
Cerré mis ojos un momento, dando un largo suspiro. Intentando desesperadamente llenarme de sol en una obscuridad infinita. Soportando las lágrimas que amenazaban con salir, usando como grito de guerra el nudo en mi garganta y el vacío en mi pecho. Más susurros, que atravesaban como flechas de hielo mi corazón, si es que todavía había uno.- historia corta
Rated: Fiction T - Spanish - Drama/Suspense - Words: 409 - Published: 12-12-12 - Status: Complete - id: 3082521
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Solo un sueño más, me recargué en mi banca fingiendo no oír los murmullos en el salón. Me recosté, escondiendo mi cara tras el yugo de mis brazos esperando a que todo acabara. Solo un sueño, una voz repetía en mi mente. Uno que quizás no terminara bien para mí. Pero posiblemente, tampoco para ellos.
Cerré mis ojos un momento, dando un largo suspiro. Intentando desesperadamente llenarme de sol en una obscuridad infinita. Soportando las lágrimas que amenazaban con salir, usando como grito de guerra el nudo en mi garganta y el vacío en mi pecho. Ellos seguían hablando, riendo de vez en cuando. Disfrutando el sufrimiento que provocaban. Más susurros, que atravesaban como flechas de hielo mi corazón, si es que todavía había uno. A veces pienso que les parece divertido ver cómo me derrumbo.
Un segundo más en el reloj, avanzando lento y pausado. Contribuyendo a los murmullos, como si estuviera en mi contra. Tic tac tic tac, el segundero de un reloj lejano, indicando la hora a las personas inocentes. Un minuto, conformado por los pocos segundos que había conseguido sonsacar de ese maldito reloj tacaño. Un sonido recorrió la escuela, era el toque de cambio. Ya era hora. Esperé pacientemente a que el maestro saliera del aula como cualquier otro día. Pero hoy no era cualquier día. Un disparo de adrenalina a mis venas. Giré mi cabeza lentamente. Me levanté cuidadosamente y fui hasta colocarme a mi misma al frente de todos. Les dediqué una mirada llena de odio a cada una de las personas que me habían hecho daño. Abrí lentamente mi bolso, metí mi mano y en cuanto sentí el frio y metálico tacto, la saqué. Mi amiga, mi confortadora, mi pistola.
Ellos me miraron aterrorizados, esperando que tomara venganza en su contra. Pero por suerte para ellos, eso no era lo que tenía planeado. Llevé con lentitud la pistola a mi cabeza, colocándola con escalofriante exactitud en mi sien. Ellos me gritaban pero ya no podía escucharlos, lo único que quería era acabar con el ruidoso zumbido en mis oídos. Apreté el gatillo. Un ruido sordo y doloroso me despertó. Era el toque de cambio. Mi bolso seguía cerrado y el segundero de un reloj lejano seguía en mi contra. Y como siempre, una voz en mi cabeza me decía que esto era solo un sueño más y quizás por hoy, era solo una lagrima más la que caería sobre mi mejilla.
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