
Ellizabeth volverá con su familia a visitar a sus parientes de Utah, lugar donde pasó la mayoría de su infancia. Volver implica soportar la lejanía de su amado hogar, además de revivir a su pesadilla de primo, Ian, y al extraño y apuesto vecino del frente, que oculta un oscuro secreto.
Rated: Fiction T - Spanish - Humor/Romance - Chapters: 12 - Words: 34,358 - Reviews: 11 - Favs: 3 - Follows: 1 - Updated: 03-14-13 - Published: 08-05-12 - id: 3048070
|
|
A+ A- |
¡Holaaaa! Vengo aquí con una historia nueva :D Espero que les guste y que me den sus reviews, ¿siiiiiiiiiiiiiiiii? :D Los adoro infinitamente y más allá.
"No muy cálida bienvenida"
Narrando: Elizabeth Denver
Miré disgustada por la ventana, mientras los árboles pasaban fugaces frente a mí. Miré a mi derecha; mi hermano dormía muy plácidamente y mi otra hermana escuchaba música y se perdía en el paisaje. Mi hermanita menor Sandy, con sus escasos diez años, viajaba sobre el regazo de mi madre y miraba entretenidamente el paisaje. Intenté dormirme miles de veces, pero no se me hizo posible. Y la música country que sonaba en la radio sólo aumentaba mi malhumor a su enésima potencia. Giré sobre mí misma, para lograr ver hacia atrás. Todo estaba desierto. No nos seguía ni un auto. Ni tampoco había vacas en el campo, ni teníamos un camión de transportes cerca, nada. Comencé a pensar si estábamos tomando el camino correcto o, mejor dicho, si aún continuábamos en Estados Unidos.
— ¿Es muy necesario ir a Heber? — le pregunté a mi padre, cruzada de brazos. Vi por el espejo retrovisor cómo asentía con la cabeza y exhalé con frustración. — Podría haberme quedado en casa. Si después de todo, soy mayor.
— Pues en esta familia, Elizabeth, serás mayor a los diecinueve. — se entrometió mi madre, mientras observaba el mapa con un poco de confusión. No respondí. Si lo hacía, desataría una batalla campal entre padres e hijos. Al menos, si mi hermano estuviera despierto, jugaríamos a juegos de manos o inventaríamos algo, pero está tan dormido que parece que no va a despertar hasta que le tiren un baldazo de agua fría. ¿En cuanto a mi hermana? No, ni hablar. Cuando está con su música, se hunde en sus pensamientos y parece una niña autista.
Utah era aburrido. No había pasado nada interesante desde que me enteré que entramos. Al menos en Colorado había lagos y un paisaje más variado, al igual que Kansas y Iowa. De todos modos, mi parte favorita fue pasar por St. Louis. Fue tan divertido que quisiera volver. Es una ciudad muy grande e interesante, además de estar al borde de Missouri y casi entrando en Illinois.
Extraño Indianopolis. Es mi hogar, y no puedo dejarlo por mucho. Por eso es que odio las vacaciones. No puedo soportar la idea de que mis hámsters y mi cachorro estén en manos de cuidadores que ni siquiera conozco. ¡Ellos no conocen sus delicados cuidados! ¿Qué sera Smoothie sin mis caricias matutinas?
Bueno, le veré el lado positivo: Heber está cerca de una ciudad relativamente grande. Podré pedirle prestado a papá su auto e ir a echar un vistazo. También hay mucho espacio verde. Soy amante de la naturaleza, desde pequeña lo soy. Cuido cualquier ser vivo o cualquier objeto que merezca mi respeto; desde una insignificante roca, hasta la más bella de las mariposas.
La voz de mi padre diciéndome que estamos cerca me saca de mi momento de divague. Odio las visitas a los tíos Denver. Son anticuados, aburridos, tienen un hijo insoportable y siempre me toca la habitación que tiene algún defecto. La última vez que fui, que yo tenía doce u once años, había un nido de cucarachas debajo de mi cama. Y me lo habían dejado a mí por ser la hermana mayor. Desde esa segunda y última visita a los tíos de Utah, siempre me negué a ir hasta que cumplí los dieciocho y fui menos caprichosa y más fácil de convencer. Lo último que querría en este mundo es volver a Heber y, además de tolerar a mis tíos, a mi primo y a la chusma del barrio, debo soportar a mi vecino Elías. Es tan insoportable que es penoso, si es que no ha cambiado. Cuando yo tenía doce, él tenía quince años y me hacía la vida imposible junto a mi hermano. Me molestaban, me golpeaban y eran insufribles. Otra de las miles razones por las que me gustan mis cuatro paredes en Indianopolis.
— ¡Y aquí está! — gritó mi padre con una sonrisa, con un timbre de voz tan fuerte que despierta a Edward y saca a Tiffany de su trance. Un letrero nos avisa que hemos llegado. Se ve que todos esperamos una ciudad imponente y una entrada magnífica repleta de edificios altos, ya que nos llevamos una enorme decepción. Todo sigue igual, no ha cambiado nada. Hasta parecería que el cielo es el mismo. — Vaya, no hay muchas diferencias desde la última vez que vinimos...
— Sí, hay una: en que parece más aburrido. — añade mi hermano, con una pequeña pizca de sueño todavía.
— No, es que ustedes se han vuelto aburridos. — enrolla el mapa mi madre, conforme al llegar a nuestro destino. — Por mi parte, no puedo esperar para ver a los tíos Denver. ¡E Ian! ¡Debe estar tan grande!
— ¡Primo Ian! — grita Sandy, con las manos en el aire. Tenía una especie de fanatismo con mi primo. Al parecer era la única entre los cuatro que lo quería, y siempre salía al campo a jugar con él o a dar un paseo.
— Espero que no igual de estúpido. — ríe Tiffany, y los otros hermanos reímos con ella. Nuestros padres guardan silencio. No parecen disgustados de volver a Heber. De hecho, parecen felices, ya que empiezan a planear que día irán a cada insignificante negocio que ven en la calle. Incluso me recomienda algunos, me dice que entre a casas de zapatos, donde hay rebajas y ofertas. Olvidó un pequeño detalle: odio los zapatos. Sólo los acepto como regalos. Me quedaría con mis zapatillas toda mi vida. Giramos un par de veces hasta llegar a una avenida casi desierta, como lo es todo los domingos a la tarde, y seguimos su recorrido hasta llegar a un lugar donde la calle sólo era rodeada por pasto y árboles. De nuevo, volvemos a la situación inicial: no hay nada más emocionante salvo algún que otro auto que pasa junto a nosotros en sentido contrario. Edward hace fuerza por no quedarse dormido y Tifanny presiona el botón Play para que el estruendo de sus Red Hot Chili Peppers vuelva a hacerse presente. Reconozco la canción al instante de tanto escucharla, al igual que el resto de mi familia.
— I know, I know for sure. This life is beautifull around the world. — cantamos mi hermano y yo a coro, seguido de una amplia sonrisa. Por alguna razón, confiaba más en él que en mi hermana. Siempre con su constante buen humor y su instinto sobreprotector, compartimos los mismos gustos y sentimientos, incluso las mismas opiniones siempre. Es una lástima que esté buscando una casa para irse a vivir con su novia, y luego no volveré a verlo más por los pasillos, o comiendo con desgana en la cocina, o mirando los partidos de fútbol junto a mi padre.
Escucho a mi madre decir "Richard, ya nos pasamos" y a mi papá negando reiteradas veces: "No, querida, no". Doblamos en una calle de asfalto, aunque está tan cubierta de tierra que parece estar hecha de ella. Una torbellino de polvo se acumula detrás de nosotros cada vez que avanzamos y aparecen un par de casas a nuestra izquierda y a nuestra derecha. No son muy grandes pero son, sin duda, muy hermosas. Al final del sendero hay una propiedad imponente rodeado de un paredón de rejas negras, en el que pude leer "Francis Denver. Abogado". Detrás de la casa, campo, campo, campo, campo y más campo.
— Bien, aquí está. — sonrió mi papá, mientras giraba la llave para apagar el auto. Abrió la puerta y bajó, seguido de mi hermanita y luego mi mamá. Entre los tres nos miramos y yo abrí la puerta y bajé primero. El suelo continuaba siendo de asfalto y el polvo aún rondaba a mi alrededor. Dos perros de raza grande se acercaron a la puerta a ladrar y eso fue suficiente para que un hombre calvo, algo gordito y de unos cincuenta años se acercara lentamente hacia nosotros, con una sonrisa y una llave en la mano.
— ¿Primo Ian? — bromeó Edward, y yo largué una risotada. Tifanny sonrió un poco y, por fin, desconectó sus auriculares.
El tío Francis abrió la puerta y silenció a sus canes, que se sentaron al instante. Nos recibió con un cálido abrazo y nos invitó a pasar. Había un camino bastante largo hasta las escaleras que suponían ser las que llevaban a la puerta de entrada, y estaba rodeado por lo que parecía ser un patio delantero. Por lo poco que me contaron y recuerdo, hay un patio trasero con una enorme piscina. Al entrar en la mansión, mi mandíbula se bajó sola. Era tan grande y lujosa que tuve que soltar un suspiro de exclamación. De la cocina surgió la histérica tía Georgia, que repitió miles de veces "Bienvenidos" y nos abrazó y besuqueó. Mi madre, Helena, que era idéntica a ella por dentro y por fuera, la saludó con un cálido abrazo.
— ¿Por qué no van por sus habitaciones? — sugirió el tío, y todos me hicieron a un lado para subir por las escaleras. Todo era cuestión de suerte. El que llegara primero, obtendría la habitación que da al patio delantero. El segundo, la que da al patio trasero. El tercero, la que está junto a la habitación de los tíos. Y el desafortunado que llegue cuarto, o sea yo y siempre yo, quedará en la habitación entre el baño y la habitación del primo Ian. Lo peor es que nadie la usa en siglos y está sucia, además de que el ruido del retrete resulta una molestia a las tres de la mañana.
Como era de suponer, mi hermano llegó primero, Tifanny segunda, Sandy tercera y yo...bueno, cuarta. Mientras subía las escaleras todos estaban ordenando sus respectivas cosas. Yo, mientras tanto, intentaba recordar el orden de las puertas. ¿Cuál era mi habitación? Seleccioné una en orden aleatorio y me encontré con un total y completo desastre: ropa por aquí y por allá, olor a encierro, comida vieja y, sobre todo eso, un muchacho bastante cómodo que pausó su videojuego y volteó al verme.
— Hola, Ian. — rodé los ojos, mientras él se acercaba a mí y me golpeaba el hombro con una sonrisa. Me llevé la mano a la zona y lo fulminé con la mirada. Mucho no había cambiado. Seguía siendo el idiota de siempre, con esa cara tallada por ángeles y esos ojos verdes.
— ¿Qué tal, Ellie? — me saludó, mientras volteaba hacia su montón de ropa sucia y se tiraba sobre ella, dispuesto a seguir jugando. — Seguro llegaste última.
No me dispuse a responder. Salí de la habitación dando un portazo y me adentré a la mía. Bueno, dentro de todo, nada mal. Era de un color blanco inmaculado, con sólo una pequeña ventana que daba a la porción más pequeña e insignificante del patio. Debajo de ésta, una mesita ratona con una lámpara y un cajón, seguida de una cama singular. Contra una pared, había un armario y ya. Nada más. Dejé mis bolsos sobre el piso y levanté la cabeza al oír cómo sonaba el timbre. ¿Quién sería? Luego oí la voz chillona de mi tía:
— ¡Ian! ¡Ya llegó tu amiguito!
Yaaaaaaaaaaay :D ¿Qué amiguito será? ¿Qué pasará? ¿Alguien se da una idea?
Bueno, lo veremos la próxima y por favor...¿¡REVIEWS!?
Y espero con amor y paciencia sus críticas constructivas (y espero que no sean pocas)
Un abrazo muy grande, nos leemos :D
|
||||||