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Quien dijo que los ángeles y los sueños no existen
Author:
hi-chan1991 PM
Una historia de navidad, inspirada en un encuentro del destino, ojala la disfruten
Rated: Fiction K - Spanish - Romance - Chapters: 2 - Words: 2,138 - Updated: 12-23-12 - Published: 12-09-12 - id: 3081646
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Siento el despertador sonar, estiro mi mano para apagarlo.

-Muy perfecta para ser verdad.

Susurro en mi cuarto vacio, me despego de mis sabanas para quedar mirando el techo.

Porque la vida no podrá ser como un sueño, simplemente toparte con la persona correcta en un mal momento y que tu vida cambie rotundamente, ¿acaso no sería más fácil así? ¿Acaso no todos seriamos más felices de ese modo?

Vuelvo a mirar a mí alrededor, todo mi mundo, toda mi vida se encuentra en cajas, lo único que se encuentra fuera de ellas es el maldito reloj, miro la fecha y el paisaje que se alza fuera de mi ventana ¿Por qué volví? ¿Por qué acepte? Preguntas que no me puedo aun responder, no era mi mejor oferta, mucho menos la única, así que… ¿Por qué? Había prometido no volver nunca más a este lugar que me arrancó lo que más quería. Giro una vez más a ver el reloj que nuevamente sonaba 8:50, si no salía de casa llegaría tarde.

Las calles están rodeadas de nieve, hay gente, ya hay mucho tráfico a estas horas, casi no avanza, sonrió por la ironía, quizá no fue tan malo que mi automóvil se halla descompuesto justo el día de hoy. Aumento mi paso al escuchar una canción familiar, detesto estas fechas, me apresuro luego de mirar mi reloj de pulsera son las 9:45, tengo solamente 15 minutos para llegar, asiendo uso de mis facultades físicas comienzo a correr, con mi mano izquierda aprieto mi bolso más cerca de mí, quien sabe porque lo traje, solo lo traje. Finalmente llego, subo las escaleras, detesto los ascensores, llego al piso administrativo, una joven me sonríe y me hace pasar, finalmente estrecho la mano de mi nuevo jefe, no lo escucho cuando comienza a hablar de mi nuevo trabajo, mucho menos de las expectativas que tiene al tenerme trabajando aquí, finalmente firmo el contrato y me marcho de ahí.

Al sentir la brisa una vez más chocando contra mi rostro decido tomar un camino alternativo, quizá caminar me haga bien, pero al parecer es para peor, me estoy estresando y hartando de tanto color y risas, veo el puente que me indica que estoy a solo un par de manzanas de mi nuevo departamento, subo con dificultad, hay nieve en todo el puente y esta se comienza a colar por mis zapatos, al dar un fuerte paso siento caer, pero no siento el piso, es más, no siento nada solo una calidez en mis brazos, levanto los ojos y me encuentro con un par similar, de color negro profundo y bajo ellos unos hermosos labios curvados en una hermosa sonrisa.

-Ten cuidado.

Su voz me penetra y me hace reaccionar, lentamente me separo de ella y la contemplo mejor, lleva un vestido rojo con bordes blancos y un grueso cinturón negro, al ver su rostro mejor me hace gracia, lleva pequeñas orejas de reno, al igual que un par de pequeñas astas, me da gracia y logro sonreír, pero al volver a verla me vuelvo nuevamente nerviosamente crónica.

-Dis… disculpa.

Siento mi rostro enrojecerse nuevamente.

-Lo siento yo…

Se escuchan gritos dentro de un hotel cercano, el lugar me parece conocido, la joven gira y grita de vuelta algo de que estará allá en unos momentos, se gira una vez más a mirarme.

-¿Quieres venir? Estamos por repartir los regalos.

Me sonríe y mis mejillas vuelven a arder, no logro responder, mi vocabulario se ha reducido a cero, siento como coge mi mano y me comienza a jalar al hotel, ahora lo reconozco es un viejo hotel del lugar, ahí tome mis primeras fotografías, ahora recuerdo, dijo algo de regalos, no sé porque le sigo la corriente, estás fechas no me agradan, solo me hacen sentir peor que nunca, pero no le puedo decir que no, algo me lo impide, quizá no arruinarle su felicidad.

Un suave sonido al caminar llega a mis oídos levanto la vista y veo que en su cuello lleva un gran cascabel sujeto por una gruesa cinta negra, no puedo evitar recorrer con mis ojos todo su cuello, en mi mente comienzan a correr escenas que no debería estar pensando y vuelvo a sentir calor en mis mejillas, más aun que antes.

-Oye… ¿Cuál es tu nombre?

Su voz me suena angelical, tanto que dudo mi respuesta, es como si no pudiese hablar.

-Em… mi… ¿mi nombre?

Solo veo que asiente.

-Ka...Kari… Kar…ime… Karime.

He comenzado a tartamudear una vez más, solo me sucede cuando estoy muy nerviosa, hace mucho, realmente mucho tiempo no me pasaba, desde los 12 años, que no me sentía tan nerviosa, desde hace 9 años que no me hacían sentir tan… no logro pensar una palabra coherente o existente para este sentimiento que esta chica despierta.

-Me dicen Jesu, me llamo María Jesús.

Se presenta mientras anota mi nombre en una pantalla táctil a la entrada del hotel, gira a mirarme y me sonríe, siento mis pies como si fueran de plomo, solo logro aferrarme a mi bolso y apretar suavemente su mano, esa que me transmite un calor familiar, pero que nunca antes había sentido, encuentro bobo lo que acabo de pensar, pero no hallo otra forma de describirlo.

-Debo irme ahora- dice besando mi mejilla.

Los colores de mi rostro se han perdido al sentir su mano abandonar la mía, es como… realmente no quiero que se aleje, me duele verla marchar, se dirige a un pequeño cuarto junto al comedor, solo cuando la pierdo de vista logro apreciar lo que sucede a mi alrededor, me ha dejado cerca de una mesa de coctel enorme con platillos que no reconozco su procedencia, lo cual me hace reír, pues no los probaría ni en un millón de años, veo tantos rostros, pero ninguno familiar, ninguno que logre lo que Jesu ha logrado hacer, pensé que sería por las fechas, pero al parecer no es así.

Las luces se apagan y cierro los ojos por instinto para acostumbrarme a la nueva luz, mientras veo como el gran escenario que sinceramente no había notado se ilumina, no sé porque, pero saco mi cámara fotográfica de mi bolso, es un modelo muy antiguo, obsoleto ya, quizá soy la única que sigue usando una de estas, pero su valor radica en algo más, no sé porque la saco y me pongo en posición para fotografiar, es como un auto reflejo, prometí no volver a fotografiar en estas fechas entonces… ¿Por qué lo hago?

Un enorme árbol de navidad es encendido, en el las luces blancas parecen bailar y darle un aire de... ¿santidad será la palabra?, veo a una persona aparecer, es ella… viste de una manera distinta, es un…

-Un ángel.

Eh quedado sin palabras no se qué pensar, solo logro disparar una fotografía y bajo mi cámara, no sé si los ángeles queden retratados en fotografías, pero ruego que ella quede para poderla apreciar una y otra vez, su vestido es simple, mas muy elegante, en su cabeza una aureola dorada brilla y en su espalda unas alas del mismo color aparecen, no sé que me sucede me tiene rendida a sus pies, observándola, veo sus movimientos suaves y su hermosa sonrisa mientras le entrega un par de regalos a un hombre vestido de Santa, ahora entiendo lo de la repartición de regalos.

Nuestras miradas se encuentran, al menos eso creo, o quiero creer, pues sus mejillas se tiñen de un suave color rojo, veo que toma un pequeño paquete y baja del escenario, supongo que los demás la miran expectantes, no lo sé, mi mirada no se despega de la de ella mientras la veo avanzar a mí, veo como se abre paso a través de los demás, camina hasta quedar frente a frente conmigo.

-Feliz Navidad Kari.

Sonríe fuertemente y veo como sus mejillas se tiñen de rojo un poco más que antes, me extiende el paquete que tiene en las manos, las mías tiemblan no las puedo controlar, ellas mismas se posan sobre las de Jesu, roso sus dedos tomando el paquete, mis mejillas arden a más no poder, bajo el rostro para que ella no lo note, pero en ese instante siento una luz cegadora, la conozco a pesar de no ver bien ahora, pero esa luz provino de mi cámara.

-Lo…lo siento.

-No pasa nada.

Toma mi cámara en sus manos, soltándola suavemente de la correa que la dejaba en mi cuello, se acerca lentamente, no sé si lo hace más lento de lo usual o es mi corazón el que late más rápido que hace que todo el mundo parezca más lento.

Siento sus labios rozar mi mejilla una vez más, nuevamente mi cámara toma otra fotografía por sí sola, pero no logro a reaccionar, solo me quedo allí.

-Fe… feliz… ¡Feliz Navidad!

Mi cuerpo se mueve sin que le dé la orden, beso su mejilla y como si se tratara del más vulgar atraco, comienzo a correr a la salida con la cabeza gacha, corro sin rumbo ni cansancio, no sé cuanto corro hasta que me respiración se hace pesada y debo detenerme.

Me encuentro en el centro de la ciudad recostada contra un viejo edificio, mis manos tiemblan, en ellas aun se encuentra el paquete que ella me entrego, ¿Por qué huí? ¿Por qué si me quería quedar?

Acaricio el papel suavemente, veo que está envuelto además en la cinta negra que ella llevaba en su cuello, me lo acerco a mi rostro y siento un leve aroma a miel que se apodera de mis pulmones y mis sentidos, en eso siento una brisa correr y una melodía conocida llega a mis oídos, y me dejo llevar por ella al igual que con el perfume.

Lentamente me libero de sus encantos y puedo ver el cascabel que llevaba en su cuello.

-Jesu… ya sé lo que debo hacer.

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