
"Maxya un mundo sin magia..." un ideal perverso e ilógico causará que nuestros amigos se embauquen en una nueva aventura donde la muerte se asomara en más de una ocasión ante estos chicos. ¡El romance y compañerismo crecerá, y la comedia no faltara! Descubre lo que les depara a los chicos de "Maxya" en esta nueva y emocionante aventura donde su vida estará en juego múltiples veces
Rated: Fiction T - Spanish - Fantasy/Adventure - Chapters: 26 - Words: 84,437 - Reviews: 2 - Favs: 1 - Follows: 1 - Updated: 01-30-13 - Published: 10-09-12 - id: 3064460
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Regrese! con la segunda parte de esta historia que, en parte a fuerzas, tuve que subir más temprano de lo que planeaba. La trama cambiará más o menos, lo advierto, sin embargo, tiene importancia en la primera parte aunque de forma muy resumida.
Ahora vengo con la intención de revelar todo secreto y darle un fin a la historia puesto que aun no quiero hacerlo xD pero debo hacerlo n.n
Advertencia::: a partir de este capitulo aparecerán más personajes, así como incrementaré un poco el romance entre varios personajes, se cambiará un poco su actitud (en el caso de Íss), y los paisajes y lugares.
Espero les guste y comenten que les parece la historia, quien les agrada, quien no, etc xD n.n
Trueno Rojo
Maxya, un mundo lleno de magia, donde es común ver animales que hablan e incluso caminan en dos patas. Donde la gente con Marcas Mágicas trabajan y ganan monedas de oro y plata, un lugar habitado por reyes, ricos, pobres… en fin, un lugar mágico, genial, emocionante. Pero no creo que sea necesario que lo diga, pues ya lo saben ¿no?
Mi nombre es Kaminari Akai. Soy un guapo y apuesto príncipe de 19 años con una Marca Mágica de Trueno. Pero no es amarilla. ¡Es roja! Mi nombre debe decirlo todo ¿no? en una traducción al español, mi nombre significa algo así como Trueno Rojo. Aunque claro, en japonés se escucha mejor. ¿O es porque estoy acostumbrado a escucharlo siempre? En fin, ese no es el punto. Sino el que estoy narrando una breve introducción para que conozcan algo sobre este galán. Por cierto, yo vivo en Maxya, Nazo, en la región oeste.
Mi madre murió, o eso es lo que me mencionó mi padre cuando yo tenía 15 años. No tengo hermanos. Desde pequeño he sido cuidado solo por mi padre, pero no hace un buen trabajo, ni él, ni los sirvientes. La mujer que me dio la vida nunca estuvo a mi lado, y solo una… "mujer" es a la que quiero mucho. Su nombre es Niní, mi mascota zorrita que tengo desde los 10 años después de salvarla de un horrible bastardo. Niní es mi mejor amiga, mi "hermana", la única mujer, y por así decirlo, en la que confío.
No es que no confíe en las sirvientas… pero Niní siempre me tiene en jaque, no deja que sea grosero con mi padre, me regaña cuando hago algo mal, me salva cuando me descubren haciendo una travesura… es como una madre que está siempre para mí, una nana. En cambio las sirvientas hacen lo que yo les ordeno y nunca reniegan. No es divertido si no reniegan.
Pero, a pesar de la vida que llevo, hay un vacio en mi pecho. Puedo tener sirvientes a mi disposición, dinero a montones, una enorme habitación del tamaño de una cabaña, vivir en un castillo… pero aun con todo eso no me siento un príncipe. Sino un prisionero. Un prisionero repleto de obligaciones y responsabilidades. No puedo pasear cuando quiero, siempre está un sirviente observándome, tengo que estar presente cuando mi padre hace una fiesta o cuando nos invitan a una, debo portarme siempre bien, no puedo dar mi opinión, debo camina derecho y hablar con modales… es una vida sofocante.
Y es por eso que hoy, en mi propio cumpleaños, me escapare de esta prisión y…
Sr Akai: ¡Kaminari, ponme atención cuando te hablo!
Kaminari: si papá, te estoy prestando atención.
Sr Akai: ¿en serio? ¿Qué te estaba diciendo hace unos momentos?
Kaminari: (diablos… me descubrió…) bueno, pues… estabas diciendo que… habrá una… Pff, pero si ya lo dijiste tú ¿Por qué tengo que repetírtelo yo? Eso no tiene lógica.
Sr Akai: ay Kaminari… siempre eres igual. Como sea, te estaba comentando que esta noche quiero que te vistas lo más lujoso y elegante posible. Tu cumpleaños 19 es importante. Un año más y te convertirás en rey. Por lo tanto debemos festejar tu último año de príncipe…
Kaminari: ¡dije que no quería que hicieras eso! Es mi vida, no la tuyo vejete entrometido. Consíguete una vida que estropear pero no la mía…
Sr Akai: ¡Kaminari Akai vete a tu habitación en este instante! Quieras o no festejar este cumpleaños lo harás. Te quiero en mi despacho a las 9 para darles la bienvenida a tus amigos invitados.
Kaminari: que no son mis amigos…
Sr Akai: ¡AHORA Kaminari!
Un joven de cabello rubio y ojos escarlata, alto, esbelto y de piel clara cruzó los brazos detrás de su nuca y comenzó a caminar para irse del despacho de su padre, el rey Akai. A comparación con muchos de los príncipes en Maxya, Kaminari era un muchacho rebelde, irrespetuoso, un poco rudo, vanidoso con su aspecto de príncipe, pero al mismo tiempo alegre y divertido. No obstante, no mostraba su lado positivo en su reino, solo lo hacia con su mejor y única amiga Niní, una zorrita azul de ojos morados que tenía desde los 10 años.
Niní: no puede ser, ¿otra vez hiciste enojar a tu padre Kaminari?
Kaminari: yo claramente le dije que NO quería que me celebrara nada. Ser príncipe, ser rey… eso me da igual. En ambos puestos estoy atascado de obligaciones.
Niní: pero es la tercera vez que discuten tú y el en la semana… cuando el rey Akai se enoja se pone demasiado estricto.
Kaminari: eso me tiene sin cuidado. Ya que me iré de aquí hoy. Y tú también vendrás conmigo Niní.
Niní: si claro… ¡¿EH?! ¡¿QUÉ DIJISTE?!
Kaminari: ¡vamos Niní! ¿No me digas que te gusta estar aquí todo el día haciendo caso a mi viejo y lidiando siempre con este galán?
Niní: sigo las órdenes como la sirvienta que soy.
Kaminari: pues yo como el príncipe que soy te ordeno que vengas conmigo. Tienes que cuidarme ¿no? esa fue la condición que te dio mi padre para que te quedaras en este castillo. No puedo irme sin ti… tú eres especial para mí y no te dejare sola aquí.
Niní: entonces no te vayas y ya no estaré sola…
Kaminari: hmm, Niní.
Niní: okey… pero Kaminari, no puedes simplemente irte y creer que te libraras de todo. Te buscaran, no te dejaran ir… ¡me castigaran!
Kaminari: no seas exagerada Niní.
Niní (histérica): ¡oh, claro que no soy exagerada! ¡No puedes irte y creer que no nos encontraran y mucho menos decirme que no me ponga histérica cuando digo la verdad de lo que me sucederá si te dejo ir y nos descubren en el intento…!
Kaminari: ¡cálmate Niní!
Niní: okey… creo que si me puse un poco histérica. Pero lo que quiero decir es que…
Niní se calló al ver en el rostro de Kaminari una sonrisa infantil completamente alegre. Una que por varios años se había ocultado en un rostro insatisfecho y renegón de un príncipe molesto con su puesto. Y dando un gran suspiro, Niní asintió para darle a entender a Kaminari que aceptaba su petición.
Kaminari: ¡Niní eres la mejor, por eso te quiero tanto!
Niní: (estoy muerta… pero mientras Kaminari sea feliz, yo también. Esa es mi labor en este castillo… y ver de nuevo esa sonrisa en su rostro hace que casi no me lamente de lo que hice. CASI…)
Kaminari: date prisa Niní. No quiero que nos descubran… hoy mismo nos escaparemos.
Niní: enloqueciste ¿lo sabías?
Kaminari le dirigió una sonrisa a Niní, y como niño pequeño corrió a su habitación seguido de Niní, quien, apenas entró, observó como Kaminari ya estaba haciendo las maletas para irse del castillo sin perder nada de tiempo.
Los invitados comenzaron a juntarse, el cielo había oscurecido. En unos minutos más la fiesta daría inicio y Kaminari ya había terminado sus maletas, por lo que ya estaba por escaparse. Aunque, por desgracia suya, al sirviente a cargo de él abrió la puerta y lo encontró sentado en lo que parecía ser una maleta con cobijas encima para que pareciera un "sillón".
Sirvienta: … ¿aun no está listo príncipe?
Kaminari: en un momento lo estaré. Me niego a hacerlo contigo aquí.
Sirvienta: como guste príncipe. Aquí le dejo su ropa.
Kaminari: … oye… ¿si me fuera me detendrías?
Sirvienta: si lo que usted desea es irse, no soy quien para detenerlo. Pero… en mi opinión, un príncipe no debería huir de su puesto.
Kaminari: ¡no voy a huir!
Niní: ¡Kaminari lo estropeaste todo!
Kaminari: … rayos…
Sirviente: no se preocupe príncipe. No diré nada. Si usted quiere irse puede hacerlo.
Niní: pero a ti te iría mal si haces eso…
Sirvienta (cerrando los ojos): no si yo no vi nada.
Kaminari miró a la sirvienta por unos momentos con ojos incrédulos, pero cuando ésta abrió sus ojos y señaló la venta para volver a cerrarlos, una sonrisa se formó en el rostro del príncipe quien inmediatamente se levantó y corrió hacia la ventana con su maleta.
Kaminari: gracias.
Sirvienta: no es necesario que lo agradezca príncipe. Solo le pido una cosa… disfrute su nueva vida. Y recuerde que cuando lo necesite, estaré aquí para ayudarlo.
Kaminari: andando Niní.
La sirvienta abrió los ojos para ver a Kaminari aventar su maleta y saltar con Niní en sus brazos para irse del castillo. Y, aunque mostraba tristeza por ver como el príncipe al que había cuidado desde niño se iba, una sonrisa alegre apareció en su rostro.
Sirviente: cuídate Kaminari…
En el jardín trasero Kaminari y Niní caminaban con sigilo para no ser descubiertos por nadie. Cada que escuchaban pasos, Kaminari se escondía detrás de un árbol simulando un ninja, mientras Niní lo miraba con desconcierto y suspiraba cientos de veces. Y así, fue como la fiesta dio inicio sin el príncipe Kaminari. El festejado. Quien se encontraba a varios minutos de distancia rumbo a un nuevo lugar donde vivir aventuras y ser libre. Pero su libertad le iba a costar más de lo que se imaginaba.
Niní: ¿estás seguro de hacer esto?
Kaminari: ya estamos aquí. Claro que lo estoy. Por fin soy libre.
Niní: apenas hemos caminado unas cuadras Kaminari.
Kaminari: si, pero esas cuadras, que por cierto son 6, me hacen libre de ese castillo, de ser príncipe y de todas las responsabilidades que antes tenía. ¡La libertad me llama! Y debo seguirla.
Niní: la locura te grita, más bien dicho.
Kaminari: ¡seremos un par de viajeros teniendo infinidad de aventuras!
Niní: infinidad de problemas
Kaminari: ¡seremos ricos!
Niní: pobres…
Kaminari (berrinchudo): ¿Por cuánto más estarás de aguafiestas Niní?
Niní: quizá una o dos semanas más.
Kaminari: hmm… ¡como sea! De ahora en adelante nuestra vida estará llena de aventuras, ¡como las novelas que me contaban las sirvientas! seré un viajero que verá todo el mundo y tendrá aventuras… conocerá gente nueva…
Niní: se volverá pobre por psicópata…
Kaminari: cállate Niní. Me quitas los ánimos.
Niní: esa es la intención.
Kaminari: ¿Por qué estás así? Por fin seremos solo tú y yo… ya nadie nos regañara y dirá que hacer. ¿Por qué no te oyes contenta?
Niní: ¡porque no lo estoy!
Kaminari: ¡¿y por qué no lo estás?! Te ordeno que lo estés.
Niní: ¡no me ordenes nada que ya no eres príncipe!
Kaminari: … cierto…
Niní: pero si regresas lo serás y podrás ordenarme. Así que regresemos.
Kaminari: nop. Prefiero que se quede así la situación.
Un grito salió de la boca de Kaminari cuando Niní clavó sus colmillos en el tobillo de éste para obligarlo a regresar. Algo que no funcionó con el muchacho, que estaba terco en escaparse de su castillo y convertirse en un aventurero.
Niní (mordiéndolo): ¡regresemos!
Kaminari: ¡jamás en esta vida ni en ninguna otra!
Niní: nos alcanzaran cuando se den cuenta de que no estás…
Kaminari: ya les tendré ventaja y no me alcanzaran jamás. ¡Au Niní no me muerdas!
Niní: dejare de hacerlo hasta que regresemos.
Kaminari (sentándose): okey.
Niní: si estás de acuerdo ¿Por qué te sientas?
Kaminari: si logras arrastrarme hasta allá me quedare en el castillo como el príncipe Kaminari Akai que soy y no escapare de nuevo.
Niní: ¿tienes en cuenta que soy una zorrita, no?
Kaminari: sip. ¿Entonces?
Varias personas veían con desconcierto como Niní arrastraba a Kaminari mordiéndolo de su camisa, mientras éste se mantenía de brazos cruzados sin moverse.
No obstante algo llamó la atención del príncipe. Varios hombres con aires de sospecha pasaron caminando a su lado, mirando de reojo a Kaminari y Niní y regresando la mirada al frente. Detrás de todos ellos iba una niña con la cabeza baja, de largo cabello castaño con una cadena en su cuello y sus manos, que hizo sentir en Kaminari tristeza y compasión. Lo raro en ella era que su cuerpo estaba en perfectas condiciones y su rostro se veía contento.
Sus ojos estaban vendados, no obstante, de pronto la niña volteó hacia Kaminari, y aun con sus ojos vendados, le dirigió una tierna sonrisa que Kaminari nunca había visto. Pero no duró mucho mirando a la niña, puesto que comenzó a alejarse junto con los hombres hacia la dirección contraria que Niní y Kaminari tomaban. Quizá… hacia el castillo del rey Akai…
Kaminari: (una esclava… y a pesar de serlo… sonríe… y yo que soy un príncipe y tengo todo lo que esa niña no… siempre estoy molesto con mi rango…)
Niní: ¿te rindes Kaminari?
Kaminari: … ¿eh? ¿Qué dijiste?
Niní: ¡no me ignores Kaminari! Te he arrastrado una cuadra.
Kaminari: si… pero creo que una cuadra hacia adelante. ¡Ja Niní! ¡Incluso tú estás de acuerdo en que me vaya del castillo!
Niní: ¡¿en serio te estoy llevando hacia adelante?! ¡No puede ser!
Kaminari: pues créelo Niní…
Recordando su equipaje olvidado en la cuadra anterior, Kaminari se levantó y comenzó a buscarlo por la cuadra donde Niní lo arrastró. No obstante, se llevó una desagradable sorpresa cuando se dio cuenta que éste no se encontraba por ningún lado. Que lo habían robado y no se había dado cuenta de cuando y quien lo había hecho.
Kaminari: oh no…
Niní: ¿ocurre algo Kaminari?
Kaminari: ¡mi maleta no está! La robaron…
Niní: ¡no bromees con eso! Quizá la olvidaste en algún lado…
Kaminari: … quizá… ¡en fin! No es de gran importancia.
Niní: ¿Cómo que no es de gran importancia? ¡Es de mucha importancia! en esa maleta teníamos comida, dinero… y tu ropa.
Kaminari: no te preocupes por eso. Ya me haré cargo de eso después. Ahora vámonos Niní que la fiesta ya ha dado inicio y pronto se darán cuenta de mi ausencia.
Niní: (me odiare algún día por todo lo que hago gracias a Kaminari)
Kaminari: (pobre niña… realmente me gustaría ayudarla…) Niní, te tengo una pregunta.
Niní: ¿Cuál?
Kaminari: ¿Cómo salvas a un esclavo sin dinero?
Niní: no lo sé… quizá si vences al dueño del esclavo… ¿pero por qué preguntas eso?
Kaminari: curiosidad. Solo eso. Ahora vámonos.
Estando lejos del castillo, Kaminari y Niní cayeron al suelo cuando un fuerte temblor dio inicio cerca, o más bien dicho, en el castillo del rey Akai, mientras gritos, ruidos de lo que parecía ser objetos destruyéndose se escuchaban desde lejos. Una masacre estaba dando lugar en el castillo de Kaminari sin que éste se diera cuenta al principio.
Pero, por alguna razón, el temblor hizo que Kaminari recordara a la pequeña de tierna y sincera sonrisa, de tal modo que se levantó y comenzó a buscarla, siguiendo a como recordaba el camino por el que se había marchado ella y los hombres. Nuevamente, para desgracia suya, su mirada se quedó inmóvil, perpleja, al ver frente a él una gran nube de humo salir desde el castillo de su padre.
Kaminari: … no bromeen con esto…
Niní: ¡espérame Kaminari…!
Kaminari (corriendo): ¡PAPÁ!
Sin pensarlo dos veces Kaminari corrió hacia el castillo de su padre, ignorando por completo los gritos de Niní, rogando porque nada malo hubiera sucedido en su hogar. Pero cuando llegó al castillo un par de lágrimas resbalaron por su rostro al ver todo lo que era su hogar incendiado, destruido, con sirvientes yaciendo en el suelo, y ningún rastro de su padre.
Pero lo que más lo sorprendió fue ver a la niña en medio del campo de batalla sin su venda en los ojos, con una herida en su costilla que sangraba sin parar. Por primera vez en su vida Kaminari veía lo que era un campo de batalla. Una guerra…
Kaminari: mi castillo está… destruido…
Niní: ¡Kaminari!
Al intentar voltear hacia atrás al escuchar la voz de Niní, Kaminari sintió un agudo dolor en su brazo, producto que un ataque por parte de uno de los hombres que había visto y que eran los responsables de la destrucción de su castillo. Furioso, con deseos de venganza, Kaminari intentó atacar, pero rápidamente su vista se nubló y cayó semiinconsciente al suelo. El ataque que había recibido no era una simple cortada. Había veneno en el filo del arma… una Marca Mágica de Veneno…
Kaminari: (si hubiera estado aquí… si hubiera sospechado de esos hombres cuando los vi… quizá… no habría sucedido esto… lo siento papá… Niní…)
El rostro de la pequeña fue lo último que Kaminari vio con respecto a su castillo. Todos los sirvientes, o por lo menos la mayoría, yacían en el suelo. Entre ellos, a la sirvienta a cargo de Kaminari, quien había dado su vida por proteger al rey en vano. Éste también había desaparecido. No obstante, no se sabía si aun seguía vivo o muerto…
El rubio no se dio cuenta de lo que pasó después. La asustada Niní corrió a su auxilio recibiendo únicamente una patada por parte del hombre de la Marca de Veneno, quedando inconsciente por el golpe. Todos los sobrevivientes –muy pocos– fueron metidos en un camión junto con el joven príncipe y desaparecieron de vista dejando a una muchacha de rostro cubierto por una mascara que se acercó a la pequeña niña y la llevó con ella.
Michelle: ¿lo hice bien?
Chris: claro que si. Lo hiciste muy bien Michelle.
Michelle: ¿Qué le pasara al príncipe?
Chris: … no lo sé… ¡pero! Intentare convencer al general para que te dejé cuidarlo ¿te parece? será como tu juguete.
Michelle: ¡si! gracias señorita.
Chris: no necesitas agradecer. (Te mereces algo bueno por todo lo que has hecho… has sabido tolerar la muerte del capitán y serle fiel a la Organización… no quiero verme malagradecida contigo…)
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