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SOW Elliot Records of a Teenager Valkyrie
Author:
Kuro Tenshi 731 PM
Elliot Harrington era una estudiante como cualquier otra, hasta que descubrió su verdadero poder. Ahora, para sobrevivir, deberá responder a preguntas cuya respuesta hasta ahora ignoraba. ¿Quien es? ¿De donde vienen sus habilidades? ¿Que va a hacer ahora? Mejor pasen y leanlo. Agradecería dejasen reviews. T futura. -CAPITULO 9 REESCRITO Y MEJORADO-
Rated: Fiction T - Spanish - Supernatural/Sci-Fi - Chapters: 8 - Words: 20,594 - Reviews: 5 - Updated: 04-22-13 - Published: 11-08-12 - id: 3072507
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4: Alas por sorpresa.

Le Roi Iacobus, 77 & Valhalla St, Auburn.

Le Roi Iacobus era el bar que dirigía la familia de Camille. Ubicado en la esquina de la 77 con la Valhalla Street, era un elegante bar de esquina decorado al estilo de los Caffé Au Lait franceses. Lo primero que se veía al llegar era la puerta de madera de doble hoja, a cuyos lados campeaban las banderas de Estados Unidos y Francia. En la cristalera podía verse un cartel de "Se necesita camarero – Preguntar en el interior."
El interior era elegante, de una forma que es difícil ver en América. Al contrario que en los bares habituales, con las paredes de ladrillo visto, chillones letreros de neón y música ambiental a todo volumen, Le Roi Iacobus estaba adornado con espejos, cuadros con paisajes de la zona y recortes periodísticos con noticias muy sonadas de la localidad. Las paredes eran amarillas con una elegante cenefa de madera que llegaba al metro cincuenta y los muebles eran de madera maciza, tapizados de verde oscuro.
Elliott encontraba relajante aquel sitio. Tenía cierta sofisticación que no transmitían otros bares, por lo que era su favorito. Su padre, en cambio, opinaba que era un poco caro, lo que no impedía que Camille invitase a Elliott, Abby y Bella a pasarse por allí.

Llegaron en el momento en que la madre de Camille colocaba en la pared un gran espejo de cuerpo entero con el marco plateado adornado con animales fantásticos diversos. Aquel espejo en concreto parecía más antiguo que todo el local junto; la decoración mostraba seres parecidos a ángeles, otros con forma de lobo, seres pequeños con orejas y cola de zorro, todos ellos de ojos rasgados y grabados en un estilo muy extraño.
Elliott miró distraídamente al espejo... y lo que vio la hizo abrir mucho los ojos.
—¡Aaaaaah!—gritó.
Sus amigas la miraron extrañadas.
—¿Qué ocurre?—preguntó Camille.
Elliott señaló el cristal.
—Ahí... ¿No lo veis? Este espejo...—empezó a decir, antes de callarse.
Las otras dos miraron. El cristal les devolvió el reflejo de las tres, con el asombro visible en sus rostros.
—No veo nada raro.—comentó Camille.
—Yo tampoco.—señaló Abby.—Elliott, ¿estás bien?—
La señora Duval terminó de colocar el espejo y se fue, ajena a lo que había pasado.
—Creo que si...—
En ese momento, la madre de Camille se dio cuenta de su presencia.
—Bienvenidas.—saludó.—Por favor, sentaos allí. ¿Os traigo algo?—
—Gracias, mamá.—contestó Camille.—Unos refrescos, por favor.—

Elliott volvió a mirar el espejo cuando se alejaban. Su reflejo, el extraño reflejo que había visto al mirar por primera vez el espejo, le devolvió la mirada. Un reflejo de ella misma con un aspecto sobrenatural.
La Elliott del espejo estaba envuelta en un halo de energía azul brillante. Por si esto no era bastante raro, un par de grandes alas de color castaño claro asomaban por su espalda, por encima de sus hombros. Empuñaba una gran espada y un círculo rojo rodeaba los iris. En la cara habían aparecido dos triangulitos azules bajo cada ojo, inquietantemente similares a marcas tribales.
Miró de reojo aquella figura sobrenatural, inquietantemente parecida a ella. Notó un escalofrío; ¿Qué era aquello? ¿Una broma de mal gusto? Había oido hablar de espejos que reflejaban a la gente gorda, flaca, encogida o gigante, pero aquel era el primer espejo que veía que la reflejaba con aquel aspecto.
Decidió enterarse de la verdad.

—Esto... señora Duval.—
—¿Si, Eli?—
Elliott dudó. No estaba segura de cómo plantear aquello.
—Bueno… me he fijado en ese nuevo espejo… y no había visto algo así hasta ahora.—
La mujer enarcó una ceja.
—¿Es demasiado recargado?—preguntó.
—¿Recargado?—contestó la joven, extrañada.
—Si. Mi marido decía que era demasiado recargado para el bar, pero yo creo que queda muy bien.—
Elliott no se sintió con ánimos para señalar que aquella no era su pregunta sobre el espejo. Decidi´´o probar otro enfoque.
—No parece el típico espejo que te venden en una tienda.—
La mujer acarició el espejo con amor.
—No lo es. Es el Espejo Shurti.—explicó la señora Duval a Elliott con evidente orgullo.—Lo trajo un antepasado nuestro de la India en el siglo XVIII. Ha pasado de generación en generación desde entonces. Dice la leyenda que refleja la verdadera naturaleza de aquellos que se miran en el...—
Hizo una breve pausa, que a Elliott se le hizo eterna.
—...pero, naturalmente, eso es solo una leyenda.—concluyó la tabernera.—Es solo un espejo antiguo, pero es una reliquia familiar. No sabía que te interesaran las antigüedades.—
La joven se quedó con al boca abierta. No había previsto aquella salida.
—No, es que... es muy llamativo.—balbució al fin.
Encogiéndose de hombros, la señora Duval regresó a su trabajo. Elliott también apartó aquel asunto de su mente, absorbida por la conversación de sus amigas.

Chez Codman, por la tarde.

Al otro lado de la cama, Bella suspiró en sueños. Mike la miró de reojo; desnuda y medio envuelta por las sabanas, con el pelo suelto, tenía un aspecto puro e inocente, que el sabía falso. Acarició su cabello rubio, recordando como se habían apareado salvajemente durante la noche...
Ella era insaciable y le gustaba ser poseída con dureza, de forma que el había dirigido el juego amoroso de manera que acabara agotada y el relativamente descansado. Quizá no pudieran mantener una conversación elevada, pero era su mejor compañera de cama hasta el momento.
Dentro de su estupidez, Bella era muy útil. Aparte de hacerle quedar bien al lucirla ante sus compañeros, le servía para satisfacer su necesidad de sexo cuando no tenía ganas de pelear con su pareja.
Además, difícilmente iba a encontrar a otra chica que aceptase ser utilizada y compartida por los cuatro, pasando de cama en cama como si fuera un mero objeto de uso común. Eso le permitía ofrecérsela como recompensa a sus amigos cada vez que alguno hacía algo que mereciera ser premiado de forma especial.

Aquello le recordó que tenía que echar las cuentas. Salió de la cama y se acercó al escritorio, donde estaba su caja del dinero. La abrió y contó rápidamente los billetes que había dentro; seguía teniendo casi mil doscientos dólares, las ganancias de la semana. Descontando las partes de sus compañeros y lo que gastaban en la bebida y la droga, le quedaban trescientos limpios para el solito.
Sonrió al recordar a su padre y su estúpida idea de que entrase de camarero en el bar de Camille. El viejo no se enteraba de cómo funcionaba el mundo. ¿Por qué pringar fregando platos doce horas al día, cuando podía conseguir el mismo dinero en cinco minutos, simplemente sacando músculo de la forma mas adecuada?
Aparte, dudaba mucho que aquella pobretona de Camille pagase sueldos de 300 dólares semanales a su personal. Bastaba ver que nada de lo que llevaba era de marca... y ni siquiera valía para frotarse con ella.

Bella bostezó y alargó un brazo, estirándose.
—Uaaaahhh...—bostezó, aun medio dormida.—Buenos días, Mike.—
El se acercó y la besó en la boca.
—Buenos dias, cielito.—saludó acariciándole el rostro.
La joven apartó las mantas y salió de la cama, exhibiendo su desnudez sin ningún pudor, no como las actrices de Hollywood y su falsa decencia. Caminó hacia el baño y entornó la puerta; Mike aguzó el oído y pudo oir el cantarín sonido del agua al caer.
—¿Que tal estás?—le preguntó cuando Bella volvió a la habitación y se puso a buscar su ropa, que seguía donde la había esparcido la noche anterior, al quitarsela apresuradamente.
—Cansada, pero feliz.—contestó ella vistiendose con rapidez ante el.—Mike, te quiero...—
—Lo se.—asintió el sin perderse detalle.—Yo también te quiero.—añadió antes de manosearle el pecho.
Ella le cogió la mano y se la apartó con delicadeza.
—Ahora no, por favor... Tenemos que ir a clase.—suplicó.—Pero, si tienes ganas, podemos quedar después... Sabes que haré todo lo que tu me pidas.—
El fingió pensárselo. Si, lo sabía; Bella era muy complaciente con el, siempre dispuesta a hacer realidad sus mas sórdidas fantasías. Lo cierto era que había fantaseado sobre como sería tirársela en la fiesta de los Spellman, y que ella se le ofreciera por propia iniciativa ponía las cosas mas fáciles.
—¿Quieres venir conmigo a la fiesta de los Spellman?—preguntó.—Habrá comida, bebida, celebridades... y seguro que en algún lugar de esa casa hay una cama decente.—
Bella asintió con la cabeza y ambos se besaron con la lengua, antes de que ella saliera por la ventana que daba al garaje. Esa precaución era necesaria; si el juez Codman se enteraba de que Mike se dedicaba a meter chicas en la casa para tener sexo, seguramente se enfurecería considerablemente.
Mike se acercó al armario y empezó a vestirse. La fiesta prometía ser interesante...

Mansión de los Spellman, Lewisburg, el ocaso.

La fiesta estaba siendo un absoluto éxito. Absolutamente todos los alumnos del Edgar Allan Poe y unos cuantos de otros colegios estaban allí reunidos. Elliott y Camilla se sentían un poco fuera de lugar, impresión que se acentuó al ver que prácticamente todo el mundo había traído con el a su pareja o, si venían solos, se juntaban rápidamente con alguien.
Las dos se situaron junto al buffet, cada una con una copa de licor, donde había hasta veinte variedades distintas de bebidas alcohólicas y un camarero con cara de esfinge liaba cigarrillos de marihuana bajo un gran cartel con la fotografía de Elvis Presley. La decoración de la sala era temática de los años 60, un estilo puramente retro que no encajaba para nada con los muebles victorianos que nadie se había acordado de retirar.
—¿Qué se supone que hacemos aquí?—preguntó Elliott mientras su amiga abocetaba la sala, añadiendo por su cuenta elementos como banderitas, una lampara araña de cristal mucho mas recargada que la real y un publico que incluía personas señalizadas como "Wolf", "Anakim", "Mara" y otras similares.
—Divertirnos.—Camille terminó de dibujar al camarero y miró alrededor.—¿Qué tal si bailamos?—
Era una pregunta retórica, por supuesto; Elliott bailaba mal y Camille aun peor. Además, ninguna sabía bailar al ritmo de la música de Babier, que empezó a sonar en aquel instante. Los últimos estertores de los gatitos agonizantes llenaron la sala, obviando que no pegaban con el tema.
Alguien se les acercó. Era un chico que les sonaba de haberlo visto en clase de gimnasia, un tal Dan No-se-que. Llevaba un par de botellines de cerveza en la mano y se detuvo junto a ellas.
—¿Queréis bailar?—pidió.
Las dos le miraron de reojo.
—No querrás decir que nos vas a sacar a las dos.—comentó Elliott.
El la miró un momento, antes de tenderle la mano a Camille.
—Tu amiga es un poco borde. ¿Vienes?—
Camille le aceptó la mano.
—Solo si consigues un compañero para mi amiga.—cedió.
Dan asintió y los dos desaparecieron entre los bailarines.

Frustrada, Elliott acabó su copa y la dejó sobre la mesa. Miró alrededor y comprobó que la música era un baile muy lento, de esos de bailar muy pegados. Sintiéndose muy sola, caminó hacia la escalera y subió por ella. Tal vez en el piso de arriba hubiera algo que no requiriese una pareja para hacerlo...
El piso de arriba estaba mucho mas vacío; las luces del pasillo estaban apagadas y las puertas estaban entreabiertas, dejando ver lo que pasaba en el interior. Observó que la mayoría de los ocupantes de las habitaciones estaban dedicados a lo mismo que en el piso de abajo, pero con más intensidad.
"¿Pero que clase de fiesta es esta?" se preguntó, poniéndose pálida. Tenía la impresión de haber aterrizado en una bacanal a la que no había sido invitada; que ella recordara, la fiesta de Zhaila nunca había sido tan... ¿explicita? ¿O quizá era que simplemente no se había dado cuenta?
Aun absorta, llegó al final del pasillo y entró en una estancia tenuemente iluminada...

La sala estaba completamente a oscuras; únicamente unas velas colocadas en torno a un corrillo de chicos y chicas daban algo de luz. Las paredes mostraban dibujos abigarrados con círculos, estrellas de cinco, seis y ocho puntas, rodeados de textos que no entendió. El corrillo se había reunido en torno a una chica con trenzas morenas, a quien reconoció como la anfitriona de la fiesta; Zhaila Spellman se estaba desnudando, al mismo tiempo que se contoneaba seductoramente ante sus admiradores. Entre estos había más chicas, todas muy ligeritas de ropa. Aquello parecía una versión extrema del juego de la botella en el plató del anime Burakku Baibaru. Elliott observó incrédula como Bella se adentraba en el círculo de luz; untada de aceite, con los pechos al aire y unas escuetas y húmedas bragas por toda ropa, depositó la botella en el suelo.
—Ahora que hemos decidido quien se va a acostar con Zhaila, pasemos a la siguiente apuesta.—anunció alegremente, antes de dejar una pareja de anillos en el suelo.—El siguiente al que le señale la botella, será el que se casará conmigo. ¿Os parece bien?—
Se oyeron murmullos de asentimiento.
—Añado algo.—pidió Monty alzando la mano.—Al que le toque la china de ponerte el anillo tendrá derecho a una chupada ahora mismo. ¿Qué os parece?—
Aquella vez si que vitorearon con placer. Bella sonrió, contenta de haber captado la atención general.
—No os preocupéis. Aunque me vista de blanco, seguiré estando disponible para vosotros.—prometió.
Dicho esto, lanzó la botella a rodar...
La botella giró sobre si misma hasta detenerse. Todos miraron a Monty, que era el señalado por la botella. Zhaila le dio una palmadita en la espalda; los demás le felicitaron por su buena suerte. Bella caminó hacia el chico y, arrodillándose ante el, apartó los cabellos y abrió mucho la boca, antes de bajar la cabeza.
—Oh, siii...—gruñó el.
—Has hecho una buena pesca, tío.—
—Di que si.—
—¡Vivan los novios!—
Elliott ya había visto bastante; decidió salir de allí antes de que alguien la viera y le pidiera unirse. Tanteó, buscando la salida; tropezó con la puerta y fue como si el mundo se congelara.

Absolutamente todos los presentes en la sala miraron en aquella dirección. Cinco pares de ojos se clavaron en Elliott, haciéndola sentir como si hubiera salido a un escenario.
—Eh, Eli...—dijo Bella alzando la cabeza y mirándola fijamente, con algo blanco goteándole de la boca.—Todas nos lo estamos pasando como nunca. ¿Por qué no te unes a nosotras?—
Oyó un ruido a su espalda. Mike y John se acercaban a ella, los ojos brillándoles con una mirada perversa.
—Bella, eres muy mala...—comentó Mike socarronamente.—No te dije que trajeras una amiga.—
—Vino ella por que quiso.—señaló Bella.
Mike se encaró con Elliott. Estaba tan cerca que ella pudo olerle el aliento; iba muy pasado de maría y seguramente de alcohol y de Bella. Sintió asco ante aquella cercanía.
—Tranquila, pequeña, que hay Mike para todas.—dijo con altanería, al tiempo que le manoseaba el pecho a dos manos; Elliott notó una punzada en el bajo vientre.—Me parece que esto es lo que andas buscando...—
No lo dudó; alzó la rodilla y le pegó un fuerte rodillazo en la entrepierna. Mike gimió y se dobló, sujetándose la zona herida con ambas manos. Sus amigotes se rieron de el.
—Es salvaje, Mike, ¡ten cuidado!—se burló Monty sujetando a Bella por el cuello y recolocándosela.
Elliott apartó a Mike de un empujón y salio corriendo de allí, con las risas de aquellos idiotas retumbando en sus oídos como las campanas de la iglesia. Corrió por el pasillo, buscando una salida; sospechaba que en cualquier momento le iban a caer encima aquellos salvajes...
Llegó al baño y, tras meterse dentro, cerró la puerta tras ella. Colocó el pestillo y se sentó en la taza...

Cerró los ojos y trató de calmarse; notaba el corazón martillearle, las piernas temblándole y el pantalón flojo. Nunca había sentido tanta vergüenza propia ni ajena... No se atrevió a meter la mano; sabía que su cuerpo había reaccionado al contacto de Mike, y lo que era peor, sabía que el lo había percibido. Desde cierto punto de vista, era lógico, ya que nadie la había tocado así, pero que le pasara con aquél tipo precisamente... era más de lo que podía soportar.
Sintió ganas de que se la tragara la tierra y desaparecer para siempre. Sus pensamientos eran un caos; ¿Cómo podía Bella hacer algo como aquello? ¿Aguantar ser utilizada como si fuera algo de usar y tirar? Pocas veces se había sentido tan humillada... Deseó poder marcharse volando de allí...
Después de aquello, recordaría que había oído un fuerte ruido, similar al que harían docenas de frascos al ser golpeados y derribados al suelo.

Abrió los ojos. Una figura de ojos dorados y grandes alas color castaño le devolvió la mirada. Parpadeó; comprendió que estaba mirándose al espejo, y que aquella extraña figura era ella misma.
Extrañada, se llevó la mano a la espalda en un acto reflejo. Tocó algo fuerte, calido y blandito, con un tacto similar al del cabello. Extendió la otra mano y tocó lo mismo en el otro hombro.
—Oh, dios mío...—musitó.
Aquellos extraños apéndices (Elliott se resistía a llamarlos "alas", pese a que parecían y se comportaban exactamente igual que unas alas) aletearon débilmente cuando se estremeció.
Al moverse el ala, su mano pinzó una pluma, que se arrancó violentamente. Inmediatamente, un relámpago de dolor le atravesó la espalda.
"¿Qué es esto...? ¡Esto no puede estar pasando! ¡Las alas no aparecen espontáneamente como los granos! ¿Y como se supone que han salido sin romperme la ropa?"
Trató de darse la vuelta para mirarse la espalda, pero el baño era demasiado pequeño para moverse con un par de alas desplegadas y fuera de control. No tardó en comprobarlo al golpearse con una esquina y un armario al mismo tiempo.
Dos pensamientos contradictorios la asaltaron; tenía que salir de ahí lo antes posible y tenía que encontrar la forma de plegar las alas antes de hacerlo. Ni se planteó la posibilidad de arrancárselas; si simplemente arrancarse una pluma le había dolido tanto, no quería ni imaginarse como sería cortar el ala entera.

Alguien aporreó la puerta.
—Elliott, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?—oyó preguntar a Camille.
Dudó; lo último que necesitaba era que su amiga abriera la puerta y la viera en aquel estado.
—¡Nada! ¡Estoy bien!—mintió.
Camille volvió a llamar a la puerta.
—¿Seguro? ¿Qué ha pasado ahí dentro?—insistió.—Has salido corriendo.—
—Nada importante. El idiota de Mike.—soltó Elliott automáticamente.
—¿Que? ¡Me va a oír ese cabrón!—
Elliott apoyó la mano en la puerta, tratando de detener a su amiga.
—¡Quieta! ¡No hace falta que le digas nada!—
Los pasos se detuvieron. Camille había regresado.
—Elliott. Te lo digo en serio, haz algo.—la oyó decir.—No se que ha pasado ahí dentro, pero no puedes dejar que Mike te pisoteé de ese modo. Tienes que plantarle cara de una vez.—
"¿Plantarle cara? Si, claro, ¿Cómo?" se preguntó ella. Ni siquiera había tenido el valor de decirle lo que era conveniente al caso, tras pegarle una patada, y ahora ni siquiera podía abrirle la puerta a su amiga.
Recordó la patada y esbozó una sonrisa. Aquello había estado muy bien, aunque no entendía de donde demonios habría sacado el valor para hacer algo así.
Primero lo del espejo, luego ese encuentro, ahora aquellas ridículas alas; en conjunto, Elliott empezaba a pensar de que su mundo se estaba poniendo patas arriba. ¿Qué podía ser lo siguiente...?
Se miró al espejo. Tan misteriosamente como habían llegado, las alas habían desaparecido. Extrañada, abrió la puerta y salió, ignorando las preguntas de Camille, que quería saber como se encontraba.
—Estoy bien.—había dicho mecánicamente.—Solo estoy un poco mareada... Creo que es la musica. Solo necesito irme a casa. Estaré bien, de verdad.—
No estaba segura de estar bien del todo, pero necesitaba salir de allí cuanto antes. Por eso corrió fuera de la mansión, a la carretera, a la seguridad de su hogar...

Sala de la botella.

—Tengo que darle una lección a Elliott... una que nunca olvide.—se prometió Mike para si mismo.—Ya va siendo hora de que aprenda cual es su sitio, lamiendo mis zapatos.—
—¿Qué piensas hacer?—preguntó John.
—No lo se. Si fuera un chico, le daría la paliza que se merece, pero es una chica... Piénsalo, ¿Qué puede ser bastante humillante para una chica que es lo bastante estúpida para no apreciar mi belleza?—
Graham gruñó. Para el, un tío que empleaba la palabra "belleza" sin estar citando a ningún famoso era susceptible de ser denunciado como homosexual latente a la Iglesia Baptista de Westboro (0).
—Tío, hablas como un marica.—se quejó.
—Un momento...—terció Monty.—Dices que es una chica, ¿no? Bueno, se me ocurre algo que podriamos hacer. Y además nos divertiríamos haciéndolo.—
—¡Estás loco, tio!—le atajó John dándole un empujón.
Mike se sorprendió a si mismo considerando la posibilidad de hacerle mucho daño a Elliott, de humillarla profundamente. Si, decidió, eso era lo que necesitaba aquella estúpida. Una bonita lección de humildad que le enseñara a tenerle el debido respeto que el merecía.
Vació la botella de cerveza de un trago y la arrojó al otro extremo de la sala; una chica morena que pasaba por allí recibió el impacto de la botella en la frente y cayó sobre el buffet, lanzando la comida por el aire.
—Carambola.—le felicitó Graham manoseando a Bella, la cual se dejaba hacer. Ahora le había tocado el turno de disfrutarla a el.
Mike ignoró a Monty; se acercó al lugar donde estaba su novia y le tiró del brazo.
—Nos vamos.—ordenó.
La rubia se dejó llevar sin oponer resistencia.
—Otra vez será, cielito.—se despidió de Graham.
Los cinco salieron de la fiesta y subieron al coche de Mike, que arrancó y desapareció en la oscuridad...

(0) Iglesia Baptista de Westboro: También conocidos como "los Phelps". Iglesia baptista monofamiliar autoproclamada, cuya principal caracteristica es su extremada homofobia.

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