Fiction » Romance »

El himno final
Author:
Celtic Sun PM
Lo había perdido para siempre y no había vuelta atrás. Debía aprender a vivir con eso pero... ¿Cómo seguir viviendo en paz cuando se pierde lo que uno más ama en el mundo? Quizá por eso no se iba, quizá por eso seguía viéndolo junto a mí, a cada instante... Él no se iría de mí lado hasta que yo comenzara desde cero pero... Yo no quería. Por mucho que Ian lo intentara.
Rated: Fiction T - Spanish - Hurt/Comfort/Romance - Words: 1,701 - Published: 09-23-12 - id: 3060549
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

El himno final.

Capítulo I.

Sentía mi corazón latir de forma lenta, cauteloso, como si aun vacilara entre continuar bombeando sangre o dejar de una buena vez, latir.

No quería abrir los ojos, sentía miedo, un miedo que me paralizaba todo el cuerpo. Por primera vez sentí un miedo tan abrazador y tan grande que no me dejaba respirar en paz. ¿O eran los artefactos a los que mi nariz estaba conectada que en realidad no me dejaban conducir el aire hasta mis pulmones con facilidad?

Pip, pip, pip… Ese endemoniado ruido lo sentía cada vez más fuerte. Apreté mis ojos para luego abrirlos. Lo primero que vi fue un blanco techo con una pequeña luz que me iluminaba el rostro.

Alguien tenía aprisionada mi mano y la apretaba con fuerzas. Si hubiera podido levantar mi cabeza lo hubiera hecho. Pero mi cuerpo no reaccionaba a nada a lo que mi cerebro le ordenaba.

Moví uno de mis dedos después de un poder de concentración que me dejó exhausta. Escuché un suspiro que sonó más un gemido que un suspiro real.

— ¿Kathleen? —Preguntó una voz que se me hizo extremadamente familiar.

Se levantó y se inclinó hacía a mi.

Mamá tenía unas pronunciadas ojeras y sus pómulos estaban hundidos, dando una clara señal de su falta de comida y sueño.

— ¡Kathleen! —Chilló cuando me vio sonreír.

Me abrazó y la sentí encima de mí contraerse, luego sus hombros se sacudieron y la oí soltar variados gemidos.

— Oh Dios mío, ¡haz despertado!, ¡haz despertado! —Gimoteó en mi hombro y luego se separó de mi para sentarse en la cama donde yo descansaba. Las lágrimas caían una tras otras por sus pálidas mejillas, —haz despertado… —susurró.

Tragué saliva pesadamente para poder hablar.

— ¿Dónde estoy? —Pregunté con voz ronca, tenía la garganta seca, carraspee para poder volver a hablar —¿qué pasó?

Mamá se llevó una mano a su boca y luego volvió apretar mi mano con fuerza.

— Tuviste un accidente —masculló y luego bajó su vista a nuestras manos entrelazadas. —Iré a buscar un doctor para que te revise.

Llevo sus pardos ojos hacía los míos y me sonrió con tristeza y cansancio.

Se levantó y caminó hasta la puerta –al igual que todo lo que había en esa habitación –de color blanca y la abrió.

¿Un accidente?

Internamente me pregunté qué era que había pasado. No recordaba nada…. Cerré mis ojos y urge en mi memoria.

— Odio esa canción, Austin.

Lo miré con un puchero marcando mis labios y llevé mi mano a la radio que había en el auto de mi novio.

— ¡Pero yo amo esa canción! —Discutió él mientras tomaba mi mano entre las suyas para que no la cambiara.

Él también hizo un puchero y yo sonreí.

— ¡Bien tú ganas! —le dije y le sonreí aun más, —pero la próxima canción la escogeré yo.

Él me miró y asintió, llevó nuevamente su vista a la calle. Debíamos doblar en aquella avenida, pero nunca lo conseguimos.

Las luces de un camión nos cegaron y lo último que pude ver fueron los ojos chocolates de mi novio mirándome con miedo, como también lo último que sentí fue su mano apretando con fuerza la mía.

Abrí mis ojos y miré a mi alrededor. En ese momento entró mi madre con algunos tipos con cotona blanca.

— Mamá —le llamé aun con voz ronca. Mi madre pasó por encima de los médicos y se acercó a mi.

— Todo está bien Kate…

Negué con mi cabeza y trague saliva para preguntar.

— ¿Dónde está Austin? —pregunté con terror.

Tomó mi mano y besó mis nudillos. Abrió sus ojos y una nueva lágrima rodó por sus mejillas al tiempo que me miraba fijo y negaba con su cabeza.

— ¿No? —Pregunté sintiendo como un nudo se apoderaba de mi garganta, —¿No qué mamá? —Mi voz se quebró alk pronunciar la pegunta, sollocé sin siquiera darme cuenta.

Mamá apretó aun más fuerte mi mano y soltó con voz rota.

— No pudieron salvarlo… Austin está muerto.

No sé por cuántos segundos quedé mirando a mi madre fijamente, no sé cuantos minutos transcurrieron hasta que yo pude preguntar nuevamente.

— ¿Hace cuánto? —Pregunté en un murmullo.

— El accidente ocurrió hace una semana —respondió.

Solté un gemido que me desgarro la garganta.

— No puede ser mamá… él no puede… él no puede haber muerto —susurré mientras las lágrimas caían una a una por mis mejillas.

— Lo lamento tanto, hija… —Dijo ella con la voz quebrada.

Negué con mi cabeza mientras las lágrimas caían sin parar.

— ¡No puede ser!, ¡él no puede haber muerto! —Chillé.

Los médicos se acercaron a mi y yo me retorcí en sus manos.

Si Austin estaba muerto, pues entonces yo también debía estarlo.

— ¡Suéltenme!, ¡déjenme! —Volví a chillar, pero ellos me agarraban con fuerzas.

— ¡Kathleen! —Gritó mi madre pero yo no quería oírla.

Yo quería morir, yo quería estar junto a mi novio, por que no podía, no quería estar en un mundo sin él…

Sentí un pinchazo en mi brazo y de pronto todo comenzó a dar vuelta, las imágenes comenzaron a ser unos simples borrones y las voces se oían cada vez más lejanas. Entonces… me dormí.

(...)

— ¿Cómo te sientes, Kate?

La voz de mi primo Edwin me hizo volver al presente.

Sus ojos esmeralda estaban fijos en mí y me miraban con curiosidad y preocupación.

— Mejor, gracias —Le sonreí, pero sabía que aquella sonrisa no había llegado realmente a mis ojos y aquello tampoco había pasado desapercibido por él.

— Los médicos dicen que pronto podrás salir de aquí —me dijo Ed intentando distraerme.

Le sonreí nuevamente, pero deduje que me estaba viendo patética al fingir.

Llevé mi vista hacía al frente y mis ojos se humedecieron. Sollocé y Ed me tomó mi mano.

— Tranquila, Kate… —Susurró él pero yo negué, ¿cómo quería que estuviera tranquila sí él se había ido para siempre? —Sé que te duele, chiquita pero…

— Duele mucho —me quejé sintiendo como el agujero que había en mi pecho crecía aun más, arrasando con cualquier órgano vital produciéndome un dolor más grande.

Ed se inclinó en mi cama y secó mi lágrima.

— Austin era uno de mis mejores amigos, a él no le gustaría que estuviéramos tristes por él —murmuró mi primo y yo negué con mi cabeza con molestia.

Mi cuerpo convulsionó y apreté los labios para no soltar ningún gemido. Edwin me abrazó con fuerzas mientras yo mojaba su polera por las lágrimas que no querían cesar.

(...)

El doctor me dio el permiso para salir al fin.

Yo estaba en perfectas condiciones, apenas tenía unos rasguños en mi rostro, cosas superficiales. Yo estaba bien, sin ninguna lesión.

El medico me informó que debía ir un día cada dos semanas hacía el hospital para que me revisen, debían revisarme sí es que había quedado con alguna secuela.

Mantuve mi mejilla pegada al vidrio de la camioneta. Mamá cada medio minuto giraba su cabeza en mi dirección para verme. Yo hacía como si no me daba cuenta y miraba el paisaje. Sin querer solté un sonoro suspiro y mis ojos se abnegaron en lágrimas nuevamente. Baje mi vista hacía el suelo mientras las lágrimas empapaban mis mejillas. Me las sequé porque pude sentir la mirada de preocupación que me daba mi madre pegada en mi nuca. Al llegar a mi casa me baje del auto con pesadez, papá me ayudo a caminar aunque yo no lo necesitara.

Entramos y se oyeron unos pasos correr hacía nosotros.

Por el umbral de la sala pude distinguir a Dave, sus ojos tan parecidos a los de mi madre hicieron contacto con los míos.

— Regresaste —dijo mientras una sonrisa surco su rostro.

Mi hermano mayor se acercó a mí sin pestañear. Al quedarse parado frente de mí me atrajo a su cuerpo y me abrazó con fuerzas.

— Nunca, ¡nunca más nos hagas esto! —Chistó y yo asentí entre sus brazos como cuando era una pequeña niña y me iba acostar con él por que le temía a las tormentas.

Se oyeron unos nuevos pasos, esta vez unos pasos más livianos. Me separé de Dave para ver los grandes ojos pardos de Jessie. Mi hermano pequeño me miró y se largo a llorar amargamente en el umbral de la puerta.

Le sonreí y caminé hasta él para abrazarlo. Él gimoteo en mi hombro. Mi pequeño hermano de apenas ocho años estaba sufriendo y eso era mi culpa.

Luego de aquel emotivo encuentro con mis dos hermanos subí las escaleras para ir hacía mi habitación. Tomé con una mano el pomo de la puerta y abrí.

El nudo que tenía en mi garganta se hizo más pesado cuando observe mi habitación.

Había un oso de peluche puesto en mi cama y en la cabecera estaba el collage de fotografías que me había regalado Austin cuando cumplimos 3 años.

Cerré la puerta de mi habitación tras de mi y caminé con las piernas tiritonas hacía mi cama.

Me senté y tomé entre mis manos el oso que Austin me había comprado cuando habíamos ido a la playa. Lo llevé hacía mi nariz y olí su aroma. Las lágrimas nuevamente se posesionaron de mis mejillas.

No sabía cuánto tiempo más iba a resistir aquel horrible hueco en mi corazón, no sabía qué iba a ser de mi vida sin él.

— ¿Por qué me dejaste Austin? —Pregunté en un murmullo.

Llevé mis ojos hacía el cuadro que colgaba en la cabecera de mi cama. En todas las fotografías salíamos ambos. Sonriendo a la cámara, poniendo caras feas o otras, simplemente… besándonos.

Llevé mi mano a mi boca para ahogar un sollozo.

Mi vida se estaba transformado en un infierno sin él. Y eso que recién estaba comenzando...


Bien aquí tengo una historia que es bastante triste, trágica y mamona. Sin embargo, siempre tengo planeado en mi mente finales felices.

Bien, ahora depende de ustedes si subo los capítulos más seguido, ya que, tengo bien avanzado la historia. Me gustaría saber si en verdad soy buena escribiendo (cosa que es mi hobbie) Como sea. Si han leído esto gracias de ante mano. Dejen comentarios con sus críticas y sus sugerencias, quizá y ¿por qué no? Sus tomatazos, etc, acepto de todo.

Saludos.

Jenelle. Jell :A

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .