Fiction » Mystery »

Detrás del rostro
Author:
Cisley Rose PM
Una historia donde se contraponen las apariencias a los verdaderos pensamientos. ¿Qué serías capaz de hacer por sobrevivir? Cuando nos vemos en peligro mostramos un lado que hasta nosotros desconocíamos. El amigo ahora es tu enemigo ¿Quiénes somos realmente? Dentro de la oscuridad podemos perder nuestro camino.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Mystery - Chapters: 8 - Words: 49,314 - Reviews: 8 - Favs: 4 - Follows: 2 - Updated: 02-06-13 - Published: 07-29-12 - Status: Complete - id: 3046034
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

Cap. 6

Inicio del infierno

Clara, después de haberle contado todo a Cassandra, se sentía inmensamente mejor. Se había quitado un gran peso de encima más aún cuando ella le creyó. En ningún momento dudó, creyó en ella sin siquiera pensarlo. Clara admitía que si se hubiera puesto en el lugar de Cassandra jamás habría creído semejante tontería, en su lugar culparía al miedo, la falta de alimentos y el shock de encontrarse con Emily; pero no, Cassandra le creyó y Clara no podía sentirse más feliz.

Ahora que Cassandra lo sabía, podían decírselo a Diego. Él creería cualquier cosa que Cassandra le dijera. Creería en la existencia de elefantes voladores si la chica se lo aseguraba de corazón. Diego era el único que faltaba, después de él no existirían más secretos entre ellos.

¿Estás segura?

Clara se detuvo al escuchar esa voz. Miró a Cassandra, pero por el caminar de la chica no se notaba que se dirigiera a su persona, en cambio parecía pensar algo hasta el mínimo detalle. Miró más allá de ellas. No había nadie salvo la silueta de los chicos que empezaban a cobrar forma conforme se acercaban. Se encogió de hombros, lo mejor era no pensar en ello. Eso se dijo, pero sabía que sólo se engañaba, sabía que más tarde volvería sobre el tema, pero no ahora.

Volvió a retomar el camino antes que Cassandra la cuestionara por ello. Le molestaba que le preguntara de todo cuanto hacía, hasta el más mínimo movimiento. Eso era muy irritante. Clara conocía su carácter, todo estaría bien mientras no se molestara, cuando lo hacía dejaba de ser analítica, dejaba de pensar por completo y sólo actuaba. No podía permitirse eso, menos allí, en el lugar donde debían enfrentar sus demonios.

Siguieron caminando hasta llegar donde sus compañeros antes que decidieran separarse. Lo primero que no pudo evitar notar fue el hecho de que Diego estaba totalmente mojado ¿Tanto le había costado limpiarse? Su cabello, pantalones, zapatos…, todo él estaba empapado. Pareciera como si se hubiera dado un buen chapuzón en el lago. Pero algo en su expresión le preocupó. Se veía asustado, impotente y dolido. Instintivamente buscó a Axel. Se encontraba a varios metros lejos de Diego, también estaba empapado. Sus ropas, su cabello, todo él destilaba agua ¿Por qué? Diego era el que debía limpiarse, aunque Axel lo ayudara en ello no implicaba que también…

El recuerdo de la pelea que ellos dos tuvieron hacía miles de años atrás acudió a sus pensamientos. No…, no era posible que ellos hubieran…

Volvió a verlos. No podía estar equivocada. Sus gestos, sus miradas, el distanciamiento. Clara ya no dudaba de la pelea que tuvieron, ahora sólo pensaba ¿Por qué?, ¿Por qué ahora?, ¿Por cuál motivo?, ¿Serían los demonios? No lo entendía, no entendía nada. Cuando estaban juntos hablaron de la unión, apoyarse los unos a los otros, generar confianza en medio del miedo y desesperanza que los envolvía. Pero en cuanto se separaron esas palabras quedaron en el olvido, ¿Eso sería un aviso, una especie de señal que ellos debían interpretar para poder enfrentarse a sus demonios? Clara pensó todo esto en menos de cinco minutos, tiempo en donde Cassandra ya lo había entendido todo. Si Clara miraba en su dirección, habría visto la sonrisa complacida de Cassandra junto con una expresión de sorpresa. Señales de orgullo por aún estar en el corazón de los chicos y alterarlos hasta el punto de pelear, pero sorprendida porque fuera justo ahora cuando estallaran. Cassandra, al darse cuenta de la sonrisa, la deshizo. Clara no volteó, sus pensamientos estaban muy lejos como para recordar que Cassandra se encontraba al lado suyo.

— ¿Era necesario que te metieras al lago para limpiarte? —le bromeó Cassandra al tiempo que se acercaba. Para sorpresa de Clara el chico esbozó una sonrisa. Se trataba de una sonrisa forzada que se esforzaba por transmitir sinceridad. La preocupación quedó de lado, ahora que se encontraba con Cassandra, él estaría bien. No valía la pena preocuparse.

Justo cuando se disponía en ir con Axel, Clara observó que Diego le dirigió una fugaz mirada. No duró ni dos segundos la conexión, pero todo el cuerpo de Clara se paralizó ante ella. Fue una mirada penetrante e inquisidora. Una mirada que trataba de averiguar algo con determinación. Le recorrió un escalofrío ¿Por qué la miraría así?, ¿Sería por la misma razón que Cassandra cuando sintió que entre Axel y ella había algo? Debía ser por eso, era imposible que se tratara de algo más. Cassandra no tardaría en contárselo, no hacía falta que le mirara de esa forma.

Se dirigió donde Axel, necesitaba dejar de pensar por unos minutos. Al acercarse notó que los músculos del chico se tensaban. Sus ojos se negaban a posarse en su persona. Se sentó a su lado. Axel volteó el rostro. Clara vio que sus manos estaban formadas en puños.

Sí, habían peleado.

Clara se quedó mirando el lago fijamente, pensando en cuál sería la mejor manera para aligerar el ambiente. No era buena para ello, al contrario cada vez que hablaba parecía sólo empeorar lo malo de la situación. Si bien era analítica y podía pensar en frío, ello no implicaba que el lado objetivo no lastimara los sentimientos de las personas, tampoco su opinión personal ayudaba, su mentalidad era demasiado realista, palabra que muchas personas asociaban con pesimismo. Por eso Clara prefería escuchar y decir sólo lo justo, no más.

—Estás mojado —dijo al fin. Un par de ojos negros se posaron en su persona. Una sombra de lo que era su habitual sonrisa presumida se posó en sus labios.

— ¿No se te ocurrió nada más para comentar?

—Ninguna otra que te hiciera reír —la sonrisa se ensanchó.

—No me he reído ¿o sí?, puede ser que el agua me tapara los oídos —ahora fue el turno de Clara para reír.

—Viéndote cómo estás no lo pondría en duda —Axel no pudo contener la risa por más tiempo. Clara se sintió bien, había logrado despejar el aura sombría del chico. Su vista volvió a Diego y Cassandra. Ambos se encontraban hablando. — ¿Axel, qué pasó cuando nos separamos? —el silencio fue la única respuesta. Volteó a mirarle, pero de nuevo sus ojos negros le evitaban. — ¿Axel?

—No lo entenderías.

Una alarma se activó dentro de Clara. Entre ellos había muy pocas cosas que no se contaran. Las salidas de Axel con sus amigos cuando iban en busca de bellezas o las conversaciones de chicas que mantenía Clara con Cassandra. No era normal que se ocultaran algo, siempre se confesaban todo a no ser…, a no ser que el bienestar del otro estuviera de por medio.

Miró una vez más a Diego hablando con Cassandra. Abrió los ojos como platos al intuirlo.

— ¿Por qué pelearon? —de nuevo mantuvo silencio. — ¿Cuál fue el motivo?

—Clara, no quiero hablar de ello.

—Sólo dímelo, sabes que siempre te escucharé sin importar de qué se trate.

—No quiero hablar de ello.

—Axel…

— ¡He dicho que no quiero hablar del tema! —Clara se sobresaltó cuando Axel volteó repentinamente y la miró con furia. No fue capaz de articular palabra. Axel al ver la reacción de ella se pasó una mano por el rostro antes de levantarse. —Vamos, aún tenemos que llegar a esa colina.

Clara lo intentó, de verás intentó decir algo, contestar cualquier cosa pero no pudo. Axel la miró de reojo. Sin verla le ofreció una mano para ayudarla a levantar. Clara suspiró aliviada, esa era la mejor manera para demostrar que todo seguía bien entre ellos sin necesidad de pronunciar sonido. Al tomar su mano notó que Axel se relajaba.

Estaban a medio camino de reunirse con sus compañeros cuando un sonido les erizó la piel a todos. Un disparo. Cuatro pares de ojos se quedaron viendo fijos. Se preguntaban mutuamente si debían dirigirse al lugar de donde les vino el sonido. Para sorpresa de todos fue Diego quien dio el primer paso hacia la procedencia del ruido, los demás le siguieron. El corazón les palpitaba tan fuerte que de momento era lo único que escuchaban. La ansiedad poco a poco se apoderaba de cada uno. Si alguien había disparado eso significaba que alguien más estaba en la isla. Había otra persona aparte de ellos. La velocidad de su andar aumentó. El pensar constantemente en encontrarse con alguien más devolvía la esperanza en sus corazones. Sólo Clara caminaba con recelo. Se encontrarían con una persona armada que acababa de utilizar el arma, ¿Con quién?, ¿Contra un animal o con alguien? Lo que más le preocupaba era que no podía mencionar nada al respecto. De una u otra forma debían averiguar quién era. Se trataba de una persona que poseía el potencial de eliminarlos antes que los dichosos demonios, no podían darse el lujo de pasarlo por alto.

Se detuvieron abruptamente cuando otros disparos les retumbo en los oídos. Estaban cerca del lugar. Por unos minutos dudaron al avanzar. Una vez más Diego fue el primero en decidirse en seguir. Un olor a pólvora les inundó las fosas nasales. Un deje de temor se alojó en sus pechos.

En esa pausa que hicieron Clara miró a su alrededor al sentirse rodeada. Se sorprendió de la gran cantidad de hierba seca que los envolvía, era el doble, quizás el triple de su tamaño, prácticamente tenían que abrirse paso para avanzar ¿Cómo no lo notaron antes?, ¿Tan atentos estaban a los sonidos del arma y en ubicar el lugar que no notaron cuando se adentraron a un campo lleno de hierba seca? Ahora que Clara se detenía a observar ¿Era idea suya o se encontraban en un terreno ligeramente inclinado? No era la colina que vio Axel, allí no se veía hierba seca ¿En dónde se metieron?

Una serie de gritos encolerizados les hizo juntarse tanto que Clara podía jurar que sentía el corazón de sus compañeros como el suyo propio.

—SÓLO HAGO MI TRABAJO. ELLA ME PAGÓ POR HACERLO —un silencio fuera de lugar les impidió moverse. Clara sintió cuando Cassandra empezó a temblar. —YO NO ELEGÍ ESTO. ES SÓLO TRABAJO ¡TRABAJO! —ninguno podía moverse. Estaban paralizados. Esos gritos sonaban como si la persona estuviera al lado de ellos. — ¡NO!, ¡NO SE ACERQUEN, NO!

— ¡Ahh! —tanto Clara como Cassandra gritaron cuando los disparos empezaron sin interrumpirse. Los chicos las cubrieron con sus cuerpos para protegerlas.

— ¡NOOOOOOOO! —un último disparo resonó en el lugar. Todos permanecieron allí, con la respiración agitada y sin moverse un centímetro. Después de unos minutos en completo silencio se atrevieron a alzar la cabeza.

El sol seguía resplandeciendo. Las nubes eran escasas. La brisa revolvió la hierba seca de los alrededores y les recordó el olor a pólvora ahora mezclado con la tierra y las hierbas quemadas por el sol.

— ¿Q-qué hacemos? —preguntó Cassandra recuperando el dominio sobre sí.

—Tenemos que ir allí —Clara se quedó viendo a Diego sin poder creer sus palabras. ¿Estaba hablando en serio?, ¿Después de lo que acababan de oír quería ir? —Tenemos que saber qué sucedió, ¿Prefieren que ese lunático nos encuentre y nos mate?

Clara observó a los demás. Mantenían la mirada gacha. Ninguno quería ir, pero Diego tenía razón, había que hacerlo.

—Andando —ordenó Axel.

Diego y él se quedaron viendo. Hasta ahora había sido Axel el que los había guiado, el que asumió la responsabilidad como líder, pero desde el primer disparo se cambiaron los papeles, Diego actuó como líder.

Axel hizo un gesto para que Diego encabezara la marcha. Una tregua entre ambos.

Clara y Cassandra se vieron por un segundo. En esa fugaz mirada compartieron el mismo pensamiento. Las cosas no andaban bien en el grupo.

Se abrieron paso por entre la hierba seca unos cuantos metros más antes de encontrarse con una escena peor que cuando vieron a Emily. Los cuatro se ubicaron a los lados del pequeño círculo de hierba aplastada. Cuatro pares de ojos observaron los cuerpos inertes de dos hombres en el suelo. Uno de ellos vestía una chaqueta de color beige debajo tenía una camisa cuello en v del mismo color pero de tonalidad más oscura que combinaba con el pantalón marrón claro. Tanto la chaqueta como la camisa estaban manchadas de sangre por el disparo que recibió en el pecho. Clara evitó mirarlo al rostro, no soportaría ver de nuevo unos ojos opacos sin vida alguna. Dirigió su vista al otro hombre. Vestía un esmoquin de color negro, el estilo clásico de corbata en lazo o eso suponía ella, el hombre estaba boca abajo. En una de sus manos traía el arma que tanto escucharon, un 9 mm; Clara lo examinó brevemente hasta hallar la causa de muerte. Disparo en la cabeza. Un suicidio. La pregunta era por qué.

Recordó los gritos del hombre: "¡NO!, ¡NO SE ACERQUEN, NO!" ¿A quiénes les hablaba? Allí no había alguien más, ¿Pudiera ser que fueran sus demonios?

"Las pruebas nadie puede pasarlas porque para ello tendrías que enfrentarte a ti mismo. Se debe enfrentar todo lo que guardas en el corazón"

"Se está condenado a destruirse al enfrentar nuestros demonios"

Eso le había dicho la bruja, ¿Se refería a esto?, ¿Qué guardaba ese hombre en el corazón al punto de cometer suicidio? Estaba asustada, muy asustada, pero no sabía exactamente de qué. ¿De lo que veía o de ella misma?

Se sobresaltó cuando Cassandra tomó de su mano. Al mirarla se preocupó. La chica estaba tan blanca como el papel.

—S-son… los que vimos en el avión. El marido infiel… y… el espía —Clara abrió los ojos como platos.

—Imposible —volvió a mirarlos. La primera impresión no le permitió reconocerlos, pero, en efecto, eran ellos.

Miles de preguntas acudieron a su mente. ¿Cómo llegaron allí?, ¿Cuándo?, ¿Antes que ellos, después?, ¿Por qué desaparecieron? Clara se estremeció. Habían desaparecido para siempre.

El mundo de Clara se hizo pequeño. Esos dos hombres estaban vivos pocos días atrás, de alguna forma se perdieron en la isla y ahora… estaban muertos. La vista empezó a nublársele.

— ¿Estás segura que son los hombres que se alojaban en el mismo hotel que nosotros? —preguntó Axel.

—Sí —la voz de Cassandra sonó distante. Clara al verla supo que se desmayaría. Tal vez estaba sintiendo lo que ella sintió cuando hallaron a Emily. Tal vez viera ahora la remota posibilidad que tenían para salir.

—Salgamos de aquí, ya vimos que no hay peligro. Creo que si rodeamos el lugar podríamos llegar a la cima —opinó Axel al notar, al igual que Clara, el tono débil de Cassandra.

— ¿Cima? —cuestionó Clara.

—Sí, lo notaste ¿no? Todo este tiempo hemos estado subiendo, si rodeamos este montón de hierba llegaremos al camino que vimos desde el lago o al menos es lo que creo.

— ¿Qué haremos con…? —Clara miró en dirección de los cuerpos.

—Dejarlos donde están, es poco lo que podemos hacer —Clara asintió lentamente. Aferró la mano de Cassandra, que aún sostenía la suya, para llevársela consigo.

—Esperen —les detuvo Diego antes que pudieran dar dos pasos. Clara se sorprendió de verlo al lado del espía, el hombre que tenía el arma.

— ¿Qué crees que haces? —le interrogó Axel. Diego no respondió. Se agachó y con la naturalidad más fría que Clara pudiera haber imaginado en él tomó el arma.

—Podríamos necesitarla más adelante —se defendió.

— ¿Contra qué? —la voz de Axel se tornó dura.

—Animales, no sabemos con exactitud cuándo pueden atacarnos —sus ojos cobraron un brillo amenazador.

—Salgamos de aquí, ya no aguanto —dijo Cassandra en ruego. En su rostro no quedaba color alguno. Clara sintió cómo la piel de Cassandra se volvía fría. Los chicos dejaron de mirarse.

—Vamos —ordenaron al unísono.

(*********************)

El peso de aquella pistola le tranquilizaba. Desde la pelea que tuvo con Axel se sentía impotente, débil e inferior. Al igual que la última vez no había podido con él. No importara cuánto hiciera, Axel siempre estaba encima suyo. En fuerza, seducción y en el corazón de Cassandra. Pero ya no, con la pistola en su poder Axel no se atrevería a volver a retarle, no volvería a sacar al animal salvaje que se ocultaba tras esa máscara de galán. No, ahora Diego era quien estaba en la cima.

Llevaba el arma entre el borde interior del pantalón y su abdomen, la camisa impedía que quedara al descubierto. Le agradó la mirada de Axel cuando enfocó la pistola, pero no la de Clara. Ignoraba la que hubiera puesto Cassandra, la pobre aún no se reponía del encuentro con los cadáveres. Diego no sabía el por qué no se impresionó de igual manera, tal vez después de ver a Emily se hizo inmune, tal vez después de la pelea le importara muy poco lo que encontraran ahora, tal vez él no fuera el mismo y se hallara poseído por sus demonios; lo único que no podía ignorar, y que de hecho le rondaba por su mente desde que la vio en el lago, fueron las palabras de Axel.

"Nunca te lo dijo porque esa niña terca te quiere"

Clara y él debían hablar e iban a hacerlo esa misma noche.

Siguieron subiendo y rodeando la hierba seca. Su olor era agradable, hierba que era tostada por el sol al igual que la tierra. Volvió a sentir el peso del arma. Ese lugar le traía paz. En la última vuelta se vieron libres de las plantas, sus ojos no pudieron dar crédito ante lo que se les presentaba. Era imposible que aquello estuviera allí más probable era que los cuatro tuvieran una alucinación en conjunto, sin embargo se veía tan real, tan acogedora. Los ojos empezaron a humedecérsele.

—La casa prefabricada: el paraíso de la Baronesa Wagner de Bousquet —habló Clara con una voz que denotaba alegría y llanto por igual. Diego mismo le había dado esa descripción el día que fue a su casa para buscar más información acerca de la isla.

Caminaron en silencio y en total sincronización. Ninguno apartó la mirada de la casa que les saludaba con notable agrado por alojarles. Axel fue quien tomó la iniciativa de abrir la puerta de entrada. Contuvieron el aliento al ver el pomo girar en su mano. Nada ocurrió. Al inspirar la primera bocanada de aire tosieron con fuerza. El aire estaba impregnado de polvo.

Demasiado bueno para ser cierto soltó aquella voz interna de Diego ante la ilusión de poder encontrar a alguien que pudiera sacarlos de allí. Era una casa, una persona tuvo que haberla construido, pero aparentemente fue hace mucho tiempo. Las capas de polvo, las grandes telarañas y el olor a humedad no permitían pensar otra cosa, nadie podría vivir en aquellas condiciones. A pesar de lo mugriento de la estancia, Diego no pudo evitar notar que en ningún espacio de la casa había heces de animales, le pareció curioso que únicamente las arañas hubieran podido entrar en esa casa. Extraño y curioso, al menos no debían preocuparse de encontrar alguna rata u otra estúpida gaviota.

Diego se internó en el interior de la casa al igual que los demás. Las cortinas estaban corridas dando un ambiente lúgubre a la estancia. La sala se comunicaba con la cocina a través de un corto pasillo angosto que daba entrada, también, a las escaleras donde debían estar las habitaciones. Diego se abstuvo de subir, si el primer piso se encontraba en ese estado no quería imaginarse el segundo. Después que hicieron la primera inspección al primer piso volvieron al punto de inicio, la entrada de la casa.

—Tendremos algo de trabajo el día de hoy —dijo Clara sin dejar de mirar los alrededores. Su rostro dejaba entrever que analizaba cuanto tenían que hacer para dejar el lugar impecable para pasar la noche.

—Debes estar de broma —se quejó Axel con asco, cosa que le divirtió a Diego.

—No pretenderás que nos quedemos en esto —Clara le miró con desaprobación al hablar.

—Tampoco quise decir eso —Clara arqueó una ceja. —Aunque quisiéramos limpiar no hay agua, ya revisé.

—Menos mal tenemos el lago cerca —Axel abrió los ojos como platos. El chico intentó defenderse, pero no logró encontrar salida alguna.

— ¿Cómo traeremos el agua? —preguntó Cassandra con interés. La caminata y la idea de dormir bajo techo le hicieron olvidarse del malestar. Clara volvió a mirar los rincones.

—Habrá que buscar un poco.

— ¿Limpiaremos todo? —preguntó Diego poniendo énfasis en la última palabra.

—Creo que bastará con la sala, sólo pasaremos una noche.

— ¿Qué haremos con la comida y… el baño? —siguió preguntando Cassandra. Clara meditó por unos instantes. Volvió a mirar dentro del lugar.

—Todo el primer piso y sólo el baño que, creo, debe estar en el segundo.

—Genial —dijo Axel. —Un día divertido el de hoy.

—Nos dividiremos el trabajo. Cassandra y Diego buscaran el agua para limpiar todo, Axel y yo nos encargaremos de la comida. Tenemos al menos tres horas antes que anochezca, no perdamos tiempo.

—Estoy de acuerdo, pero ¿Te importaría si cambiamos de compañeros? —preguntó Cassandra aún recelosa de las intenciones de Clara. Ésta miró a Diego con disimulo. —Diego contigo y Axel conmigo ¿Qué dices? —antes que Clara pudiera responder alguien más lo hizo.

—Me parece perfecto —todos miraron estupefactos a Diego. Ninguno esperaba que fuera él el que estuviera satisfecho con la propuesta.

—Está… bien —respondió Clara atónita.

Axel cerró las manos en puños.

Mientras descendían Diego detalló todas y cada una de las reacciones de Clara, sorpresa, recelo, alegría y una más que Diego no creía reconocer o quizás no quisiera hacerlo, temor. No podía creer que ella de verdad le temiera a él, ¿Por qué? Nunca le había hecho nada malo. Tuvieron especial cuidado en no volver al laberinto interminable de hierba seca, no querían perder el camino que les llevaba al único refugio que tenían después de cuatro días de andar vagando por el bosque buscando comida y agua como pudieran, además tampoco deseaban ver el proceso de descomposición de los cuerpos. No, de verdad que no deseaban ver eso.

Antes de llegar al lago, el grupo se dividió. Cassandra y Axel siguieron recto mientras que Diego y Clara doblaron a la izquierda. Lo único bueno del lugar era que habían dejado los árboles atrás y con ellos los mosquitos, moscas, abejas y avispas. Todos esos insectos que frustraban sus sueños. Diego notó el silencio que se formó entre ellos. Cassandra era la que siempre mantenía viva la conversación mientras que Clara sólo escuchaba, pero este silencio era distinto, aquél era placentero, en cambio ahora, era incómodo. ¿Desde cuándo había tanta distancia?

Diego se detuvo por un momento en la búsqueda de la comida para observarla. Clara evitaba su mirada por todos los medios, miraba al horizonte, al cielo, al suelo, cualquier cosa que no fuera Diego. No podía entender qué miraba tanto, a sus alrededores sólo había hierba y tierra, era un gigantesco campo abierto, dudaba que pudieran llevar comida si permanecían en ese único lugar.

—Hay que alejarnos un poco más —dijo Clara, confirmando los pensamientos de Diego.

—Clara.

—Si seguimos aquí se nos hará de noche, no podemos estar otro día sin comer.

—Clara.

—Lo único que hemos comido hoy han sido las naranjas que trajo Axel, nada más.

— ¿Qué intentas hacer? —la chica detuvo sus movimientos.

—Buscar algo que podamos comer, alguna fruta o animal. ¿Crees que en el lago haya peces? Si habían gaviotas lo más probable es que hayan, después de todo es su principal fuente de alimento.

—Clara —la chica soltó un profundo suspiro. Sus ojos cafés enfocaron los suyos.

—Dime.

— ¿Qué sucede? —Clara se encogió de hombros.

—Dímelo tú, peleaste con Axel en el lago —a Diego no le sorprendió que ella lo supiera, era muy característico en su persona. Clara no hablaba, pero analizaba, pensaba y deducía.

— ¿Te dijo la razón? —Clara negó con la cabeza.

—No quiso hacerlo.

—Por supuesto, contigo no —pensó Diego. —Porque tú pasaste a ser alguien especial para él, alguien importante, alguien que él quiere tanto que haría lo que fuera para cuidarte —Clara lo miraba fijamente demandando una respuesta que Diego dudaba por darle. Diego pudo entender a la perfección los sentimientos de Axel por Clara en esa pelea. Ahora se encontraba seguro, Axel quería a Cassandra y en cierta medida le atraía, pero Clara era un sentimiento mucho mayor, un sentimiento que hasta el mismo Axel empezaba a temer por depender tanto del bienestar de otra persona que no fuera él mismo.

El silencio continuó. Las miradas se mantuvieron firmes.

"Nunca te lo dijo porque esa niña terca te quiere"

¿Qué era lo que sentía Clara?

A Cassandra le gustaba Axel, a Axel Clara, a él, sin lugar a dudas, Cassandra, ¿Eso quería decir que Clara gustaba de él?, ¿De verdad? Diego no podía creerlo. Desde que tuvo la pelea con Axel, esa pregunta no salía de sus pensamientos. ¿Podría ser posible que Clara gustara de él? Si resultaba ser así ¿Desde cuándo? Ella nunca había mostrado interés por él, lo hubiera notado.

—Sigamos caminando, algo debe de haber que podamos llevar —Diego se desubicó. Se encontraba tan metido en sus pensamientos que por un momento olvidó lo que tenía que hablar con ella. No le hacía gracia dejar a Cassandra tanto tiempo con Axel, la carne es débil después de todo, pero esto era más importante. Lo mejor era aclarar las cosas ahora.

— ¿Clara, yo te gusto?

Petrificada, ésa era la palabra indicada para describir su reacción. Diego se atrevía a decir que ni respiraba. ¿Eso era un sí o un no? Con Clara nunca se podía estar seguro.

— ¿Q-qué?, ¿De dónde sacaste eso? —su voz tembló. Estableció mayor distancia entre ambos. —Vamos al lago, ¿Sabes pescar? Sería ideal en estos momentos. —sin esperar contestación empezó a caminar sin siquiera mirarlo. Acto que enfureció a Diego, odiaba cuando lo esquivaban para no responder, aunque sería divertido sonsacarle la verdad. Volvió a sentir el peso del arma. La furia cesó.

Le igualó el paso. La tensión en los músculos de Clara era notable. Diego sonrió con malicia, nunca imaginó poder llegar hacer sentir así a alguien con una simple pregunta.

—No, no sé pescar. ¿Por qué cambiaste el tema? Podría interpretarse como una afirmación a la pregunta —un silencio gélido precedió a sus palabras. Sin que ninguno de los dos se diera cuenta llegaron al lago.

—Yo…, a ti te gusta Cassandra —soltó por lo bajo mientras inspeccionaba las aguas en busca de peces.

—Sí, la amo. No la cambiaría por nada ni por nadie —Diego observó con claridad en las aguas del lago el reflejo del rostro de Clara. Sus ojos cafés se opacaron. Parte de su tensión disminuyó.

—Siendo así qué más da lo que yo pueda sentir por ti. No importaría, como siempre.

— ¿A qué te refieres? —la chica se encogió de hombros. Sus ojos seguían algo, probablemente un pez. — ¿Clara, qué quisiste decir? —siguió con su silencio. —Esto es justo lo que odio de ti, siempre te guardas todo nunca dices nada. Cassandra es la única excepción a la regla, pero tanto conmigo como con Axel te cierras, ¿Tienes idea de lo irritante que es? ¡Exprésate al menos una vez en tu vida! —Clara le miró con un rostro duro. Sus ojos se convirtieron en llamas.

— ¿Qué me exprese?, ¿¡Quieres que me exprese!? ¿Para qué?, ¿De qué serviría?, ¿Arreglaría algo, cambiaría algo? —Diego retrocedió cuando Clara dio un paso en su dirección. Nunca la había visto así. Esta mujer chillona e histérica no era ella. —Y dices que odias eso de mí, es mejor que andar adulando a alguien inalcanzable día y noche. Tú no eres nadie para andar diciendo lo que odias de mí y lo que no, tú no eres mejor. Lastimas a todos con tal de conseguir lo que quieres, no te importan los demás con tal de conseguir tu capricho. ¿Dime, estás contento ahora?, ¿Estás feliz con este viaje?, ¿Lograste al fin algo con tu estúpida fantasía?

Diego no pensó en lo que hizo, no pensaba en nada. Quería que se callara. Que cerrara esa puta boca. ¿Cómo se atrevía a hablar así de Cassandra? No, no se lo permitiría. Nadie la insultaba, nadie. Sentía el corazón martillándole el pecho, la sangre le hervía en las venas, aun así su pulso era firme, lo sabía porque su mano no temblaba al apuntarle a Clara con la pistola. Los ojos cafés de ella le veían con pánico. Así estaba mejor, en silencio y quieta, sin esos movimientos amenazantes en contra de él.

—D-Diego —su voz no fue más alto que un susurro.

—Nunca vuelvas a atreverte a insultarla —Diego no se inmutó cuando su voz adquirió un tono ronco y grave.

—Baja… el arma —Clara levantó las manos como si estuviera haciendo la señal de alto a un automóvil.

— ¡Retráctate! —Clara saltó en el lugar. Retrocedió un paso. — ¡Retráctate de todo lo que dijiste sobre ella!, ¡Hazlo!

Los ojos de Clara se humedecieron cuando Diego movió un dedo al gatillo.

—Lo… siento —el viento se llevó sus palabras.

—Repítelo —ordenó con furia. Diego no pensaba dudar en disparar si ella se resistía.

—Lo siento, no… debí decir lo que dije. L-lo… lamento —las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

Un disparo resonó en el lugar. Todos los flamingos volaron.

—Ahí tienes tu pescado —dicho esto se dio la vuelta ignorando la pálida piel de Clara y sus ojos horrorizados.

(*********************)

La noche había caído hacía diez minutos. Tanto Cassandra como Axel estaban exhaustos y hambrientos. Dios, morían del hambre ¿Dónde podían estar metidos esos dos? Conseguir comida no era fácil, Axel bien lo sabía, pero que les tomara más de tres horas era ridículo.

Axel observó con desinterés la impecable recamara sin moverse ni un centímetro. Cassandra se encontraba dormida, su cuerpo estaba pegado al de Axel y su cabeza descansaba sobre el hombro de él. A ella no le haría ninguna gracias que Axel se moviera, caería de sopetón contra el suelo. Como hombre que era no podía permitirlo. Estuvieron dos horas enteras fregando el suelo, quitando el polvo y las telarañas; apartaron las sábanas de los muebles y las cortinas las descorrieron, el primer piso se veía mucho más acogedor ahora. Axel se sorprendió con la vista de una de las ventanas, desde allí podía verse un gran risco o era mejor decir que la casa estaba ubicada en uno y lo que Axel contemplaba era el vacío. No muy lejos de ellos había otro risco, pero conformado por puras rocas, el bosque lo ocultaba casi por completo, a excepción del último tramo donde había rocas de diferentes tamaños y formas, pareciera un lugar secreto. Al final del risco grandes picos de rocas eran azotadas por las violentas olas. A Axel por alguna razón le gustaba esa vista, era desolado, misterioso, cautivante. Quizás se escapara más tarde para visitarlo, algo le decía que debía ir allí.

Una sombra llamó su atención. Al voltear el rostro pudo visualizar a Diego cargando una mochila que goteaba, desde la oscuridad Axel no pudo saber con exactitud su contenido, pero sea lo que fuera no le apetecía comerlo. Diego intentó en vano encender la luz con el interruptor. Gruñó con el resultado. Era lógico pensar que si no había agua, menos luz, aun así Cassandra y Axel cayeron en el mismo error, no tenía nada para recriminarle de ese lapsus.

— ¿Están aquí?, ¿Cassandra? —preguntó un tanto ansioso. Axel rodó los ojos ¿En serio pensaba que en tan poco tiempo la seduciría? Qué infantil. La mencionada se despertó al escuchar su nombre.

— ¿Diego?, acá estamos.

—Habrá que hacer una fogata, suerte que se me ocurrió la idea aunque con otro objetivo.

— ¿Objetivo? —preguntó Cassandra levantándose con lentitud. Axel no se molestó en hablar, no hacía falta.

—Sí, traje algunos palos y hierba seca para calentarnos, la noche es fría, pero también servirá para cocinar los peces.

— ¿Peces?, ¿Los consiguieron en el lago? No puedo creerlo, son increíbles —le felicitó Cassandra saliendo junto con Diego al exterior. El chico hinchó el pecho de orgullo. Una sonrisa amplia asomó en su rostro. Axel les siguió, lo único que deseaba ver era a una persona y preguntarle a ella cómo había logrado atrapar los peces, porque si de algo estaba seguro, era que fue Clara la de la idea de la pesca.

Axel se desconcertó al salir. Allí estaba la madera y la hierba, allí estaban Cassandra y Diego poniendo orden para empezar con los preparativos de la cena, pero en ningún lado se hallaba Clara. Axel buscó con la mirada todos los alrededores, pero ella no se encontraba en el lugar.

— ¿Dónde está Clara? —preguntó aproximándose a sus compañeros. Diego no le miró.

—Vendrá más tarde.

— ¿Dónde está? —repitió Axel con voz dura. Diego se obligó a verle.

—No lo sé, nos separamos, tampoco soy su niñero.

—Se suponía que fueran juntos, para eso nos pusimos en pareja. No es seguro estar solos aquí, te lo dije en el lago —le dijo Cassandra con reproche. Diego bajó la mirada.

—Iré a buscarla.

—No hace falta, obviamente no es de tu incumbencia lo que le suceda —le detuvo Axel ante su "heroico" acto de arrepentimiento.

—La comida… —empezó a decir Cassandra.

—Hagan lo que quieran con ella —no esperó contestación alguna, su prioridad era otra.

Tenía la respiración acelerada. ¿Dónde podía estar? Buscó en el lago, a los alrededores del bosque donde habían estado antes de saber de la existencia del lago, incluso donde se encontraron con los cadáveres del espía y el hombre infiel ¿A dónde más pudo haber ido? No quería detenerse, no le importaba que le quemaran los pulmones y las piernas no le respondieran sólo quería verla a ella, pero ¿cómo seguir buscando sin saber a dónde ir? Dejó de correr con desesperación, ahora sólo caminaba sin rumbo fijo. Se sentía abatido, el pensar que algo le pasara a Clara era inconcebible. No podía imaginarse lo que le diría Diego para que ella se marchará, porque algo le dijo eso se daba por sentado. Le hervía la sangre al pensar que Diego tenía tal dominio sobre ella, el control de hacerla alejarse de todos ellos, de él. De no ser porque Clara estaba perdida seguro que la habría sacudido con fuerza por ser tan idiota. Si alguien debía irse era Diego, no ella.

Al volver en sí descubrió que se encontraba en el pequeño risco que vio cuando se asomó en la ventana trasera de la casa. El lugar era más espacioso de lo que se veía desde allá arriba. Un punto negro al borde del vacío llamó su atención. El corazón le dio un vuelco. Se acercó sin dudarlo un segundo. El punto negro tomó forma, una persona sentada abrazándose las rodillas y escondiendo su cabeza en ella mientras se mecía hacia delante y hacia atrás. Al acercarse notó que temblaba.

— ¿Clara? —la chica no reaccionó. Axel se puso a su altura. Unos ligeros sollozos llegaron a sus oídos.

— ¿Por qué hizo esto?, ¿Por qué está pasando todo esto?

—Tranquila —Axel la rodeó con sus brazos, quería que dejara de mecerse. El vacío estaba muy cerca, el vértigo acudía con sólo mirar un segundo el fondo.

—Lo mejor es dejar de existir. Ya no quiero estar aquí.

—Nunca más digas eso, nunca más lo digas —rogó Axel obligándola a detenerse en su movimiento. La voz de Clara estaba rota, podía imaginarse su rostro bañado de lágrimas. —Todo estará bien, estoy contigo ahora, mi niña. No vuelvas a pensar en eso nunca más.

Clara no volvió a hablar, pero siguió temblando y llorando. Lo mataría, mataría a Diego cuando volviera.

(*********************)

Clara no podía sentir los brazos de Axel que intentaban menguar su dolor, tampoco escuchaba sus palabras. Su corazón estaba roto en miles de pedazos. Recordar el momento cuando Diego le apuntó con el arma y esos ojos viéndole con furia y decisión le estaba matando. ¿Cómo podía hacer eso? Si Clara no se hubiera retractado de sus palabras él hubiera disparado y todo por Cassandra. Ni recordaba lo que había dicho para enfurecerlo de esa forma. Odiaba el mundo, odiaba lo que sentía, odiaba su corazón; quería arrancárselo del pecho y más nunca sentir nada por alguien. Sentía que se desangraba. Por favor que todo terminara, deseaba dejar de sentir, de respirar, de vivir.

En el momento en que Diego disparó contra el pez, Clara salió corriendo del lugar, no por miedo, no le temía, tampoco le odiaba, lo quería demasiado como para odiarlo. Corrió porque no podía aguantar más, su orgullo, su corazón y su alma estaban heridos. Se sentía rota, el mundo había dejado de tener sentido. Mientras corría escuchó las voces de las ánimas que murieron en la isla, ellas la guiaron hasta ese risco. En cuanto Clara se acercó lo suficiente al vacío, todas esas voces se enmudecieron, ahora sólo se encontraba con ella misma. Delante de sí tenía la solución a todos sus problemas, no debía hacer más que avanzar un solo paso, pero el rostro de Diego se lo impidió. El dolor no le permitió hacer más que encogerse sobre sí misma y sufrir sola, como siempre lo había hecho, como siempre lo haría.

Clara estaba decidida a ponerle fin al drama. Nadie le echaría de menos, el mundo seguiría girando y ella ya no sufriría más, todos ganaban. En cuanto se recuperara avanzaría el paso final y todo terminaría.

—Ya no llores, mi niña, estoy aquí. Todo estará bien —con esas palabras Clara empezó a volver al mundo. Pudo sentir la firmeza de unos brazos sujetándola con cariño, y una cabeza que se apoyaba en la suya. No reconoció la voz. La última persona que la había abrazado de esa forma fue…

Se revolvió con violencia. No quería que la tocara. No quería verlo. ¡Qué se largara y la dejara en paz!

— ¡Suéltame! —gritó empujando con todas sus fuerzas esos brazos que la aprisionaban.

—Cálmate, nos harás caer a ambos —Clara no se detuvo. Su espalda dio con violencia al suelo cuando la empujaron hacia atrás. Antes de poder reaccionar sus manos fueron atrapadas por otras al tiempo que un cuerpo se ubicaba arriba del suyo. Estaba a punto de gritar cuando le vio. No era Diego. —Tranquila.

— ¿Axel?, ¿Qué haces aquí? —el mencionado al verla volver en sí soltó de sus muñecas. Los ojos de Axel examinaron el rostro de Clara. Una mano se elevó hasta quitar las lágrimas que aún vagaban por sus mejillas. Clara se desconcertó al ver el dolor del chico.

— ¿Qué te hizo?

Clara desvió la mirada. El dolor en el pecho volvió. Sintió de nuevo el nudo en la garganta. Las lágrimas empezaron a escocerle. ¿Por qué? No podía dejar de preguntarse aquello. ¿Por qué si somos amigos?, ¿Por qué ella vale tanto?, ¿Por qué si yo no te he hecho nada?, ¿Por qué?

—Tranquila —repitió Axel al ver de nuevo descender las lágrimas. —Ya no llores, mi niña.

Clara cerró los ojos. Odiaba que le vieran llorar. Se había prometido no volverlo a hacer después del sueño con la bruja, pero había fallado. Si se fallaba a sí misma ¿Cómo esperaba que los demás no lo hicieran?

De un momento a otro, Axel los giró a ambos para que Clara estuviera encima de él. Rodeó su cintura con un brazo y con la otra mano le acarició con suavidad el cabello. Al entender el gesto, Clara apoyó la cabeza en su pecho. Sentir su respiración le calmaba, le hacía olvidarse de todo para sólo concentrarse en el ritmo con que Axel respiraba.

No sabía cuánto tiempo había pasado, tampoco le importaba. El dolor disminuyó y ahora sólo había indiferencia dentro de Clara. Ya no le importaba lo que pasara, si salían de la isla, si morían allí, si Diego venía a dispararle, nada de eso importaba. Estaba en la etapa de cerrarse por completo al mundo. No volvería a dejar que otra persona entrara en su corazón para que le hiciera ese daño de nuevo. No, jamás volvería a hacerlo.

—Las estrellas se ven hermosas esta noche —Clara alzó la vista. Axel le dirigió una dulce sonrisa antes de volver la vista al cielo. Clara siguió la línea de su mirada.

El cielo resplandecía con la luz de las estrellas. Desde su posición Clara no podía ver la media luna, aun así se maravilló con el paisaje. Por la falta de luz eléctrica ninguna estrella quedaba opacada, miles de ellas exhibían su brillo a cualquiera que alzara por unos segundos el rostro. Quién diría que la isla poseía sus virtudes.

— ¿Clara, qué te hizo? —todo el pecho de Clara se contrajo. Axel no le impidió levantarse para ponerse en pie. Al mirarlo supo por qué, él también se levantaba mirándola con seriedad.

—No importa —antes de que Clara pudiera empezar a caminar, Axel la detuvo por la muñeca.

—Sí importa, te lo estoy preguntando porque me importas.

—Axel, por favor.

—Entiende que hay más personas en el mundo que piensan en ti, que no lo importes a Diego no significa que no seas importante para otros.

Clara no pudo decir nada. Sus palabras fueron un golpe bajo. Sabía que no le importaba a Diego, pero escucharlo decir a otra persona era peor.

—Responde ¿Qué te hizo?

—No quiero hablar de ello, por favor.

—No nos vamos de aquí hasta que respondas, Clara. Necesito saberlo.

— ¿Por qué?, ¿Por qué es tan importante?, déjame en paz de una vez por todas. Eres igual a él.

En menos de un segundo el agarre sobre su muñeca le hizo daño. Los ojos de Axel se endurecieron.

—Igual a él, ¿De verdad puedes compararme con ése? ¿¡De verdad!? —las manos de Axel se cerraron alrededor de los brazos de Clara para acercarla a él con brusquedad. Clara tembló involuntariamente, pero no iba a retroceder, ya no, suficiente humillación por un día.

—No me escuchas igual que él, no te importa lo que estoy sintiendo ahora igual que a él, sólo quieres que acate tus exigencias sin protestar. Son exactamente iguales —sin previo aviso Axel la soltó. Clara aprovechó el momento para retroceder. Las manos de Axel se abrían y cerraban, su respiración era acelerada, su rostro empezaba a teñirse de carmín. Clara se asustó al verlo acortar las distancias. Un destello en los ojos de Axel le quitó el aire. ¿Por un momento fueron… rojos?

Demonio

¿Axel era su demonio?

Clara maldijo cuando su espalda dio con el tronco del árbol. Estaba atrapada. Axel se acercó al punto de no dejar espacio entre ellos. Su rostro se puso a centímetros del de Clara. Estaban tan cerca que Clara sintió su cálido aliento. No se atrevió a mover un solo músculo. Estaba demasiado cerca. Clara intentaba fundirse con el tronco en un vano intento de poner distancia entre ambos. Su corazón parecía querer salir de su pecho.

—A…Axel —el chico se había detenido. Clara se atrevió a alzar la mirada. De nuevo los ojos de Axel poseían aquel brillo rojo.

Sin que Clara pudiera detenerlo los labios de Axel se posesionaron de los suyos. Clara se resistió. No quería, no lo deseaba a él. Le golpeó el pecho, intentó apartarle, pero Axel era mucho más fuerte. El chico le atrapó las manos y las ubicó a cada lado de su cabeza, con su cadera aprisionó la de ella. No podía hacer nada.

—Ahora no soy igual a él ¿verdad? —Axel le permitió tomar aire. Su sonrisa presumida flaqueó al ver el resultado de su acción. Las lágrimas corrían por las mejillas de Clara, pero no era iguales a las causadas por Diego, esas fueron producto de un dolor puro y profundo, éstas, en cambio, eran de impotencia por no poder defenderse.

—Suéltame —Axel obedeció más no se apartó.

—Yo… no sé lo que me pasó, Clara.

—Aléjate.

—No.

— ¡Que te alejes!, ¡No te quiero cerca!, ¿¡Cómo pudiste!? ¡Yo no soy como las otras cualquieras con las que te acuestas!

—No, no, no, no. Perdóname, Clara, perdóname. Tú no eres eso —sin pensárselo la rodeó con sus brazos sin reparar en el forcejeo y los golpes que Clara le daba. —Te quiero, Clara. Eres lo que más quiero, jamás te haría daño, lo sabes. Perdí el control, por favor, perdóname. No estaba pensando, no sé lo que me pasó. No era yo, créeme. Por favor, créeme.

Clara dejó de luchar, momento que aprovechó Axel para aflojar el agarre. Le estaba haciendo daño, lo sabía.

—Mírame, Clara. No me evites.

A regañadientes Clara alzó el rostro. Los ojos arrepentidos de Axel le veían con súplica. El brillo rojo había desaparecido.

"No era yo, créeme"

¿Esto era un demonio?, ¿Axel acababa de enfrentarse con un demonio? Clara no lo sabía. Le daba vueltas la cabeza. No podía pensar con claridad.

—Clara, por favor —dijo con voz de ruego.

—Necesito… pensar. Son demasiadas cosas —Clara odió la expresión dolida de Axel.

—Te quiero, esa es la verdad.

—Axel no puedo… —se silenció cuando el chico puso una mano en su barbilla. Volvió a acercarse de manera alarmante. —…no.

—Clara, no te haré daño, sólo quiero que sientas la diferencia —sin darle tiempo para contestar unió los labios de ambos.

Clara al principio volvió a resistirse, pero luego pudo sentir algo que antes no; pudo sentir la dulzura del beso, sus suaves movimientos, el cariño que le profesaba. Un calor placentero le recorrió por las venas. Sus pensamientos se desligaron, sólo existía ese beso, nada más.

Axel se apartó receloso, aún temía por la reacción de ella. Clara no lo notó. Si su mente era un revoltijo antes ahora se convirtió en una tormenta, faltaba poco para el colapso. Demasiadas emociones en muy poco tiempo. No… no sabía qué hacer, qué sentir, qué pensar. Esto la superaba.

Axel se apresuró a sostenerla al ver que ya no podía tenerse en pie. La preocupación hacia ella le impidió notar que unos ojos negros acuosos y llenos de rabia fueron testigos del amor que se profesaron a través de ese beso.


Hola chicos!

Espero les haya gustado, y si se dieron cuenta este cap. es un aviso de lo que se avecina, por ello el título: Inicio del infierno.

En el próximo ya comienzan las cosas buenas y si no calculo mal faltarían dos caps para el final. Les diría que uno pero siempre termino escribiendo de más así que lo dejaré en dos; si resultara ser uno ya el siguiente sería el último, pero quién sabe...

Se me cuidan mucho todos. Ah! por cierto. Feliz año!

Nota: Este es el link de la imagen que colgué en el blog de la escena final de este cap.

*cisleyrose*.*blogspot*.*com*/*2013*/*01*/*sorpresita*.*html

Nota: Recuerden quitar los (*) para acceder al link

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .