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Dos amigas y un amor
Author:
hi-chan1991 PM
Como guardar un secreto, mas aun si es de amor. Femslash
Rated: Fiction K - Spanish - Romance/Drama - Chapters: 2 - Words: 2,514 - Reviews: 1 - Favs: 1 - Updated: 12-23-12 - Published: 12-09-12 - id: 3081643
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Dos amigas, un amor

Capitulo 1: Silencio

Como esos cuadros que aún están por colgar,

Como el mantel de la cena de ayer.

Siempre esperando que te diga algo más,

Y mis sentidas palabras no quieren volar.

-Cata… amiga… ¿te pasa algo?- la joven azabache de cabello hasta la cintura intentaba llamar la atención de su compañera y mejor amiga- ¡catalina!

-¿Ha?- la castaña estaba sumida en su mundo, ¿Cómo era posible amar tanto a alguien y qué ese sentimiento no fuera correcto?, era lo que se preguntaba una y otra vez escuchando la misma canción- ¿sucede algo Andrea?

-Eso debería preguntártelo yo- dijo tomando asiento frente a su amiga- últimamente me esquivas, te alejas de mi con cualquier escusa tonta…

-Eso no es cierto- su voz era casi un susurro, era verdad se alejaba no porque así lo quisiera, sino porque debía, lo que estaba sintiendo hace tan poco la obligaba a alejarse.

Lo nunca dicho se disuelve en té, Como el infiel dice "nunca lo haré". Siento que estoy en una cárcel de amor, Me olvidarás si no firmo mi declaración.

-¡Cata no mientas!- el grito había llamado la atención de todos sus compañeros en el salón de clases- algo sucede, ¿acaso no quieres ser mi amiga?

Catalina guardo silencio, como decirle eso precisamente, que ya no quería ser su amiga, que desde hace un tiempo a la fecha quería ser algo más, que sin un porque o un como se había enamorado de ella, de su mejor amiga.

-¿Es eso no?, ya no me quieres cerca- dijo Andrea con los ojos vidriosos.

-No, no eso- era cierto no quería que se alejara la quería cerca, aunque le hiciera daño a su corazón.

-¿Entonces?- su amiga parecía confundida, pero ella lo estaba mucho más guardando un sentimiento tan grande.

-No es nada, no me hagas caso, solo…

-Oye Andy ¿quieres salir hoy conmigo?- un joven apuesto de cabello rubio se acercaba a ellas.

Me abrazaría al diablo sin dudar Por ver tu cara al escucharme hablar. Eres todo lo que más quiero Pero te pierdo en mis silencios. Mis ojos son dos cruces negras Que no han hablado nunca claro. Mi corazón lleno de pena Y yo una muñeca de trapo.

Catalina no pudo evitar mirar a ese joven con una mirada de odio, estaba asiendo lo que ella quería, le estaba pidiendo una cita a la persona que más quería, que deseaba tener entre sus brazos, pero que no podía, que no debía ser, mas no lo podía evitar la quería como a ningún hombre había querido antes.

-Seguro Marcelo, no hay problema- respondió una agitada Andrea- con gusto.

Esa fue la puñalada más fuerte que alguien pudo recibir en toda la vida, Catalina se sintió morir, la persona que tanto quería, que tanto amaba, no la amaba a ella, amaba a alguien más, una lágrima solitaria escapó por sus ojos, velozmente la borró para que nadie la pudiera ver, intentó volver a su libro, pero era imposible no podía avanzar, se encontraba leyendo la misma página, desde hace tanto tiempo, sin leer, pues su mente no estaba en el libro sino en ella, en su mejor amiga.

Volvió a sentir las lágrimas agolpándose en sus ojos, en pocos minutos, tal vez solo en segundos no las podría callar y rompería a llorar, pero no podía permitirse llorar ahí frente a todos, frente a ella. No supo cómo, pero rápidamente se puso de pie y comenzó a correr hasta el baño, en donde se encerró y dejó caer todas esas lágrimas, lágrimas de un amor imposible.

Cada silencio es una nube que va Detrás de mí sin parar de llorar. Quiero contarte lo que siento por ti, Que me escuche hablar la luna de enero mirándote a ti.

-¿Catalina?- era la voz de su "amiga", lo único que logró fue acrecentar el dolor en su corazón- ¿Cata que te pasa?

¿Cómo responderle, como decirle que la ama?, no podía, no debía, ella era la niña correcta, la chica de buenas calificaciones, la niña buena, la que no haría nada en contra de las normas que le imponían, pero su corazón la estaba asiendo pasar por la peor de las jugarretas, por su peor momento, estaba sintiendo algo que todas sus normas le decía que era algo malo, pero que su corazón le reprochaba que eso era falso.

-¿Catalina, amiga?- la voz de Andrea estaba entrecortada, estaba triste.

No podía, no soportaba verla así, triste, llorando, y más si era por ella, tomando fuerzas de la nada secó todas sus lágrimas expuestas y aquellas que aún le quedaban por salir se las guardaría, al menos hasta que llegara el momento propicio para dejarlas salir, cuando ella no estuviera.

Movió lentamente el pestillo de la puerta, así la pudo ver, tenía los ojos rojos, al igual que ella, pero solo los pudo contemplar por un mísero segundo ya que se lanzó a sus brazos, esos brazos que la volvían loca, de los cuales no se quería separar, los cuales adoraba, pero que le asían tanto daño, saber que esos abrazos eran solamente de una profunda amistad y no de un amor, como el amor que ella sentía.

Me abrazaría al diablo sin dudar Por ver tu cara al escucharme hablar. Eres todo lo que más quiero Pero te pierdo en mis silencios. Mis ojos son dos cruces negras Que no han hablado nunca claro. Mi corazón lleno de pena

Y yo una muñeca de trapo

-No voy a salir con él- dijo Andrea rompiendo el silencio de minutos- si tú lo quieres, es tuyo, yo no me meteré entre Marcelo y tú.

¿Cómo decirle que ese muchacho no importaba, que no lo quería a él si no a ella?

-Eso no importa Andy, si lo quieres sal con él- dijo Catalina rompiendo el abrazo y mirándola a sus ojos, esos ojos pardos que la habían vuelto loca.

-Yo a él no lo quiero, solo le respondí por inercia amiga- la sinceridad se reflejaba en esos ojos pardos, pero había algo más un brillo distinto- ya sé, para que se nos pase todo esto ¿Vamos a mi casa cuando terminen las clases?

¿Ir a su casa, estar con ella, ser feliz de tenerla cerca, pero a la vez tan lejos?

Catalina asintió con su cabeza, no podía hablar, su mente se encontraba lejos, su corazón y ese loco sentimiento llamado amor se había apoderado de ella de pies a cabeza, pero más que un amor, era el silencio, el miedo del silencio, de aquel que debía guardar para no lastimar a su mejor amiga y no ofender a los demás, aunque ese silencio le rompiera el corazón.

No tengo miedo al fuego eterno,

Tampoco a sus cuentos amargos

Pero el silencio es algo frio

Y mis inviernos son muy largos.

Y a tu regreso estaré lejos

Entre los versos de algún tango.

Porque este corazón sincero

Murió siendo muñeca de trapo.

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