la arena de la playa, las tiendas no poseían detectores de artículos sin pagar, los policías eran escasos, los pocos que había visto no se notaban intranquilos o siquiera atentos, parecían estar más dormidos que despiertos.
—Es un lugar tranquilo —pensó con placer. Tal vez el viaje no fuera tan malo, ya que estaba allí intentaría pasárselo bien.
Las palmeras se movían a voluntad del viento, algunas gaviotas pasaban volando por encima del inmenso mar. Ya se encontraban en el muelle, Cassandra, Diego y Axel preguntaban por el próximo viaje para bucear, Clara prefirió esperar su regreso, de todas formas la información le resultaría inútil, ella no iría salvo que quisiera morir ahogada, así que optó por recostarse en el tronco de una palmera y admirar la belleza de la isla. Había visto cangrejos, gaviotas, las montañas que rodeaban los alrededores, también había visualizado veleros mar adentro y claro que observó los que estaban en el puerto. Era hermoso, tranquilo y emocionante. Debía ser divertido navegar.
Siguió paseando la vista, se detuvo al ver un trozo de papel con el retrato de una persona colgado en la pared externa de la oficina de la guardia costera. Se acercó para calmar su curiosidad. Se trataba de un muchacho de rostro perfilado, cabello desordenado y ojos penetrantes, era difícil definir el color de ellos porque el retrato era en blanco y negro, debajo del retrato se encontraba la palabra: desaparecido.
—Las desapariciones son ciertas —dejó ir en voz baja.
—Por supuesto que son ciertas, jovencita —Clara pegó un brinco en el lugar. Volteó rápidamente para ubicar la dueña de esa voz distante. Una mujer anciana de baja estatura, vestimenta discorde y cabello embrujado la miraba atentamente sin perder ni uno solo de sus movimientos de vista.
— ¿Quién es usted? —logró preguntar al tranquilizar los latidos de su corazón.
—Las desapariciones de la isla nunca tienen respuesta, nadie sabe por qué ocurren y jamás logran hallar los cuerpos, no importa cuánto busquen en el interior de la isla, ella no dirá la ubicación de sus víctimas —Clara empezó a tomar distancia de esa señora al ver ese brillo de locura en sus ojos conforme hablaba. —La isla se los lleva y los pone a prueba, nadie logra salvarse. Ella sabe elegirlos.
— ¿A… a quién elige? —Clara no lo entendía, pero se sentía insignificante ante esa mujer.
—Elige a los débiles de corazón —la sonrisa macabra que esbozó la hizo estremecer.
Una mano se posó en su hombro haciéndola respingar. Se calmó notoriamente al ver que sólo era Axel.
—Lo siento, no quería asustarte.
—Está bien —se llevó una mano al pecho para calmar esos acelerados latidos que parecían resonar en todo su cuerpo.
— ¿Qué pasó?
—Es que esa mujer… —Clara se detuvo al no ver a aquella anciana. No podía ser posible que no estuviera. Miró en todas direcciones, pero nadie se encontraba allí aparte de ellos dos. —No importa, ¿Qué les dijeron del buceo?
—Mañana a las 7:00 am —respondió con voz neutra, aunque su rostro exhibía una sonrisa de burla. —Cassandra te manda un mensaje, que no le digas "Te lo dije" —Clara se rió con ganas. En esa risa dejó ir sus preocupaciones y olvidó el susto de hacía unos minutos. Lo que ella no sabía era que Axel estaba preocupado por la reacción que tuvo ella cuando la tocó, temía que ella hubiera experimentado lo mismo que él.
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