Fiction » Romance »

La visitante
Author:
Sweet.Micah PM
Ellizabeth volverá con su familia a visitar a sus parientes de Utah, lugar donde pasó la mayoría de su infancia. Volver implica soportar la lejanía de su amado hogar, además de revivir a su pesadilla de primo, Ian, y al extraño y apuesto vecino del frente, que oculta un oscuro secreto.
Rated: Fiction T - Spanish - Humor/Romance - Chapters: 12 - Words: 34,358 - Reviews: 11 - Favs: 3 - Follows: 1 - Updated: 03-14-13 - Published: 08-05-12 - id: 3048070
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

En el capítulo pasado...

No me dispuse a responder. Salí de la habitación dando un portazo y me adentré a la mía. Bueno, dentro de todo, nada mal. Era de un color blanco inmaculado, con sólo una pequeña ventana que daba a la porción más pequeña e insignificante del patio. Debajo de ésta, una mesita ratona con una lámpara y un cajón, seguida de una cama singular. Contra una pared, había un armario y ya. Nada más. Dejé mis bolsos sobre el piso y levanté la cabeza al oír cómo sonaba el timbre. ¿Quién sería? Luego oí la voz chillona de mi tía:

— ¡Ian! ¡Ya llegó tu amiguito!


"El del frente"


Abrí los ojos y giré en dirección a los gritos, mientras mi primo zumbaba como un cohete junto a mí y bajaba las escaleras. En todo el shock del momento, mis dos hermanos mayores se asomaron desde sus respectivas habitaciones y, como fieles chusmas, bajaron también. Escuché una nueva voz que se sumaba a todo ésto y sentí una enorme vergüenza porque me viera un amigo de mi primo así, despeinada y desarreglada después de tan largo viaje. Así que, yo siempre tan miedosa y preocupada por conocer gente nueva, corrí algo resbaladiza hacia mi pieza y cerré la puerta de un golpe fuerte. Me pegué a la pared y oí meticulosamente cómo hablaban acerca de mi llegada y la de los demás, pero luego retomaron a mí rápidamente.

— ¿Recuerdas a Ellie? ¿Mi prima pequeña? — ésa era la voz de Ian, sin dudas. Hubo un leve silencio cuando comenzó a escucharse la música del clásico juego de fútbol, jugado y utilizado por casi todo el barrio. ¿Quién no había ido a la casa de los Denver a jugar videojuegos alguna vez?

— No me digas... — respondió una voz dulce, pero algo áspera al mismo tiempo. Comenzaron a reír juntos y mi cara ardió de la furia. Cerré el puño, al mismo tiempo que sentía mis uñas cuidadosamente pintadas clavarse en la palma de mi mano. — La última vez que la vi fue hace unos siete años, ¿o seis?

— Sí, recuerdo esa vez que... — pareció querer decir más, pero sus carcajadas dejaron inconclusa la frase. ¿Ah, sí? ¿Conque hablando mal de la prima, eh? Tomé la valija entre mis manos y saqué del bolsillo más pequeño un espejito para mirarme en él. Mi estado era espantoso. Tenía los labios resecos, unas ojeras que llegaban hasta el suelo, el cabello despeinado y olor a encierro, sin mencionar el exuberante grano que había surgido justo en mi frente. Lancé un grito espantado y alejé el espejo de mí, pero luego volví a acercarlo hacia mi frente.

— Oh por dios...¿desde que llegué tengo ésto? — susurré, con preocupación. Volví a correr hacia mi maleta y saqué el set de maquillaje que mi madre me había pedido que guardara ya que en su maleta no había más espacios. En realidad, nunca uso maquillaje. Sólo lo hago para situaciones especiales. No me importa, ni me importó, ni me importará mi aspecto ni lo que piensen de mí. ¿Por qué ahora sí? Probablemente una de esas revoluciones hormonales. Comencé a pasar la esponja con un mágico producto que tapa los granos y en cuestión de segundos ya casi no se veía. Me puse litros y litros de perfume, le hice una leve coleta a mi cabello rubio y salí de mi habitación. Toqué la puerta de Ian y en cuestión de segundos toda risa que se escuchaba cesó. Mi primo abrió la puerta, con una expresión molesta. — ¿Podrían callarse? Intento dormir. — mentí, de una manera casi experta.

— Cállate, estúpida. — amagó con cerrarla, pero mi pie se lo impidió. Hace unos minutos, me había tratado excelentemente bien e incluso con gracia. Ahora, que estaba en compañía de su amigo, me trataba como si fuese menos de lo menos. Cómo cambia la gente para ser de agrado, ¿no? — ¿Qué quieres? — me gritó, ya bastante cansado.

— Que bajen el volumen. — insistí, pero comenzó a reír mientras miraba a su compañero. Le eché un vistazo a éste, que reía para sus adentros. Fruncí el ceño, sin mucho esfuerzo para reconocerlo. Me clavó sus ojazos celestes y yo hice todo el esfuerzo para desviarme, pero simplemente no pude. Lo señalé, con expresión infantil. — Tú...tú...el...¡el del frente! — largué por fin, cuando la respuesta llegó a mi cabeza.

— Tengo nombre, Ellie. Me llamo Elías.


Pinché con brutalidad, utilizando mi tenedor, un trozo de bistec y lo llevé a mi boca, acabando con él. Lo mastiqué con desgana, para darle una muerte más lenta y dolorosa. Y para acompañar, un trago de agua para ahogarlo por completo. Había sido un día aburrido y agotador, de esos que te preguntas si han cambiado algo en tu vida. Aunque, sí había pasado algo interesante: ¡volví a ver a Elías! Aunque, si pensamos bien, eso es una desventaja. Alcé mi vista para mirarlo comer ya que había aprovechado el día para cenar con nosotros. Mi pesadilla regresaba, volvíamos de vuelta al mismo lugar. Todos los días una nueva molestia, una nueva broma. Pero, supongo que decir "Dieciocho años y veintidós" no es lo mismo que decir "Once años y quince". Ya ambos somos mayores, no estamos para tonterías. Si usamos el mismo precepto de que soy mayor, también sabría defenderme mejor que siete años atrás. Una buena bofetada o una contundente amenaza y adiós problemas.

Entre tanto y tanto pensar, no me dí cuenta cuando mi plato estuvo vacío. Sin dudas las cenas aquí eran muy diferentes a las de casa. En Indianópolis comemos con el televisor prendido y hablamos de cosas variadas, pero aquí hay un silencio sepulcral, salvo el ruido de los cubiertos, y ni si quiera se produce una palabra salvo un "¿Me pasas la sal?"

— ¿Me pasas la sal? — miré por enésima vez a Elías, que extendía la mano hacia mí. Lo miré con algo de miedo y desprecio, tomando su pedido lentamente y extendiéndoselo. Él no despegaba su mirada de mí, por lo que tuve que hacerlo yo primero. Pero, ¿a dónde mirar? Mi plato estaba vacío, todos estaban concentrados en sus respectivos bistecs, la televisión estaba apagada, no había nada interesante. Concluí por la medida más simple: la histeria. Era un método que me venía muy bien.

— ¡Basta! — lo reté, con los ojos muy abiertos, y él me sonrió, volviendo a su comida. Había funcionado, por siempre, aunque su sonrisa me derritió por completo. Vamos, ¿a quién no le atraía Elías? Esos ojos, ese cabello negro despeinado, esa sonrisa blanca, la altura perfecta...Era el típico "nene lindo". Pero todas las que decían que era atractivo sin conocerlo era porque no sabían bien lo insoportable que era. O quizá era así sólo conmigo.

— Ey... — le habló mi primo a su amigo con la boca llena, lo que me pareció desagradable. Desvié la vista para no asquearme, aunque estaba bastante pendiente de la conversación. — ¿Vas mañana? A Dragons star, digo.

Elías alzó los hombros, indiferente. Sin embargo, pareció pensarlo un minuto. Pinchó un poco de su comida y la masticó. Y recién después de tragarla fue cuando habló.

— Supongo.

Y la conversación no fue más allá, aunque yo me quedé pensando en las posibilidades de ir y conseguir un poco de información de su comportamiento, pero también para pasarla bien, obviamente. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Quedarme aburrida todo el día en una casa sin internet? Ni pensarlo. Pero, ¿con quién iría? ¿Sola? Mamá no me dejaría. Papá quizá sí, pero mamá es más anticuada que él y detesta que salga. Y más desde que me vio en la puerta de casa besándome con un chico. Ah, eso la mató. Me restringió cualquier tipo de salida, creo que me odió.

Aburrida y también cansada, alejé el plato de mí y subí las escaleras sin decir nada. Seguramente todos pensaron que estaba furiosa, porque siempre me voy corriendo a mi habitación cuando estoy furiosa. Además, noté sus miradas en cuanto me puse de pie. Y allí me quedé, encerrada como por una hora mirando al techo y pensando. También escribí un poco de mis novelas y me puse a hacer ilustraciones para acompañarlas. Miré hacia la puerta cuando sonó tres veces. Sin que le diera permiso, se abrió para abrir paso a mi hermano mayor y luego se cerró. Venía con dos potes blancos que contenían mi pasión dentro:

— ¡Helado! — grité, tomando uno de ellos. No nos olvidemos de la cuchara. Cuando la abrí, tenía chocolate. Puro chocolate. Ni otra cosa, nada más chocolate. Comencé a atacarlo sin piedad y Edward se sentó junto a mí.

— ¿La estás pasando bien? — me preguntó. Lo miré, con curiosidad.

— No. — le dije con toda la sinceridad del mundo. Él esbozó una pequeña sonrisa, en la que pude ver los pequeños elementos metálicos que se aferraban a sus dientes para emparejarlos. ¿Y tú?

— Menos. Pero, ¿qué te pasa? Te veo diferente. — cruzó sus piernas, sentándose igual que yo y atacando su helado que sólo era de crema. Yo levanté los hombros, llevándome otra cucharada a la boca.

— Sólo es que...extraño estar en casa. — intenté no mirar a sus ojos, para que no notara la tristeza en ellos. Suspiró y escuché como sus dientes chocaban con la cuchara. Ahora que estaba distraído, aproveché para mirarlo. Su cabello de color amarronado, igual que el de Tifanny y mi madre; sus ojos negros y sus facciones, idénticas a las mías. Tenía una bondad tan grande que era capaz de acoger a cualquiera, pero lo peor que podías hacer era meterte con los que ama. Ahí sí que saca su furia interior. La única vez que enfureció conmigo fue cuando le dije que no me gustaba su novia, y se enojó tanto que me arrojó un plato de guisantes en la cabeza. Creo que aún tengo el corte por alguna parte. — Además Ian está más molesto que nunca. Igual que su amigo, ya sabes.

La palabra "Ian" y "Su amigo" parecieron hacer sacar fuego de sus ojos y me miró tan fijamente que sentí miedo de que me hiciera algo.

— Ni me lo digas. Creo que mañana los mato. — dijo, y yo sonreí ampliamente. — Y no te acerques a Elías. Ya sabes los antecedentes delincuentes que tiene.

Mi sonrisa desapareció y abrí los ojos más que nunca. Me alejé un poco de él y, después de volver a su pote, me clavó una mirada extrañada.

— No, no lo sé. — negué, con la cabeza. El tragó saliva mezclada con helado, sabiendo que había metido la pata hasta la rodilla. Se puso de pie, abrió la puerta y se marchó. — ¡Edward! — grité, más como un reto que como un llamado. Él ya había llegado a su habitación y cerrado la puerta de un portazo. Excelente, Elías era un posible delincuente y yo no tenía idea. Bufé y me dirigí al baño, pero antes de entrar alguien abrió la puerta y se chocó conmigo. Me llevé la mano a la frente, sobándome la zona del golpe. A él no pareció importarle, y mucho menos cuando lo miré a los ojos con espanto. ¿Qué iba a hacerme ahora? ¿Matarme? ¿Robarme? ¿Violarme? ¿Secuestrarme? Al contrario de todo eso, me mostró los dientes. — ¿Qué quieres?

— Nada, preciosa. — me acarició la mejilla y se abrió paso junto a mí, avanzando por el pasillo para terminar entrando en la habitación de Ian.


Muejejejeje :D Lo sé, lo sé, siento que sea tan corto, pero estoy bastante apurada. Eso no quita mis ganas de escribir, prometo que el próximo será más largo.

Ah, y gracias por los reviews gente bonita :3. Los adoro mucho.

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .